La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

29 diciembre, 2017

El punto de no retorno

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:04

retorno1. Estaba a punto de caer al precipicio cuando los guardas que le llevarían a la cámara de gas le despertaron del sueño.

2. Reconoce el tono de la llamada esperada unos instantes después de saltar desde el pretil del puente.

3. En el momento en el que el sobre caía dentro de la urna recordó donde había dejado el décimo de lotería que había buscado unas horas antes.

4. Mientras la anestesia hacía efecto pensó que quizás sus pechos no eran tan pequeños.

5. El director de la sucursal le explicó las ventajas del nuevo producto. Mientras firmaba miró la letra pequeña sin darle importancia.

6. Mientras mira por el espejo retrovisor ve como se empequeñecen las figuras de sus hijos y de la que fue su esposa.

7. La enfermera observó el temblar de manos del cirujano en el momento en el que éste ya había comenzado la incisión con el bisturí.

8. En la oscuridad de la noche, con su hijo en brazos, camina sobre la arena y sube con los demás a la embarcación neumática.

9. Tras recoger el guante alguien le dijo al oído que su oponente era el mejor espadachín de la ciudad.

10. Decidió sacar del campo a la estrella del equipo. Dos jornadas después el club despedía al entrenador.

11. Siempre se negó a estar a solas con él. Pero ahí está ahora, escondida en la sacristía, esperando que las beatas acaben de confesar.

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24 diciembre, 2017

La tila

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 13:36

tila1. Tras la frugal cena se retira a su celda. Al rato se toma su ansiolítico porque el rezo y la tila no apaciguan los malos pensamientos.

2. Habrá manifestantes que le insulten, otros intentarán darle un clavel… Se toma la tila mientras se pone el casco y coge la porra.

3. Hoy no se tomará su tila diaria. Hay manifestación y en la asamblea de la facultad han decidió que se harán oír en la calle.

4. La maestra lo llama nada más entrar en clase. Destapa el termo que le ha dejado la mamá de Juanito y le da el primer vasito de la mañana.

5. Se ha tomado un par de tilas en la cafetería del hospital materno. Cuando vea el color de piel de su “hijo” necesitará algo más fuerte.

6. Se había fijado en ella porque le parecía una “mujer fogosa”. Se acercó a la barra y la oyó pedir una tila. Todo el encanto desapareció.

7. Cada lunes el encargado renueva existencias pero cada miércoles ya no queda tila en la máquina de la sala de profesores.

8. Coloca el termo de tila en el rincón del confesionario mientras espera que las chicas de madame Julie vayan llegando.

9. Desde que tuvo el infarto y abandonó los excesos nocturnos solo toma alguna tila. Desde entonces no ha compuesto una buena canción.

10. No es solo mate lo que el cocinero del equipo echa en el termo del futbolista paraguayo que fue expulsado dos veces el pasado mes.

19 diciembre, 2017

El nuevo de la clase

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:42

nuevo1.  Era tan perfecto que se nos pasó todo el curso y no encontramos un mote para el nuevo.

2. Treinta años después, sentado en el despacho ministerial, recuerdo aquel primer día de colegio en el que decidí protegerlo del abusón.

3. Toda la noche sin dormir temiendo lo peor y el primer día sus nuevos compañeros lo eligen delegado de clase.

4. No fue uno, ni una. Fueron cinco las nuevas compañeras que llegaron a clase cuando el colegio paso a ser mixto. Una nueva vida empezaba.

5. Todos nuestros planes se desvanecieron cuando vimos entrar al nuevo: un repetidor que nos sacaba a todos la cabeza.

6. Los padres del nuevo tenían una tienda de chucherías. Su mercancía para el recreo le convirtió en el mejor amigo de nuestra pandilla.

7. Era nuestro último curso de bachillerato cuando llegó ella. Aquella alumna logró que el director volviera a dar clase ese curso.

8. La maestra dijo que nuestro nuevo compañero, Ousmane, venía de Senegal. Juanito “el Alelao” le preguntó si su padre era rey mago.

9. A todos nos dejó sorprendido que siendo nuevo en el colegio retirase con firmeza la mano que el padre Alberto puso en su mejilla.

10. Miré con tristeza a Toño cuando vi que el padre Alberto cogía cariñosamente de la mano al nuevo y cerraba por dentro el aula de música.

11 diciembre, 2017

La deformación profesional

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 12:09
  1. deformación1. Tan solo cuando el capitán del crucero le echó unas monedas el mimo decidió abandonar el barco que estaba a punto de hundirse.
  2. Los días que no hay ejecuciones los vecinos de la aldea se encierran en casa cuando el verdugo del rey vuelve con el hacha al hombro.
  3. Pasaron una noche juntos y el joven heredero al trono declaró que estaba dispuesto a casarse con la contorsionista del circo.
  4. 4. El cadáver de la joven violada fue hallado con grasa en la vagina. La policía detuvo a los pocos días al asesino en su taller mecánico.
  5. Su madre siempre le dijo que no entrenara en la azotea. Aquel día intentó hacer un doble mortal y su cuerpo voló más allá de la baranda.
  6. Estrelló los cinco drones contra los vehículos en marcha de los cinco médicos del tribunal que decretó su incapacidad como piloto.
  7. Antes de que sus hijos beban el padre echa un buchito del refresco de cola en un vaso, lo mueve, olisquea y diserta sobre su elaboración.
  8. Cada noche, solo en casa, se pone de pie, vacía la botella y eleva hacia el techo la última copa mientras masculla: “Esta es mi sangre…”
  9. Cada día, cuando vuelve del colegio, pasa lista a su familia: el caniche Miko y la tortuga Baltasara.
  10. Cuando termina de hablar hace una pausa esperando el aplauso de su “grupo”. Toda la familia lo hace menos la oposición: suegra y cuñada.

22 noviembre, 2017

El bronceado (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:38

bronceado9. En septiembre el maestro llegó muy bronceado. Quería que su piel no desentonase con la de la mayoría de sus alumnos emigrantes.

10. Arrojó con tanta fuerza y tanto acierto el bote de crema bronceadora que el dron se estrelló contra el suelo de la azotea.

11. Cuando la policía anti palidez encontró en aquella casa abandonada unos botes de spray bronceador adosados a unos chalecos saltó la alarma.

12. Tras la vuelta de vacaciones fue el abuelo quien ganó el título familiar de mejor bronceado. Sus años de albañil le ayudaban.

13. Mantenía su bronceado facial durante todo el año. Era el mejor escudo para su exagerada timidez y el consiguiente rubor.

14. Cuando su amor secreto, la compañera de oficina, volvió tan blanca como se fue, él maldijo las horas que pasó bronceándose en la playa.

15. El reflejo del sol sobre la lente de los prismáticos fue su perdición. Aquella chica dejó de tomar el sol desnuda en la azotea.

16. Sentado a la sombra del almendro sigue sin entender el por qué aquellos extranjeros se desnudan para tomar el sol en la pequeña playa.

7 noviembre, 2017

El bronceado (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:27

clip_image0011. Cuando el párroco, siempre vestido con sotana y sombrero de teja, volvió luciendo bronceado fue recibido por el cuchicheo de las beatas.

2. Tras pasar dos semanas separados su mujer volvió de la playa. El bronceado integral que ella lució en la ducha fue el inicio del fin.

3. Cuando la vio entrar, con su blanca palidez, por la puerta del hotel se arrepintió de las dos semanas que llevaba tomando el sol.

4. Consintió en casarse por la iglesia y que el hijo fuese bautizado pero no estaba dispuesto a consentir que al niño no le diese el sol.

5. Algunos de los colonizadores que fueron destinados a la cara oculta de la Luna protestaron ante el Comité de Alunizaje.

6. Notó en su rostro el desprecio cuando comparó su bronceado caribeño con esa piel tostada por el sol de la huerta murciana.

7. Para broncearse el ciclista lucía un mínimo bañador, unos antiguos manguitos de oficinista y unas modernas medias de futbolista.

8. La mayoría de las huéspedes del hotel preferían que fuese Giorgio, el masajista, quien les untase la crema hidratante corporal cada noche.

19 octubre, 2017

El resbalón (Otro cuento del independentismo)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:36

 

clip_image002Desde la habitación de la clínica privada, con la pierna derecha escayolada y enganchada a un arnés, en esa postura tan cómica, y a la vez tan humillante que había visto en algunas películas de humor, Jordi Fabra y Palafrugell sigue maldiciendo el momento en el que tomó la decisión de ir en moto al Parlament atravesando la Diagonal. Había vuelto a coger la moto hace un mes tras haberla dejado varios años aparcada en el garaje. Los últimos tiempos habían traído aires de libertad, pensaba como si idease un anuncio de perfume para la agencia de publicidad que había creado antes de dedicarse a la política. Jordi Fabra y Palafrugell, hijo de una acomodada familia de la burguesía barcelonesa, catalanista desde siempre, era uno más de los adalides de la libertad que en los últimos copaban todas las noticias.

Ahora, tras la caída provocada por la cera que había quedado en la calzada la noche anterior se encontraba inutilizado para seguir defendiendo la independencia de su pueblo. Él mismo había estado allí, vela en mano, pidiendo la libertad de los encarcelados por el Estado opresor. Ahora, escayolado e inmóvil, maldecía a la vela, la cera, la moto y la Diagonal. En ésas estaba cuando recibió la visita de su amigo, y abogado, Carles Fornals. El rostro de Carles indicaba que no le traía buenas noticias. Y así era: el abogado le comunicó que su estancia en la clínica privada en la que había sido operado, y en la que seguía ingresado, debería pagarla de su bolsillo porque la compañía aseguradora que cubría a los diputados del Parlament había cancelado un día antes del accidente la póliza de seguros por la situación que se vivía en el país. Exasperado por la noticia Jordi pidió a su abogado que iniciase las gestiones para denunciar al ayuntamiento de Barcelona por la dejación de funciones al no haber limpiado la resbaladiza cera. Carles, abogado y amigo, le contestó que no lo veía posible porque el ayuntamiento había suspendido esos dos días, los días de los hechos (aclaró en plan profesional) su actividad institucional en solidaridad con los encarcelados por el Estado opresor y no parecía muy ético denunciar a quienes eran compañeros de viaje en “la lucha por la independencia de nuestro pueblo.” Jordi Fabra y Palafrugell maldijo el día en el que Carles le convenció para que dejara su agencia de publicidad y se apuntara al “nuevo” partido.

PS. Los personajes de este cuentecillo son totalmente imaginarios. Los hechos que viven esos personajes podrían haber sucedido.

Accidentes y colapso en la Diagonal

Adeslas deja sin seguro a los diputados del Parlamento catalán

El ayuntamiento de Barcelona suspende dos días su actividad institucional

22 septiembre, 2017

El secador

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 16:09

 

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1. En cuanto oye el ruido se asoma al patio interior para ver la ventana del aseo de su vecina de enfrente.

2. Al secador estropeado le ha cortado el cable para que su pequeño Luke Skywalker pueda usarlo de pistola galáctica.

3. Usó el secador pero el cerco de la mancha de semen se quedó en el pantalón. Meses después fue la prueba que le llevó a la cárcel.

4. Él la esperaba en la cama. Ella, con la puerta entreabierta del aseo, se mostraba secando su larga cabellera.

5. ¿Qué hacía un secador en el cuarto de baño si la víctima vivía solo y era calvo? – se preguntó a sí mismo el comisario.

6. La madre observa que ya es capaz de manejar solo el secador. Todo parece ir bien en la recuperación del ictus que sufrió hace poco.

7. Cuando va a coger el secador para acelerar el proceso de deshielo del congelador el ordenador central de la casa le niega el permiso.

8. El ruido del secador no impedía que escuchase el leve gemido de su hija nacida hace unos días pero sí los ronquidos de su marido.

12 septiembre, 2017

El crecepelo

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:39

 

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1. Orgulloso de los efectos de su crecepelo se presentó en casa de su madre para sorprenderla. Al verlo, ésta le dijo: ¡Qué delgado estás!

2. Nunca supo que quienes le robaron la fórmula mejorada de su crecepelo eran agentes del consorcio de fabricantes de pelucas y bisoñés.

3. Tras recibir la buena noticia del oncólogo se fue directo a la clínica médica capilar.

4. Ahora que el tupé brillaba en la Casa Blanca su médico capilar tenía fundadas esperanzas en ser nombrado Consejero de Sanidad.

5. Tras encontrar el cadáver en descomposición el forense observó unos extraños gusanos peludos en el cráneo del fallecido.

6. El cura alopécico, mientras se tienta la ampolla en el bolsillo de la sotana, mira la imagen del Cristo melenudo y le pide un “milagrito”.

7. Usó el ingrediente de la zarzaparrilla para elaborar el crecepelo. Los compradores, aunque el pelo no les crecía, se hicieron adictos.

8. Siempre fue algo bipolar: con una mano se frotaba la cabeza con el ungüento para la alopecia y con la otra se depilaba pecho y axilas.

9. Cuando vio las ampollas revitalizantes en el neceser del cantante la groupie sufrió una enorme decepción.

10. Si con ese ingrediente la zarzaparrilla había tenido éxito… ¿por qué no utilizarlo también para elaborar el crecepelo?

11. Cuando el crecepelo hizo su efecto y lucía una larga melena decidió raparse la cabeza. El psicólogo ya no sabía qué hacer con él.

12. En solidaridad con su amiga esperaban en la puerta del hospital con las cabezas rapadas y una tarjeta de la clínica capilar en el bolso.

13. Al ver la cara de sorpresa de su hijo pequeño comprendió que se había sobrepasado con el tratamiento capilar.

14. Lo mejor es que ya no tiene que colocarse los escasos cabellos como antes y que han dejado de llamarle “código de barras”.

22 agosto, 2017

Te doy la paz, mi mano y mi mejilla

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:39

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Desde el pasado domingo, y hoy ya es jueves, no se habla de otra cosa en el pueblo. Ni los amoríos de don Enrique, el médico, que todos los sábados cierra su consulta para visitar en privado a doña Manuela; ni la fuga a dios sabe donde del gerente de la cooperativa olivarera (con casi tres millones de pesetas); ni la barriga sin matrimonio de Inesita, la hija del tendero de ultramarinos… Todo eso no interesa a las vecinas que cada mañana salen a limpiar las puertas, se saludan y, mientras barren con sus escobas de zahína y refrescan los adoquines de granito con regaderas llenas de agua recién sacada de los pozos, comentan en comandita lo que sucedió en misa de doce el pasado domingo.

Han pasado ya cuatro días desde el hecho más extraño que recuerdan los mentideros de comadres en el barrio bajo y las reuniones de café con leche y hojaldradas que celebran las señoras de los señores en el saloncito femenino del Casino de Labradores. Nadie sabe el por qué. Ni las más acertadas alcahuetas que todo lo llevan y lo traen, ni Frascuelo, el mancebo de la única botica del pueblo, sabedor de todas las hemorroides y urticarias más íntimas que padecen sus vecinos. Nadie conoce las causas que desencadenaron el hecho por el cual don Acisclo tuvo que parar la misa de doce del pasado domingo.

Yo estaba allí, en la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, como cada domingo y fiesta de guardar. Había escuchado con atención la lectura del evangelio, la homilía (algo larga para mi gusto), la liturgia de la Eucaristía (en la epíclesis noté un ligero temblor en la mano derecha de don Acisclo; tendría que comentárselo a don Enrique)… Todo se desarrollaba con la tranquila rutina de cada domingo. Algunos esperábamos a que terminasen de comulgar los más fieles. En el otro extremo de mi banco estaba doña Enriqueta, viuda, cincuentona y catequista, que acababa de arrodillarse tras tomar el Cuerpo de Cristo.

Yo tampoco sé el porqué de lo que sucedió minutos después, cuando, llegado el momento de darse la paz, vi que doña Enriqueta se volvía para estrechar la mano de la mujer que estaba en el banco de atrás. Lo curioso es que no recuerdo haber visto a esa mujer en toda la misa. Si la hubiese visto no la hubiese olvidado pues su galanura y su bello rostro eran dignos de admiración. Lo que sí recuerdo a la perfección, porque estaba atento para dar la paz a doña Enriqueta, es ver a la catequista estrechar su mano derecha con la desconocida señora. Fue entonces cuando doña Enriqueta y la aparecida misteriosa se miraron a los ojos y, sin intercambiar palabra, la catequista soltó una sonora bofetada con su mano izquierda en el rostro de la desconocida. Un zagalillo que estaba en el banco de al lado exclamó a voz en grito: “¡Vaya hostia que le ha dado!”. Don Acisclo presenció el alboroto que se formaba tres bancadas más allá del altar y no tuvo más remedio que arremangarse el alba hasta el cíngulo, agarrarse la casulla, bajar los escalones y tratar de poner orden en la escandalera que se había organizado. Mientras, doña Enriqueta, imperturbable, se arrodillaba y comenzaba a rezar. Desde el otro extremo del banco observé como la desconocida, sin decir palabra, con la cabeza levantada y con una enigmática sonrisa se alejaba y abandonaba la parroquia sin que nadie más la haya vuelto a ver por el pueblo. Doña Enriqueta sigue encerrada en su casa desde entonces.

Este cuentecito fue escrito para El Blog de los Lectores de la web de Antonio Muñoz Molina

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