La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 febrero, 2018

Marca España (a nuestro pesar)

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 11:41

marcaCansado de la matraca independentista, harto de que en mis duermevelas aparezca ese señor con pelamen bruselense, hastiado de las corruptelas de nuestros gobernantes, aburrido de las simplezas de quienes pretenden serlo, fastidiado por tantos agoreros que predicen todos los males para esta vida que nos queda por vivir Aquí, sobrepasado por los derrotistas que solo ven lo peor… me enteré el otro día que un español llamado Regino Hernández, nacido en Ceuta y residente en Mijas (Málaga) ganó la medalla de bronce en snowboard cross en los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en Corea del Sur. Para los que no entiendan de deportes de invierno les comento que la prueba consiste en una carrera, montaña nevada abajo, en la que seis jóvenes se deslizan sobre una tabla. Repito: montaña nevada, deportes de invierno… Y gana una medalla un chaval  de cuna ceutí y residencia en la Costa del Sol.

Pensé que algo así era todo un ejemplo de esa Marca España que algunos tratan de desprestigiar  últimamente. Esa idea la planteé en el foro de El Ilustre Cenáculo, lugar de encuentro virtual en el que suelo participar. Me surgió la idea viendo Late Motiv de Andreu Buenafuente. En ese programa cada vez que dan una noticia en la que el Estado de Aquí, sus gobernantes o ciudadanos, hacen el ridículo aparece en pantalla una especie de sello con tinta roja y amarilla y las palabras Marca España que se deshace. Por ejemplo, si el AVE que va de estreno  a Castellón, con Rajoy en plan promoción, se estropea… Marca España deshaciéndose.

Llamé a mi idea “Marca España (a nuestro pesar)”, con el objetivo de resaltar lo positivo de nuestro país y sus gentes. Se trataría de destacar que tenemos también motivos para sentirnos orgullosos (a pesar de todo lo negativo que nos rodea), como ciudadanos y como país, de muchas de las cosas que hacemos.  Otro ejemplo:

Entre la degradación del medio ambiente, en medio de la contaminación que sobrevuela Madrid y otras urbes, tenemos el tercer pueblo en el mundo con el aire más limpio, solo superado por Muonio, en Finlandia, y Norman Wells, en Canadá. El lugar se llama Campisábalos y está en la Sierra Norte de Guadalajara. Lo que no he encontrado es el por qué de su nombre. Pensaba en un campo de sábalos, creyendo que esto último era una especie de arbusto propio del lugar o alguna leguminosa que se sembrase en esas tierras. Pero, no. Resulta que un sábalo es una especie de pez. Así que sigo en mi ignorancia toponímica. De cualquier forma, tener un pueblo medalla de bronce en pureza del aire compitiendo con Finalandia y Canadá, es pura ME (anp).

Luego, llegaron más noticias de esta Marca España (anp): sanitarias, ecológicas, artísticas, humorísticas…

Todo ello en: http://ilustrecenaculo.foroactivo.com/t39-marca-espana-a-nuestro-pesar

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18 febrero, 2018

En el centro del túnel

Filed under: En_sueños — Nicolás Doncel Villegas @ 10:49

matrixPor fuera el edificio parece un museo Guggenheim cualquiera. En el interior espacios abiertos y acristalados, despachos  transparentes, como si fuesen las oficinas de Bobby Axelrod en la serie televisiva Billions. Un gran ventanal ilumina el ambiente pero las luces del interior, empotradas en techos y paredes, permanecen encendidas. No hay nadie en el interior, veo pasillos amplios y vacíos de toda decoración. Sobre las mesas monitores y teléfonos de última generación, todo es inalámbrico, no se ven cables ni tomas de corriente en las paredes. Me acerco a una mesa en la que hay un portafotos junto al monitor, lo giro, está vacío. El silencio es absoluto; el ruido de la calle se adivina pero no se oye y en el interior ni el más leve murmullo. De pronto, el profundo silencio se rompe con un ruido seco al que le siguen otros similares, con intervalos de diez o quince segundos. Me sorprendo por lo que parecen detonaciones. Miro a mi alrededor y observo como una puerta opaca, la única que he visto en todo el edificio, se abre automáticamente, invitándome a pasar al otro lado. Así lo hago. Entro en un espacio sin ninguna ventana, tan amplio como una cancha de baloncesto, atravesado por un túnel transparente, elevado un metro por encima del suelo. En los extremos de ese túnel dos figuras humanas vestidas con monos blancos se disparan una a la otra. Lo hacen con una especie de fusiles tan modernos como simples. Reconozco el ruido de las detonaciones anteriores en cada disparo. En un determinado momento las dos figuras dejan de disparar, todas las luces se apagan y una oscuridad total se adueña del espacio. Acto seguido la luz se hace y yo me encuentro en el centro del túnel. Las dos figuras humanas colocan las armas sobre sus hombros, disparan y yo veo acercarse las balas como sucede en Matrix.

 

17 febrero, 2018

Me siento humano de los pies a la cabeza

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 10:23

humano

14/02/2018 – Catorce de febrero: Día de los Enamorados, Entierro de la Sardina, Miércoles de Ceniza, R. Madrid-PSG…  Bah, tonterías. Tenía algo más importante que celebrar.

15/02/2018 – Es muy gratificante ver como personas a las que creíamos que podían tener algún tipo de queja o resentimiento contra uno nos demuestran con sus actos que no es así. Es una doble satisfacción porque comprobamos que lo que uno hizo no era causa de desafección (lo que te da una gran tranquilidad), y que así lo consideró el otro.

16/02/2018 – Antes, hace años, había que tirar la basura a partir de una determinada hora de la noche porque no había contenedores soterrados. Cuando en las noches frías y oscuras de invierno iba hasta el contenedor y veía las luces de las casas encendidas me imaginaba historias tras esas ventanas. Hoy he leído el poema de Fernando Pessoa,  “La luz de una ventana”, y he recordado esas noches: Es de noche. La noche es muy oscura. / En una casa a una gran distancia / brilla la luz de una ventana. / La veo y me siento humano de los pies a la cabeza / Es curioso que toda la vida del individuo que allí vive, / y que no sé quién es, / me atrae sólo por esa luz vista a lo lejos. / Sin duda su vida es real y él tiene rostro, gestos, familia y profesión…

17/02/2018 – Pasa un niño con un patinete por la calle. Recuerdo entonces a la joven que aquella invernal noche salió de la enorme torre sevillana mochila sobre los hombros y bolsa en su mano derecha. De la bolsa sacó un artilugio mecánico que desdobló hasta convertirlo en un patinete eléctrico con luz blanca delantera y roja trasera. Montó sobre él, cual amazona hispalense, y desapareció en la noche de la gran urbe.

16 febrero, 2018

Naranjeros en el parque

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 8:56

naranjerosDespliego mi veraniega silla de plástico blanco, en la que coloco un delgado cojín blanquiazul de tono marinero,  para sentarme a tomar el sol del mediodía de febrero ahora que los fríos están en retirada.

Ese primer párrafo, ahora que lo pienso, está contaminado por la lectura de la novela que me entretiene y acompaña en esa sentada: “La regata”, de Manuel Vicent, historia muy veraniega y marinera (y algo más).

Entretenido con la lectura, y con los saludos de algunos vecinos que pasan por la calle, me molesta de cuando en cuando el ladrido de un perro que toma el sol unas ventanas más arriba. El silencio se rompe también con el lejano y seco crotoreo de las cigüeñas que han hecho nido en una de las antiguas chimeneas de la fábrica de aceite. En la otra, en la chimenea más alta, una de las cigüeñas otea el horizonte urbano, el discurrir del Guadalquivir y la oscura sierra, dejándome con la impresión de ser alguien sin importancia ante su estilizada figura elevada a lo más alto del gran chimeneón.

Los dos sonidos  zoológicos se ven superados por voces humanas que me llegan de algún lugar indeterminado. Abandono la lectura y la silla plegable para asomarme a la zona del parque que no puedo otear desde mi asiento. Veo entonces una cuadrilla de trabajadores que comentan en voz alta los pormenores de la tarea  que están realizando: la recolección de las naranjas. Equipados con escaleras de madera, que me recuerdan a la que usábamos en la casa de la infancia para encalar las altas paredes del patio, se mueven con agilidad, cargando sobre el hombro una especie de talegas en la que dejan caer las naranjas, bajando para vaciar el contenido en grandes bolsas, subiendo de nuevo los escalones hasta desaparecer entre la hojarasca de los árboles…

Vuelvo a mi tarea de jubilado al sol y retomo la lectura cuando uno de los recolectores se me acerca para pedirme que haga el favor de llenarle de agua un recipiente de plástico equipado con una cuerda que hace las veces de asa. Le devuelvo al naranjero la circunstancial cantimplora con el agua solicitada. Se marcha hacia el parque para reunirse con la cuadrilla que ha cesado en su trabajo porque se acerca la hora del almuerzo. Por mi parte recojo amarras replegando mi veraniega silla y mi electrónico libro pues el sol se aleja ya de la acera.

14 febrero, 2018

Un año de tu vida

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 11:22

Hoy celebro tu primer cumpleaños. Lo hago en la distancia geográfica  que nos separa y en la ausencia de tu sonrisa equipada de hoyuelos. Lo hago, eso sí, a mi manera, escribiéndote estas letras que espero mitiguen la imposibilidad de tomarte en brazos y darte un apretujoncillo con la intensidad adecuada para tus doce meses de vida.

Sí, ya sé que el sábado pasado soplaste la vela de la tarta y luciste la mota de nata en tu naricilla; ya sé que escuchaste a toda tu familia cantarte el “Cumpleaños feliz” y recibiste los correspondientes regalos. Sé también, porque te miré atentamente, que posaste serena en las fotos familiares y que tu ya reconocida capacidad de observación trataba de asimilar todo lo que allí estaba sucediendo. Pasamos un buen rato y seguro que pasarás muchos más cuando el número de la vela, igual que tú, vaya haciéndose mayor.

Te he visto despertar a la vida en estos trescientos sesenta y cinco días, te he visto abrir los ojos y aguzar los oídos a los sonidos de cariño, te he visto agitar brazos y piernas y ofrecernos las primeras muecas que simulaban ser sonrisas. Luego vinieron los primeros chapurreos y las primeras risas descontroladas provocadas por las abuelas, esas risas que contagian a todos los que estamos cerca de ti y que acaban dejándote floja de cuerpo y feliz de alma. Recuerdo también el primer día que te incorporaste sola en el parque cuna y pusiste el mundo a tus pies por unos momentos. Y, últimamente, esas ganas de caminar por pasillos y paseos marítimos, por parques y cocinas… Ese caminar que todavía necesita de alguien que te  aguante el equilibrio y controle las prisas que tienes por llegar a todos los sitios al mismo tiempo. Esos sitios que tratas de descubrir subiendo los primeros escalones de la escalera de casa hasta que miras hacia arriba y presientes un mundo desconocido, giras tu cabeza, con esa agilidad de contorsionista que siempre has tenido, para comprobar que estoy contigo, y decides dejar la aventura para otro día. Podría seguir escribiendo de tu dormir ligero y de tu despertar amable, de los primeros dibujos animados que ya te gustan o de la música que te atrae, de cómo abres la boca para recibir como un polluelo la miga de pan que tus padres te dan mientras los demás comemos, de la cara de pilla que pones cuando esperas que quienes juegan contigo te sorprendan con algún grito o movimiento no tan imprevisto, de la sonrisa que te provoca volver al lugar de casa en el que tenemos los peluches, y de la cara de alegría que pones cuando sabes que te vamos a sacar de paseo.

De todo eso, y más, podría seguir escribiéndote. Ya ves todo lo bueno que ha dado de sí este primer año de tu vida.

Dunia   cocina

13 febrero, 2018

La peste es la ignorancia y la ignorancia una pandemia

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 10:29

peste

10/02/2018 – Sí, lo confieso: soy un homo golosus. El azúcar es un componente esencial en mi vida. Y ustedes se preguntarán el porqué de esta dulce declaración. Me explico… En los tiempos que vivimos es difícil que las familias se reúnan en días lectivos (perdón, laborables) porque los trabajos y las distancias geográficas son obstáculos insalvables. Por ello, hay que aprovechar los fines de semana para celebrar cumpleaños que ya se han cumplido recientemente o que se han de cumplir en fechas venideras. Es algo que me resulta extraño pero que doy por bienvenido siempre que haya una buena tarta por medio.

11/02/2018 – Los domingos por la tarde, mientras mis hijos viajan de regreso a sus destinos, suelo salir a caminar. Hoy no he salido; me he quedado escribiendo un relato porque la idea que me lo había sugerido no se me iba de la mente. Al finalizar la tarde no me dolían las piernas pero sí la cabeza.

12/02/2018 – Estoy esperando turno en la farmacia cuando entra una de mis consuegras. Nos saludamos y comentamos:

– Pues aquí vengo, a por medicinas para mi madre  -me dice.

– Pues lo mismo te digo; yo también vengo a por medicinas para mi madre.

Acto seguido, mientras me atiende el mancebo, pienso en si habrá alguien en el futuro que vaya a buscar medicamentos para nosotros. Salgo de la farmacia y la mañana sigue gris. Estoy por echar mano a la bolsa de fármacos maternos y chutarme oralmente un lorazepam.

13/02/2018 – He visto la serie televisiva “La peste”, muy recomendable a pesar de algunas críticas que ponen en duda ciertos detalles históricos y hablan de la mala imagen que ofrece de la España de finales del siglo XVI. En uno de sus capítulos hay una frase dicha por un médico, el cual no puede hacer uso de todo su saber por el control que sobre esas prácticas tiene la Iglesia, que me parece magnífica: «La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre». Podríamos añadir que la ignorancia ha sido, y sigue siendo, una pandemia que se extiende con más facilidad que la peste en la Sevilla de finales del XVI.

11 febrero, 2018

Un anuncio muy pictórico

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 11:17

anuncioQue la publicidad televisiva se convierte en un tostón cuando uno está viendo algo interesante es algo que me parece indiscutible. Pero, no es menos cierto que a veces uno se siente sorprendido por el fogonazo de brillantez que transmite uno de esos anuncios. Hay algunos que te enganchan, que llaman tu atención por la originalidad de la idea o por las imágenes que utilizan para ese vil objetivo que es llevarnos al más denigrante consumismo que nos quiere imponer el sistema capitalista, que diría un nostálgico de los años setenta o una diputada de la CUP.

Viene esto a cuenta porque en El Ilustre Cenáculo, foro en el que nos hemos refugiado los antiguos visitantes del blog de Antonio Muñoz Molina, se comentaba sobre este asunto de la publicidad televisiva.  Así que…

Maese Nicolás: Aunque en la televisión que veo suelo eliminar la publicidad (es lo bueno de verlo grabado o descargado) siempre se cuelan algunos anuncios. Y siempre hay uno que es mi preferido y otro que detesto. Es como un juego en el que el mejor y el peor anuncio van desapareciendo y otros vienen a ocupar esos lugares.
Como peor tengo varios actualmente y como mejor (que es lo interesante), el que más me gusta de los vistos últimamente, es el de un coche muy relacionado con la pintura.
Como juego propongo hacer una lista con las recreaciones pictóricas que aparecen en el anuncio. Diré uno muy evidente: Los girasoles (Van Gogh).

  1. El anuncio del que hablaba (por si ustedes quieren participar en el juego) era este:

En “El Ilustre Cenáculo”:  http://ilustrecenaculo.foroactivo.com/t33-el-cupido-cotidiano#575

10 febrero, 2018

La leyenda del César Visionario – Francisco Umbral

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 11:13

CésarNo sé dónde he leído que los tres libros con mejor comienzo de Francisco Umbral eran “Mortal y rosa”, “Forja de un ladrón” y “Leyenda del César visionario”. Lo cierto es que tal información me llegó después de haber leído y comentado aquí “Mortal y rosa”.  El post de ese libro lo empecé así: “Dicen que hay algunos libros en los que el primer párrafo te anuncia ya…”. El efecto “enganche del lector”, causado por la buena impresión de un buen comienzo, se había hecho realidad. Y si aquella fue una agradable lectura (no solo por el comienzo del libro) no lo ha sido menos la de este que ahora comento. Comienza así: “En un Burgos salmantino de tedio y plateresco, en una Salamanca burgalesa de plata fría, Francisco Franco Bahamonde, dictador de mesa camilla, merienda chocolate con soconusco y firma sentencias de muerte.” No sé cómo arrancará “Forja de un ladrón” pero no creo que pueda superar lo anterior.

Ahí estamos, situados en esa bicapitalidad burgalesa salmantina del bando nacional, en plena guerra Civil, con un general que quiere limpiar España, que mira de reojo la presencia del Ausente (José Antonio Primo de Rivera), rodeado de temores y certezas, dejándose asesorar sin hacerlo por un grupo de intelectuales que se reúnen en el café de esa nueva España que amanece tras los paseos y fusilamientos nocturnos. Ese Franco casi elevado a los altares, paseado bajo palio y enaltecido cual Cid burgalés, aparece retratado como un militarista algo cursi pero al que no le tiembla el pulso a la hora de agarrotar a sus enemigos. Y alrededor de él sus hombres de confianza, su hermano y su cuñado, de esa confianza lejana que comparten los dictadores con los que tienen más cerca. Y en el siguiente círculo los laínes (Laín Entralgo, Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar, Serrano Súñer, Giménez Caballero, Agustín de Foxá, Torrente Ballester y otros), ese grupo de mentes pensantes, literatos e ideólogos del nuevo régimen que siempre acaban sobrepasados por la astuta simpleza de quien está dispuesto a gobernar España sin intermediarios, lleven yugo y flechas o boinas requetés, pues él cuenta, dicen, con la ayuda de Santa Teresa. Y frente a ese mundo que se augura vencedor el grupo de los maestrillos, el otro bando, la otra España que ha quedado atrapada en zona nacional por los azares de la guerra y el territorio. Todo ello nos deja un magnífico retrato de esa España que se mata a sí misma en el que no falta un singular personaje, Francesillo, alma republicana atrapado en tierra nacional, cuyas andanzas en la ciudad que fue de sus ancestros completan esa visión de la bipolar España.

9 febrero, 2018

Saga en tercer grado

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 10:56

saga

06/02/2018 – Un paisano que se cruza conmigo por la calle me confirma /pregunta:

– Ya te jubilaste, ¿no?

– Claro, hace más de un año.

– Es que te veo con gorra y las manos metidas en los bolsillos del chaquetón;  y digo: un jubilado más.

No sabía yo que los jubilados teníamos una imagen predefinida.

07/02/2018 – Leo el libro de Lorenzo Silva, “Recordarán tu nombre”, y entresaco la siguiente frase: “Es asombroso que Barcelona se despierte cada mañana para ir cada cual a sus ocupaciones.” Aquella era la Barcelona en plena Guerra Civil. Hoy podríamos decir: Y no solo se despierta Barcelona, también Bruselas, Estremera… Parafraseando el título del libro, también podríamos decir: Recordarán tu apellido. Cómo se le recuerde depende de cada cual.

08/02/2018 – En estos días de frío en los que la España Mesetaria (y algo más) parece haber ascendido algunos paralelos en latitud norte me encuentro con un artículo, que me ha gustado, de Fernando Aramburu. El autor de la afamada novela “Patria”, residente en Alemania, escribe en ese artículo llamado “Idiosincrasia del frío”: En invierno, a la hora habitual de la merienda para los sureños, ya era noche cerrada y la luz macilenta de las farolas se reflejaba tristemente en la nieve pisoteada de las aceras. No bien echadas las persianas, las calles se vaciaban como si estuviera prohibido deambular por ellas. 

09/02/2018 – Me llegan noticias lejanas (a D. G.) de familiares en tercer grado consanguíneo, y en -3º sentimental, sobre infidelidades matrimoniales, discusiones violentas, cambios de las preferencias sexuales… Estoy por ponerme a escribir una novela, una de esas sagas familiares en las que hay de todo: amor y odio, intrigas y sexo, etc.

8 febrero, 2018

Murillo/Sevilla (2/2): Con san Hugo en el Museo

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 9:57

san hugoTras una mañana de arreglos caseros, esas manualidades que los padres responsables nunca dejamos de hacer por el bien de los hijos, encaminamos nuestros pasos hacia la parada del autobús que nos lleva hasta la Plaza del Duque. Es una tarde nublada, de un extraño gris sevillano. Baja uno del bus y se da de bruces con el edificio del más conocido de los grandes almacenes hispanos. Pero, esta tarde no es tarde para compras sino para completar este viaje pictórico en honor a Murillo.

Caminamos por la calle Alfonso XIII para dirigirnos a la Plaza del Museo. A mitad de recorrido observo un edificio en cuya planta baja luce un deteriorado letrero: “Biblioteca Pública”. En el hueco de entrada, con las paredes cubiertas de pintadas, descansa entre mantas y cartones un joven sintecho del que sobresalen una mínima parte de su rostro y las manos con las que teclea su móvil.

La Plaza del Museo de Bellas Artes nos recibe con una estatua de Murillo que pasaría por emboscada si no fuese por el colosal pedestal sobre la que se encuentra situada y que la hace rivalizar en altura con la arboleda que la rodea. El edificio del museo, antiguo convento de la Merced,  es magnífico, con varios claustros en los que se quedaría uno a vivir aunque fuese para pasar tan solo algunos días primaverales o algunas noches estivales; con una escalera imperial que le hace a uno sentirse personaje de hora y fama cuando asciende por ella; y con una iglesia conventual propia de la Orden de la Merced que acogió el edificio hasta la desamortización de Mendizábal.

El museo, por su contenido pictórico, es una extraordinaria pinacoteca en la que deleitarse con la pintura sevillana de Zurbarán, Murillo o Valdés Leal. Caminamos de sala en sala degustando obras excepcionales: la escultura de san Jerónimo (Torrigiani), Santa Ana enseñando a leer a la Virgen (Juan de las Roelas) –lleva uno el magisterio todavía dentro-, los Crucificados de Zurbarán, la Virgen de la Servilleta (Murillo), El vendedor de vino (Núñez de Villavicencio), El jubileo de la Porciúncula (Murillo), el conocido retrato de Gustavo Adolfo Bécquer pintado por su hermano Valeriano… Me deleito con algunas de las pinturas que tantas veces, hace tantos años, mostré en las antiguas diapositivas a mis alumnos de aquella asignatura que en la EGB se llamaba Ciencias Sociales. Llevado por la añoranza me auto fotografío con una de esas pinturas: San Hugo en el refectorio de los cartujos, de Zurbarán.

De regreso a la Plaza del Duque vemos que en una salida lateral de El Corte Inglés está expuesto un maniquí vestido de nazareno (aquí los carnavales deben ser fiesta menor). Enfrente está abierta la iglesia de San Antonio Abad. Entramos al atrio y me quedo sorprendido por el bullicio allí existente. Igual que ayer pensaba que entre los viandantes podría haber algún paisano conocido y residente en esta ciudad, o alguno de los habitantes de esta urbe que forman parte del clan sevillano del Ilustre Cenáculo, hoy cambio los papeles y aguzo la vista para detectar si entre los devotos que ponen velas a san Judas Tadeo se encuentra alguno de ellos.

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