La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

14 mayo, 2018

El título universitario

Filed under: De libros,Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:47

títuloLeyendo cualquier biografía, diario, etc. uno encuentra coincidencias vitales con el personaje, salvando distancias de época, condición social, etc. Cuando tal cosa sucede uno vuelve la vista atrás, casi siempre esas coincidencias forman parte del pasado, y rememora aquellas circunstancias.

Leyendo “El cuaderno gris” (Josep Pla), casi al final de ese magnífico libro, cuando el autor consigue concluir su carrera universitaria de Derecho, se le plantea el siguiente problema: Ahora, para ser abogado, tendré que comprar el título —es decir, pagar al Estado el importe correspondiente para obtenerlo. No sé cuánto vale este título. Pero, para comprarlo, ¿dónde está el dinero? Yo no tengo ni un céntimo —y los pocos que tengo los necesito para la pensión. Mi padre no debe de encontrarse en una situación muy brillante. Pedirle algo es perder el tiempo —y no por animadversión, ciertamente. ¿De dónde saldrán las misas? ¿Llegaré algún día a pagar el título de abogado? Me parece que habrá sido más fácil entrar en la orla de mis compañeros de curso —con el retrato ovalado de los catedráticos en la parte alta del documento— que comprar el título.”

Dejo de leer y pienso: ¿Dónde está mi título universitario? Sí, lo tengo localizado. Es la ventaja de ser persona ordenada, persona que ha ido guardando celosamente el papeleo de su vida estudiantil y laboral. En la misma carpeta (la clásica carpeta azul de cartón y gomillas) está el viejo libro de escolaridad del Bachillerato, las papeletas y la certificación de notas de los tres años de Magisterio, los certificados de toma de posesión y cese de los diferentes destinos como maestro, el papeleo de la jubilación… y el título universitario con el correspondiente recibo y el papel timbrado del Estado con el que se pagó. Miro el recibo,  260 pesetas, y algo no me cuadra: el papel timbrado, en “billetes” de cuantía variada, suman 720 pesetas. Por supuesto que no recuerdo a qué se debe esa diferencia; como tampoco recuerdo el momento en que realicé la retirada de ese título. Sí recuerdo que a algunos compañeros se lo enmarcaron para colgarlo en casa. Mis padres, austeros en el gasto y no dados a la ostentación, debieron considerar lo que escribe Pla: ¿De dónde saldrán las misas?

Así que ahí está, con sus dobleces y sus cuarenta años cumplidos (Dado en Madrid, a 15 de marzo de 1978), expedido por el Ministro de Educación y Ciencia (Iñigo Cavero – lo he buscado en Wikipedia) en nombre de su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, en tono pajizo y encuadrado en una enmarañada decoración gris culminada por el Águila de San Juan y el lema que aún persistía (“Una, Grande y Libre”) en esos años de Transición. Vuelvo a mirarlo y observo otras dos circunstancias curiosas. La fecha de nacimiento que aparece, 27 de noviembre, es la real; en otros documentos nací el 29 de ese mes. Y  la firma de “El interesado” no es mi firma actual (¿en qué momento la cambié?).

Tengo título pero no tengo orla con mis compañeros de curso —con el retrato ovalado de los catedráticos en la parte alta del documento…, como escribe Pla. Esa orla que he visto enmarcada en algunas consultas de médicos coetáneos no la tengo. ¿No se hizo? ¿Se hizo pero no la adquirí?… Han pasado cuarenta años, y sin pruebas materiales es difícil recordar todo el pasado.

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14 febrero, 2018

Un año de tu vida

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:22

Hoy celebro tu primer cumpleaños. Lo hago en la distancia geográfica  que nos separa y en la ausencia de tu sonrisa equipada de hoyuelos. Lo hago, eso sí, a mi manera, escribiéndote estas letras que espero mitiguen la imposibilidad de tomarte en brazos y darte un apretujoncillo con la intensidad adecuada para tus doce meses de vida.

Sí, ya sé que el sábado pasado soplaste la vela de la tarta y luciste la mota de nata en tu naricilla; ya sé que escuchaste a toda tu familia cantarte el “Cumpleaños feliz” y recibiste los correspondientes regalos. Sé también, porque te miré atentamente, que posaste serena en las fotos familiares y que tu ya reconocida capacidad de observación trataba de asimilar todo lo que allí estaba sucediendo. Pasamos un buen rato y seguro que pasarás muchos más cuando el número de la vela, igual que tú, vaya haciéndose mayor.

Te he visto despertar a la vida en estos trescientos sesenta y cinco días, te he visto abrir los ojos y aguzar los oídos a los sonidos de cariño, te he visto agitar brazos y piernas y ofrecernos las primeras muecas que simulaban ser sonrisas. Luego vinieron los primeros chapurreos y las primeras risas descontroladas provocadas por las abuelas, esas risas que contagian a todos los que estamos cerca de ti y que acaban dejándote floja de cuerpo y feliz de alma. Recuerdo también el primer día que te incorporaste sola en el parque cuna y pusiste el mundo a tus pies por unos momentos. Y, últimamente, esas ganas de caminar por pasillos y paseos marítimos, por parques y cocinas… Ese caminar que todavía necesita de alguien que te  aguante el equilibrio y controle las prisas que tienes por llegar a todos los sitios al mismo tiempo. Esos sitios que tratas de descubrir subiendo los primeros escalones de la escalera de casa hasta que miras hacia arriba y presientes un mundo desconocido, giras tu cabeza, con esa agilidad de contorsionista que siempre has tenido, para comprobar que estoy contigo, y decides dejar la aventura para otro día. Podría seguir escribiendo de tu dormir ligero y de tu despertar amable, de los primeros dibujos animados que ya te gustan o de la música que te atrae, de cómo abres la boca para recibir como un polluelo la miga de pan que tus padres te dan mientras los demás comemos, de la cara de pilla que pones cuando esperas que quienes juegan contigo te sorprendan con algún grito o movimiento no tan imprevisto, de la sonrisa que te provoca volver al lugar de casa en el que tenemos los peluches, y de la cara de alegría que pones cuando sabes que te vamos a sacar de paseo.

De todo eso, y más, podría seguir escribiéndote. Ya ves todo lo bueno que ha dado de sí este primer año de tu vida.

Dunia   cocina

18 enero, 2018

Un DD (deseo disparatado) para cada mes del nuevo año (3/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 12:13

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Tercera y última entrega de esta serie de deseos disparatados para cada mes del año.

Agosto: Enseñar a mi nieta a nadar en el Mediterráneo caleteño con resultados tan positivos que ambos consigamos surcar las aguas cual sonrientes delfines hasta la boya que marca el final de los límites natatorios. Llegados allí, agarrarnos al elemento flotante y mirar hacia la playa para saludar a la abuela que, seguramente, andará preocupada por mi atrevimiento dada mi avanzada edad y escasas cualidades en el arte de flotar y avanzar sobre aguas profundas.

Septiembre: Ser el ayudante de dirección en la película que este año estará rodando Woody Allen en la ciudad de Nueva York, tras haber descartado volver a rodar en España la segunda parte de Vicky Cristina Barcelona con el título de Neus Dolors Catalonia, y permanecer sentado junto al maestro esperando que él me pregunte, cuando alguna toma no le convenza: Nick, ¿la repetimos?, mientras Kate Winslet me mira y me dice con sus ojos verdes: Nick, por favor, dile que no y vayámonos a tomar una cerveza tú y yo.

Octubre: Participar en el desfile militar del Día de la Hispanidad sentado en el interior de un vehículo acorazado de apoyo a la infantería mientras leo en voz alta a un grupo de soldados el comienzo del libro de Muñoz Molina, “Ardor guerrero”: Hasta hace no mucho he soñado con frecuencia que tenía que volver al ejército. Por equivocación me habían licenciado antes de tiempo, y me reclamaban de pronto, o bien a lo largo de mi servicio militar se había cometido un error administrativo que lo invalidaba, un error de segundo orden, desde luego, inadvertido durante años tal vez, pero tan grave al mismo tiempo que hacía inevitable mi regreso al cuartel.”

Noviembre: Viajar en el tiempo (y el espacio) hasta mediados de los años ochenta (y a Los Ángeles) para ver un partido entre los Lakers y los Celtics de Boston sentado a pie de pista junto a Jack Nicholson mientras trato de convencerle de que Larry Bird es la réplica blanca de Magic Johnson y, ya de pasada, que me cuente algo sobre el rodaje de aquella escena de “El cartero siempre llama dos veces”.

Diciembre: Llegar al treinta y uno de este mes con las ganas y salud necesarias para seguir pensado qué me gustaría hacer el próximo año, que ya será dos mil diecinueve, para no volver a escribir estos deseos disparatados que ahora escribo en esta tarde verdugo del año del Señor dos mil diecisiete.

8 enero, 2018

Un DD (deseo disparatado) para cada mes del nuevo año (2/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 12:16

DD2Segunda entrega de esta serie de deseos disparatados para cada mes del año. Recuerden: algunos me gustaría que se hiciesen realidad; otros, no. Adivinen…

Abril: Ser el cochero de un carruaje en la Feria de Sevilla y pasear montados en él a la flor y nata, a la crème de la crème, de este país. Dar el brazo a las damas para ayudarlas a subir a los mullidos asientos del coche de caballos, saludar a los caballeros que descuellan por su inteligencia y valía mientras se acomodan en el otro asiento. Y a continuación encaramarme con agilidad y presteza al pescante, tomar las riendas y haciendo restallar el látigo en el aire primaveral del paseo ecuestre hacer lucimiento de corceles, atalajes, carruaje y viajeros por todo el recinto ante la mirada curiosa y algo envidiosa de los que caminan a pie tratando de evitar las boñigas equinas.

Mayo: Ser el saxofonista de Bruce Springsteen en el concierto que The Boss daría en el Santiago Bernabeu y, a mediados del mismo, aparecer ambos vestidos con camisetas del Barça mientras tocamos, por ejemplo, Born To Run y él me grita “Tócala otra vez, Clarence”. Como éste es uno de los deseos más difíciles de realizar también me conformaría con ser el saxo en un concierto de Fito Cabrales y tocar juntos, por ejemplo, Conozco Un Lugar.

Junio: Volver a dar las notas de la última evaluación a un grupo de alumnos en el que todos promocionarían a la siguiente etapa educativa después de haber pasado juntos los últimos años de primaria para ellos y de docencia para mí. Despedirnos todos en emotivos actos  y con el mejor de los sabores y la mejor de las sonrisas mientras… Un momento, un momento, qué puede ser que esto no sea un deseo sino el recuerdo de un junio ya pasado.

Julio: El día 14 subir, con Pedro Delgado de escudero, las duras rampas del Tourmalet mientras él me comenta sus andanzas pasadas en esas carreteras mezclándolas con algún chiste insoportable al mismo tiempo que vamos viendo como le peloton reste derrière. Llegados a la meta subimos al pódium donde ambos seremos investidos de amarillo por le President de la Republique, Monsieur Macron ante el disgusto de los aficionados franceses que tratan de volcar el camión de la unidad móvil de TVE.

(Continuará)

1 enero, 2018

Un DD (deseo disparatado) para cada mes del nuevo año (1/3)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 17:57

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Cada comienzo de año nos proponemos hacer, o dejar de hacer, “algo”. En la inmensidad de ese pronombre indefinido cabe “todo”, otro que lleva la indefinición y la inmensidad como lema. Esas intenciones casi nunca son realizadas, se quedan en deseos y propuestas bienintencionados que caen en el más profundo de los pozos y ahí permanecen, en su oscuro fondo, hasta que un nuevo año las recupera y vuelven a convertirse en loables intenciones que se agarran al uno de enero como si ése fuese el día mágico en el que una nueva vida comienza.

Yo nunca he hecho una lista de esas intenciones ligadas al nuevo año. Entre otros motivos porque sé que no las iba a cumplir. Este año si la haré. Será un DD (deseo disparatado) para cada mes del año. Lo importante de esta  auto propuesta es la segunda D, esa que convierte al deseo en algo imposible. Para algunos es dejar de fumar, ir al gimnasio o apuntarse a una academia de inglés. Para mí son los que siguen. Entre ellos hay auténticos deseos que nunca se cumplirán; también hay auténticos disparates que reflejan todo lo contrario a lo que puede ser un deseo pero que esconden tras de sí algo parecido a la sustancia homeópata de lo deseado. Dejo a la imaginación del lector decidir cuál es cada cual.

Enero: Ser bailarín en el Concierto de Año Nuevo en la Sala Dorada de la Musikverein de Viena y al son de un vals de Johan Strauss padre, embutido en unas mallas de color azul como el Danubio, elevar al cielo con mis brazos a mi pareja de baile, que no será otra que mi santa, la cual lucirá un tutú azul celeste. Para este deseo ya llegó tarde; pero, ahí queda para años venideros.

Febrero: Hacer un trío carnavalesco en el escenario del Teatro Falla de Cádiz, junto con el alcalde de la ciudad, el señor Kichi, y su pareja, la diputada Teresa Rodríguez, ya que ambos son amantes de esta fiesta repleta de humor y travesuras . Ese trío, que no es posible como agrupación carnavalesca, se convertiría en cuarteto (modalidad  que sí existe en el carnaval gaditano) con la participación de quien a partir de ahora quiera apuntarse para formar parte de él. Se hará una selección entre los inscritos y el ganador correrá con los gastos de vestuario y manduca de todo el cuarteto.

Marzo: Jugar en la posición de apertura con el equipo de Gales en el partido final del Torneo Seis Naciones de Rugby de este año. En el último minuto, con el partido empatado, conseguir el ensayo ganador del quince de los dragones frente al quince de la rosa en el Twickenham Stadium dejando a los ingleses como “ganadores” de la Cuchara de Madera.

(Continuará)

30 diciembre, 2017

Ritos de iniciación en la abuelidad

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:46

ritosLa imagen adjunta pareciese la de un feliz abuelo que sostiene en brazos a su nieta. Y lo es. Pero es algo más.

En todas las sociedades, a lo largo de la historia, ha habido ritos de iniciación, ritos de paso. Esos ritos suelen estar compuestos de una serie de actividades que los individuos tienen que realizar en la transición de un estado a otro en la vida de esa persona. Todas las culturas, todos los pueblos, desde la más remota antigüedad, mantenían esas actividades como algo esencial en su identidad. Las más conocidas son las que realizaba el joven que pasaba a ser considerado hombre, o la niña que pasaba a ser mujer. Algunos de esas actividades eran realmente dolorosas, e incluso crueles, como la de una tribu amazónica que usaba hormigas balas, cuyas picaduras son 30 veces más fuerte que la de una avispa, en el rito de iniciación por la que sus jóvenes se convertían en hombres. El ser humano ha evolucionado y superado esos rituales tan “salvajes”, aunque todavía queden restos de ellos en algunos grupos sociales. Sin llegar a tanto, hoy siguen celebrándose en algunos países hispanoamericanos las llamadas “fiestas de los quince años”. En ellas las familias de las quinceañeras se gastan un dineral en el festín cuando la muchacha cumple esa edad. Lo más doloroso que conlleva ese rito de paso suele ser lo cutre de la ambientación y el que suene la canción “De niña a mujer”.

Bien, la fotografía adjunta es, en cierta forma, un rito de iniciación. En ella aparecen el que escribe y su nieta  después de que ambos hiciésemos una incursión al otro lado de la calle, cruzando la peligrosa calzada hasta la acera de enfrente, y entrásemos sin que nadie pudiese impedirlo en la tienda. Una vez dentro adquirimos mediante trueque dinerario la primera chuchería que este abuelo compraba a su nieta. Se trataba de un paquetillo colorista que contenía dos gusanitos de los largos. Habrá quien considere este testimonio una tontería. Eso decían los ignorantes y descreídos cuando los antropólogos del siglo XIX y principios del siglo XX contaban en las Academias sus conocimientos sobre los ritos de iniciación en las tribus perdidas de la Amazonia o el África Negra. Pues eso, aquí dejo constancia, con imagen incluida, de ese rito de paso que debe cumplir todo abuelo que merece ser llamado así. Nadie puede ejercer la abuelidad en plenitud hasta que no haya comprado la primera chuchería a su nieta/o.

21 noviembre, 2017

Un ratito de charla

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:38

charlaCambio el rumbo de mi caminata mañera y me adentro en el pueblo por la Avenida de los Lirios y la Calle Cruz. Pienso tomar la nazarena Calle Martillo para llegar a casa cuando observo en el banco de la otra esquina a dos viejos, en el sentido sabio de la palabra, tomando el sol que ya calienta. Me olvido de la nazarena calle y me dirijo hacia allí para preguntarles por la salud y el devenir de sus vidas. Me une a ellos, Pedro y Alfonso,  una relación devenida del trato que tuvieron hace unos años con mi padre, más con uno que con otro pero igual de emotiva con ambos.

Visten mis veteranos contertulios con ropa de abrigo, se cubren con gorra y sombrero y calzan botines invernales. Llama mi atención que ambos usan los cálidos y ligeros polares que mi padre se negaba a utilizar; él siempre prefirió la pesada y clásica pelliza o el tradicional, y también pesado, chaquetón con bufanda y mascota (o gorra, en los últimos años). Hablamos de la pertinaz sequía y me cuentan, de esa manera tan fácil con la que algunos ancianos hilvanan una conversación con otra, sus trabajos de hace años, sus faenas en el agro o en la fábrica Peugeot (creo que era esa marca automovilística) de Madrid. Uno sentado en su andador y el otro en el banco, moviéndose en el sentido en el que el sol se mueve para evitar el gélido hierro del banco. Yo huyo también de la sombra y me coloco en la esquina soleada por la que parece colarse el vientecillo que baja de Sierra Morena. Me rememoran, al principio con cierto pudor, los momentos de tertulia y paseo que compartieron con mi padre. Comparto con ellos esos recuerdos de hace ya tres años y les animo a seguir con fuerza y a desterrar las nubes negras de los pensamientos pesimistas. Antes de despedirme me agradecen efusivamente que me haya parado a echar un ratito de charla.

14 noviembre, 2017

Sonriendo a la vida desde un balancín

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:09

balancín

Ahí estamos, intentando dominar el arte del balancín, buscando el equilibrio de las subidas y bajadas que la vida nos da. Tú, con tus nueve meses en este catorce de noviembre; yo, con algunos más. Tú, elevada sobre el suelo acolchado que aún no caminas en soledad, en el que esbozas algunos pasos siempre asida por manos protectoras;  yo, pisando ese mismo suelo sobre el que tantos pasos dejaron huellas que el devenir del tiempo borra tras de sí.

Sonríes en tonos rosas mirando a quienes te alegran la vida, a quienes más allá del objetivo de la cámara sonríen contigo al ver la felicidad reflejada en el arco de tu boca, en los hoyuelos de tu cara y en la mirada viva de tus ojos. Las perneras del pantalón del chándal se han subido al colocarte sobre la plataforma y te han convertido así en una niña pescarranas, ese término tan antiguo que se usaba en otras épocas; una niña chica que luce deportivas nuevas, zapatillas que anuncian el tiempo venidero, el de los primeros pasos sobre un suelo que no siempre será acolchado.

Escribo esto cuando hoy cumples nueve meses, pero no lo hago por eso; ya sabes que no soy amigo de cumpleaños ni fiestas oficiales. Escribo esto porque estaba mirando las fotografías del pasado sábado y he recordado esa tarde soleada de otoño en la que compartimos balancín. Pronto escalarás por la red que aparece al fondo, subirás la escalera del pequeño tobogán por el que dejarás deslizar tu cuerpo buscando el vértigo de lo desconocido, volarás en los columpios con impulsos de risas infantiles… Eso vendrá después. El pasado más cercano lo compartimos el sábado sonriendo a la vida desde un balancín.

12 octubre, 2017

En esos momentos…

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:59

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En esos momentos en los que cesa su derroche físico de movimientos saltarines, en esos momentos en los que deja de chapurrear sílabas que serán palabras, en esos momentos en los que la sonrisa casi perenne desaparece de su rostro, en esa pausa de extraordinaria vitalidad, hay veces que su mirada ausculta mis pensamientos; hay veces que le devuelvo la misma mirada tratando de saber también lo que ella piensa.

Eso es lo que sucedió instantes después de esta imagen. Dejé el teléfono móvil sobre la mesa, le devolví la mirada, pensé en mi pasado y en su futuro, disfruté nuestro presente. Le sonreí y volvió su sonrisa, la que me eleva el alma por encima de las circunstancias terrenales, volvió a aletear con su braceo incansable y a pedir en su incipiente idioma que la alzase sobre mis piernas para seguir saltando sobre ellas.

6 septiembre, 2017

Otro 1 de septiembre

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 15:10

 

clip_image002Han pasado ya unos días. Quería sentir cómo era ese día sin tener que ir al colegio. Después de treinta y siete años, el 1 de septiembre no he tenido que presentarme en un colegio. Desde 1979, cada 1 de septiembre, el verano acababa de manera brusca. El despertador sonaba y uno se encaminaba hacia el colegio expectante por saber qué se encontraría, quiénes serían los compañeros de trabajo, qué grupo de alumnos tendría, etc. Otras veces, sobre todo los últimos años, todo era más rutinario, ya conocías el terreno que pisabas; tan solo quedaba conocer a los “nuevos” (compañeros o grupo de alumnos) e ir calentando los motores de un nuevo curso: reuniones, preparación del aula, material escolar…

Este año no. Hace unos días, el 1 de septiembre a las diez de la mañana, pasé por el que ha sido mi colegio en los últimos dieciséis años. Los numerosos coches aparcados frente a la fachada del mismo delataban que las maestras (y maestros, claro está) andarían saludándose, comentando los viajes veraniegos, preguntando por la salud del otro y sus familiares, recibiendo a los recién llegados con la mejor de las sonrisas, etc. Como iba en coche fue una pasada rápida, fugaz de recuerdos y sensaciones. Por primera vez en muchos años yo no era uno de los que formaban parte ese inicio escolar del que hablan las noticias cuando se los alumnos se incorporan a clase ignorando que los maestros llevan ya unos días preparándolo todo. Por primera vez mis pensamientos no giraban alrededor de ese mundo absorbente que es la vida escolar y el horario lectivo. No sé si fue porque ya el 1 de septiembre del año pasado fue algo diferente (era una incorporación para tan solo tres meses antes de que llegara la jubilación), esa visión pasajera del colegio a través de los cristales del coche no supuso una emoción especial. Tuve la sensación de que había pasado mucho más tiempo del que realmente ha pasado desde que crucé la puerta de salida, de que todo quedaba mucho más lejano, de que ese mundo me era ya casi desconocido. Quizás se deba a que nunca llegué a hacer de mi profesión una devoción, como alguien con mala intención me dijo una vez, como si el cumplir profesionalmente con tu trabajo fuese algo negativo, cuando en realidad hay veces, muchas veces, que lo devocional entorpece una buena labor profesional. Quizás se deba a que cuando pasé por delante del colegio me dirigía a pasar unos días con mi nieta, ejemplo de que hay vida cuando uno deja de ser maestro.

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