La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 julio, 2017

El hombre de ninguna parte – Alexandar Hemon

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 8:58

 

clip_image002El hombre de ninguna de parte, Josef Pronek, es de Sarajevo. Pero se siente de ninguna parte. Es ésta una novela cuya lectura transmite una fuerte sensación de desarraigo. El protagonista, un bosnio que busca sus raíces en Ucrania y acaba en Chicago, ha sido siempre un desadaptado, un ser que pareciese vivir a contracorriente. Qué otra cosa podemos esperar de alguien que en su juventud escuchaba a los Beatles cantando Nowhere man, mientras en su país (todavía unido) se experimentaba con el socialismo real que buscaba una tercera vía (aquella Yugoslavia de Tito).

El es un verdadero hombre de ninguna parte,  / sentado en su tierra de ninguna parte / haciendo todos sus planes de ninguna parte, para nadie, cantaban los chicos de Liverpool y cantaba Pronek en su juventud. El mismo que trata de sobrevivir en Chicago ejerciendo oficios solo reservados a emigrantes sin futuro. Es ahí donde conocemos al Pronek que igual hace trabajos para un investigador privado o se convierte en militante recaudador de Greenpeace. Y el que nos lleva a su Sarajevo de adolescente y a la Ucrania de sus ancestros.

Es “El hombre de ninguna parte” una novela que se enmarca en aquella época convulsa del desmoronamiento de Yugoslavia y la Unión Soviética que llevó a muchos a tratar de escapar de aquellas situaciones hasta viajar a los paraísos capitalistas, a esos lugares soñados en los que comenzarán a sentirse personas de ninguna parte. Pero en esta novela el autor nos lo muestra con una prosa que no ahonda en el desánimo y que incluso despierta la sonrisa afectuosa con algunas de las experiencias que el protagonista debe vivir en su nueva etapa.

12 julio, 2017

Huye rápido, vete lejos – Fred Vargas

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:57

 

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He leído críticas que califican esta novela como la mejor de la autora. Uno, que tan solo ha leído de esta serie policíaca que tiene como protagonista al comisario Adamsberg la titulada “El hombre de los círculos azules”, no tiene muchos elementos para comparar y establecer tan definitoria sentencia. Tan sólo diré al respecto que esta “Huye rápido, vete lejos” me ha gustado más que la anteriormente citada.

El título viene del latín “Cito, longe fugeas et tarde redeas”, uno de los consejos que los tratados medievales sobre la peste daban al personal cuando la plaga se desplegaba por Europa. Porque ésa, la peste, es una de las claves del argumento. Una plaga medieval que quiere desatar el terror en el París actual.

La primera parte de la novela, antes de que la trama policíaca se afiance, me parece lo mejor del libro. La presentación de los personajes secundarios, que acompañarán a los protagonistas argumentales, engancha al lector mientras piensa que no está leyendo una novela policíaca sino una historia de más peso literario. Y, ojo, ello no va en detrimento del desarrollo policíaco de la novela, que está perfectamente planteado y desarrollado, sino que es un valor añadido al libro.

Vuelvo a los personajes que dan esencia a la novela. Además del comisario Adamsberg, de peculiar personalidad, y su ayudante Danglard, cabe destacar al pregonero Le Guern (sí, un pregonero en estos tiempos) que es con quien se inicia esa primera parte de la novela tan meritoria. Además está la serie de especialistas que asesoran al comisario y que sirven de armazón para que el argumento no se desinfle.

La historia contada es perfectamente creíble, algo que no siempre sucede en novelas de género negro. Y eso es así incluso cuando el argumento se retuerce para alcanzar la velocidad necesaria que tiene este tipo de literatura cuando busca el desenlace final.

2 julio, 2017

Derecho natural – Ignacio Martínez de Pisón

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:53

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Es ésta otra de esas historias familiares, como lo era “La buena reputación”, que el autor suele contar de manera tan natural que el lector parece formar parte de ella, o al menos tener una buena relación de vecindad y conocimiento de todos sus miembros. Es ésta la historia de una familia que hoy llamaríamos desestructurada (por lo menos a tiempo parcial) y que en aquellos años setenta se llamaba una familia con un cabeza de familia tarambana; es decir, con una padre informal y de poco juicio.

La historia nos la cuenta el hijo mayor de esa familia, Ángel Ortega, el único que parece estar más asentado en la realidad tan cambiante, de tanta imprevisión, que viven los demás personajes. Y nos la empieza a contar en un prólogo que en sí mismo sería un estupendo relato corto pero que tan sólo es uno de los puntos de inflexión (y hay varios) en los que se ve envuelta la vida de los Ortega. Al estar narrada en primera persona el lector siente más cercano todo el vaivén que el protagonista y su madre padecen cuando el progenitor aparece y desparece de sus vidas; ese vaivén vital arrastrará más tarde a los otros hermanos modelando las relaciones familiares y la formación personal de cada uno de ellos según el ritmo y el tipo de vida marcados por Ángel Ortega padre, pues narrador y progenitor comparten nombre.

Como la historia transcurre por aquellos años setenta y ochenta el autor vuelve a echar mano de la iconografía de aquella época que a este lector le resulta tan vivida. Los coches, la cámara fotográfica, la canción de Serrat… Y aquel cantante de pinta estrafalaria que se llamaba Demis Roussos, cuyas canciones eran habituales en los primeros bailes de adolescencia, y que en esta historia tiene tanta importancia como para ser protagonista de ese prólogo del que antes hablaba y para ser parte del final de la misma.

Este “Derecho natural”, que no es otra cosa que una de las asignaturas de la carrera que el protagonista estudia, y que relaciona su manera de ver la vida con la Filosofía y el Derecho, es una novela sólida y de lectura ágil y entretenida que nos retrotrae a aquellos años en los que se daban la mano lo viejo con lo nuevo (esos abuelos refraneros y esa novia yonqui), en los que la mujer comenzaba a abandonar el papel sumiso que la tradición y el viejo régimen le habían adjudicado para buscar por sí misma (es lo que hace la madre/esposa de Ángel/Ángel) aquello que se llamaban nuevos horizontes en la vida, etc. En definitiva, es una novela bien hecha, con un ritmo uniforme de principio a fin que se lee a gusto aunque sin excesivos entusiasmos.

20 junio, 2017

Andamios – Mario Benedetti

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:39

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Me han gustado estos andamios con los que Benedetti construye la historia de una exiliado que vuelve a su patria, Uruguay, tras diez años de dictadura militar. Esos andamios son los capítulos del libro, las historias breves que nos va dando a conocer el protagonista para conformar ese desexilio siempre problemático de quien regresa al lugar de la tragedia que otros padecieron al no poder marcharse.

Los desexiliados siempre vuelven temerosos de no ser comprendidos, inquietos por tener que explicar el por qué se marcharon cuando sus compañeros no lo hicieron, preocupados por no saber qué país van a encontrar cuando ya casi forman parte de otro. Todas esas dudas desaparecen en nuestro protagonista cuando recupera las relaciones perdidas y se adapta a las nuevas circunstancias históricas y a las nuevas/viejas relaciones personales. Y lo hace sin perder el contacto con quienes se quedaron en el exilio que ya no es tal, en el otro lado del Atlántico, en la abuela patria (que dice un personaje) que salió de otra dictadura para vivir una etapa de renovada esperanza.

Este espléndido relato de vuelta a casa, de reencuentro con los camaradas y con la madre, es fácil y agradable de leer. La prosa fluida, el vocabulario de acá y de aquí, de allí y de allá, sirven para contarnos los sentimientos del protagonista, Javier, y las historias personales de aquellos que se quedaron en el infierno: el compañero trepa que se agarró a la democracia recién nacida y que tan importante será para el desenlace de la novela, la compañera que resistió la tortura sin soltar un nombre ni una dirección, el que se convirtió en mendigo soplón y en mendigo ficticio, la familia que se marchó a los USA buscando una vida mejor, el camarada fiel con el que compartir recuerdos y vivir el presente… Y junto a todas esas historias la manera de ver aquellos años ochenta y noventa a través de los artículos periodísticos que el protagonista escribe para mandar a esa España que le sirvió de refugio, y las cartas que cruzan el Atlántico de un lado a otro.

Puede que el fondo de la novela obligue a crear un ambiente de tristeza pero tal cosa no sucede. Benedetti consigue que disfrutemos de esta historia con ciertos momentos de nostalgia pero nunca de pesar, incluso en ocasiones hay lugar para la sonrisa en esta historia de reflexiones, sueños, recuerdos, cartas y diálogos, mezcla de críticas social y ternura personal. Todo un conjunto de andamios que han servido para una agradable y recomendable lectura.

14 junio, 2017

Canadá – Richard Ford

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:04

 

clip_image002Me gusta que un libro tenga un comienzo impactante, un arrancar llamativo para el lector, un inicio que enganche a la lectura. Ya habrá tiempo para que llegue el desengaño, para que desaparezca el interés, de que aquello que parecía irresistible se vuelva anodino. O puede que eso no suceda, y lo que comenzó bien siga así. Sea lo que tenga que suceder, por lo pronto, uno disfruta de ese comienzo rotundo.

Este “Canadá” es uno de esos libros de inicio poderoso: “Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en la senda que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase esto antes que nada.”

En ese comienzo está también otra de las características del libro. El autor nos adelanta con frases breves lo que va a suceder. Y lo hace a menudo. Pero ello no es obstáculo para que la intriga permanezca. Y en ese reto, Ford sale victorioso.

Por lo pronto sabemos que los padres del narrador, un adolescente estadounidense que cumple quince años en 1960, van a atracar un banco. Sabemos también que va a ver unos asesinatos. Y hasta llegar a cada uno de esos hechos determinantes habrá que esperar, habrá que devorar páginas y páginas de una historia muy bien contada. Cada uno de esos hechos dan vida a las dos partes del libro. Hay una tercera, un epílogo, una coda, en la que el joven Dell, con sesenta años, vuelve a reunirse con su hermana gemela. Pero, como bien dice el protagonista: “el atraco es la parte más importante”. Para mí también es la mejor parte del libro. Porque la segunda, obviamente, es consecuencia de la primera. Pero no es hija de ella, se alimenta de lo sucedido hasta conformar una nueva historia que no alcanza el grado de perfección literaria que tiene la primera.

Hay una enorme reflexión sobre la vida en este libro. Hay una desaparición del amor, hay un estudio sobre el valor que tienen ciertas decisiones que se toman, hay la afirmación de que ciertas personas acaban haciendo lo que siempre han querido hacer (independientemente de la legalidad, e incluso de la moralidad de esas acciones), hay un tratamiento exquisito de los paisajes en los que los protagonistas deciden asentarse, etc. Hay tantas cosas positivas que “Canadá” es una de las buenas lecturas, de las grandes novelas que he leído últimamente.

7 junio, 2017

La vida negociable – Luis Landero

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:24

 

clip_image002Esta es la cuarta novela que leo de Landero. Para mí es el novelista español vivo que más me atrapa con sus historias, es el novelista más puro, me atrevo a decir… más cervantino.

Landero agarra un personaje y lo exprime para construir una historia llena de matices. Ese personaje es tan peculiar que sus vivencias se mueven en un mundo que puede ser tan real como disparatado. En este caso el personaje es Hugo Bayo, del cual se nos cuenta su vida desde que siendo casi un niño descubre misterios familiares que le rompen su mundo ideal, hasta su madurez de hombre que ha vivido sin encontrar una vida plena. Porque toda la vida de Hugo ha sido una vida negociable, una vida de intercambio emocional, de experiencias volátiles, de idas y venidas entre el presente que no satisface y el futuro imaginado con el que será feliz. Pero una vez que inicia el camino hacia ese futuro llegan las dudas. Y si culmina el camino llega la desesperanza de ver que lo esperado no es lo que se esperaba. Ese vaivén emocional lo cuenta Landero en capítulos con ritmos que van in crescendo, con una prosa ágil y natural capaz de hacernos sentir lo que siente el personaje, hasta que al final de cada capítulo estalla ese devenir buscado como una explosión que abre una nueva vía de escape.

Hugo Bayo es como un gran charlatán que en primera persona nos hace partícipe de su vida. De la misma forma que lo hace con su pareja femenina, Leo, tan poco femenina. Junto a ellos, Landero recurre a personajes secundarios magníficos: los padres de Hugo y Leo parecen sacados de películas de otros tiempos. El brigada Ferrer y la coronela son comparsas extraordinarios de una parte de la vida de Hugo, la vida militar en la que descubre por primera vez que puede ser alguien útil pero que esa utilidad allí descubierta no le satisface. Y cuando llega el final de la novela todo parece adecuarse para que Hugo alcance esa felicidad que anda buscando. Reaparecen personajes que creía desaparecidos, parece encontrar el lugar en el que vivirá feliz… Pero entonces todo queda en una vaga expectativa, nada se concreta, lo que le lleva a decir a nuestro personaje: “A lo mejor la vida, o al menos la mía, consiste sólo en eso, ir de camino a lo que salga”.

5 junio, 2017

Por no llegar, ni siquiera llegó la guerra

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 12:17

Pueblo blanco – Joan Manuel Serrat

clip_image002Leyendo “Crónica de las arenas”, el segundo libro de Juan Villa Díaz ambientado en los parajes de Doñana, me encuentro con una frase que me trae recuerdos en forma de canción. Es curiosa esta circunstancia porque al leer el primero de esos libros, “El año de Malandar”, me sucedió algo similar. En aquella ocasión fueron unos versos de Antonio Machado, Mi corazón latía / atónito y disperso”, cantados por Hilario Camacho.

En éste segundo esa relación ha ocurrido cuando el narrador nos cuenta que por aquellos arenales y marismas perdidos de la mano de Dios, por… “Allí nunca llegó el tren ni el progreso, y por no llegar ni siquiera llegó la guerra…”. Pues bien, en una de las canciones del álbum “Mediterráneo”, de Serrat, en la titulada “Pueblo blanco”, canta El Nano: “Por sus callejas de polvo y piedra / por no pasar, ni pasó la guerra…”.

Aquellos parajes, ese pueblo blanco, esos lugares apartados por los que no pasó la guerra. Es difícil imaginar que así ocurriese, es difícil porque cualquier rincón de esta España fue escenario de rencillas y ajustes de cuentas sangrientos. Quizás no pasase la guerra en su plenitud, ésa en la que combaten ejércitos uniformados y equipados con armamento reglamentario. Pero, seguro que pasó la otra; seguro que hasta en la más pequeña y recóndita de las aldeas llegaron gentes que dieron el “paseo” al señalado como rojo; seguro que hasta los más apartados cortijos y caseríos llegaron cuadrillas que dieron “matarile” al señalado como señorito.

2 junio, 2017

Cuentos completos –Truman Capote

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 12:29

 

clip_image001Decir que había leído “A sangre fría” de Truman Capote, y que no había leído nada más que “A sangre fría” del autor de Nueva Orleans, lo podrían firmar miles de lectores. Es por ello que había que probar algo más. Y mejor hacerlo en dosis pequeñas: los Cuentos completos.

Estos relatos abarcan muchos años, desde 1943 hasta 1982. Esa distancia temporal en la escritura hacen que haya cuentos escritos por un Truman Capote muy joven y otros escritos en plena madurez. Es una obviedad. Y esa obviedad se nota en la calidad de los textos. Los primeros, más sencillos, menos elaborados, ambientados en un mundo rural quizás sean los menos literarios del libro. Pero conforme pasa el tiempo los relatos se van consolidando, ganando en calidad.

En la mayoría de ellos los protagonistas son gentes que rozan la marginalidad, personajes que sufren problemas económicos, personas casi despreciadas por su entorno social o familiar, etc. En algunos de ellos se reflejan las dificultades económicas que muchos sufrieron tras la guerra y las consecuencias que todo empobrecimiento repentino trae consigo. En otros hay un regreso a la infancia en un tono de desencanto, sobre todo en la trilogía sobre la Navidad y el Día de Acción de Gracias. Por último, hay relatos que se visten de ironía y humor negro. Todo un repertorio de historias que hace amena, sin llegar a entusiasmar, la lectura de estos Cuentos completos. Mis preferidos: “El invitado del Día de Acción de Gracias”, “En los umbrales del paraíso” y “Mojave”.

25 mayo, 2017

La mula–Juan Eslava Galán

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 12:44

 

clip_image002Vuelvo al prolífico Eslava Galán para leer esta novela que fue multipremiada hace ya unos años. La mula no es una novela sobre la Guerra Civil, aunque esté ambientada en ella. Es más una novela de la gente sencilla que de pronto se halla inmersa en una situación que le viene grande y a la que tiene que adaptarse usando los principios que guían su vida. Es también una novela escrita con el sentido del humor que caracteriza al autor de Arjona (tan sólo hay que recordar sus historias contadas para escépticos; y hay varias), pero de un humor que a veces entristece cuando los personajes tienen que recurrir a él, a la ironía, al sarcasmo, para sobrevivir en esa situación tan triste, tan demencial como es una guerra civil.

A mí la lectura de La mula me ha traído recuerdos de infancia, recuerdos que la memoria atesora cuando en las frías noches de invierno, al calor de un brasero de picón, mi padre contaba su pasar por el frente de guerra que había desde Villafranca a Lopera. Y no es extraño que así suceda porque el autor se ha basado en la experiencia que su padre vivió en esa guerra como cabo acemilero, el encargado de las mulas que lo mismo transportaban material bélico hacia el frente que recogían a los heridos para llevarlos al hospital de la retaguardia. El protagonista vive la guerra en el frente de la sierra norte cordobesa, en el Valle de los Pedroches, pero su peripecia militar le lleva a pasar por mis pueblos de nacimiento y de residencia, por la capital cordobesa donde vive una situación tan esperpéntica que el lector no tiene más remedio que reír al leerla, y llegar hasta Burgos, capital de la zona nacional, para vivir el culmen de una heroicidad que no es tal. En todas esas vivencias uno vuelve a recordar aquellas historias que siendo niño creía exageradas, como la de que los soldados de los bandos enfrentados preguntasen a voz en grito por familiares o conocidos desde sus respectivas trincheras; o que llegasen a encontrarse a escondidas de los mandos para intercambiar las escasas vituallas que tenían o cartas para los que habían caído en el bando equivocado por el azar de la geografía y la sublevación militar; o a confirmar palabras que uno creía inexistentes como aquellas “bombas Lafitte” que sí que existieron.

Usando la caricatura y la parodia Eslava Galán crea situaciones que, aun pareciendo exageradas, no estaban nada lejos de la realidad que se vivió en aquella guerra. De una parte de la realidad, claro está, porque la otra, la de la barbarie sin igual, la del rencor que llevaba al deseo del exterminio del otro, ésa también existió. Por eso, por quedarse en la parte más amable de lo ocurrido en aquellos años, aunque sin obviar las penurias que pasaban los protagonistas de esa historia, uno lee La mula disfrutando de las “aventuras” de ese cabo acemilero que siendo pobre se pasó al bando derechista para conocer una vida que no había sido la suya y que, cuando acabase la guerra, tampoco lo sería.

20 mayo, 2017

Crónica de las arenas – Juan Villa

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:10

 

clip_image002Vuelvo a esos parajes situados entre la desembocadura del Guadalquivir y la ría del Tinto – Odiel. Vuelvo a esas tierras anegadas, a esos arenales, a esa costa abierta. Vuelvo a ese mundo creado por Juan Villa. Aunque éste fue el primero de los libros publicados de esa trilogía de Doñana (llamémosla así) es el segundo que leo por hacerlo cronológicamente según suceden las historias contadas en ellos. Si en el primero que leí, “El año de Malandar”, andábamos por aquel año convulso del final del reinado de Alfonso XIII, cuando ya se intuía la llegada de la II República, en éste nos encontramos en los primeros años de la post Guerra Civil.

Aunque hay una mirada atrás que nos permite situar al protagonista en plena guerra la historia aquí contada pertenece a aquellos años en los que los ganadores campan a sus anchas por la España vencida. Y uno de esos vencedores es ese personaje que cree en la España imperial que resucitará de sus cenizas, que confía ciegamente en el Caudillo, que se reviste de una moralidad católica a ultranza, que se cree guía de sus inferiores y que no dudará en aplicar todo su credo en la tarea que tiene encomendada: transformar aquellas tierras indómitas en un vergel de eucaliptos que abastezcan de madera a la Nueva España y transformar a aquellas gentes indómitas en mano de obra que le sirva para cumplir su Destino. Y junto a él otros personajes que dan vida a quienes sobrevivieron a la guerra como vencedores: el falangista puro que se siente traicionado por el nuevo régimen surgido de la Victoria, el cura hedonista y desengañado que ya sufrió bastante en los años de la República, el muchacho nacido en la pobreza y que será elegido para ser alguien en la vida, los forasteros que ya están demás y molestan para la empresa encomendada… Personajes tan perfectamente delimitados que uno siente que parecen salidos de un buen western.

Se hace fácil y agradable esta segunda lectura de Juan Villa. No hay tanta dedicación a la naturaleza semisalvaje del lugar como sucedía en “El año de Malandar”, pero el paisaje de aquella primera lectura permanece como un decorado secundario en ésta.

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