La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

16 febrero, 2017

Y ahora llega ella a enseñorear mi mundo

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:03

 

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Dunia, señora del mundo, decidió comenzar su señorío un mes antes de lo previsto. No ha necesitado llegar a los tres kilos de peso para hacerse presente, para irradiar luz y alegría en quienes la esperábamos allá por san José mientras ella ha decidido adelantar el santoral y elegir san Valentín. Ya tengo un motivo para celebrar ese día, tan manido, tan sobado por intereses comerciales. Cada catorce de febrero celebraré el día en el que Dunia me convirtió en abuelo.

Frágil en su capazo, envuelta en mantas, asoma su tez de melocotón y una mano que se lleva hasta la cara. Tiene los ojos cerrados y un hipido tenue que desaparece pronto para dejarla en un estado de enorme placidez. Al rato muestra todo un repertorio de gestos faciales que van de la sonrisa a la sorpresa. Me quedo absorto mirándola, alelado ante unas muecas que transmiten un amplio surtido de sensaciones. Para tomarla en brazos prefiero estar sentado porque noto que su pequeñez y fragilidad se incrementa tanto como la sensación de felicidad. Observo su rostro de diminuta perfección, su raja de ojos, las orejas y la nariz adosada a su rostro algo mofletudo, componiendo todo ello un mosaico de belleza genéticamente maternal, dicen quienes son capaces de adivinar parecidos.

Mientras la observo, feliz y sereno, pienso en el paso ligero que el tiempo ha marcado en los últimos meses de mi vida. No han pasado dos años: se me fue el padre dejando el vacío, se casó un hijo y despejó pesares, viajé por tierra, mar y aire con quienes alegran mi existencia, guardé felizmente halagado las tizas en el cajón del jubileo; y ahora llega ella, ahora llega Dunia, a enseñorear mi mundo. Bienvenida seas.

28 diciembre, 2016

Yo pisaré las aulas nuevamente

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:55

Recibí ayer una carta de Susana Díaz, Presidenta de la Junta de Andalucía. A esa carta pertenecen las dos imágenes que aparecen abajo. Son dos recortes de la misiva: el encabezamiento y la despedida.

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He querido ocultar el texto central de la carta porque en él se habla no sólo de mi persona sino también de otras que ocupan responsabilidades políticas de alto rango; y en ese texto se tratan también asuntos que afectan no sólo a mi persona sino a otros colectivos profesionales de los que no me está permitido comentar nada. Al estar entremezclados he decidido ser garante de esa discreción que se me pide y sólo comentaré lo que se me permite decir en la citada carta.

El asunto fundamental, que me afecta personalmente a mí y al colectivo al que ahora pertenezco, y del que sí se me permite hablar libremente porque los otros afectados han recibido también la misma carta, es el que sigue.

Nos comunica la Presidenta de la Junta que, debido a los recortes presupuestarios que el Gobierno Central realiza, los maestros y maestras que nos hemos jubilado en los dos últimos años vamos a pasar a formar parte de un nuevo cuerpo funcionarial que se llamará Retén Pedagógico. Este colectivo, híbrido de funcionarios y clases pasivas, estará en lo que ellos llaman Reserva Educativa. Seremos un grupo dotado de experiencia y dispuesto a acudir para resolver los imprevistos que la enseñanza en Andalucía requiera. En la carta se nos comunican algunos casos: sustituir a los maestros sustitutos que se pongan enfermos, vigilar en patios y pistas cuando se celebren actos conmemorativos con gran concentración de alumnado, acompañar en excursiones escolares para atender a los alumnos que más se marean, etc. Para que todo ello sea llevado a cabo con eficacia se nos comunica que nuestra permanencia en los centros escolares no es obligatoria en todo el horario lectivo pero sí el estar siempre disponibles a través de una nueva aplicación del programa Séneca que deberemos instalar en nuestros teléfonos móviles.

Se dice también en la carta que estas medidas, aparte del asunto económico antes citado, se han tomado también porque el SMJ (Sindicato de Maestros Jubilados), del que desconocía su existencia, lleva un tiempo solicitando “con anhelo a la Administración que compatibilice la jubilación de los docentes con nuevas proyectos (que no deben ser remunerados) para que a estos les siga sonriendo la vida”.

La verdad es que leyendo la despedida de la carta y lo que solicitaba el SMJ se ve que han tenido éxito en su demanda. Pues nada, ya lo saben ustedes, puede que a partir del nueve de enero vuelva a pisar esas aulas, esos patios, con esa sonrisa que da el ver que uno sigue siendo parte de un nuevo proyecto vital y educativo. Parafraseando la canción de Pablo Milanés, podría decir que… yo pisaré las aulas nuevamente.

28 de diciembre de 2016

11 diciembre, 2016

Treinta y cuatro (más tres)

Filed under: Personal,Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:10

imageTreinta y cuatro no es un número especial, no es un número redondo ni cabalístico, no es un número bañado de simbolismo bíblico ni el año de un acontecimiento glorioso. Treinta y cuatro es un número cualquiera compuesto por dos cifras consecutivas, es un número par sin más pretensiones, un par de cifras engarzadas sin necesidad de metales preciosos que le den un brillo especial.

Hace treinta y cuatro años amaneció, eso sí, un día bañado en un sol decembrino que calentaba el aliento mañanero; un sol que hacía brillar los adoquines de granito y el empedrado de esa plaza cordobesa regentada por un Cristo pétreo que se ilumina con faroles y camina en procesión primaveral tallado en madera y fervor popular.

Treinta y cuatro años que no son de plata ni de oro. Son años, meses, semanas y días de hacer camino juntos. Es la existencia compartida a partir de aquel once de diciembre cuyo preámbulo se alarga hasta tres años antes en jornadas de miradas cómplices, en horas de trabajo y enamoramiento, en futuros que estaban por escribir, en miedos a errar en las decisiones por tomar y en recelos a esas edades que escapaban de los preceptos y de las tradiciones sociales.

Y aquí estoy, aquí estamos, treinta y cuatro años después de que aquella Plaza de Capuchinos nos acogiera, de que esa Iglesia de los Dolores, por ti elegida, fuese el escenario en el que se diese fe y se dejase constancia de que todas las decisiones estaban tomadas y que el camino iba a ser compartido. No glosaré la ceremonia porque no soy dado a dar lustre a los acontecimientos sociales; y, como ambos coincidíamos en la austeridad de las cosas y los hechos, tan sólo recordar que todo fue como deseamos que fuese.

Y aquí estoy, treinta y cuatro años después, recordando y escribiendo, alejándome de los tópicos aniversarios, tan a gusto de haberte conocido y seguir conociéndote.

3 diciembre, 2016

Gracias (2)

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:32

clip_image002Hace unos meses escribí en esta Girola una entrada que titulé “Gracias”. En ella mostraba mi agradecimiento a las familias de mis alumnos por el acto de despedida que organizaron al finalizar el curso. Hoy mi gratitud escrita es para las compañeras y compañeros de colegio. Hoy doy las gracias a mis compañeras del equipo directivo por seguir siendo compañeras; a quienes coincidimos en la llegada al colegio hace ya dieciséis años y con los que tanto he compartido; doy las gracias a todas aquellas que supieron comprender mis posibles salidas de tono, mi diferente manera de entender la enseñanza y mis momentos de “borde” o “petardo”; a quienes compartimos vigilancias de recreos, fuese en forma de patrulla o en forma garita; a los que recién llegaron y a los que hace poco se marcharon a otros destinos o de manera definitiva como es mi caso ahora; gracias a los que viajamos en excursiones de un día y a los que convivimos en excursiones capaces de crear un espíritu con nombre y número de cabaña; mi gratitud para los que me mostraron maneras diferentes de ejercer el quehacer escolar; gracias a las que buscaron mi apoyo por entender que podía ayudarlas en momentos de dificultad… Podría seguir pero la lista sería muy extensa, podría citar nombres propios pero la nómina sería muy larga. Tan solo dar las gracias a quien ha sido mi compañera dentro y fuera del colegio, gracias a mi santa con la que tantos cursos, reuniones de ciclo, cursos de perfeccionamiento y vigilancias de recreo he compartido.

Gracias, compañeras y compañeros, por la despedida del lunes tarde. Gracias y ánimos para continuar con esa complicada y gratificante tarea que es la enseñanza pública.

30 noviembre, 2016

Nuevo jubilado en la ciudad

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:14

clip_image002El despertador “colegio” no ha sonado hoy. Desaparecidos los antiguos despertadores con campanilla y aquellos que emitían un agudo, repetitivo y desagradable sonido, comencé a utilizar el despertador del teléfono móvil. Como el aparato permite nombrar los distintos despertares y poner melodía musical a cada una de ellas, el que a mí me arrancaba de los brazos de Morfeo era uno llamado “colegio” que se activaba últimamente con la canción “New Kid in Town” del grupo Chicago. Parafraseando el título de la canción hoy soy un nuevo jubilado en la ciudad.

Hoy no ha sonado la suave melodía de Chicago a ese hora tempranera en la que cuerpo y alma debían de activarse para iniciar una nueva jornada escolar. Hoy es mi primer día no lectivo. En este trigésimo octavo curso comienzo mi primera jornada no escolar siendo un maestro jubilado que escribe estas palabras cuando ya ha sonado la sirena del colegio, cuando ya los alumnos estarán desplegando cuadernos, libros, ordenadores, partituras o conos en la pista de Educación Física. Escribo estas palabras cuando mis compañeras y compañeros andarán dando las primeras explicaciones, corrigiendo la tarea de ayer, anotando las faltas de asistencia… Lo imagino y lo veo desde la cercana lejanía del maestro recién jubilado.

Hoy soy parte de las “clases pasivas del Estado”. Qué poco me gusta ese sintagma, tan cargado de contenido descriptivo. Me gusta más decir que hoy soy parte del colectivo de maestros jubilados. Me suena más natural. Y como tal ejerceré.

Seré, soy ya, el maestro jubilado que no se levantará temprano (madrugar, obligatoriamente, es un verbo cargado de castigo), el que dedicará más tiempo que antes a la leer y a escribir, el que caminará a la hora que le apetezca y visitará alguna obra callejera si es que tal hubiese (cómo es obligación de cualquier jubilado); seré el jubilado que atenderá con más frecuencia y con más pausa, según la necesidad, a las obligaciones familiares, el que estará más atento y observante a la siembra del trigo y a la recolección del girasol, el que paseará a la futura nieta para visitar esos templos que son las tiendas de chucherías; seré el jubilado que seguirá con atención lo que pasa por el mundo a través de las redes sociales, y el que echará unos ratitos de charla con los vecinos cuando coincidamos tomando el sol en las puertas de nuestros colindantes hogares o en el parque cercano a casa. Soy un jubilado y de ello ejerzo ya, sin traumas, depresiones ni desconciertos.

4 octubre, 2016

Metamorfosis: De cartera a mochila

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 16:22

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Desde el primer día de curso lectivo, cuando los alumnos volvieron de sus vacaciones, hasta hoy mismo, ha habido padres y madres de alumnos que me han comentado lo que sigue:

Don Nicolás, qué relajado le veo este año (el “Don” no es generalizado y el tuteo convive con el usted).

Es cierto que he sufrido una trasformación. En los cursos anteriores iba al colegido vestido con pantalón de vestir (valga la redundancia) con su correspondiente cinturón, camisa (que incluía chaqueta en ocasiones), zapatos con calcetines tradicionales… y portaba una cartera clásica de maestro (regalo de madres de alumnos). En este curso visto con pantalones veraniegos de los que no necesitan plancha ni cinturón porque se atan con una especie de cordelillo, polos cómodos, calzo zapatillas con calcetines tobilleros y la cartera ha sido sustituida por una mochila que cuelga de manera informal del hombro izquierdo. No es equiparable a la trasformación de ese político valenciano que antes era todo un señor corrupto (yonqui del dinero, se autoproclama) vestido con traje, y ahora es seguidor de todas las filosofías orientales que liberan el alma de cualquier pesadumbre vestido a la manera hippie. No es equiparable, pero… No, nada que ver.

Mi transformación, vestimenta aparte, conlleva también la del estado de ánimo. Esa relajación sobreviene de la realidad profesional. Algunas de mis compañeras también me han comentado ese estado casi zen con el que transito por el colegio. Pero ya lo anuncié al finalizar el curso pasado. Estos días que me quedan hasta finales de noviembre son un simple añadido cronológico, un alargue legal, una obligada permanencia fruto del calendario; en realidad me jubilé como maestro el día que conviví con mis alumnos y sus familias a finales de junio. Y ya lo dije en aquellas postreras jornadas del curso anterior: en estos meses pasaría del modo “Don Nicolás” al modo “Nico”. Y en ello estoy.

Hay quien me ha comentado también que esa metamorfosis podría perjudicar el status consolidado de maestro Don que tenía hasta el curso pasado. No creo que sea así. Quienes realmente me conocen, vestido de manera formal o informal, llegando al colegio tempraneramente (antes) y casi puntual (ahora), portando cartera o mochila, etc. saben lo que he sido y lo que soy. Y saben que en el fondo, en lo esencial, no hay ninguna diferencia.

24 septiembre, 2016

Limosna que no me das, grito que te llevarás

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:02

clip_image001No acostumbro a dar limosna. No sé dónde leí que el Papa Francisco recriminaba a los que no ejercían de limosneros dadores, donadores, (pues limosnero es tanto el que da como el que recibe limosna) porque algunos pensaban, pensábamos, que aquel que pide iría a gastarse lo recibido en vino. Lo de gastarse la limosna en vino me suena a los lejanos años de la infancia; más tarde solía decirse que se lo gastaban en drogas. Ni sé, ni me importa en qué se gasta esa persona el dinero recaudado. Tampoco me importa qué pueda pensar el Papa sobre lo que podemos pensar los que no ejercemos esa obra caritativa de dar unas monedas a quien permanece en el atrio de una iglesia o se te acerca por la calle solicitando caridad. Creo que vivimos en una sociedad tan organizada que existen los suficientes medios para que esas personas no tengan que mendigar unas monedas (aunque en los últimos tiempos…)

Cuento todo esto porque hace unos días, caminando por una calle cordobesa, se me acercó un joven de unos treinta años, vestido correctamente, mochila al hombro, para pedir algo que no llegué a entender porque musitaba las palabras en tono tan bajo que eran difícilmente audibles y más difícilmente comprensibles. Lo único que entendí fue el comienzo de su discurso: “Podrías darme…”. Como ya he declarado que no acostumbro a dar limosna, cuando tal situación sucede suelo responder con un “lo siento, pero no”. Hace unos días, no sé porqué, traté de excusarme diciendo: “No puedo porque vengo de…”. Intenté dar al joven una explicación, que era cierta, no era una excusa inventada, pues venía de recoger unas pruebas médicas y me dirigía a llevarlas a la doctora con la cual tenía consulta. Pues bien, ahí acabo mi respuesta porque el mendicante me cortó en seco, y lo que era una voz apenas audible se convirtió en un vozarrón que gritó: “¡Y a mí qué mierda me importa de dónde vengas tú!”. Me quedé tan anonadado como mi esposa y una señora con dos niños que caminaban cerca de la escena mientras el limosnero recaudador aceleraba el paso y se perdía por una esquina.

29 junio, 2016

¡Qué cansancio, otra vez el fútbol!

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 16:11

imageLa viñeta de Forges (al que admiro desde hace muchos años) que acompaña este texto es un tópico. Ligar la tontuna de una sociedad a su pasión por el fútbol, relacionar la incultura e insolidaridad (por utilizar los términos forgianos) con el seguimiento del citado deporte, no deja de ser una simpleza. Es ésta una idea que debe venir de aquellos tiempos dictatoriales en los que el Régimen ponía por televisión partidos de fútbol (o corridas de toros) el 1 de mayo para que el pueblo no se rebelase. Eso oía decir cuando era un niño. Años después, siendo joven, los más concienciados políticamente, aquellos que estaban afiliados a una organización clandestina, parafraseaban a Marx diciendo que “el fútbol es el opio del pueblo”. Lo decían tras haberse bebido y fumado todo lo que había a mano y dejando la revolución para el día siguiente.

En casi cuarenta años de democracia, tantos como de dictadura, la idea pervive. Si dos mil personas (o veinte mil) salen en manifestación porque su club de fútbol ha descendido se critica que vivimos en un país de inconscientes porque esas personas no salen todos los días a la calle a defender sus puestos de trabajo o gritar contra la corrupción. Si te sumas a la masa de no sé cuántos millones que ven un partido de la Selección por televisión te conviertes automáticamente en un borrego sin ni siquiera los 21 gramos de alma necesaria para sentir que el cambio climático es una realidad más preocupante que una tanda de penaltis. Los que así piensan de los futboleros nos convierten en seres sin conciencia social, gentes iletradas que pierden el tiempo y la existencia en la banalidad de “veintidós tíos pegándole patadas a un balón” (ni siquiera especifican que dos de esos veintidós pueden jugar con las manos). Ellos, los bien pensantes, las mentes en eterna reflexión sobre la problemática del orbe, se sitúan en un nivel intelectual superior, alejados de la masa adormecida por el opio del pueblo. Y ya puedes explicarle que toda generalización es incorrecta, que no todos los que dedicamos tiempo al fútbol somos unos despreocupados e ignorantes de lo que ocurre en nuestra sociedad, que hay y ha habido personas de alta capacidad intelectual (escritores, académicos, etc.) que disfrutan con el fútbol tanto como con la lectura de una novela o un ensayo, etc. Toda explicación es inútil porque el tópico vuelve a aparecer. Y cuando se juntan acontecimientos como la Eurocopa de fútbol y unas elecciones generales hay quienes sienten que estamos obligados a seguir la campaña electoral, la jornada de reflexión y los resultados electorales a todas horas, reflexionar sobre lo que se dice o se deja de decir, estudiar la participación y baremar los resultados explicando las causas que han llevado a ellos. Y que, por supuesto, es un pecado social no hacerlo mientras sí hay tiempo para ver un partido de fútbol. Ante tales acusaciones uno vuelve a intentar a explicar que … Pero se cansa y se pone a ver el fútbol por televisión.

25 junio, 2016

Mi “discurso” en el acto de graduación

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:06

 

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Les dejo el “discurso” (esto suena algo pretencioso, pero de alguna manera hay que llamarlo) que pronuncié en el acto de graduación de los alumnos de sexto. Hay algunas diferencias entre el siguiente texto y lo que allí dije pues al no ser leído literalmente incorporé algún comentario que no estaba escrito y olvidé algún otro que sí lo estaba. Pero mayoritariamente fue lo que sigue.

Buenas noches a todos.

Me dirijo a ustedes en representación de los tutores, de las tutoras de sexto, en este curso que termina. Pero no sólo de ellas sino también de todos los maestros especialistas de Ed. Física, Inglés, Religión Música…, de todas las maestras que, desde Infantil, durante estos nueve años, han impartido clase a estos alumnos que hoy despedimos. Todos los que hemos formado parte de ese proceso de aprendizaje, de esa formación educativa, de esa construcción de la personalidad, nos sentimos orgullosos y satisfechos cuando vemos las emociones y los sentimientos positivos que sus hijos están compartiendo estos últimos días con quienes hemos sido sus maestros.

A ustedes, familiares de estos alumnos, les damos las gracias por acompañarnos en este acto. Recuerdo que, cuando comencé a estudiar para ser maestro, un profesor de la Escuela de Magisterio me recomendó que para ejercer esta profesión me cargara de paciencia. Enseñar, educar, no es tarea fácil. Lo sabemos quienes nos dedicamos a ello y lo saben ustedes también. Todos sabemos que hoy día un twit de 140 caracteres, o un whatsapp repleto de emoticonos, parecen tener más influencia que una charla de quince minutos con la que tratamos de enseñar a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a escoger el mejor sendero cuando se llega a un cruce de caminos. Por eso es de agradecer toda la colaboración que ustedes han tenido con nosotros; es de agradecer la paciencia que todos hemos tenido para mejorar su educación, para hacerlos mejores personas.

A vosotros, queridos alumnos, os quiero contar que hace años, cuando el escritor Albert Camus ganó el Premio Nobel de Literatura, después de todos los actos de agasajos y parabienes, quiso dar las gracias a dos personas. La primera fue su madre, y la segunda a su maestro de primaria, Monsieur Germain, a quien escribió una carta agradeciéndole que sin él no hubiese llegado a ser el escritor que era. ¿Quiero decir con esto que si algún día llegáis a ser Premio Nobel os tenéis que acordar de vuestros maestros? No. Lo que quiero decir con ese ejemplo es que nuestro trabajo no ha sido sólo enseñaros Lengua y Matemáticas sino formaros como personas capaces de asimilar los mejores sentimientos. Por eso, os hemos enseñado a resolver problemas, los problemas que surgen con vuestros amigos y compañeros; os hemos enseñado que los tantos por cientos de solidaridad siempre tienen que ser mayores que los del egoísmo; os hemos enseñado que la imaginación es necesaria para escribir un buen cuento, y también para imaginar un futuro mejor. Y habéis aprendido que el ser humano es un conjunto de músculos y huesos, pero también de sentimientos y sueños posibles; habéis aprendido que en todas las altas montañas del mundo hay desfiladeros y pasos por los que se llegan a valles, pero que esos valles son patios de recreo, patios en los que se forjan amistades que durarán toda una vida. Y habéis aprendido, esperamos que así sea, que a un edificio como es vuestro colegio se le puede calcular la superficie, y hasta inventar problemas con el número de ventanas. Pero que ese edificio no es sólo un conjunto de muros y galerías, de aulas y escaleras, de pistas deportivas. Vuestro colegio es ya parte de vuestra memoria, de vuestras vivencias infantiles, de los mejores recuerdos que aflorarán cuando pasen unos años y recordéis estos momentos, y las palabras de este maestro que, como vosotros, el próximo curso también cambiará de destino.

Ojalá hayáis sido capaces de aprender todo eso, y más. Ojalá hayamos sido capaces de enseñaros todo eso, y más.

Gracias.

21 junio, 2016

Gracias

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 15:14

 

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He dejado transcurrir algo de tiempo para agradecer de manera reflexiva, y no sólo emocional, lo vivido en la tarde del pasado domingo. Agradecer la mesa compartida, el diálogo afable y los detalles personales que las familias de mis alumnos (y ellos también) tuvieron con este maestro que ahora escribe.

Cuando a uno lo agasajan de tal manera lo primero que debe pensar es que no es acreedor de tanto elogio. Uno piensa que las circunstancias vitales de un grupo de personas han coincidido en el tiempo y en la labor docente hasta concluir en tales agradecimientos. Yo no me creo merecedor de tanto porque tan sólo me he limitado a cumplir con mi deber de maestro. Si ello me ha llevado a lo vivido el domingo tan sólo me queda eso: dar las gracias.

Gracias por haber sabido marcar el tiempo con vuestro regalo y haberlo hecho en el momento oportuno. Gracias porque cada mañana, cuando ya no esté en la escuela, beberé a sorbos lentos los recuerdos de cuatro años compartidos. Gracias por las palabras de mis alumnas, palabras que pudieron haber sido leídas en otro lugar pero que el domingo me sonaron a música celestial. Gracias por haberme convertido en un quijote que se hace acompañar por veintitantos pequeños sanchos pletóricos de sabiduría y vitalidad. Gracias por las palabras leídas por un padre, palabras llenas de sensatez cuando recuerdan no sólo mi labor docente sino también las de otras compañeras (entre ellas la seño María Dolores) que han educado a vuestros hijos. Gracias por haberme convertido en actor principal de una película en la que tan sólo soy un personaje más. Gracias por esa pancarta que siempre reivindicará los mejores sentimientos hacia todos vosotros. Pero, sobre todo, gracias por vuestra colaboración, por haber entendido mi manera de ver la enseñanza, por comprender que la delgada línea roja entre la responsabilidad y la cordialidad es difícil de mantener. En definitiva, gracias por haberme permitido enseñar, y educar, en lo posible de mis capacidades, a mis alumnos.

Podría seguir pero me temo que lo emocional me vencería, me dejaría sin palabras como me sucedió hace un par de días. Sí quiero repetir algo de lo que os dije. En treinta y siete años de maestro nunca había estado cuatro años con el mismo grupo de alumnos. Con vuestros hijos ha sido la primera y será la última vez que ello suceda. Y han sido los mejores cuatro de esos treinta y siete años de docencia. Ese es el principal motivo por el que os doy las gracias.

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