La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 noviembre, 2017

El bronceado (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:27

clip_image0011. Cuando el párroco, siempre vestido con sotana y sombrero de teja, volvió luciendo bronceado fue recibido por el cuchicheo de las beatas.

2. Tras pasar dos semanas separados su mujer volvió de la playa. El bronceado integral que ella lució en la ducha fue el inicio del fin.

3. Cuando la vio entrar, con su blanca palidez, por la puerta del hotel se arrepintió de las dos semanas que llevaba tomando el sol.

4. Consintió en casarse por la iglesia y que el hijo fuese bautizado pero no estaba dispuesto a consentir que al niño no le diese el sol.

5. Algunos de los colonizadores que fueron destinados a la cara oculta de la Luna protestaron ante el Comité de Alunizaje.

6. Notó en su rostro el desprecio cuando comparó su bronceado caribeño con esa piel tostada por el sol de la huerta murciana.

7. Para broncearse el ciclista lucía un mínimo bañador, unos antiguos manguitos de oficinista y unas modernas medias de futbolista.

8. La mayoría de las huéspedes del hotel preferían que fuese Giorgio, el masajista, quien les untase la crema hidratante corporal cada noche.

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19 octubre, 2017

El resbalón (Otro cuento del independentismo)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:36

 

clip_image002Desde la habitación de la clínica privada, con la pierna derecha escayolada y enganchada a un arnés, en esa postura tan cómica, y a la vez tan humillante que había visto en algunas películas de humor, Jordi Fabra y Palafrugell sigue maldiciendo el momento en el que tomó la decisión de ir en moto al Parlament atravesando la Diagonal. Había vuelto a coger la moto hace un mes tras haberla dejado varios años aparcada en el garaje. Los últimos tiempos habían traído aires de libertad, pensaba como si idease un anuncio de perfume para la agencia de publicidad que había creado antes de dedicarse a la política. Jordi Fabra y Palafrugell, hijo de una acomodada familia de la burguesía barcelonesa, catalanista desde siempre, era uno más de los adalides de la libertad que en los últimos copaban todas las noticias.

Ahora, tras la caída provocada por la cera que había quedado en la calzada la noche anterior se encontraba inutilizado para seguir defendiendo la independencia de su pueblo. Él mismo había estado allí, vela en mano, pidiendo la libertad de los encarcelados por el Estado opresor. Ahora, escayolado e inmóvil, maldecía a la vela, la cera, la moto y la Diagonal. En ésas estaba cuando recibió la visita de su amigo, y abogado, Carles Fornals. El rostro de Carles indicaba que no le traía buenas noticias. Y así era: el abogado le comunicó que su estancia en la clínica privada en la que había sido operado, y en la que seguía ingresado, debería pagarla de su bolsillo porque la compañía aseguradora que cubría a los diputados del Parlament había cancelado un día antes del accidente la póliza de seguros por la situación que se vivía en el país. Exasperado por la noticia Jordi pidió a su abogado que iniciase las gestiones para denunciar al ayuntamiento de Barcelona por la dejación de funciones al no haber limpiado la resbaladiza cera. Carles, abogado y amigo, le contestó que no lo veía posible porque el ayuntamiento había suspendido esos dos días, los días de los hechos (aclaró en plan profesional) su actividad institucional en solidaridad con los encarcelados por el Estado opresor y no parecía muy ético denunciar a quienes eran compañeros de viaje en “la lucha por la independencia de nuestro pueblo.” Jordi Fabra y Palafrugell maldijo el día en el que Carles le convenció para que dejara su agencia de publicidad y se apuntara al “nuevo” partido.

PS. Los personajes de este cuentecillo son totalmente imaginarios. Los hechos que viven esos personajes podrían haber sucedido.

Accidentes y colapso en la Diagonal

Adeslas deja sin seguro a los diputados del Parlamento catalán

El ayuntamiento de Barcelona suspende dos días su actividad institucional

22 septiembre, 2017

El secador

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 16:09

 

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1. En cuanto oye el ruido se asoma al patio interior para ver la ventana del aseo de su vecina de enfrente.

2. Al secador estropeado le ha cortado el cable para que su pequeño Luke Skywalker pueda usarlo de pistola galáctica.

3. Usó el secador pero el cerco de la mancha de semen se quedó en el pantalón. Meses después fue la prueba que le llevó a la cárcel.

4. Él la esperaba en la cama. Ella, con la puerta entreabierta del aseo, se mostraba secando su larga cabellera.

5. ¿Qué hacía un secador en el cuarto de baño si la víctima vivía solo y era calvo? – se preguntó a sí mismo el comisario.

6. La madre observa que ya es capaz de manejar solo el secador. Todo parece ir bien en la recuperación del ictus que sufrió hace poco.

7. Cuando va a coger el secador para acelerar el proceso de deshielo del congelador el ordenador central de la casa le niega el permiso.

8. El ruido del secador no impedía que escuchase el leve gemido de su hija nacida hace unos días pero sí los ronquidos de su marido.

12 septiembre, 2017

El crecepelo

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:39

 

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1. Orgulloso de los efectos de su crecepelo se presentó en casa de su madre para sorprenderla. Al verlo, ésta le dijo: ¡Qué delgado estás!

2. Nunca supo que quienes le robaron la fórmula mejorada de su crecepelo eran agentes del consorcio de fabricantes de pelucas y bisoñés.

3. Tras recibir la buena noticia del oncólogo se fue directo a la clínica médica capilar.

4. Ahora que el tupé brillaba en la Casa Blanca su médico capilar tenía fundadas esperanzas en ser nombrado Consejero de Sanidad.

5. Tras encontrar el cadáver en descomposición el forense observó unos extraños gusanos peludos en el cráneo del fallecido.

6. El cura alopécico, mientras se tienta la ampolla en el bolsillo de la sotana, mira la imagen del Cristo melenudo y le pide un “milagrito”.

7. Usó el ingrediente de la zarzaparrilla para elaborar el crecepelo. Los compradores, aunque el pelo no les crecía, se hicieron adictos.

8. Siempre fue algo bipolar: con una mano se frotaba la cabeza con el ungüento para la alopecia y con la otra se depilaba pecho y axilas.

9. Cuando vio las ampollas revitalizantes en el neceser del cantante la groupie sufrió una enorme decepción.

10. Si con ese ingrediente la zarzaparrilla había tenido éxito… ¿por qué no utilizarlo también para elaborar el crecepelo?

11. Cuando el crecepelo hizo su efecto y lucía una larga melena decidió raparse la cabeza. El psicólogo ya no sabía qué hacer con él.

12. En solidaridad con su amiga esperaban en la puerta del hospital con las cabezas rapadas y una tarjeta de la clínica capilar en el bolso.

13. Al ver la cara de sorpresa de su hijo pequeño comprendió que se había sobrepasado con el tratamiento capilar.

14. Lo mejor es que ya no tiene que colocarse los escasos cabellos como antes y que han dejado de llamarle “código de barras”.

22 agosto, 2017

Te doy la paz, mi mano y mi mejilla

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:39

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Desde el pasado domingo, y hoy ya es jueves, no se habla de otra cosa en el pueblo. Ni los amoríos de don Enrique, el médico, que todos los sábados cierra su consulta para visitar en privado a doña Manuela; ni la fuga a dios sabe donde del gerente de la cooperativa olivarera (con casi tres millones de pesetas); ni la barriga sin matrimonio de Inesita, la hija del tendero de ultramarinos… Todo eso no interesa a las vecinas que cada mañana salen a limpiar las puertas, se saludan y, mientras barren con sus escobas de zahína y refrescan los adoquines de granito con regaderas llenas de agua recién sacada de los pozos, comentan en comandita lo que sucedió en misa de doce el pasado domingo.

Han pasado ya cuatro días desde el hecho más extraño que recuerdan los mentideros de comadres en el barrio bajo y las reuniones de café con leche y hojaldradas que celebran las señoras de los señores en el saloncito femenino del Casino de Labradores. Nadie sabe el por qué. Ni las más acertadas alcahuetas que todo lo llevan y lo traen, ni Frascuelo, el mancebo de la única botica del pueblo, sabedor de todas las hemorroides y urticarias más íntimas que padecen sus vecinos. Nadie conoce las causas que desencadenaron el hecho por el cual don Acisclo tuvo que parar la misa de doce del pasado domingo.

Yo estaba allí, en la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, como cada domingo y fiesta de guardar. Había escuchado con atención la lectura del evangelio, la homilía (algo larga para mi gusto), la liturgia de la Eucaristía (en la epíclesis noté un ligero temblor en la mano derecha de don Acisclo; tendría que comentárselo a don Enrique)… Todo se desarrollaba con la tranquila rutina de cada domingo. Algunos esperábamos a que terminasen de comulgar los más fieles. En el otro extremo de mi banco estaba doña Enriqueta, viuda, cincuentona y catequista, que acababa de arrodillarse tras tomar el Cuerpo de Cristo.

Yo tampoco sé el porqué de lo que sucedió minutos después, cuando, llegado el momento de darse la paz, vi que doña Enriqueta se volvía para estrechar la mano de la mujer que estaba en el banco de atrás. Lo curioso es que no recuerdo haber visto a esa mujer en toda la misa. Si la hubiese visto no la hubiese olvidado pues su galanura y su bello rostro eran dignos de admiración. Lo que sí recuerdo a la perfección, porque estaba atento para dar la paz a doña Enriqueta, es ver a la catequista estrechar su mano derecha con la desconocida señora. Fue entonces cuando doña Enriqueta y la aparecida misteriosa se miraron a los ojos y, sin intercambiar palabra, la catequista soltó una sonora bofetada con su mano izquierda en el rostro de la desconocida. Un zagalillo que estaba en el banco de al lado exclamó a voz en grito: “¡Vaya hostia que le ha dado!”. Don Acisclo presenció el alboroto que se formaba tres bancadas más allá del altar y no tuvo más remedio que arremangarse el alba hasta el cíngulo, agarrarse la casulla, bajar los escalones y tratar de poner orden en la escandalera que se había organizado. Mientras, doña Enriqueta, imperturbable, se arrodillaba y comenzaba a rezar. Desde el otro extremo del banco observé como la desconocida, sin decir palabra, con la cabeza levantada y con una enigmática sonrisa se alejaba y abandonaba la parroquia sin que nadie más la haya vuelto a ver por el pueblo. Doña Enriqueta sigue encerrada en su casa desde entonces.

Este cuentecito fue escrito para El Blog de los Lectores de la web de Antonio Muñoz Molina

17 agosto, 2017

El footing (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:04

clip_image00210. Desde que vio la película de aquel tipo que no paraba de correr decidió sentarse en un banco del parque a comer bombones.

11. El profesor de tenis, el maestro de ajedrez… lo entendía. Pero que su esposa hubiese contratado también un entrenador de footing…

12. Desde el hospital recuerda la orden de no salir a correr fuera de los límites de seguridad de la base por el peligro de minas anti personas.

13. Le dice a su mujer que sale a correr de noche porque hay menos contaminación. Lo mismo le dice la vecina a su marido.

14. Su confesor personal le recomendó, por el bien de su cuerpo y su mente, que dejará de fustigarse con el cilicio y corriese todos los días.

15. Cuando Inés salía a correr, y de paso recogía a su hijo del colegio, su camiseta sudada y sus jadeos llamaban la atención de algunos padres.

16. Desde que dejó de ir al gimnasio sale a correr. Así se ahorra el dinero de la mensualidad y de los productos que allí consumía.

17.

18. El sacristán se lo había avisado. Era peligroso correr así. La sotana arremangada se soltó, un mal traspiés y don Serapio alcanzó la gloria.

14 agosto, 2017

El footing (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:51

 

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1. Quería ese ascenso. Se humillaría una vez más y dejaría que su jefe le sacase una pequeña ventaja antes de llegar al final del recorrido.

2. Lo mejor de salir a correr con ella era volver a casa, ducharse juntos…

3. Mientras adelantaba a otros corredores miraba con orgullo las nuevas zapatillas que se había comprado y se olvidaba del enfado de su esposa.

4. Si querían acabar con aquel objetivo, uno del comando tendría que acostumbrarse y salir a correr a cualquier hora de la madrugada.

5. El padre salió a hacer footing con sus hijos. La madre nunca más supo de ellos. Siempre temió aquel régimen de visitas impuesto por el juez.

6. Nunca había hecho footing. Ahora corre todos los días, buscando no sabe qué, por el sendero en el que su esposa desapareció cuando corría.

7. Todas las mañanas corre varias vueltas alrededor del patio de la cárcel antes de que lo trasladen al corredor de la muerte.

8. Cuando volvía de correr vio a la ambulancia llevarse a su esposa. Le gritó: “Cariño, estoy contigo”. Y corrió tras ella.

9. Los otros manteros se ríen de él porque cada mañana, temprano, antes de desliar su manta, sale a correr por el parque.

3 agosto, 2017

La rivalidad (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 8:36

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12. Si los vecinos habían puesto a su hijo el nombre de César ellos decidieron que su próximo hijo se llamaría César Augusto.

13. – Padre, sé que Juan le ha confesado que ayer se acostó con una veinteañera. Pues, yo con dos.

– Don Ramón, qué tienen ustedes ochenta años…

14. Cuando el cardenal Montini tuvo lo que parecía un desvanecimiento el cardenal Ricco supo que su camino hacia el Papado estaba despejado.

15. El corazón del director general se desplomó lo mismo que los índices de audiencia de sus cadenas televisivas frente a las del grupo rival.

16. Al ver la linde de sus tierras sobrepasada por el arado del vecino se dirige al cortijo para echar mano a la escopeta de caza.

17. La rivalidad entre ambas universidades era tan extrema que en las competiciones deportivas hasta los ajedrecistas se insultaban.

18.Fue noticia que una socia del Betis se casara con un socio del Sevilla. Años después es el hijo quien sufre las consecuencias.

19. Nadie se atrevía a decirle al inspector de policía que los muertos en el último enfrentamiento, uno de cada banda, eran sus dos hijos.

20. De jóvenes rivalizaron por la moza más bella del pueblo. Ahora, en el asilo, lo hacen por escuchar los halagos de las cuidadoras.

21. Desde la cárcel maldice aquel día en el que pasaron de ser rivales a ser enemigos.

22. Cuando el segundo piloto sacó de la pista al primero el propietario de la escudería supo que lo peor estaba por llegar.

27 julio, 2017

La rivalidad (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:50

 

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1. Hay tensión en el ambiente cuando, camino de sus hermandades, unos costaleros de la Esperanza de Triana se cruzan con otros de la Macarena.

2. El tribunal se sobresaltó cuando el opositor Mena dio un traspiés y cayó fatalmente. Mientras, el opositor Cano recogía la pierna sonriente.

3. Sus padres, divorciados, compiten en regalarle los últimos modelos de móvil. Él los usa para darle envidia a su rival de la pandilla.

4. Cuando aquel poetastro se quedó con el amor de su dama él cambió los endecasílabos envenenados de sus sonetos por el mejor arsénico.

5. Eva les propone hacer puenting hasta tocar las aguas del río. Ellos piensan que quizás han llevado demasiado lejos su amor por Eva.

6. Han pasado dos años desde aquel duelo a pistola y su posterior matrimonio. Ahora piensa que hubiese preferido ser el perdedor.

7. Entrechocaron las manos, asentaron los codos en la mesa y comenzaron el pulso mientras miraban de reojo al televisor para ver a sus equipos.

8. El locutor de la cabina contigua vio tranquilamente como su rival alargaba tanto el ¡gooooool! que enrojecía y sufría un espasmo bronquial.

9. El pastor protestante le exaspera con sus aires modernos. El cura no puede evitar levantarse la sotana y mostrarle sus nuevos pantalones.

10. Con la cara desfigurada tras la operación el cirujano plástico le recuerda que su amiga tenía distinta estructura ósea y que él ya le aviso.

11. Antes de saludar al capitán del equipo rival introduce disimuladamente la mano en la parte delantera de su pantalón.

8 julio, 2017

Las alfombras (2/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 8:13

clip_image00211. Tras cada comida la alfombra del comedor presidencial no es aspirada sino sacudida desde el balcón para que los hambrientos se alimenten.

12. La reina miró con disimulo la alfombra. Segundos después el rey tropezaba fatalmente con el pliegue del que nadie se había percatado.

13. Evelina se sorprendió. Limpiando el dormitorio la aspiradora se atrancó con unas bolas parecidas a canicas. La señora no tiene niños, pensó.

14. Cada vez que el jeque manda cargar la alfombra de su jaima para pasar unos días en el desierto el servicio de limpieza se echa a temblar.

15. Su héroe lo hizo en una película. Él, con diez años, lo haría también. Se enrolló en la alfombra. Cuando lo encontraron no pudo contarlo.

16. La policía supo que la droga estaba camuflada en la alfombra pero cuando vieron el despacho a la que iba destinada la dejaron pasar.

17. Cuando el abuelo termina de jugar con el nieto queda una mancha en la alfombra. La señora de la casa se percata que el bebé lleva pañal.

18. El piloto y la azafata, enamorados y casados, decidieron dejar atrás su volandera vida y montaron un comercio: “Alfombras Aladino”.

19. Once horas diarias tejiendo las alfombras que luego ve en las mansiones de las series de televisión de aquel país que no le permite el paso.

20. El duque no puede evitar las lágrimas cuando tiene que vender sus tapices y alfombras al peso, y pagar así el nuevo impuesto nobiliario.

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