La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 enero, 2017

Mirando hacia el sur viendo la vida pasar

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:56

 

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Desde la terraza, mirando hacia el sur, protegido del viento que hoy sopla con las mismas ganas con las que un niño pedalea montado en su bicicleta cuando se siente seguro tras las dudas del aprendizaje, observo el mar que a cada minuto que pasa se vuelve más bravío, más desafiante. Tras el espigón del puerto la superficie plateada del Mediterráneo deslumbra cuando fijas en ella la mirada. En este día, uno más de sol y viento, las palmeras más altas se bambolean con una cadencia casi erótica mientras las hojas, que parecen tocar el cielo, se arremolinan sin orden ni concierto. Ni siquiera se escuchan los graznidos de esas aves foráneas que de un tiempo a esta parte de han adueñado del litoral haciendo la competencia a las gaviotas. Esas cacatúas, cotorras (o lo que sean) que se afianzan en las cimas de las palmeras deben andar hoy volando bajo, protegidas del viento como hago yo mientras escribo. Por momentos se hace la calma, cual si Eolo tomase un descanso en su infatigable tarea. Es entonces cuando se escucha con más nitidez el romper de las olas contra las rocas que protegen uno de los laterales del puerto. Salpican las aguas la pétrea protección dejando un brillo que refleja la luz del sol.

Ajenos a todo este vaivén natural unos obreros se afanan en otras tareas más mundanas y humanas. Remueven tierra con sus máquinas en la explanada del puerto dejando escuchar de cuando en cuando el pitido avisador de una de esas máquinas cuando transitan marcha atrás. Los dejo con su trajín de tierra, maquinaria, tubos y sonidos apagados para volver mi vista al horizonte en el que se divisa un pesquero. Navega indiferente al oleaje y se encamina a embocar el puerto arrastrando tras de sí una pequeña barca amarrada. Mientras el barco se adentra por la bocana del puerto, lugar en el que las aguas no están nada apaciguadas, observo a un marinero que camina sobre la cubierta del pesquero con la misma seguridad que lo hace un campesino cuando anda sobre los terrones de un rastrojo recién arado.

Poco a poco el viento amaina, vuelven mis plumíferas vecinas a su palmera y el sol se retira de mi terraza mientras se adueña de las de enfrente. Pronto yo también me retiraré, aunque la temperatura es más que agradable, y aparecerán los vecinos, una pareja de jubilados extranjeros, que a partir de las dos de la tarde y hasta que el sol se ponga miran hacia poniente viendo pasar la vida en esta tierra sureña de mar y sol.

22 enero, 2017

Atardecer de sábado con crucero al fondo

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:47

 

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Atardecer de sábado con farolas que iluminan el paseo tranquilo y solitario. Al fondo un mar que se ha apaciguado y se oscurece a la par del cielo. Por la línea del horizonte navega un crucero que debe haber salido de la capital y dirige su proa en dirección Este. El gran barco aparece iluminado y uno se imagina a los pasajeros degustando mojitos en la cubierta de estribor viendo el anochecer de este Mediterráneo sureño. Evoco así lo vivido hace unos meses en el norteño Mar de Noruega mientras la nave se aleja y nosotros, caminantes de litoral, viramos nuestro rumbo hacia la calle-carretera, escasa de tráfico y viandantes.

A las siete de la tarde del cálido julio el lugar sería un trajín de bañistas y deportistas, de familias asentadas en la cercana playa, de turistas extranjeros que ocupan las terrazas de los restaurantes o de los chiringuitos para cenar a plena luz del sol. Ahora todo es silencio y placidez. En un bar de siempre los paisanos juegan al dómino o echan una brisca golpeando fichas o nudillos contra las tapas de las mesas, haciendo valer así su jugada, como si con ello atemorizasen al rival y se acercasen más al triunfo que es mezcla del azar y la clip_image002[5]sabiduría. Hay quien pasea con el perro a la manera tradicional; es decir, el dueño sostiene a su can con la correa mientras ambos caminan. Esta aclaración, que pareciese innecesaria, viene a cuento de lo que vi por la mañana en el paseo marítimo: una señora, de llamativo sombrero, con paso firme y cabeza altiva, empujaba un carrito, una sillita en la que habitualmente se sienta una criatura humana de uno o dos años de edad, pero que en el caso que comento iba ocupada por dos perros de abundante pelaje.

Cuando el paseo vespertino va concluyendo observamos unos músicos uniformados en el rellano delantero de la pequeña iglesia del pueblo. Cada uno de ellos lleva el maletín de su instrumento en una mano y una silla plegable en la otra. Esperan que acabe la misa para entrar en la iglesia y dar un concierto. Así sucede y nosotros entramos tras ellos. Los músicos se colocan en el altar de la capilla, presidido por un sencillo retablo, en el que destaca la Virgen del Carmen (estamos en tierra de marineros), y cerca de un cuadro con un Crucificado velazqueño. Tocan piezas de zarzuela con eficaz destreza, música que es aplaudida por el público que escucha sentado en los católicos bancos y que se me hace extraña en tan recogido y eclesial escenario.

19 enero, 2017

La nieve está condenada a una corta existencia

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:58

 

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Cada mañana de verano que paso en este litoral mediterráneo, tras levantarme, una de las primeras cosas que hago es asomarme a la terraza, girar la cabeza hacia la derecha y observar el estado del mar. Lo ausculto con detenimiento, miro la intensidad del oleaje, el color del agua, la dirección del viento… No es necesario mirar al cielo porque siempre presenta un intenso azul y una diáfana luminosidad.

En estos días invernales suelo hacer lo mismo, aunque el cielo anda estos últimos días de un gris plomizo casi desconocido por estos lares. Esta mañana, tras observar como las aguas del mar rompían sin estrépito con la escollera del puerto, giré mi cabeza hacia la izquierda y me sobresalté con la vista de la Sierra de Almijara. La nieve ha caído durante la noche y la sierra se ha pintado de un blanco limpio que contrasta con las zonas oscuras más bajas y moteadas por algunas casas de campo.

Es una vista extraordinaria, por lo inusual, por la palmera que sobrevuela la nieve (cual si fuese el título de esa novela y película que se hicieron famosas hace unos años), porque la visión panorámica desde la terraza enfrenta (literalmente) al blanco de la nieve serrana y al azul verdoso de las aguas mediterráneas. Cuando escribo esto el sol asoma de manera intermitente entre las nubes de un cielo que comienza a desperezarse. Ese sol volverá a ser el rey de esta costa dentro de poco. La nieve está condenada a una corta existencia.

17 enero, 2017

Tengo el mejor mango de toda la Axarquía

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:49

 

clip_image001Deambulo tranquilamente por el mercadillo sabatino repleto de extranjeros con andares artríticos y vendedores que degluten enormes bocadillos de salchichón. Entre el murmullo tenue de compradores y visitantes destaca la voz chillona y elevada en muchos tonos de una señora mayor, enjuta de carnes y cabellera escardada, que le comenta a su compañera: “Las flores que estaban en el suelo son del marido de ésta”. Ésta es otra señora, también mayor y de figura oronda, que se ha sumado al trío y que, ante la sentencia de la gritona, contesta: “Eso ha debido ser el vendaval del otro día; pues tengo que pasarme por allí y ponerlas en su sitio porque el pobre, además de estar muy solo, no va a estar sin flores”. A lo que la señora de aguda voz, con la aquiescencia moviendo afirmativamente la cabeza de su compañera silenciosa, sentencia: “Sí, porque allí iremos todos dentro de poco. Pero, por lo pronto, vamos a comprar fruta”. Y las tres se encaminan al puesto en el que uno de los vendedores grita: “¡Vamos mujeres, acercaros que tengo el mejor mango de toda la Axarquía!”.

Suena bien ese nombre árabe, aun pronunciado con el acento cerrado, casi ahogadizo, de las gentes de aquí. Me acerco al puesto de frutas y verduras, repleto de productos y colores, del mango y el kiwi llegados a este trópico mediterráneo, de las naranjas que aún conservan alguna hoja asidas a la fruta, de las variadas especies de tomates, de los verdes y blancos de acelgas, lechugas y coliflores… La gente espera su turno en el enorme puesto mientras los vendedores siguen gritando las excelencias del morado nazareno de sus berenjenas y la perfección esférica de sus calabazas. Al otro lado observo a las tres damas señalando con sus dedos índices una caja de peras y comentando algo que debe tratar sobre su calidad o precio; la que nunca habló sigue sin hacerlo y se limita a negar con la cabeza y hacer una mueca de disgusto con la boca.

16 enero, 2017

Pálidas nubes en azulados horizontes

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:15

 

clip_image002Asustan las mujeres y los hombres del tiempo con sus informaciones. Hablan de la llegada de una ola de frío polar como si fuese el advenimiento de una plaga bíblica. Y hasta un cierto punto tienen razón. Sobre todo cuando ve uno a los refugiados sirios que sobreviven en las precarias tiendas de campaña de los campos griego o serbios, haciendo cola sobre campos nevados para poder tener un plato de comida caliente. ¿No habrá pabellones deportivos u otros lugares en los que asistir a esas personas y darles un mínimo de comodidad ante situaciones climáticas tan adversas? Viendo esas imágenes uno se siente afortunado (una vez más) y siente, también, vergüenza por pertenecer a una sociedad (europea, occidental…) incapaz de tomar medidas que alivien el penar de otras gentes.

Paso estos días a orillas del Mediterráneo, ese mar inclinado (no por ningún cataclismo natural sino por el pulso de mi santa fotógrafa) que aparece en la imagen. Disfruto de sus azules y de sus agradables temperaturas; sobrellevo el viento que a veces sopla con desmesura e hincha mi camiseta hasta hacerme parecer más fuerte de lo que estoy en realidad. Aprovecho para caminar por el paseo marítimo en este mes de enero en el que, por primera vez en muchos años, no hubo vuelta al colegio tras las vacaciones navideñas. Era ése un regreso temido, incluso peor que el de inicio de curso, porque conllevaba el volver a madrugar con el frío tras pasar unos días al calor del dulce hogar y al disfrute de los dulces navideños. Este año mientras antiguos compañeros y alumnos se encaminaban a las aulas yo me encaminaba hacia el litoral, ese lugar capaz de levantar el ánimo y las temperaturas. Y aquí estamos, sobrevolado por aves que juguetean con el viento y por nubes que se asoman para decorar con tonos de grisácea palidez los horizontes azulados.

30 julio, 2016

Desde mi sombrilla 2016 – Volando voy, volando vengo…

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:02

Ocupado en hacer concordar mis notas nórdicas con los recuerdos del viaje, para trasladarlos a las Crónicas vikingas que aquí voy dejando, tengo olvidadas estas otras que cada mes de julio escribo desde mi sombrilla caleteña. Ésta de hoy será la segunda, y la última. Se acaba julio y toca volver a las obligaciones familiares.

En las dos últimas semanas todo ha transcurrido de manera plácida. Tan sólo el barullo político (al que cada vez hago menos caso), la adjudicación de destinos para el próximo curso escolar (del que cualquier día escribiré un comentario para desahogar mi enfado por lo que están haciendo con la enseñanza) y una esperanzadora noticia familiar han removido esa rutina de playa, lectura y paz. Eso y, desde ayer, el tráfico aéreo que sobrevuela mi sombrilla. Porque se celebra estos días un festival aéreo. El festival será el domingo, pero ayer diversas aeronaves estuvieron ensayando en la playa; entre ellas un par de F16, la conocida Patrulla Águila y un Eurofighter. Las fotos que acompañan este texto está tomadas desde mi balcón. Impresiona la presencia tan cercana de estas máquinas, impresiona el ruido atronador que las acompaña y atemoriza pensar cual es su función cuando no sirven de divertimento en un día de vacaciones. Esta tarde hay anunciados nuevos vuelos. Los veré desde la playa antes de volar mañana hacia tierra adentro.

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8 julio, 2016

Desde mi sombrilla 2016 – Un verano más

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 8:58

 

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Vuelvo a colocar mi sombrilla en este lugar mediterráneo. Escapo del tórrido Valle del Guadalquivir, ese lugar que en los mapas del tiempo aparece coloreado de rojo intenso, rayano al morado asfixia. Este sitio caleteño lo siento ya tan mío como el de la campiña castreña o el del valle villarrense. La playa cercana, el bar Manolo, la rotonda con barca incluida, la pescadería de Pedro, la pequeña biblioteca, el sendero litoral, etc. son los escenarios julianos por los que dejo correr el tiempo.

Este año hemos llegado unos días más tarde, después de cerrar gestiones dentales y la siega del trigo. Al principio uno siente el peso del calor húmedo, pero al cabo de un rato, a las seis de la tarde, tras ver la etapa del Tour, bien sûr, sentado en la terraza leyendo los Cuentos Completos de Truman Capote, mecido por la brisa que llega del mar, uno piensa en la calorina que a esa hora achicharra calles y hogares de mis otros pueblos. Y para confirmarlo recurro a la tecnología; el teléfono que me han regalado mis hijos permite poner, una al lado de la otra, las temperaturas villarrense y caleteña. Observar que a las seis de la tarde una llega a los cuarenta mientras que la otra apenas se acerca a los treinta reconforta aún más.

Poco ha cambiado del año pasado a éste. Sigue habiendo turistas británicos post brexit, las papeleras de la playa las han camuflado en estructuras de madera, los churros no han subido de precio, por la mañana temprano el paseo marítimo y el sendero litoral son un desfile de personas de “cierta edad” que caminan en uno y otro sentido, las torres de los vigilantes playeros se han americanizado, las cotorras invasoras siguen adueñándose de las palmeras…

Este verano habrá menos textos escritos desde mi sombrilla. Si todo va bien, a partir de mañana y durante varios días, cambiaremos estas aguas sureñas del Mediterráneo por otras más norteñas.

29 julio, 2015

Desde mi sombrilla 2015 – 5. Aires y dioses

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 8:34

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Regresa mi santa de la misa dominical a la que asiste en la casi diminuta iglesia que hay esta pedanía. Me comenta, mientras tomamos un refrescante baño de mar, que ha pasado calor durante la celebración religiosa pues la consola de aire acondicionado que tenía cerca no funcionaba. Le muestro mi asombro por mi desconocimiento de que a las iglesias hubiesen llegado ya esos reconfortantes aparatos. A lo más que mis recuerdos llegan en tal materia de refrescar los espacios religiosos es a los ventiladores colocados en las pilastras y columnas de algunos templos. Esos ventiladores giratorios que alivian el calor de la muchedumbre congregada en pleno estío por algún acontecimiento religioso, festivo como una boda o luctuoso como un funeral. Ante mi asombro, mi santa me amplía la información diciéndome que una señora le ha comentado durante el oficio religioso que el próximo domingo ella “escuchará misa en la parroquia de la localidad cercana, que tienen aire acondicionado de instalación central, no de consolas.” Ahora sí que me suben las calores, a pesar de estar en pleno remojo mediterráneo. O sea, le comento a mi santa, que ya no se elije parroquia por cercanía, o porque el cura tenga mejor oratoria, o porque el coro parroquial entone con más acorde esas canciones tan alegres… No, ahora se elije por el aire acondicionado. Y concluyo: pues en la biblioteca donde me refugio para escribir estos comentarios no han llegado esos privilegios refrescantes. Y qué yo sepa también es un lugar al que se va a reconfortar el espíritu.

Abandonamos el asunto aéreo religioso y el baño de mar. Afortunadamente observo desde mi sombrilla la presencia de Hércules. El hijo de Zeus aparece cuando la bandera de Andalucía (una de las muchas que ondean en la playa) se despliega con el viento de levante. Y su presencia, la del eólico levante, reconforta el cuerpo y, también, el espíritu.

27 julio, 2015

Desde mi sombrilla 2015 – 4. Políticos de arena

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:10

Torna a Surriento – Ciro Carbone

clip_image002Desde mi sombrilla escucho conversaciones políticas. Hace tiempo que eso no ocurría. Las conversaciones de playa suelen tratar sobre el estado del agua, el chiringuito en el que hacen la mejor paella o el calor que deben estar pasando Allí. Pero la política ha vuelto a la arena. Y no solo a ella. Estando a la espera de entrar a otro de los conciertos de guitarra que estas noches de julio alegran mis oídos entablo conversación con una veleña que muestra una verbosidad espontánea y agradable. Le comento mi extrañeza porque el Festival de este año no aparezca publicitado en la página web del ayuntamiento. Me comenta que debe ser por el cambio de equipo de gobierno, que ha habido un pacto cuatripartito para desalojar a los que habían sacado mayor número de votos y que el traspaso de poderes no ha sido muy “pacífico”. Le digo que no me extraña, que en mi pueblo de residencia también cuecen tales habas, y coincidimos en que todo ello genera una sensación de hastío en quienes no somos acérrimos partidarios de Unos o de Otros, que ya cansa ese “el infierno son los otros”, que dijo Sartre.

Para olvidar esos asuntos mundanos y de puñaladas traperas entre políticos locales me deleito con la música napolitana de Ciro Carbone. Y no solo con la música sino también con las explicaciones de cada una de las piezas. Esas explicaciones en un italiano del sur, en un napolitano auténtico, como dice el artista, cuesta a veces entenderlas, ¿capisce? En una de ellas Ciro explica una historia que ocurrió hace bastantes años. Trata del engaño a cargo de un político napolitano que ofrece una prebenda para la ciudad a cambio de que un afamado músico local componga una pieza para su campaña electoral. El músico compone la obra pero el político, una vez alcanzado su puesto en el Senado italiano, no cumple con la promesa. Nada nuevo bajo el sol, cosas de políticos, locales o senatoriales, napolitanos o andaluces. Creo recordar que la pieza se llamaba “Torna a Surriento”.

22 julio, 2015

Desde mi sombrilla 2015 – 3. Todo tiene su nombre

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

Hay ocasiones en las que cuesta poner nombre a un objeto o una acción. Por eso el habla es un elemento tan vivo, tan dinámico. La gente inventa nombres para ciertos artilugios novedosos, para hechos que antes no existían, y luego la Academia les da el visto bueno salvando así ese desfase. En otras ocasiones son las diversas lenguas las que marcan esa carencia. No sé, por ejemplo, si existe en turco un verbo que sea equiparable a “remolonear”; o si en hebreo hay algo parecido al “tintineo”. Hay bilingües que sufren con esas carencias terminológicas.

Este rollo que acabo de soltar viene a cuento porque todos los años, desde mi sombrilla, hago un repaso de los nombres que aparecen en las camisetas del personal playero. Cierto es que ya apenas hay quien luce tales prendas con denominación de origen. Sobre todo la gente joven, inclinada más a lucir marcas conocidas que estampaciones del tipo “Pinturas Narváez – Tomelloso del Campo”, “Carnicería El Despiece – Santiesteban del Robledal” o “Gráficas La Fiel Impresión – Villa del Retortillo”. Ese tipo de publicidad en las camisetas playeras suena a tiempos pasados pero todavía hay casos en los que suelen verse, al igual que es posible divisar un lince cuando uno hace una visita a un centro de la naturaleza protegida. Este año mi particular premio (hasta el momento) se lo concedo a una camiseta blanca que lucía un señor orondo y con bigote en cuyo dorso textil se había estampado en color morado la silueta del cubre rostro de un nazareno y la de un crucificado con el texto “www.huelvacofrade.com”. Premio merecido por la síntesis de tradición y modernidad y el saber conjugar tiempos tan diferentes como la primavera penitencial y el estío playero que suele llevar a la relajación de la mente y el cuerpo.

clip_image002Otro caso más del acto de nominar, de esa difícil tarea de poner nombre a todo, es el que me encuentro en el cartel anunciador del Festival Weekend Beach que se ha celebrado hace unos días a una playa de aquí. Entre la mayoría de nombres extraños, en inglés, mis ojos se topan con el de un artista, pinchadiscos o similar, de los que componen el elenco de actuantes en tal festival: “Jarrillo Lata”. Sí, tal como lo leen. Nada de “Morgan Band”, “Exit Night” o “DJ Garrido”. No. Jarrillo Lata… genial. Premio merecido por saber conjugar la tradición nominal con la participación en un evento tan juvenil y contemporáneo.

Para compensar este disloque de nominaciones subo una noche más a la capital de estas tierras y playas. Asisto a al concierto del guitarrista Andrea Vettoretti (cuyo físico me recuerda al actor Benedict Cumbertach, intérprete del Sherlock Holmes más actual), que hace alarde de su maestría y nos regala una hora de música extraordinaria presentado su disco Rain. Pero… antes de tocar una de las piezas nos comenta que para componerla se inspiró en el gusano que aparece en “Alicia y el país de las maravilla”, y que tras observar el comportamiento del anélido, la llamó “El gusano drogado”.

Huelva cofrade.com, Jarrillo Lata, El gusano drogado… ¿qué será lo próximo?

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