La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

14 noviembre, 2017

Sonriendo a la vida desde un balancín

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:09

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Ahí estamos, intentando dominar el arte del balancín, buscando el equilibrio de las subidas y bajadas que la vida nos da. Tú, con tus nueve meses en este catorce de noviembre; yo, con algunos más. Tú, elevada sobre el suelo acolchado que aún no caminas en soledad, en el que esbozas algunos pasos siempre asida por manos protectoras;  yo, pisando ese mismo suelo sobre el que tantos pasos dejaron huellas que el devenir del tiempo borra tras de sí.

Sonríes en tonos rosas mirando a quienes te alegran la vida, a quienes más allá del objetivo de la cámara sonríen contigo al ver la felicidad reflejada en el arco de tu boca, en los hoyuelos de tu cara y en la mirada viva de tus ojos. Las perneras del pantalón del chándal se han subido al colocarte sobre la plataforma y te han convertido así en una niña pescarranas, ese término tan antiguo que se usaba en otras épocas; una niña chica que luce deportivas nuevas, zapatillas que anuncian el tiempo venidero, el de los primeros pasos sobre un suelo que no siempre será acolchado.

Escribo esto cuando hoy cumples nueve meses, pero no lo hago por eso; ya sabes que no soy amigo de cumpleaños ni fiestas oficiales. Escribo esto porque estaba mirando las fotografías del pasado sábado y he recordado esa tarde soleada de otoño en la que compartimos balancín. Pronto escalarás por la red que aparece al fondo, subirás la escalera del pequeño tobogán por el que dejarás deslizar tu cuerpo buscando el vértigo de lo desconocido, volarás en los columpios con impulsos de risas infantiles… Eso vendrá después. El pasado más cercano lo compartimos el sábado sonriendo a la vida desde un balancín.

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12 octubre, 2017

En esos momentos…

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 9:59

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En esos momentos en los que cesa su derroche físico de movimientos saltarines, en esos momentos en los que deja de chapurrear sílabas que serán palabras, en esos momentos en los que la sonrisa casi perenne desaparece de su rostro, en esa pausa de extraordinaria vitalidad, hay veces que su mirada ausculta mis pensamientos; hay veces que le devuelvo la misma mirada tratando de saber también lo que ella piensa.

Eso es lo que sucedió instantes después de esta imagen. Dejé el teléfono móvil sobre la mesa, le devolví la mirada, pensé en mi pasado y en su futuro, disfruté nuestro presente. Le sonreí y volvió su sonrisa, la que me eleva el alma por encima de las circunstancias terrenales, volvió a aletear con su braceo incansable y a pedir en su incipiente idioma que la alzase sobre mis piernas para seguir saltando sobre ellas.

6 septiembre, 2017

Otro 1 de septiembre

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 15:10

 

clip_image002Han pasado ya unos días. Quería sentir cómo era ese día sin tener que ir al colegio. Después de treinta y siete años, el 1 de septiembre no he tenido que presentarme en un colegio. Desde 1979, cada 1 de septiembre, el verano acababa de manera brusca. El despertador sonaba y uno se encaminaba hacia el colegio expectante por saber qué se encontraría, quiénes serían los compañeros de trabajo, qué grupo de alumnos tendría, etc. Otras veces, sobre todo los últimos años, todo era más rutinario, ya conocías el terreno que pisabas; tan solo quedaba conocer a los “nuevos” (compañeros o grupo de alumnos) e ir calentando los motores de un nuevo curso: reuniones, preparación del aula, material escolar…

Este año no. Hace unos días, el 1 de septiembre a las diez de la mañana, pasé por el que ha sido mi colegio en los últimos dieciséis años. Los numerosos coches aparcados frente a la fachada del mismo delataban que las maestras (y maestros, claro está) andarían saludándose, comentando los viajes veraniegos, preguntando por la salud del otro y sus familiares, recibiendo a los recién llegados con la mejor de las sonrisas, etc. Como iba en coche fue una pasada rápida, fugaz de recuerdos y sensaciones. Por primera vez en muchos años yo no era uno de los que formaban parte ese inicio escolar del que hablan las noticias cuando se los alumnos se incorporan a clase ignorando que los maestros llevan ya unos días preparándolo todo. Por primera vez mis pensamientos no giraban alrededor de ese mundo absorbente que es la vida escolar y el horario lectivo. No sé si fue porque ya el 1 de septiembre del año pasado fue algo diferente (era una incorporación para tan solo tres meses antes de que llegara la jubilación), esa visión pasajera del colegio a través de los cristales del coche no supuso una emoción especial. Tuve la sensación de que había pasado mucho más tiempo del que realmente ha pasado desde que crucé la puerta de salida, de que todo quedaba mucho más lejano, de que ese mundo me era ya casi desconocido. Quizás se deba a que nunca llegué a hacer de mi profesión una devoción, como alguien con mala intención me dijo una vez, como si el cumplir profesionalmente con tu trabajo fuese algo negativo, cuando en realidad hay veces, muchas veces, que lo devocional entorpece una buena labor profesional. Quizás se deba a que cuando pasé por delante del colegio me dirigía a pasar unos días con mi nieta, ejemplo de que hay vida cuando uno deja de ser maestro.

18 julio, 2017

Serenidad bautismal

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

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Está tranquila antes de que todo comience. El vestido, con lazo y felpa rematados con ornamentos florales, ideado y confeccionado por la abuela, realza la serena hermosura de su observadora mirada y se suma al blanco de su piel.

En brazos de su tito padrino dirige la mirada al sacerdote cuando éste comienza la ceremonia del bautismo. Escucha la liturgia con el mismo interés con el que yo sigo sus gestos apoyado en una columna de la iglesia, cerca de la pila bautismal. Por un momento el sacerdote calla y ella deja de mirarlo para fijarse en sus padres. Pareciese que trata de comprender, con sus cinco meses recién cumplidos, todo lo que allí está sucediendo. Mientras los congregados tratamos de llevar con dignidad el calor que hace (siete de la tarde: en la calle cuarenta y dos grados y en el interior algunos menos, pero no tantos), ella continúa con una tranquilidad que me sorprende: no hay llanto, ni siquiera el amago de un ligero lloro o el gesto de un puchero de disgusto. Llega el momento de la ablución. La tita madrina la inclina y el sacerdote vierte el agua sobre la cabeza de Dunia mientras ella mira el fondo pétreo y gris de la pila bautismal. Cuando el riego sacramental concluye y la madrina vuelve a incorporarla ella mira a los familiares sentados en los bancos; estos sonríen al verla hacer un gesto con la boca, como si alguna gota de agua bendita hubiese escapado al clerical paño con el que el párroco ha secado la cabeza. Tras el rito del agua continúa la ceremonia con el encendido de la vela bautismal. En cuanto se percata de la llama que desprende la vela, sostenida cual antorcha por el tito padrino, la atención de Dunia no tiene otro objetivo hasta que la ceremonia concluye.

A partir de ahí fotos con los familiares. Va pasando de unos brazos a otros para posar con la misma serenidad que ha tenido durante la ceremonia religiosa. Un rato más tarde le llegará el sueño mientras los demás cumplimos con la otra liturgia, el rito laico compuesto por la ingesta de alimentos y el trasegar de líquidos que suele acompañar a todo tipo de celebraciones y ceremonias, sean religiosas o no.

16 febrero, 2017

Y ahora llega ella a enseñorear mi mundo

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:03

 

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Dunia, señora del mundo, decidió comenzar su señorío un mes antes de lo previsto. No ha necesitado llegar a los tres kilos de peso para hacerse presente, para irradiar luz y alegría en quienes la esperábamos allá por san José mientras ella ha decidido adelantar el santoral y elegir san Valentín. Ya tengo un motivo para celebrar ese día, tan manido, tan sobado por intereses comerciales. Cada catorce de febrero celebraré el día en el que Dunia me convirtió en abuelo.

Frágil en su capazo, envuelta en mantas, asoma su tez de melocotón y una mano que se lleva hasta la cara. Tiene los ojos cerrados y un hipido tenue que desaparece pronto para dejarla en un estado de enorme placidez. Al rato muestra todo un repertorio de gestos faciales que van de la sonrisa a la sorpresa. Me quedo absorto mirándola, alelado ante unas muecas que transmiten un amplio surtido de sensaciones. Para tomarla en brazos prefiero estar sentado porque noto que su pequeñez y fragilidad se incrementa tanto como la sensación de felicidad. Observo su rostro de diminuta perfección, su raja de ojos, las orejas y la nariz adosada a su rostro algo mofletudo, componiendo todo ello un mosaico de belleza genéticamente maternal, dicen quienes son capaces de adivinar parecidos.

Mientras la observo, feliz y sereno, pienso en el paso ligero que el tiempo ha marcado en los últimos meses de mi vida. No han pasado dos años: se me fue el padre dejando el vacío, se casó un hijo y despejó pesares, viajé por tierra, mar y aire con quienes alegran mi existencia, guardé felizmente halagado las tizas en el cajón del jubileo; y ahora llega ella, ahora llega Dunia, a enseñorear mi mundo. Bienvenida seas.

28 diciembre, 2016

Yo pisaré las aulas nuevamente

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:55

Recibí ayer una carta de Susana Díaz, Presidenta de la Junta de Andalucía. A esa carta pertenecen las dos imágenes que aparecen abajo. Son dos recortes de la misiva: el encabezamiento y la despedida.

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He querido ocultar el texto central de la carta porque en él se habla no sólo de mi persona sino también de otras que ocupan responsabilidades políticas de alto rango; y en ese texto se tratan también asuntos que afectan no sólo a mi persona sino a otros colectivos profesionales de los que no me está permitido comentar nada. Al estar entremezclados he decidido ser garante de esa discreción que se me pide y sólo comentaré lo que se me permite decir en la citada carta.

El asunto fundamental, que me afecta personalmente a mí y al colectivo al que ahora pertenezco, y del que sí se me permite hablar libremente porque los otros afectados han recibido también la misma carta, es el que sigue.

Nos comunica la Presidenta de la Junta que, debido a los recortes presupuestarios que el Gobierno Central realiza, los maestros y maestras que nos hemos jubilado en los dos últimos años vamos a pasar a formar parte de un nuevo cuerpo funcionarial que se llamará Retén Pedagógico. Este colectivo, híbrido de funcionarios y clases pasivas, estará en lo que ellos llaman Reserva Educativa. Seremos un grupo dotado de experiencia y dispuesto a acudir para resolver los imprevistos que la enseñanza en Andalucía requiera. En la carta se nos comunican algunos casos: sustituir a los maestros sustitutos que se pongan enfermos, vigilar en patios y pistas cuando se celebren actos conmemorativos con gran concentración de alumnado, acompañar en excursiones escolares para atender a los alumnos que más se marean, etc. Para que todo ello sea llevado a cabo con eficacia se nos comunica que nuestra permanencia en los centros escolares no es obligatoria en todo el horario lectivo pero sí el estar siempre disponibles a través de una nueva aplicación del programa Séneca que deberemos instalar en nuestros teléfonos móviles.

Se dice también en la carta que estas medidas, aparte del asunto económico antes citado, se han tomado también porque el SMJ (Sindicato de Maestros Jubilados), del que desconocía su existencia, lleva un tiempo solicitando “con anhelo a la Administración que compatibilice la jubilación de los docentes con nuevas proyectos (que no deben ser remunerados) para que a estos les siga sonriendo la vida”.

La verdad es que leyendo la despedida de la carta y lo que solicitaba el SMJ se ve que han tenido éxito en su demanda. Pues nada, ya lo saben ustedes, puede que a partir del nueve de enero vuelva a pisar esas aulas, esos patios, con esa sonrisa que da el ver que uno sigue siendo parte de un nuevo proyecto vital y educativo. Parafraseando la canción de Pablo Milanés, podría decir que… yo pisaré las aulas nuevamente.

28 de diciembre de 2016

11 diciembre, 2016

Treinta y cuatro (más tres)

Filed under: Personal,Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:10

imageTreinta y cuatro no es un número especial, no es un número redondo ni cabalístico, no es un número bañado de simbolismo bíblico ni el año de un acontecimiento glorioso. Treinta y cuatro es un número cualquiera compuesto por dos cifras consecutivas, es un número par sin más pretensiones, un par de cifras engarzadas sin necesidad de metales preciosos que le den un brillo especial.

Hace treinta y cuatro años amaneció, eso sí, un día bañado en un sol decembrino que calentaba el aliento mañanero; un sol que hacía brillar los adoquines de granito y el empedrado de esa plaza cordobesa regentada por un Cristo pétreo que se ilumina con faroles y camina en procesión primaveral tallado en madera y fervor popular.

Treinta y cuatro años que no son de plata ni de oro. Son años, meses, semanas y días de hacer camino juntos. Es la existencia compartida a partir de aquel once de diciembre cuyo preámbulo se alarga hasta tres años antes en jornadas de miradas cómplices, en horas de trabajo y enamoramiento, en futuros que estaban por escribir, en miedos a errar en las decisiones por tomar y en recelos a esas edades que escapaban de los preceptos y de las tradiciones sociales.

Y aquí estoy, aquí estamos, treinta y cuatro años después de que aquella Plaza de Capuchinos nos acogiera, de que esa Iglesia de los Dolores, por ti elegida, fuese el escenario en el que se diese fe y se dejase constancia de que todas las decisiones estaban tomadas y que el camino iba a ser compartido. No glosaré la ceremonia porque no soy dado a dar lustre a los acontecimientos sociales; y, como ambos coincidíamos en la austeridad de las cosas y los hechos, tan sólo recordar que todo fue como deseamos que fuese.

Y aquí estoy, treinta y cuatro años después, recordando y escribiendo, alejándome de los tópicos aniversarios, tan a gusto de haberte conocido y seguir conociéndote.

3 diciembre, 2016

Gracias (2)

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:32

clip_image002Hace unos meses escribí en esta Girola una entrada que titulé “Gracias”. En ella mostraba mi agradecimiento a las familias de mis alumnos por el acto de despedida que organizaron al finalizar el curso. Hoy mi gratitud escrita es para las compañeras y compañeros de colegio. Hoy doy las gracias a mis compañeras del equipo directivo por seguir siendo compañeras; a quienes coincidimos en la llegada al colegio hace ya dieciséis años y con los que tanto he compartido; doy las gracias a todas aquellas que supieron comprender mis posibles salidas de tono, mi diferente manera de entender la enseñanza y mis momentos de “borde” o “petardo”; a quienes compartimos vigilancias de recreos, fuese en forma de patrulla o en forma garita; a los que recién llegaron y a los que hace poco se marcharon a otros destinos o de manera definitiva como es mi caso ahora; gracias a los que viajamos en excursiones de un día y a los que convivimos en excursiones capaces de crear un espíritu con nombre y número de cabaña; mi gratitud para los que me mostraron maneras diferentes de ejercer el quehacer escolar; gracias a las que buscaron mi apoyo por entender que podía ayudarlas en momentos de dificultad… Podría seguir pero la lista sería muy extensa, podría citar nombres propios pero la nómina sería muy larga. Tan solo dar las gracias a quien ha sido mi compañera dentro y fuera del colegio, gracias a mi santa con la que tantos cursos, reuniones de ciclo, cursos de perfeccionamiento y vigilancias de recreo he compartido.

Gracias, compañeras y compañeros, por la despedida del lunes tarde. Gracias y ánimos para continuar con esa complicada y gratificante tarea que es la enseñanza pública.

30 noviembre, 2016

Nuevo jubilado en la ciudad

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 10:14

clip_image002El despertador “colegio” no ha sonado hoy. Desaparecidos los antiguos despertadores con campanilla y aquellos que emitían un agudo, repetitivo y desagradable sonido, comencé a utilizar el despertador del teléfono móvil. Como el aparato permite nombrar los distintos despertares y poner melodía musical a cada una de ellas, el que a mí me arrancaba de los brazos de Morfeo era uno llamado “colegio” que se activaba últimamente con la canción “New Kid in Town” del grupo Chicago. Parafraseando el título de la canción hoy soy un nuevo jubilado en la ciudad.

Hoy no ha sonado la suave melodía de Chicago a ese hora tempranera en la que cuerpo y alma debían de activarse para iniciar una nueva jornada escolar. Hoy es mi primer día no lectivo. En este trigésimo octavo curso comienzo mi primera jornada no escolar siendo un maestro jubilado que escribe estas palabras cuando ya ha sonado la sirena del colegio, cuando ya los alumnos estarán desplegando cuadernos, libros, ordenadores, partituras o conos en la pista de Educación Física. Escribo estas palabras cuando mis compañeras y compañeros andarán dando las primeras explicaciones, corrigiendo la tarea de ayer, anotando las faltas de asistencia… Lo imagino y lo veo desde la cercana lejanía del maestro recién jubilado.

Hoy soy parte de las “clases pasivas del Estado”. Qué poco me gusta ese sintagma, tan cargado de contenido descriptivo. Me gusta más decir que hoy soy parte del colectivo de maestros jubilados. Me suena más natural. Y como tal ejerceré.

Seré, soy ya, el maestro jubilado que no se levantará temprano (madrugar, obligatoriamente, es un verbo cargado de castigo), el que dedicará más tiempo que antes a la leer y a escribir, el que caminará a la hora que le apetezca y visitará alguna obra callejera si es que tal hubiese (cómo es obligación de cualquier jubilado); seré el jubilado que atenderá con más frecuencia y con más pausa, según la necesidad, a las obligaciones familiares, el que estará más atento y observante a la siembra del trigo y a la recolección del girasol, el que paseará a la futura nieta para visitar esos templos que son las tiendas de chucherías; seré el jubilado que seguirá con atención lo que pasa por el mundo a través de las redes sociales, y el que echará unos ratitos de charla con los vecinos cuando coincidamos tomando el sol en las puertas de nuestros colindantes hogares o en el parque cercano a casa. Soy un jubilado y de ello ejerzo ya, sin traumas, depresiones ni desconciertos.

4 octubre, 2016

Metamorfosis: De cartera a mochila

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 16:22

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Desde el primer día de curso lectivo, cuando los alumnos volvieron de sus vacaciones, hasta hoy mismo, ha habido padres y madres de alumnos que me han comentado lo que sigue:

Don Nicolás, qué relajado le veo este año (el “Don” no es generalizado y el tuteo convive con el usted).

Es cierto que he sufrido una trasformación. En los cursos anteriores iba al colegido vestido con pantalón de vestir (valga la redundancia) con su correspondiente cinturón, camisa (que incluía chaqueta en ocasiones), zapatos con calcetines tradicionales… y portaba una cartera clásica de maestro (regalo de madres de alumnos). En este curso visto con pantalones veraniegos de los que no necesitan plancha ni cinturón porque se atan con una especie de cordelillo, polos cómodos, calzo zapatillas con calcetines tobilleros y la cartera ha sido sustituida por una mochila que cuelga de manera informal del hombro izquierdo. No es equiparable a la trasformación de ese político valenciano que antes era todo un señor corrupto (yonqui del dinero, se autoproclama) vestido con traje, y ahora es seguidor de todas las filosofías orientales que liberan el alma de cualquier pesadumbre vestido a la manera hippie. No es equiparable, pero… No, nada que ver.

Mi transformación, vestimenta aparte, conlleva también la del estado de ánimo. Esa relajación sobreviene de la realidad profesional. Algunas de mis compañeras también me han comentado ese estado casi zen con el que transito por el colegio. Pero ya lo anuncié al finalizar el curso pasado. Estos días que me quedan hasta finales de noviembre son un simple añadido cronológico, un alargue legal, una obligada permanencia fruto del calendario; en realidad me jubilé como maestro el día que conviví con mis alumnos y sus familias a finales de junio. Y ya lo dije en aquellas postreras jornadas del curso anterior: en estos meses pasaría del modo “Don Nicolás” al modo “Nico”. Y en ello estoy.

Hay quien me ha comentado también que esa metamorfosis podría perjudicar el status consolidado de maestro Don que tenía hasta el curso pasado. No creo que sea así. Quienes realmente me conocen, vestido de manera formal o informal, llegando al colegio tempraneramente (antes) y casi puntual (ahora), portando cartera o mochila, etc. saben lo que he sido y lo que soy. Y saben que en el fondo, en lo esencial, no hay ninguna diferencia.

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