La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 julio, 2017

Balanceo en la zona sénior

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:34

clip_image002La foto corresponde a un día de la segunda semana de julio, a una de esas mañanas en las que la niebla marina se adueñó del litoral mediterráneo convirtiendo estas tierras de luz en parajes cantábricos.

Caminando junto a mi santa, de mañana temprano, pues a cierta edad el sueño ya no es tan estable ni duradero, nos vemos sorprendidos por otro día de esa particular meteorología que me recuerda a aquellas vacaciones que pasamos en Galicia: aquellos días de Rías Bajas, aguas atlánticas gélidas, Santiago de Compostela bajo la fina llovizna que hacía hermosear aún más la ciudad del apóstol… O los más aún lejanos días que veraneamos en Cantabria: aquellos días grises de prados verdes, amaneceres de frescas rociadas, de valles pasiegos y un mar embravecido de aguas azules oscurecidas… O los más cercanos que pasamos en Noruega: la neblina que no podía ocultar la belleza de Bergen, el aguanieve sobre el monte Dalnisbba que coronaba el fiordo de Geiranger…

Han sido un par de mañanas extrañas (a mediodía todo volvía a la normalidad), junto a otros dos días de lloviznas y tormentas que no descargaron. Días grises que antes no he visto por estas latitudes que llevo visitando ya treinta años, días de meteorología singular por estos parajes de sol casi perpetuo que a uno le hace pensar que algo está cambiando.

Ah, la foto. Está tomada, como decía al principio, en uno de esos días neblinosos. Junto al paseo marítimo, en la extensa playa, los regidores del municipio han instalado la llamada “Zona Sénior” (nombre que me parece una cursilada), equipada con varios espacios: uno, con bancos y mesas (será para que los numerosos jubilados del lugar descansen y entablen conversación); otro, con una especie de parque equipado con elementos de entretenimiento parecidos a los que hay en un parque infantil (dicen que la vejez es un regreso a la infancia); y el último, equipado con una serie de elementos gimnásticos adecuados para la actividad física de las personas mayores. Uno de ellos es en el que me encuentro subido, un artilugio en el que el sénior se agarra al manillar y se balancea moviendo la plataforma inferior. Como mis vértebras L4 y L5 no me permiten exhibiciones gimnásticas la foto es una simple pose, con un máximo de tres balanceos para pasar a la posteridad, una instantánea con la que adornar este comentario.

22 julio, 2017

El hombre de ninguna parte – Alexandar Hemon

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 8:58

 

clip_image002El hombre de ninguna de parte, Josef Pronek, es de Sarajevo. Pero se siente de ninguna parte. Es ésta una novela cuya lectura transmite una fuerte sensación de desarraigo. El protagonista, un bosnio que busca sus raíces en Ucrania y acaba en Chicago, ha sido siempre un desadaptado, un ser que pareciese vivir a contracorriente. Qué otra cosa podemos esperar de alguien que en su juventud escuchaba a los Beatles cantando Nowhere man, mientras en su país (todavía unido) se experimentaba con el socialismo real que buscaba una tercera vía (aquella Yugoslavia de Tito).

El es un verdadero hombre de ninguna parte,  / sentado en su tierra de ninguna parte / haciendo todos sus planes de ninguna parte, para nadie, cantaban los chicos de Liverpool y cantaba Pronek en su juventud. El mismo que trata de sobrevivir en Chicago ejerciendo oficios solo reservados a emigrantes sin futuro. Es ahí donde conocemos al Pronek que igual hace trabajos para un investigador privado o se convierte en militante recaudador de Greenpeace. Y el que nos lleva a su Sarajevo de adolescente y a la Ucrania de sus ancestros.

Es “El hombre de ninguna parte” una novela que se enmarca en aquella época convulsa del desmoronamiento de Yugoslavia y la Unión Soviética que llevó a muchos a tratar de escapar de aquellas situaciones hasta viajar a los paraísos capitalistas, a esos lugares soñados en los que comenzarán a sentirse personas de ninguna parte. Pero en esta novela el autor nos lo muestra con una prosa que no ahonda en el desánimo y que incluso despierta la sonrisa afectuosa con algunas de las experiencias que el protagonista debe vivir en su nueva etapa.

20 julio, 2017

Bañistas entre tinieblas

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:13

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Hay días en los que el sol se esconde tras la bruma. La luminosidad natural de esta tierra desaparece cuando el dios de los mares sopla en silencio llevando las tinieblas hacia tierra adentro. Acostumbrado a ver descender las neblinas desde la Sierra Morena, hasta adueñarse del valle y del río, uno no deja de asombrarse cuando ve llegar la gaseosa masa gris deslizándose, liviana, sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo. Teme uno ver aparecer entre esas tinieblas las afiladas proas de las naves vikingas que hace ya tantos siglos bajaron al Sur, atravesaron el Estrecho de las hercúleas columnas y navegaron hasta el Mediterráneo central. Teme uno ver asomar entre el horizonte difuminado las naves sarracenas que hace siglos, también, desde el cercano norte del continente africano arribaban a estas costas con intenciones de conquista y pillaje. Pero, no. La tranquilidad playera no se altera por la aparición de naves enemigas tras la bruma marinera. Tan sólo aparecen un par de esas embarcaciones encargadas de la limpieza de las aguas cercanas a la costa. Me dejo de ensoñaciones históricas, observo las siluetas de los bañistas que unos metros más allá se adentran o salen del agua y vuelvo a la realidad lectora que me entretiene.

18 julio, 2017

Serenidad bautismal

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

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Está tranquila antes de que todo comience. El vestido, con lazo y felpa rematados con ornamentos florales, ideado y confeccionado por la abuela, realza la serena hermosura de su observadora mirada y se suma al blanco de su piel.

En brazos de su tito padrino dirige la mirada al sacerdote cuando éste comienza la ceremonia del bautismo. Escucha la liturgia con el mismo interés con el que yo sigo sus gestos apoyado en una columna de la iglesia, cerca de la pila bautismal. Por un momento el sacerdote calla y ella deja de mirarlo para fijarse en sus padres. Pareciese que trata de comprender, con sus cinco meses recién cumplidos, todo lo que allí está sucediendo. Mientras los congregados tratamos de llevar con dignidad el calor que hace (siete de la tarde: en la calle cuarenta y dos grados y en el interior algunos menos, pero no tantos), ella continúa con una tranquilidad que me sorprende: no hay llanto, ni siquiera el amago de un ligero lloro o el gesto de un puchero de disgusto. Llega el momento de la ablución. La tita madrina la inclina y el sacerdote vierte el agua sobre la cabeza de Dunia mientras ella mira el fondo pétreo y gris de la pila bautismal. Cuando el riego sacramental concluye y la madrina vuelve a incorporarla ella mira a los familiares sentados en los bancos; estos sonríen al verla hacer un gesto con la boca, como si alguna gota de agua bendita hubiese escapado al clerical paño con el que el párroco ha secado la cabeza. Tras el rito del agua continúa la ceremonia con el encendido de la vela bautismal. En cuanto se percata de la llama que desprende la vela, sostenida cual antorcha por el tito padrino, la atención de Dunia no tiene otro objetivo hasta que la ceremonia concluye.

A partir de ahí fotos con los familiares. Va pasando de unos brazos a otros para posar con la misma serenidad que ha tenido durante la ceremonia religiosa. Un rato más tarde le llegará el sueño mientras los demás cumplimos con la otra liturgia, el rito laico compuesto por la ingesta de alimentos y el trasegar de líquidos que suele acompañar a todo tipo de celebraciones y ceremonias, sean religiosas o no.

17 julio, 2017

Música en un patio nobiliario

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:42

clip_image002Un año más he disfrutado del festival que se anuncia en el cartel adjunto. Menos el último concierto, al que no he podido asistir por fuerza mayor (la nieta recibía las aguas bautismales), los restantes han sido anocheceres en el patio del Palacio del Marqués de Beniel en los que la guitarra, y no sólo la guitarra, ha sonado en tonos tan diversos como hermosos. Desde las sonatinas para los salones románticos hasta los sones flamencos, pasando por los clásicos Tárrega y Granados o las músicas con aromas de Andalucía y Nápoles.

Este año la mayoría de los músicos han agradecido al Ayuntamiento la existencia del Festival. No me extraña pues cumple la XXVI edición y en los tiempos de recortes presupuestarios que llevamos padeciendo ya varios años resulta casi milagroso que un acto como éste sobreviva a esas inclemencias dinerarias. Lo que sí me extraña es la escasa asistencia de público, y este año he notado alguna mayor concurrencia. Aun así, calculo que entre cien y ciento veinte personas son las que nos hemos reunido cada noche en ese nobiliario patio de cal, columnas y arcos de ladrillos rojos en los que el vuelo alocado de los vencejos es el preludio del comienzo de las actuaciones. Como dijo uno de los músicos, el guitarrista Christian Lavernier: “La música, la cultura, alimenta el alma. Por eso estamos aquí”. Pues debe de haber muchas almas hambrientas en esta bella localidad teniendo en cuenta que entre el escaso público se notaba la presencia de extranjeros y veraneantes. Público que sigue siendo mayoritariamente mayor, gentes que ya peinamos canas en la mayoría de los casos, y entre los que hay adictos a las redes sociales como un caballero de provecta edad que durante uno de los conciertos fue incapaz de desprenderse de su teléfono móvil, conectado a lo que supongo sería una batería portátil, tecleando al compás del guitarrista.

14 julio, 2017

Otra vez el “torotema”

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:03

 

clip_image001Maese Nicolás: Si en una de esas encuestas telefónicas que de cuando en cuando le hacen a uno me preguntaran: ¿Está usted a favor de los festejos taurinos en alguna de sus formas?, respondería sin dudar: No. De tal respuesta la empresa sociológica encargada por quien corresponda de conocer los gustos del personal deduciría que uno es antitaurino. Pero, si a la media hora, en otra encuesta de la misma empresa, me preguntaran: ¿Prohibiría usted cualquier tipo de festejo taurino?, respondería sin dudar: No. ¿Contradicción? Puede que sí. O no. Hay tantas razones, tantas veces repetidas, a favor o en contra de los toros que no encuentro las mías para convencer a nadie. Ni al taurino ni al antitaurino.

Tan solo una vez asistí como espectador a uno de esos festejos. Me llevo mi padre siendo yo un chaval adolescente. Novillada en uno de los días de la feria del pueblo. En una plaza portátil toreaba (novilleaba) un paisano que por aquellos años finales de los sesenta quería ser figura del toreo. El Feo, creo recordar que se hacía llamar el aspirante a maestro de la tauromaquia. Con ese nombre no me extraña que no hiciese carrera. Fue mi primera y última vez. Quedé vacunado para siempre de ese “espectáculo”.

Los “sanfermines”. De las grandes fiestas patrias es la que menos me atrae. De siempre. Verdad es que nunca he estado. Tampoco he estado en la Feria de Abril o en Las Fallas. No soy de ferias y fiestas. Pero puestos a elegir (siempre que fuese invitado; no pienso gastar un euro en tales algarabías) prefiero ver arder (y ver antes de arder) una falla valenciana, o ver a una joven sevillana bailando una ídem (música que no llego a aborrecer pero casi) que asistir al desmadre de borracheras, apretujones y gente que corre delante de unos toros a sabiendas que puede ser pisoteada, corneada…

Y después de muchos comentarios por parte de los coblogueros, finalizo:

Bueno, pues ya está casi todo dicho. Otra vez, una vez más. No sé si queda algo por decir, quizás aquello del aporte léxico taurino. Pero, vamos que unas cuantas palabras y expresiones no se pueden canjear por una estocada mortal. Así que… vistos todos los argumentos a favor y en contra del asunto que nos trae uno sigue en su limbo taurino; no ver, ni apoyar, pero no prohibir.

A ver si cuando salga el torotema la próxima vez alguien encuentra una razón que me decante hacia un lado u otro: ganas tengo de comprarme un abono de sombra en Los Califas o embadurnarme con falsa sangre, a pecho descubierto y con unos cuernecillos de plástico sobre las sienes frente a la Puerta del Príncipe.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Un desconcierto

13 julio, 2017

Sentirse afortunado mirando al otro

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:21

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La foto está tomada frente a la terraza en la que leo, escribo, me alivio del calor cordobés y veo pasar la vida. De espaldas, la bocana del puerto por donde entran y salen hacia el Mar de Alborán los pesqueros caleteños. La foto muestra a quienes llegaron a las diez de la mañana y se marcharon a las siete de la tarde tras pasar un día de playa. Llegaron con la algarabía alegre del que tiene por delante horas de diversión. Escuché desde el salón sus voces amortiguadas por la distancia, sin saber que eran ellos hasta que vi los dos autocares aparcados junto al solar al que la crisis dejó sin urbanizar. Por la tarde sí los he visto regresar, con menos alboroto, más cansados y apagados. Cargados de mochilas y enseres playeros, mucha nevera portátil de plástico colorista y alguna mesa plegable, van llegado tras nueve horas que habrán sido de baños y comida preparada la noche anterior o esa misma mañana muy temprano. Quizás se levantaron a la misma hora que cada día se levantan para preparar lo que antes llamábamos el avío o la talega, la comida que se lleva al trabajo. Me imagino que serán de algún pueblo a una o dos horas de aquí. Los hay de todas las edades, desde adolescentes hasta quienes tienen edad de ser abuelos. Estos últimos son los más jaleosos a la hora de volver. Se oye alguna voz que recrimina, no de manera agria, a los más jóvenes su parsimonia y el pequeño retraso sobre la hora en la que habían quedado en salir. No atisbo a ver que sean de ningún grupo homogéneo, asociación carnavalesca, hermandad religiosa, banda de música o equipo deportivo; no hay símbolos ni camisetas que los identifique de manera grupal así que deduzco debe ser unos de esos viajes que la empresa de autocares del pueblo organiza para “echar el domingo en la playa”. Cuando los dos vehículos se ponen en marcha y desaparecen de mi vista pienso que soy afortunado porque puedo permanecer aquí, disfrutando de la brisa marina y alejado del horno interior que estos días recalienta la tierra. Me giro hacia el otro lado y veo que del puerto (que no es sólo pesquero) sale un barco de recreo con sus buenos metros de eslora, mástil considerable y gran prestancia marinera. Sobre cubierta varias personas, unas miran mar adentro y otras hacia tierra. Pienso si esas personas se sentirán también afortunadas cuando me vean sentado en mi terracita de piso de verano.

12 julio, 2017

Huye rápido, vete lejos – Fred Vargas

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:57

 

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He leído críticas que califican esta novela como la mejor de la autora. Uno, que tan solo ha leído de esta serie policíaca que tiene como protagonista al comisario Adamsberg la titulada “El hombre de los círculos azules”, no tiene muchos elementos para comparar y establecer tan definitoria sentencia. Tan sólo diré al respecto que esta “Huye rápido, vete lejos” me ha gustado más que la anteriormente citada.

El título viene del latín “Cito, longe fugeas et tarde redeas”, uno de los consejos que los tratados medievales sobre la peste daban al personal cuando la plaga se desplegaba por Europa. Porque ésa, la peste, es una de las claves del argumento. Una plaga medieval que quiere desatar el terror en el París actual.

La primera parte de la novela, antes de que la trama policíaca se afiance, me parece lo mejor del libro. La presentación de los personajes secundarios, que acompañarán a los protagonistas argumentales, engancha al lector mientras piensa que no está leyendo una novela policíaca sino una historia de más peso literario. Y, ojo, ello no va en detrimento del desarrollo policíaco de la novela, que está perfectamente planteado y desarrollado, sino que es un valor añadido al libro.

Vuelvo a los personajes que dan esencia a la novela. Además del comisario Adamsberg, de peculiar personalidad, y su ayudante Danglard, cabe destacar al pregonero Le Guern (sí, un pregonero en estos tiempos) que es con quien se inicia esa primera parte de la novela tan meritoria. Además está la serie de especialistas que asesoran al comisario y que sirven de armazón para que el argumento no se desinfle.

La historia contada es perfectamente creíble, algo que no siempre sucede en novelas de género negro. Y eso es así incluso cuando el argumento se retuerce para alcanzar la velocidad necesaria que tiene este tipo de literatura cuando busca el desenlace final.

11 julio, 2017

Hablando de ti, y del futuro

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:42

 

 

clip_image002Maese Nicolás: Cuando un bebé fija su mirada en la tuya se abre un universo. Mi nieta, que pronto cumplirá cinco meses, me tiene absorto desde que hace unas semanas me observa con atención académica atendiendo a las simplezas que se les suele decir a los bebés, esa retahíla de diminutivos, ñoñerías y remilgos que uno creía no iba a volver a decir nunca más. Esa mirada fija, de azul templado, que observa mis gestos indescifrables acompañados de palabras para ella ininteligibles, se rompe de manera imprevista con una sonrisa angelical (ojo, ¡no es un tópico!), un sonido gutural o un amago de puchero que uno nunca sabe interpretar. Otras veces, ese intercambio de miradas se mantiene durante unos segundos en el silencio reflexivo del abuelo preguntándose de manera interior : “Y tú, ¿qué estás pensando?”.

Aplaudo la frase de Antonio: “Ese bebé es un habitante del futuro”. Lo hago porque define a la perfección otro de los entretenimientos familiares de estos días: ¿Cuál será el futuro de Dunia? Desde profesiones que trabajen por el bien de la humanidad, hasta deportista de élite, pasando por presidenta del gobierno (pobrecita mía), son oficios que el personal le asigna en un mundo futuro que a uno se le escapa. Al final coincidimos en que sea lo que sea, qué sea feliz.

Y hablando de futuro…La próxima vez que intercambiemos esa mirada le paracantaré aquello de Loquillo: “No hables de futuro / es una ilusión / cuando el rocanrol / conquistó mi corazón. / No hables del futuro / es una ilusión / porque tú llegaste / a llenar mi corazón”.

Sap: ¿Habrá algo más enternecedor, más sobrecogedor, más abrazable que un niño chico haciendo pucheros? En esa mueca parece concentrarse toda la desventura de la Humanidad. Ante lo desvalido del gesto Incluso se podría enunciar una ley: “Quien hiciere daño a un niño chico, será ejecutado”.

Que la vida depare a Dunia felicidad y a ti te premie con largos años de abuelidad con ella al lado, Maese.

Maese Nicolás: Gracias por tus buenos deseos, Sap.

Cómo me gusta esa expresión: “niño chico”. Hacía tiempo que no la oía/leía. Antes se usaba más. Esa redundancia que no es tal designaba en mis tiempos infantiles al bebé, palabra esta que en aquella época no era tan usual como ahora, al menos en mi entorno. Pero, también era un niño chico el pequeñajo que formaba parte del grupo de los que ya podíamos salir a jugar solos a la calle, el hermano pequeño al que la madre te encargaba que cuidases mientras ella iba a la tienda de ultramarinos (“cómo le pase algo al niño chico, te dejo señalá la alpargata en el culo”), etc. Y, por supuesto, era una expresión usada como insulto cuando alguno de la pandilla no era capaz de trepar la bardilla de una casa abandonada que había que explorar o cualquier aventura similar.

Albertiyele: Disfrutá de Dunia, Maese Nicolás. Y consentila todo lo que puedas, que tenés el enorme privilegio de ser su abuelo.

Y además: me dejan intrigada con tantas cosas que se les ocurren mirando un bebé. A mí no se me ocurre nada. Sólo me dan unas ganas irresistibles de tenerlos a upa, de besuquearles los cachetes, de olfatearlos. ¿Hay algún perfume en este mundo más embriagador, más perfecto y redondo, que el olor de los bebés? ¿Cuándo dejamos de oler así?…

Maese Nicolás: Alicia, unos ocho metros de calzada y acerado separan la puerta de casa de una tienda de chucherías que está justo enfrente. Dado que soy amante de los productos que en tales comercios se venden, uno de los momentos que más deseo en un futuro cercano es salir de casa con mi nieta de la mano, cruzar la calle, adentrarnos en la susodicha tienda y decirle: “Dunia, este es nuestro reino”. Cuando sus padres se enfurruñen les diré que una amiga me aconsejó: “Consentila todo lo que puedas” . Y que ése es uno de los mandamientos de la doctrina de la abuelidad que todo abuelo debe cumplir.

 

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Un viajero del futuro

9 julio, 2017

Pintar y bailar

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:52

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Siempre ha sucedido. A las personas mayores (¿a qué edad comienza uno a sentirse persona mayor?) les llama la atención la manera de vestir, de adornar su cuerpo, etc. de muchos jóvenes. Recuerdo los comentarios de esos mayores cuando uno comenzó a llevar el pelo largo y pantalones de campana. Ahora , desde hace tiempo ya, esa curiosidad ha disminuido, no es tan exagerada porque llevamos muchos años en los que las modas juveniles son tantas y tan llamativas que apenas queda espacio para el asombro.

Llegué hace unos día a una tienda de pinturas, uno de esos establecimientos especializados que te “hacen” la pintura a la carta. Los dependientes eran una pareja de jóvenes, chico y chica, vestidos a la manera que a uno le hacía recordar los viejos hippies del siglo pasado. Además del ropaje, y el pelo acorde con el mismo, lucían tatuajes, pulseras y otros abalorios que completaban su identidad física. ¿Fue su aspecto lo que llamó mi atención? No. Ya he dicho antes que llevamos mucho tiempo acostumbrados/enamorados a/de la moda juvenil (que cantaba Radio Futura). He de reconocer que sería más fácil imaginar a la pareja tras uno de los puestos que venden artesanía que tras el mostrador de  una tienda de pinturas. Y aquí habrá alguien que me llame retrógrado, o aquello tan antiguo de “clasista”, por querer encuadrar al personal por su aspecto físico. Se equivocan. Lo que llamó mi atención es que el chico nos atendiera con una profesionalidad exquisita, con un savoir faire inesperado, con unos conocimientos del tema pintura y sus diversas aplicaciones en distintos materiales que ya quisiera para sí el más veterano dependiente de una de aquellas antiguas droguerías de pueblo en las que un señor con bigote, batín ocre y toda una vida tras el mostrador te vendía la típica lata de Faro Verde, la brocha y el aguarrás. Y, ¿por qué me llamó la atención tal hecho? Porque generalmente no es así. No busquen más motivos.

Cuando la compra estaba terminando otro cliente que esperaba, y que conocía al joven vendedor, le preguntó:

¿A qué hora cerráis hoy?

Pues hoy nos iremos a las ocho y diez porque quiero ir a que me pongan la pulsera.

Ante la cara de extrañeza del cliente, y la mía propia, el chaval explico:

Para entrar al Weekend Beach, que comienza esta noche y dura hasta el domingo.

Ah, el festival de música que hay al lado de la playa – dije.

Y añadí en tono jocoso:

Yo iré solamente el sábado.

Rieron el uno y el otro mientras abandonaba el local con la lata de pintura pensando en otros tiempos.

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