La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

18 enero, 2018

Un DD (deseo disparato) para cada mes del nuevo año (3/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 12:13

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Tercera y última entrega de esta serie de deseos disparatados para cada mes del año.

Agosto: Enseñar a mi nieta a nadar en el Mediterráneo caleteño con resultados tan positivos que ambos consigamos surcar las aguas cual sonrientes delfines hasta la boya que marca el final de los límites natatorios. Llegados allí, agarrarnos al elemento flotante y mirar hacia la playa para saludar a la abuela que, seguramente, andará preocupada por mi atrevimiento dada mi avanzada edad y escasas cualidades en el arte de flotar y avanzar sobre aguas profundas.

Septiembre: Ser el ayudante de dirección en la película que este año estará rodando Woody Allen en la ciudad de Nueva York, tras haber descartado volver a rodar en España la segunda parte de Vicky Cristina Barcelona con el título de Neus Dolors Catalonia, y permanecer sentado junto al maestro esperando que él me pregunte, cuando alguna toma no le convenza: Nick, ¿la repetimos?, mientras Kate Winslet me mira y me dice con sus ojos verdes: Nick, por favor, dile que no y vayámonos a tomar una cerveza tú y yo.

Octubre: Participar en el desfile militar del Día de la Hispanidad sentado en el interior de un vehículo acorazado de apoyo a la infantería mientras leo en voz alta a un grupo de soldados el comienzo del libro de Muñoz Molina, “Ardor guerrero”: Hasta hace no mucho he soñado con frecuencia que tenía que volver al ejército. Por equivocación me habían licenciado antes de tiempo, y me reclamaban de pronto, o bien a lo largo de mi servicio militar se había cometido un error administrativo que lo invalidaba, un error de segundo orden, desde luego, inadvertido durante años tal vez, pero tan grave al mismo tiempo que hacía inevitable mi regreso al cuartel.”

Noviembre: Viajar en el tiempo (y el espacio) hasta mediados de los años ochenta (y a Los Ángeles) para ver un partido entre los Lakers y los Celtics de Boston sentado a pie de pista junto a Jack Nicholson mientras trato de convencerle de que Larry Bird es la réplica blanca de Magic Johnson y, ya de pasada, que me cuente algo sobre el rodaje de aquella escena de “El cartero siempre llama dos veces”.

Diciembre: Llegar al treinta y uno de este mes con las ganas y salud necesarias para seguir pensado qué me gustaría hacer el próximo año, que ya será dos mil diecinueve, para no volver a escribir estos deseos disparatados que ahora escribo en esta tarde verdugo del año del Señor dos mil diecisiete.

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8 enero, 2018

Un DD (deseo disparatado) para cada mes del nuevo año (2/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 12:16

DD2Segunda entrega de esta serie de deseos disparatados para cada mes del año. Recuerden: algunos me gustaría que se hiciesen realidad; otros, no. Adivinen…

Abril: Ser el cochero de un carruaje en la Feria de Sevilla y pasear montados en él a la flor y nata, a la crème de la crème, de este país. Dar el brazo a las damas para ayudarlas a subir a los mullidos asientos del coche de caballos, saludar a los caballeros que descuellan por su inteligencia y valía mientras se acomodan en el otro asiento. Y a continuación encaramarme con agilidad y presteza al pescante, tomar las riendas y haciendo restallar el látigo en el aire primaveral del paseo ecuestre hacer lucimiento de corceles, atalajes, carruaje y viajeros por todo el recinto ante la mirada curiosa y algo envidiosa de los que caminan a pie tratando de evitar las boñigas equinas.

Mayo: Ser el saxofonista de Bruce Springsteen en el concierto que The Boss daría en el Santiago Bernabeu y, a mediados del mismo, aparecer ambos vestidos con camisetas del Barça mientras tocamos, por ejemplo, Born To Run y él me grita “Tócala otra vez, Clarence”. Como éste es uno de los deseos más difíciles de realizar también me conformaría con ser el saxo en un concierto de Fito Cabrales y tocar juntos, por ejemplo, Conozco Un Lugar.

Junio: Volver a dar las notas de la última evaluación a un grupo de alumnos en el que todos promocionarían a la siguiente etapa educativa después de haber pasado juntos los últimos años de primaria para ellos y de docencia para mí. Despedirnos todos en emotivos actos  y con el mejor de los sabores y la mejor de las sonrisas mientras… Un momento, un momento, qué puede ser que esto no sea un deseo sino el recuerdo de un junio ya pasado.

Julio: El día 14 subir, con Pedro Delgado de escudero, las duras rampas del Tourmalet mientras él me comenta sus andanzas pasadas en esas carreteras mezclándolas con algún chiste insoportable al mismo tiempo que vamos viendo como le peloton reste derrière. Llegados a la meta subimos al pódium donde ambos seremos investidos de amarillo por le President de la Republique, Monsieur Macron ante el disgusto de los aficionados franceses que tratan de volcar el camión de la unidad móvil de TVE.

(Continuará)

1 enero, 2018

Un DD (deseo disparatado) para cada mes del nuevo año (1/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 17:57

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Cada comienzo de año nos proponemos hacer, o dejar de hacer, “algo”. En la inmensidad de ese pronombre indefinido cabe “todo”, otro que lleva la indefinición y la inmensidad como lema. Esas intenciones casi nunca son realizadas, se quedan en deseos y propuestas bienintencionados que caen en el más profundo de los pozos y ahí permanecen, en su oscuro fondo, hasta que un nuevo año las recupera y vuelven a convertirse en loables intenciones que se agarran al uno de enero como si ése fuese el día mágico en el que una nueva vida comienza.

Yo nunca he hecho una lista de esas intenciones ligadas al nuevo año. Entre otros motivos porque sé que no las iba a cumplir. Este año si la haré. Será un DD (deseo disparatado) para cada mes del año. Lo importante de esta  auto propuesta es la segunda D, esa que convierte al deseo en algo imposible. Para algunos es dejar de fumar, ir al gimnasio o apuntarse a una academia de inglés. Para mí son los que siguen. Entre ellos hay auténticos deseos que nunca se cumplirán; también hay auténticos disparates que reflejan todo lo contrario a lo que puede ser un deseo pero que esconden tras de sí algo parecido a la sustancia homeópata de lo deseado. Dejo a la imaginación del lector decidir cuál es cada cual.

Enero: Ser bailarín en el Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena y al son de un vals de Johan Strauss padre, embutido en unas mallas de color azul como el Danubio, elevar al cielo con mis brazos a mi pareja de baile, que no será otra que mi santa, la cual lucirá un tutú azul celeste. Para este deseo ya llegó tarde; pero, ahí queda para años venideros.

Febrero: Hacer un trío carnavalesco en el escenario del Teatro Falla de Cádiz, junto con el alcalde de la ciudad, el señor Kichi, y su pareja, la diputada Teresa Rodríguez, ya que ambos son amantes de esta fiesta repleta de humor y travesuras . Ese trío, que no es posible como agrupación carnavalesca, se convertiría en cuarteto (modalidad  que sí existe en el carnaval gaditano) con la participación de quien a partir de ahora quiera apuntarse para formar parte de él. Se hará una selección entre los inscritos y el ganador correrá con los gastos de vestuario y manduca de todo el cuarteto.

Marzo: Jugar en la posición de apertura con el equipo de Gales en el partido final del Torneo Seis Naciones de Rugby de este año. En el último minuto, con el partido empatado, conseguir el ensayo ganador del quince de los dragones frente al quince de la rosa en el Twickenham Stadium dejando a los ingleses como “ganadores” de la Cuchara de Madera.

(Continuará)

30 diciembre, 2017

Ritos de iniciación en la abuelidad

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:46

ritosLa imagen adjunta pareciese la de un feliz abuelo que sostiene en brazos a su nieta. Y lo es. Pero es algo más.

En todas las sociedades, a lo largo de la historia, ha habido ritos de iniciación, ritos de paso. Esos ritos suelen estar compuestos de una serie de actividades que los individuos tienen que realizar en la transición de un estado a otro en la vida de esa persona. Todas las culturas, todos los pueblos, desde la más remota antigüedad, mantenían esas actividades como algo esencial en su identidad. Las más conocidas son las que realizaba el joven que pasaba a ser considerado hombre, o la niña que pasaba a ser mujer. Algunos de esas actividades eran realmente dolorosas, e incluso crueles, como la de una tribu amazónica que usaba hormigas balas, cuyas picaduras son 30 veces más fuerte que la de una avispa, en el rito de iniciación por la que sus jóvenes se convertían en hombres. El ser humano ha evolucionado y superado esos rituales tan “salvajes”, aunque todavía queden restos de ellos en algunos grupos sociales. Sin llegar a tanto, hoy siguen celebrándose en algunos países hispanoamericanos las llamadas “fiestas de los quince años”. En ellas las familias de las quinceañeras se gastan un dineral en el festín cuando la muchacha cumple esa edad. Lo más doloroso que conlleva ese rito de paso suele ser lo cutre de la ambientación y el que suene la canción “De niña a mujer”.

Bien, la fotografía adjunta es, en cierta forma, un rito de iniciación. En ella aparecen el que escribe y su nieta  después de que ambos hiciésemos una incursión al otro lado de la calle, cruzando la peligrosa calzada hasta la acera de enfrente, y entrásemos sin que nadie pudiese impedirlo en la tienda. Una vez dentro adquirimos mediante trueque dinerario la primera chuchería que este abuelo compraba a su nieta. Se trataba de un paquetillo colorista que contenía dos gusanitos de los largos. Habrá quien considere este testimonio una tontería. Eso decían los ignorantes y descreídos cuando los antropólogos del siglo XIX y principios del siglo XX contaban en las Academias sus conocimientos sobre los ritos de iniciación en las tribus perdidas de la Amazonia o el África Negra. Pues eso, aquí dejo constancia, con imagen incluida, de ese rito de paso que debe cumplir todo abuelo que merece ser llamado así. Nadie puede ejercer la abuelidad en plenitud hasta que no haya comprado la primera chuchería a su nieta/o.

21 noviembre, 2017

Un ratito de charla

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:38

charlaCambio el rumbo de mi caminata mañera y me adentro en el pueblo por la Avenida de los Lirios y la Calle Cruz. Pienso tomar la nazarena Calle Martillo para llegar a casa cuando observo en el banco de la otra esquina a dos viejos, en el sentido sabio de la palabra, tomando el sol que ya calienta. Me olvido de la nazarena calle y me dirijo hacia allí para preguntarles por la salud y el devenir de sus vidas. Me une a ellos, Pedro y Alfonso,  una relación devenida del trato que tuvieron hace unos años con mi padre, más con uno que con otro pero igual de emotiva con ambos.

Visten mis veteranos contertulios con ropa de abrigo, se cubren con gorra y sombrero y calzan botines invernales. Llama mi atención que ambos usan los cálidos y ligeros polares que mi padre se negaba a utilizar; él siempre prefirió la pesada y clásica pelliza o el tradicional, y también pesado, chaquetón con bufanda y mascota (o gorra, en los últimos años). Hablamos de la pertinaz sequía y me cuentan, de esa manera tan fácil con la que algunos ancianos hilvanan una conversación con otra, sus trabajos de hace años, sus faenas en el agro o en la fábrica Peugeot (creo que era esa marca automovilística) de Madrid. Uno sentado en su andador y el otro en el banco, moviéndose en el sentido en el que el sol se mueve para evitar el gélido hierro del banco. Yo huyo también de la sombra y me coloco en la esquina soleada por la que parece colarse el vientecillo que baja de Sierra Morena. Me rememoran, al principio con cierto pudor, los momentos de tertulia y paseo que compartieron con mi padre. Comparto con ellos esos recuerdos de hace ya tres años y les animo a seguir con fuerza y a desterrar las nubes negras de los pensamientos pesimistas. Antes de despedirme me agradecen efusivamente que me haya parado a echar un ratito de charla.

14 noviembre, 2017

Sonriendo a la vida desde un balancín

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:09

balancín

Ahí estamos, intentando dominar el arte del balancín, buscando el equilibrio de las subidas y bajadas que la vida nos da. Tú, con tus nueve meses en este catorce de noviembre; yo, con algunos más. Tú, elevada sobre el suelo acolchado que aún no caminas en soledad, en el que esbozas algunos pasos siempre asida por manos protectoras;  yo, pisando ese mismo suelo sobre el que tantos pasos dejaron huellas que el devenir del tiempo borra tras de sí.

Sonríes en tonos rosas mirando a quienes te alegran la vida, a quienes más allá del objetivo de la cámara sonríen contigo al ver la felicidad reflejada en el arco de tu boca, en los hoyuelos de tu cara y en la mirada viva de tus ojos. Las perneras del pantalón del chándal se han subido al colocarte sobre la plataforma y te han convertido así en una niña pescarranas, ese término tan antiguo que se usaba en otras épocas; una niña chica que luce deportivas nuevas, zapatillas que anuncian el tiempo venidero, el de los primeros pasos sobre un suelo que no siempre será acolchado.

Escribo esto cuando hoy cumples nueve meses, pero no lo hago por eso; ya sabes que no soy amigo de cumpleaños ni fiestas oficiales. Escribo esto porque estaba mirando las fotografías del pasado sábado y he recordado esa tarde soleada de otoño en la que compartimos balancín. Pronto escalarás por la red que aparece al fondo, subirás la escalera del pequeño tobogán por el que dejarás deslizar tu cuerpo buscando el vértigo de lo desconocido, volarás en los columpios con impulsos de risas infantiles… Eso vendrá después. El pasado más cercano lo compartimos el sábado sonriendo a la vida desde un balancín.

12 octubre, 2017

En esos momentos…

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:59

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En esos momentos en los que cesa su derroche físico de movimientos saltarines, en esos momentos en los que deja de chapurrear sílabas que serán palabras, en esos momentos en los que la sonrisa casi perenne desaparece de su rostro, en esa pausa de extraordinaria vitalidad, hay veces que su mirada ausculta mis pensamientos; hay veces que le devuelvo la misma mirada tratando de saber también lo que ella piensa.

Eso es lo que sucedió instantes después de esta imagen. Dejé el teléfono móvil sobre la mesa, le devolví la mirada, pensé en mi pasado y en su futuro, disfruté nuestro presente. Le sonreí y volvió su sonrisa, la que me eleva el alma por encima de las circunstancias terrenales, volvió a aletear con su braceo incansable y a pedir en su incipiente idioma que la alzase sobre mis piernas para seguir saltando sobre ellas.

6 septiembre, 2017

Otro 1 de septiembre

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 15:10

 

clip_image002Han pasado ya unos días. Quería sentir cómo era ese día sin tener que ir al colegio. Después de treinta y siete años, el 1 de septiembre no he tenido que presentarme en un colegio. Desde 1979, cada 1 de septiembre, el verano acababa de manera brusca. El despertador sonaba y uno se encaminaba hacia el colegio expectante por saber qué se encontraría, quiénes serían los compañeros de trabajo, qué grupo de alumnos tendría, etc. Otras veces, sobre todo los últimos años, todo era más rutinario, ya conocías el terreno que pisabas; tan solo quedaba conocer a los “nuevos” (compañeros o grupo de alumnos) e ir calentando los motores de un nuevo curso: reuniones, preparación del aula, material escolar…

Este año no. Hace unos días, el 1 de septiembre a las diez de la mañana, pasé por el que ha sido mi colegio en los últimos dieciséis años. Los numerosos coches aparcados frente a la fachada del mismo delataban que las maestras (y maestros, claro está) andarían saludándose, comentando los viajes veraniegos, preguntando por la salud del otro y sus familiares, recibiendo a los recién llegados con la mejor de las sonrisas, etc. Como iba en coche fue una pasada rápida, fugaz de recuerdos y sensaciones. Por primera vez en muchos años yo no era uno de los que formaban parte ese inicio escolar del que hablan las noticias cuando se los alumnos se incorporan a clase ignorando que los maestros llevan ya unos días preparándolo todo. Por primera vez mis pensamientos no giraban alrededor de ese mundo absorbente que es la vida escolar y el horario lectivo. No sé si fue porque ya el 1 de septiembre del año pasado fue algo diferente (era una incorporación para tan solo tres meses antes de que llegara la jubilación), esa visión pasajera del colegio a través de los cristales del coche no supuso una emoción especial. Tuve la sensación de que había pasado mucho más tiempo del que realmente ha pasado desde que crucé la puerta de salida, de que todo quedaba mucho más lejano, de que ese mundo me era ya casi desconocido. Quizás se deba a que nunca llegué a hacer de mi profesión una devoción, como alguien con mala intención me dijo una vez, como si el cumplir profesionalmente con tu trabajo fuese algo negativo, cuando en realidad hay veces, muchas veces, que lo devocional entorpece una buena labor profesional. Quizás se deba a que cuando pasé por delante del colegio me dirigía a pasar unos días con mi nieta, ejemplo de que hay vida cuando uno deja de ser maestro.

18 julio, 2017

Serenidad bautismal

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

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Está tranquila antes de que todo comience. El vestido, con lazo y felpa rematados con ornamentos florales, ideado y confeccionado por la abuela, realza la serena hermosura de su observadora mirada y se suma al blanco de su piel.

En brazos de su tito padrino dirige la mirada al sacerdote cuando éste comienza la ceremonia del bautismo. Escucha la liturgia con el mismo interés con el que yo sigo sus gestos apoyado en una columna de la iglesia, cerca de la pila bautismal. Por un momento el sacerdote calla y ella deja de mirarlo para fijarse en sus padres. Pareciese que trata de comprender, con sus cinco meses recién cumplidos, todo lo que allí está sucediendo. Mientras los congregados tratamos de llevar con dignidad el calor que hace (siete de la tarde: en la calle cuarenta y dos grados y en el interior algunos menos, pero no tantos), ella continúa con una tranquilidad que me sorprende: no hay llanto, ni siquiera el amago de un ligero lloro o el gesto de un puchero de disgusto. Llega el momento de la ablución. La tita madrina la inclina y el sacerdote vierte el agua sobre la cabeza de Dunia mientras ella mira el fondo pétreo y gris de la pila bautismal. Cuando el riego sacramental concluye y la madrina vuelve a incorporarla ella mira a los familiares sentados en los bancos; estos sonríen al verla hacer un gesto con la boca, como si alguna gota de agua bendita hubiese escapado al clerical paño con el que el párroco ha secado la cabeza. Tras el rito del agua continúa la ceremonia con el encendido de la vela bautismal. En cuanto se percata de la llama que desprende la vela, sostenida cual antorcha por el tito padrino, la atención de Dunia no tiene otro objetivo hasta que la ceremonia concluye.

A partir de ahí fotos con los familiares. Va pasando de unos brazos a otros para posar con la misma serenidad que ha tenido durante la ceremonia religiosa. Un rato más tarde le llegará el sueño mientras los demás cumplimos con la otra liturgia, el rito laico compuesto por la ingesta de alimentos y el trasegar de líquidos que suele acompañar a todo tipo de celebraciones y ceremonias, sean religiosas o no.

16 febrero, 2017

Y ahora llega ella a enseñorear mi mundo

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:03

 

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Dunia, señora del mundo, decidió comenzar su señorío un mes antes de lo previsto. No ha necesitado llegar a los tres kilos de peso para hacerse presente, para irradiar luz y alegría en quienes la esperábamos allá por san José mientras ella ha decidido adelantar el santoral y elegir san Valentín. Ya tengo un motivo para celebrar ese día, tan manido, tan sobado por intereses comerciales. Cada catorce de febrero celebraré el día en el que Dunia me convirtió en abuelo.

Frágil en su capazo, envuelta en mantas, asoma su tez de melocotón y una mano que se lleva hasta la cara. Tiene los ojos cerrados y un hipido tenue que desaparece pronto para dejarla en un estado de enorme placidez. Al rato muestra todo un repertorio de gestos faciales que van de la sonrisa a la sorpresa. Me quedo absorto mirándola, alelado ante unas muecas que transmiten un amplio surtido de sensaciones. Para tomarla en brazos prefiero estar sentado porque noto que su pequeñez y fragilidad se incrementa tanto como la sensación de felicidad. Observo su rostro de diminuta perfección, su raja de ojos, las orejas y la nariz adosada a su rostro algo mofletudo, componiendo todo ello un mosaico de belleza genéticamente maternal, dicen quienes son capaces de adivinar parecidos.

Mientras la observo, feliz y sereno, pienso en el paso ligero que el tiempo ha marcado en los últimos meses de mi vida. No han pasado dos años: se me fue el padre dejando el vacío, se casó un hijo y despejó pesares, viajé por tierra, mar y aire con quienes alegran mi existencia, guardé felizmente halagado las tizas en el cajón del jubileo; y ahora llega ella, ahora llega Dunia, a enseñorear mi mundo. Bienvenida seas.

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