La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

8 julio, 2017

Las alfombras (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 8:13

clip_image00211. Tras cada comida la alfombra del comedor presidencial no es aspirada sino sacudida desde el balcón para que los hambrientos se alimenten.

12. La reina miró con disimulo la alfombra. Segundos después el rey tropezaba fatalmente con el pliegue del que nadie se había percatado.

13. Evelina se sorprendió. Limpiando el dormitorio la aspiradora se atrancó con unas bolas parecidas a canicas. La señora no tiene niños, pensó.

14. Cada vez que el jeque manda cargar la alfombra de su jaima para pasar unos días en el desierto el servicio de limpieza se echa a temblar.

15. Su héroe lo hizo en una película. Él, con diez años, lo haría también. Se enrolló en la alfombra. Cuando lo encontraron no pudo contarlo.

16. La policía supo que la droga estaba camuflada en la alfombra pero cuando vieron el despacho a la que iba destinada la dejaron pasar.

17. Cuando el abuelo termina de jugar con el nieto queda una mancha en la alfombra. La señora de la casa se percata que el bebé lleva pañal.

18. El piloto y la azafata, enamorados y casados, decidieron dejar atrás su volandera vida y montaron un comercio: “Alfombras Aladino”.

19. Once horas diarias tejiendo las alfombras que luego ve en las mansiones de las series de televisión de aquel país que no le permite el paso.

20. El duque no puede evitar las lágrimas cuando tiene que vender sus tapices y alfombras al peso, y pagar así el nuevo impuesto nobiliario.

5 julio, 2017

Las alfombras (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:37

clip_image0021. Al pisar por primera vez la alfombra roja recordó de dónde venía. Le fue fácil porque el viaje desde su mansión había sido en helicóptero.

2. La policía los multó por no llevar la factura de aquella alfombra de importación en la que habían enrollado el cadáver.

3. El dictador ordenó no limpiar la alfombra manchada con la sangre del general que había fracasado al dar un golpe de estado.

4. “Va a ser verdad eso de qué hay mucha basura en palacio”, sentenció la limpiadora cuando la aspiradora comenzó a arder.

5. Cada vez que mira la alfombra del salón recuerda el cuerpo desnudo de Omar en la trastienda de su comercio.

6. Hay gran malestar en el pueblo porque desde que alfombraron el club de alterne los labriegos no pueden entrar con las botas del campo.

7. Una alfombra va desde la puerta de la iglesia al confesionario privado del marqués pero la penitencia ha de cumplirla sobre el frío mármol.

8. Al cambiar la alfombra del despacho oval los operarios creyeron escuchar lamentos en lengua persa.

9. Cuando limpia la nueva alfombra del jeque, tejida con hilos de plata y oro, Hamad pone la limpiadora a máxima potencia.

10. Los viejos líderes políticos subían al estrado por la rampa alfombrada. Él decidió subir por la escalinata lateral. Hasta que tropezó.

18 junio, 2017

Alegría por los treinta y cinco

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:46

 

clip_image001Aquella noche un gran vocerío se oyó en toda la ciudad. Fue algo parecido al estruendo vocal que años atrás se escuchaba cuando el equipo local marcaba un gol y por las ventanas y balcones abiertos salían las voces de los aficionados. Ahora las actividades deportivas estaban prohibidas debido a las altas temperaturas. El griterío tenía otro motivo que ya les contaré.

La última ola de calor duraba ya varios meses. Caminar por las calles a ciertas horas se convertía en un acto casi heroico. Los escasos coches que circulaban a media tarde, cuando se detenían, mantenían los motores encendidos y el conductor de guardia; mientras, los otros pasajeros se adentraban en los grandes centros comerciales que aún tenían aire acondicionado. Las grandes máquinas que proporcionaban el alivio del aire frío en esos grandes almacenes funcionaban a todo rendimiento pues la mayoría de los pequeños comercios habían cerrado y el público se aglomeraba en las grandes superficies no sólo para comprar sino también para sobrevivir durante el día. En las azoteas esas máquinas eran vigiladas por guardias armados resguardados en garitas climatizadas. Todavía, algunas agencias extranjeras seguían engañando a sus compatriotas y vendiéndoles paquetes turísticos para visitar la ciudad. Algunos de esos turistas, atrevidos e ignorantes, habían encontrado la muerte a primeras horas de la tarde en la fachada sur de la catedral o intentando cruzar el puente romano. Las clases habían sido suspendidas una vez más. Tan sólo los centros educativos privados seguían manteniendo actividad aunque se habían visto obligados en numerosas ocasiones a cesar en su labor cuando gentes al borde del ahogo y la asfixia irrumpían en las aulas o en las estancias de los colegios mayores y otro tipo de residencias universitarias climatizadas. Equipados con mochilas frigoríficas los padres cargaban con los bebés que necesitaban salir de casa para revisiones médicas. De cuando en cuando, sobre el cielo grisáceo y la nube de calima, aparecían hidroaviones que años atrás habían combatido los incendios forestales. Los aparatos habían sido adaptados para descargar en forma de sirimiri el agua que portaban en sus depósitos; junto a ellos escuadrillas de helicópteros soltaban grandes bolsas de agua en los incendios que sorpresivamente se iniciaban en los parques y jardines de la ciudad. Aprovechando el conticinio nocturno y usando radiales los ladrones cortaban los soportes metálicos y cargaban las máquinas de aire acondicionado de los primeros pisos en la furgoneta. Cuando los vecinos se despertaban al oír el ruido del esmeril un disparo al aire del escopetero de la banda era suficiente para darles tiempo a concluir su faena. El tráfico clandestino de esas maquinas, y de las consolas sustraídas en los hogares que los pudientes habían abandonado para irse a vivir a zonas menos tórridas, se había convertido en un próspero negocio ilegal cuando la compra-venta de cobre había dejado de serlo. Uno de los oficios más peligrosos era el de los repartidores de barriles de cerveza. Desde que empezaron los robos nocturnos de máquinas de aire acondicionado algunas bandas habían derivado su actividad a los asaltos diurnos de este tipo de transporte. Los camioncillos que trasportaban los barriles hasta los restaurantes de los hoteles de lujo y complejos turísticos de alto nivel corrían el peligro de ser asaltados en cualquier momento. La mayoría de los bares pequeños habían cerrado y se había establecido una red de garitos cerveceros ilegales que contaba con una clientela fiel…

Aquella noche un gran vocerío se oyó en toda la ciudad cuando la Ministra del Tiempo Meteorológico anunció en una rueda de prensa televisada que para la próxima semana las temperaturas máximas no superarían los treinta y cinco grados.

16 junio, 2017

Amor sin censura

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

 

clip_image002Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos. Aquella habitación de un discreto hotel en las afueras de Madrid se había convertido en el refugio ideal para su relación. Calificar esa relación no era un misterio para ambos; era un desafío con el que ninguno de los dos se atrevía: ¿relación amorosa?, ¿relación sexual…? Demasiado fácil, demasiado tópico. En su relación había algo más que amor (¿lo había?), había algo más que sexo (lo había). En su relación había azar, contestación, irresponsabilidad, desenfreno, incongruencia, riesgo, miradas, contradicción, roces, hastío, aventura, algo de amor y mucho sexo.

Desde el primer día que se conocieron el primero de esos componentes decidió que sus puestos de trabajo fuesen contiguos. Es lo que tiene el azar: a veces, es juguetón. Sentados uno al lado del otro, codo con codo, compartirían muchas horas de cercanía física. Y aunque al principio no pasaban de un cortés saludo el tiempo agregó a su relación breves comentarios sobre el tiempo o el típico “ya estamos aquí otra vez”. Más era imposible: se sentaban muy cerca el uno del otro pero sus intereses eran opuestos. Digamos que no eran enemigos pero sí rivales. Sus funciones eran tan antagónicas que no había posibilidad de que entre ellos se estableciese una relación más profunda; no digamos ya de amistad. Por eso, repito lo que dije al comenzar esta historia: Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos.

Pero ocurrió lo que parecía imposible. Las frases se alargaron, las miradas se intensificaron, y un día quedaron fuera de la cafetería del trabajo para tomar una copa. Hablaron de sus vidas, de sus gustos y aficiones, de cómo había llegado a ese puesto de trabajo. Y en todo seguía rigiendo el antagonismo, la misma incompatibilidad que tenían las funciones laborales que ahora desarrollaban uno muy cerca del otro: él, de clase medía conservadora; clip_image004ella de clase medía progresista; él, del Real Madrid; ella, del Atleti; él, de “House of Cards”; ella, de “American Crime”; él, de vestuario clásico; ella, de ropa desenfadada… Pero, allí estaban, en aquella habitación de un discreto hotel a las afueras de Madrid. Habían pasado la noche juntos, tras inventar mil excusas para que los unos y los otros nada sospechasen, y ahora, bien temprano abandonaban por separado el hotel siendo fieles a sí mismo: él, en un taxi; ella, en metro.

Un día más se encontraron en sus asientos de trabajo: “Ya estamos aquí otra vez”, dijo él; y ella no pudo evitar sonreírle. Pero aquel día no era “un día más en la oficina”, como solían decir al despedirse. Aquel día el jefe de ella optaba a un ascenso importante. Y allí estaban ellos, codo con codo, aplaudiendo por turno, mirando desde varia filas más arriba la coleta del jefe de ella y el clásico corte de pelo del jefe de él.

18 abril, 2017

La tibieza (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 17:07

clip_image00210. Ante el jolgorio de sus vecinos al haber sido agraciados con el “gordo” él se atrevió a dar un saltito y brindar con cerveza sin alcohol.

11. Compró un gel de placer y, tras una semana, se decidió a dejarlo sobre la mesita de noche de su pareja.

12. Decidió hacerse donante de órganos pero, debido a sus principios ideológicos, solo donaría los del lado derecho de su cuerpo.

13. Por una vez iba a saltarse las instrucciones. En lugar de los dos kilos de tornillería pondría solo uno en la bomba que estaba preparando.

14. Cuando sus compañeros golpeaban la mesa con las fichas de dómino él las colocaba suavemente y no sonreía al ganar la partida.

15. No sabía si hacerse amigo de Juan o de Tomás así que decidió esperar a que terminase la discusión que ambos tenían en el patio del colegio.

16. Lleva varios días siguiendo a la chica que le gusta. Sabe que así no va a conseguir nada de ella pero al menos se entretiene.

17. Como ninguno de los dolientes dio un paso al frente el enterrador se encogió de hombros y comenzó a echar paladas de tierra.

18. Una Nochebuena más reía las gracias de su cuñado. Una Navidad más tendría que soportar la riña de su esposa por ser tan “calzonazos”.

12 abril, 2017

La tibieza (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:18

 

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1. Por un momento pensó en su vecina pero un segundo después decidió que mejor volver a secuestrar a otra prostituta.

2. Cuando le tocaba formar parte del pelotón de fusilamiento siempre cerraba los ojos un segundo antes de apretar el gatillo.

3. Rodeado de miles de compañeros no supo si cerrar el puño o hacer el signo de la victoria. Al final permaneció con los brazos caídos.

4. El párroco ha amonestado con delicadeza a don Bartolomé tanto por su escasa asistencia a misa como por sus exiguos donativos.

5. Cada vez que iba a cruzar un paso de peatones les dedicaba una sonrisa a los conductores que frenaban.

6. Ante las insistentes preguntas del fiscal el acusado contestó: “Creo que no debería acordarme”.

7. El condenado a muerte no sabía qué elegir para su última cena y acabó pidiendo un vaso de leche templada y unas galletitas.

8. Decidió dar un giro a su vida. Se sentó a pleno sol en el parque hasta que su nieto le dijo que pusiese la cabeza a la sombra.

9. Sentados en la oscuridad de la sala de cine alargó su mano hasta tocar la bolsa de palomitas que ella mantenía entre las piernas.

4 abril, 2017

Los servicios de inteligencia

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:16

 

clip_image0011. El cura con el que se confesaba desde niño acabó con su carrera de agente doble.

2. A pesar de haber instalado micrófonos y cámaras el viejo agente no puede evitar descorrer el visillo y mirar hacia el balcón de su objetivo.

3. Es una operación tan aburrida que orientan una de las antenas de seguimiento hacia el satélite que transmite la final de la Orange Bowl.

4. Han adaptado sus móviles para usar el viejo código secreto de la II Guerra Mundial sin que sus parejas sepan de la infidelidad.

5. Cuando el nuevo compañero, con todas las titulaciones posibles, se le presenta, el viejo agente le dice: “Tengo un amor llamada Intuición.”

6. Era un manitas en las reformas caseras y un gran agente del CNI. Nadie como él instalaba cámaras y micrófonos en tuberías y cableado.

7. Tras descifrar los últimos códigos secretos del país enemigo volvió a aquel maldito sudoku que le amargaba la vida últimamente.

8. Cuando fue detenido por ser agente doble su esposa recibió un mensaje: “Mamá, lo siento. Hace más de un año que le seguíamos la pista”.

9. Entre los agentes del CNI que lo detuvieron por espía el viejo profesor reconoció a un antiguo alumno, su chivato de confianza.

10. Sabía que iba a ser descubierto pero prefirió entregarse antes que vivir el resto de su vida en aquel país tan frío para el que trabajaba.

11. Otro agente abatido. Y una vez más el eliminador dejaba su tarjeta de visita: una rodaja de mortadela.

12. Su vida es menos emocionante pero su cuenta ha aumentado desde que dejó el servicio de inteligencia por el espionaje industrial.

27 marzo, 2017

La propiedad intelectual

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:06


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1. Encerrado en la sacristía escribe otro magnífico sermón dominical ayudado sólo por la inspiración divina.

2. Cuando los inspectores de la Sociedad General de Autores descubren una presa se colocan un parche pirata para luchar de igual a igual.

3. Tiene mala conciencia por los ingresos que recibe de su libro “Sueños sin dueños”, escrito con los sueños que le contaron sus amigos.

4. Nadie sabía que era la esposa quien le escribió los mejores discursos como candidato. Fue elegido. Se divorció y evidenció su torpeza.

5. Cuando la copistería no iba bien y tuvo que cerrar decidió dedicarse a la descarga ilegal de libros.

6. El asesino en serie ha denunciado a su abogado porque nunca le dio permiso para que escribiese una novela basada en sus asesinatos.

7. Patentó el megáfono con las grabaciones de “las mil consignas más gritadas” y tuvo gran éxito entre los manifestantes habituales.

8. El carpintero demandó al estudio cinematográfico por no aparecer en los créditos de la película “La infancia de Jesús de Nazaret”.

9. El creador de los eslóganes con los que su partido ganó las tres últimas elecciones lo abandonó tras la oferta de la agencia publicitaria.

10. La hija observa los ingresos mensuales por derechos de autor de su padre mientras le ayuda en su quehacer diario contra el Alzheimer.

16 marzo, 2017

La lectura (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 15:28

clip_image00211. Los desafectos al régimen eran condenados a leer todos los días en voz alta las publicaciones del BOE y las memorias del dictador.

12. La Policía lectora detuvo el mes pasado a 9 peligrosos delincuentes: 3 estaban leyendo a los clásicos y 6 a los clásicos en libros de papel.

13. Primero quemaron los libros del Club de Lectores. Después fusilaron a los miembros del club.

14. A escondidas, sin que su esposa lo sepa, lee con agrado las novelas de adolescentes que compra su hija.

15. Cuando vio a su esposo en la cama leyendo el Kamasutra decidió salir del cuarto de aseo con una caja de paracetamol bien visible.

16. Lo peor que fray Matías llevaba de su vida monacal era tener que leer en el refectorio mientras sus hermanos comían.

17. Desde que vive solo espera cada semana la lectura de los salmos bíblicos que le hacen los testigos de Jehová cuando le visitan.

18. Cuando vieron a la estrella del equipo leyendo un libro antes de entrenar sus compañeros intuyeron que lo peor estaba por venir.

19. Cada mañana, tras ojear el periódico de la biblioteca, saca su ebook para leer sin poder evitar la mirada recelosa de la bibliotecaria.

20. Todo el cariño que él puso, guiando su mano, cuando le enseñó a leer en Braille se lo devuelve ella ahora cuando “lee” su cuerpo.

6 marzo, 2017

La lectura (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

 

clip_image0011. Mientras leía sentado frente a la chimenea observó, apiladas junto a la leña, sus lecturas frustradas.

2. No vio todo lo que tenía que ver porque se pasó la mayor parte del viaje leyendo sobre los lugares que estaba visitando.

3. Pasaba largas horas leyendo en la biblioteca. A nadie le extrañó, ni siquiera a su mujer, que la bibliotecaria y él desapareciesen juntos.

4. – Padre, me confieso que últimamente solo leo revistas pornográficas.

– ¿Lees? ¡No! Ves, hijo mío, ves. Un Padrenuestro y lee el Decamerón.

5. Han pasado treinta años y los cuatro están muertos. Los tres que se reían de su tartamudez y la maestra que le hacía leer en voz alta.

6. Entre la multitud de viajeros que miraban sus pantallas luminosas destacaba un anciano que leía en un libro de papel.

7. Invitó a doña Isabel al acto de su primer éxito editorial. Al terminar, la maestra le dijo: “Sigues leyendo igual de mal que en la escuela”.

8. Era tan cumplido que si la lectura de un libro no le complacía y la abandonaba escribía una carta al autor pidiéndole disculpas.

9. Como su madre se “metía” en el libro que estaba leyendo aprovechaba esas horas para hacer en su cuarto algo más que tareas con su chica.

10. Tras visitar miles de aseos públicos, y leer lo allí escrito, alcanzó el éxito con su libro “Lecturas de mierda”.

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