La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

24 noviembre, 2020

Libre para hacer callar

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

23/11/20 – Si algunos de mis “amigos” de Facebook viesen lo que publican otros que son “amigos” míos, pero no “amigos” de los primeros, uno podría pensar que estamos en los prolegómenos de un enfrentamiento civil. Como yo veo lo que publican ambos bandos, y para no caer en la depresión, les hago pausar durante treinta días (a unos y a otros). Iba a decir que les mando pausar para que reflexionen y se calmen en sus ímpetus políticos y demagógicos. Pero, eso es imposible y fracaso una vez y otra porque cuando reaparecen tras el mes de castigo vuelven con la misma matraca por la que fueron silenciados. Y, tras leerlos un par de días, les impongo de nuevo el alejamiento mensual. Cualquier día me hago el fuerte y les aplico la pena máxima: Dejar de seguir a…

24/11/20 – Hablando de la palabra “libertad” con algunos contertulios, de la libertad para llevar mascarilla o no, de la libertad para vacunarse o no, de los que gritan ¡libertad! en calles y hemiciclos… Cansado de reflexionar sobre el significado de tan hermoso sustantivo, de intentar comprender lo que es la libertad para unos y otros, de sentir el desgarro de quienes la usan con violencia, etc. hago saber la simpleza que sigue: Yo también hubo un tiempo que le di vueltas a la palabra libertad. Ya no. Me parece tan manoseada, tan devaluada, tan mal utilizada por unos y otros, que ya no me dice nada. Tendría que vivir en una verdadera situación de “opresión” para que recuperara un verdadero sentido. Y no vivo esa situación desde que estuve haciendo la mili. Desde entonces no he entonado aquel estribillo de Los Chichos.

23 noviembre, 2020

Cuenta 140: La paciencia

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

Aguantaba los insultos, y hasta los escupitajos en la visera del casco, de algunos manifestantes. Uno de ellos era su hermano menor.

Podía aguantar partido tras partido en el banquillo. Es más, soportaba tranquilamente que el entrenador dijera cada día que contaba con él.

Antes de entrar a su aula en aquel colegio de extrarradio recordó la frase de su profesor: La paciencia es el arma del mejor maestro.

Lo escuchaba, con falsa cara de agrado, cantar desafinadamente arias de ópera. Le ayudaban los cien euros y no tener que acostarse con él.

Tras seis horas de espera y quince cigarrillos fumados abandonó el puesto de caza sin haber disparado un tiro pero con la novela leída.

Cada día, antes de salir de la habitación del hospital, le canta la canción que los unió hace veinte años. En coma sólo lleva tres.

Lo ha esperado dos meses sentada en el porche. Lo ve venir vestido tal como se fue. Se levanta, prepara la bañera y la lavadora.

El gregario disfrutaba de su lento y firme pedaleo mientras tiraba del líder del equipo que subía el puerto casi asfixiado.

Antes de castigarlo sin recreo el maestro escuchó, una vez más, toda la historia que Miguelito se inventaba después de cada travesura.

Cada día se sienta en el banco, con su vejez y su mala memoria, y espera a ver si los albañiles regresan al edificio abandonado.

Después de dos años las dosis mínimas del veneno que le ha dado en cada cena comienzan a hacer el efecto deseado. Dos años más y será libre.

Cuarenta años esperando el reconocimiento. Hoy ha recibido una llamada del hospital: “Un paciente, que dice ser su padre, quiere verle”.

22 noviembre, 2020

Cada cual en su Shangri-La

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 8:42

20/11/20 – Hace unos días en una conversación virtual salió el término “soplagaitas”, que según la RAE significa persona tonta o estúpida. Como el debate iba sobre la sociedad vasca y el terrorismo de ETA hice una analogía y en lugar de soplagaitas usé soplatxistus, palabra ésta que no existe y que creía haber inventado en ese momento. Pero, no. Alguien se me había adelantado. Una de las contertulias me enlazó el blog de un profesor de Filosofía y Letras que hace ya varios años utilizó ese término con mucho sarkasmo en el párrafo que sigue: “Y menos mal ke ya no matan estos soplatxistus por este alfabeto castellano vaskonizado a golpe de capricho batúa, o sea, inventado… Pero siguen dando la murga, la matraka y la tabarra con este inkordio de querer ser más que nadie, y creyéndose más antiguos e importantes que ninguno.”

21/11/20 – Ya conocen el famoso microcuento de Augusto Monterrosso: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Bien, cuando todavía falta más de un mes para el discurso de Nochebuena del rey, y una semana más para la despedida de este año, antes de que alguien se me adelante, haré una versión del mismo: Cuando despertó el 1 de enero, el virus todavía estaba allí. Cuídense.

22/11/20 – Veo y escucho en YouTube la canción Our Shangri-La interpretada por Mark Knopfler y Emmylou Harris. Desconozco qué dice la letra de la canción. Pero, no me importa. Prefiero imaginármela, inventar e imaginar mi propio Shangri-La mientras escucho la música y las voces  de Mark y Emmylou.

21 noviembre, 2020

¡Qué difícil es unir el tiempo de frutecer con el tiempo de sembrar!

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

¿Conocen ustedes la palabra “frutecer”? La primera vez que la vi escrita me sonó rara. Fue en un poema de Juan Ramón Jiménez: ¡qué difícil es unir / el tiempo de frutecer / con el tiempo de sembrar! Frutecer es un verbo sinónimo de fructificar, un verbo reconocido en el Diccionario de la RAE, un verbo que implica recoger el fruto, recoger lo sembrado. Por ello exclama el poeta que es difícil unir esos tiempos, el de la simiente y el del fruto, pues entre ambos hay que dejar pasar los días, las semanas, los meses; hay que dejar pasar el tiempo.

Ahora es tiempo de siembra, de la siembra del trigo. He llegado a la era y mi sombra alargada parece buscar la besana que tractor y rejas ya han marcado, la besana que va desde el arroyo hasta el final de la parcela. Mando esa foto como saludo de buenos días a través del teléfono y la besana se alarga aún más, los surcos con la simiente llegan a un colegio de Cardeña, a una oficina hogareña de teletrabajo en Sevilla… Desciendo por la ladera hasta el viejo pozo arrumbado e inútil, pozo que fue ajeno y casi lindero pero que ya sólo es creador de maleza y estorbo, pozo ciego que el próximo verano habrá que eliminar. Sigo bajando hasta el arroyo; ofrece una imagen de otoño reseco que me acompaña hasta donde está detenido el tractor y el remolque con el trigo de semilla. Me resultan extraños porque por primera vez nos hacen la siembra, no son el tractor y el remolque a los que subía para abrir sacos y abastecer la máquina sembradora. Hablo con los tractoristas sobre este fatídico año abundante en virus y escaso en lluvia, hago una foto a la etiqueta de uno de los sacos para tener los datos de la semilla, datos necesarios para hacer la solicitud de la PAC dentro de unos meses. Dejo a los tractoristas con sus tareas y me dirijo al puente de escaso pretil pues uno de los lados está ya completamente desguarnecido de protección. Me siento un rato a tomar el sol mañanero y escucho los ruidos de voces y motores que llegan desde los olivares. Por la cercana carretera circulan camiones y tractores. Un poco más allá están sembrando otra parcela. El campo está vivo esta jornada de noviembre.

Avanza la mañana, hablo por teléfono y recibo visitas. La tierra sembrada va ganando terreno. Sopla viento solano, el que tanto reseca. Antes de volver miro el rulo en el borde de la era, el rulo que tras la siembra compactará la tierra, la tierra ya preñada que espera ansiosa el agua que la meteorología anuncia para mediados de la próxima semana. Ojala que predicción tan bienhechora se haga realidad.

20 noviembre, 2020

Otra ley de educación

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 8:18
Leyes y Pactos educativos

Parece que tendremos una nueva ley de educación, la LOMLOE, acrónimo que ya me niego a descifrar. Conocida como la Ley Celaá, es una más de las siete u ocho leyes de educación que llevamos en cuarenta años. Un disparate.

Quienes se encuentran alejados de ciertos mundos (como el de la enseñanza) por motivos laborales o familiares no suelen pensar en el daño que determinadas decisiones pueden ocasionar en ese mundo. Quienes nada tienen que ver con la escuela (con el instituto, con la universidad), porque no tienen hijos que sean alumnos, suelen ser ajenos a esas medidas. Es lógico. Como otros somos ajenos a otros mundos y las medidas que en ellos se toman. Pero, la enseñanza, como la sanidad, siempre nos toca aunque sea de refilón, o siempre vuelve a nuestras vidas. Por eso me entristece el asunto de las numerosas leyes de educación.

La ley Celaá es una más, con sus dosis de matices doctrinarios que cada gobierno inculca a “su” ley de educación. Porque cada gobierno que ha habido en este país ha tenido “su” ley de educación con esos matices: religión evaluable sí-religión evaluable no, educación para la ciudadanía sí-educación para la ciudadanía no, pocos suspensos (número variable) para pasar de curso-muchos suspensos (número variable) para pasar de curso, protección de la enseñanza concertada-desprecio por la enseñanza concertada, etc.

Hay quien se pregunta si ésta será una buena ley de educación. Será buena para unos y mala para otros. ¿Por qué? Porque lo que algunos llaman “régimen”, toda la etapa democrática en la que llevamos viviendo desde hace más de cuarenta años, no ha sido capaz de gestar una ley de educación consensuada, capaz de aguantar un sistema educativo digno y eficaz los años necesarios para que haya un número suficiente de promociones que avalen las virtudes de la misma y detecten los errores que deben ser corregidos. Como ya he dicho, cada gobierno que toma el poder hace su ley, bañada en sus matices (y más que matices) doctrinarios. Y así nos va.

Todo eso es grave. Pero mucho más lo es aquello que numerosas leyes de educación han tenido en común. Sí, también han tenido algo en común. Y, paradójicamente, eso que las une, a mí parecer,  tampoco ha sido positivo. Porque, además de los matices, está el espíritu de la ley. Y aquí es donde entra un artículo que me parece muy interesante.

https://blogs.elconfidencial.com/sociedad/espana-is-not-spain/2020-11-14/espiritu-mediocre-ley-celaa-wert-educacion-reforma_2832507/

PS. Escribí el texto anterior hace unos días, antes del debate en el Congreso de la ley Celaá. Ayer tarde fue aprobada con un voto más que la mayoría absoluta, 177. Otra ley que nace con el apoyo de la mitad de la representación popular. Otra ley que tiene todas las papeletas para ser derogada cuando gane el otro bloque.

19 noviembre, 2020

Confiad en los JP

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

18/11/20 – Esto de ser un JP (jubilado polivalente) le lleva a uno a cambiar de registro ocupacional sin que haya protocolo que lo guíe ni normativa que le exija. Quiero decir que uno puede hacer cada día (incluso el mismo día) tareas tan diferentes que en nada tienen relación las unas con las otras. Por ejemplo, uno puede estar un día baldeando su trozo de calle tras unas obras municipales que han dejado atrás polvo y suciedad, y al día siguiente hacer una gestión por encargo filial en la Oficina del Catastro Virtual. Otro día puede uno geolocalizar determinadas lindes en la finca rústica, y al día siguiente “trabajar con la nieta” unos haikus para el Día Escolar Contra la Violencia de Género. Ese ir y venir de actividades tan diversas es lo que me ha llevado a autodenominarme un JP (Jubilado Polivalente). También pensé en JM (Jubilado Multitareas) pero sonó a uno de esos electrodomésticos a los que se les habla o a navaja suiza. El JP es una categoría vital/ocupacional que la ministra de Trabajo debería tener en cuenta para que de alguna manera fuese valorada, si no económicamente al menos moralmente con la concesión de algún diploma o título que hiciese mención a las diversas tareas que los Jubilados Polivalentes llevamos a cabo.

19/11/20 – Confiar es un verbo cargado de positividad cuando de relaciones humanas hablamos. Tiene una acepción en el diccionario de la RAE que así lo testifica. Confiar: Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier cosa. Qué maravilla. El único problema que le veo al verbo confiar es cuando lo conjugamos en pasado. Por ejemplo, confiaba en ella (o en él), y ya ves

18 noviembre, 2020

Piedras y chismes

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

Cuando veo a nuestros políticos insultarse gratuitamente en la sede de la soberanía popular siento… Bueno, ya no siento nada porque curado me hayo de espanto. Tampoco cuando los veo tirarse puyas de sarcasmo envenenado, en las que intentan ser originales y casi nunca lo son, a través de las llamadas redes sociales. Con ese fuego cruzado de lanzamientos orales cargados de malicia política no se convierten en finos estilistas de esgrima sino en prehistóricos paleolíticos que embisten unos contra otros en una lucha cavernícola que me recuerda a la que sosteníamos a pedradas los niños de los años sesenta en nuestros enfrentamientos de barrios.

Escribo esto porque leyendo La vida contada a un sapiens por un neandertal se produce el siguiente diálogo entre el paleontólogo Arsuaga y el escritor Millás:

– ¿Cómo crees que se acabaron en la evolución las jerarquías basadas en la fuerza?

—Ni idea —dije.

—Acabaron gracias a las pedradas. Somos la única especie que lanza objetos con precisión. Los hombres prehistóricos desarrollaron esa capacidad que no está en los chimpancés. La puntería ha sido esencial en la evolución.

Concluye Arsuaga que la fuerza fue sustituida por la política gracias a las piedras.

 Vaya, aquí seguimos, pensé. Ahora, al menos, ni embisten unos contra otros físicamente ni se lanzan piedras de verdad, tan solo maldades en forma de palabras dichas y tuits escritos.

Y añade el paleontólogo: Los chismes son nuestras piedras. Acaban con la reputación de alguien y lo inhabilitan para convertirse en jefe. En esto no puedo estar de acuerdo porque hoy día la táctica de extender el chisme, la falsedad, el bulo, lo fake, se ha expandido de tal manera que convive con nosotros cual si fuese un nuevo virus. Es más, no es que impida llegar a alguien a ser jefe (en política o en cualquier otra actividad) sino que hay quien ha llegado a serlo gracias a chismes y falsedades revestidas de verdad y solemnidad, demostrando que no solo son inmunes a la falacia sino que pueden convertirla en arma contra el enemigo.

17 noviembre, 2020

Vacunas y leyes

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

16/11/20 – Ahora que anuncian ya una vacuna para el próximo año se me plantea una duda. Con cuarenta mil muertos oficiales, y más de sesenta mil reales según el INE, más los que vendrán en los próximos meses, ¿vacunarse será un derecho o un deber? ¿Habrá obligación de vacunarse o será voluntario? ¿Hay legislación sobre este asunto? Porque si lo dejamos todo en la obligación moral, en la esperanza de que la ciudadanía sea solidaria, etc. no sé yo si acabaremos con la pandemia aun habiendo vacuna. Entre los negacionistas, los creyentes en la homeopatía, los antivacunas, los que no quieren ser los primeros… A ver si nuestros gobernantes van pensando en ello y toman alguna medida legislativa para que cuando llegue el momento todo funcione. Porque ya saben que la vacuna anunciada hay que descongelarla, y una vez descongelada…

17/11/20 – Veo La ley de Comey, una serie de cuatro episodios basada en James Comey, director del FBI nombrado por Barack Obama y que tuvo que lidiar con el escándalo de los correos de Hillary Clinton y con la sospechosa relación de Trump con Rusia en los meses electorales antes de que éste fuese elegido presidente. Es curioso ver, cuatro años después, los temores que despertaba la llegada de Trump al Despacho Oval en esa organización, el FBI, que de la mano de Comey quiere mantenerse neutral políticamente. Y ahora que el simpar presidente va a salir de la Casa Blanca, gracias a Dios y al pueblo americano (que dirían ellos), es llamativo ver al fanfarrón recién llegado como le espeta al ejemplar funcionario: “Necesito lealtad, espero lealtad”, sintiéndose superior a cualquiera, exigiendo lealtad a su persona más que al cargo institucional.

16 noviembre, 2020

El traqueteo rítmico de la primera molienda

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

Lo mismo que el virus aerosolea y envenena el ambiente, la lluvia mínima caída al amanecer había emporcado la calle y ensuciado el exterior de los coches callejeros dejando siluetas de polvo húmedo en el envoltorio metálico. Ese era el ambiente, sustentado además en la imagen de un pueblo desierto, la mañana del pasado sábado cuando ascendí una vez más por el viaducto para tomar los caminos exteriores, ese viaducto en el que los perros excretan de todas las maneras posibles y en el que uno de ellos había conseguido dar forma, de manera perfecta aunque sin ojos, a una mierda whatsappiana (con perdón).

Con tal panorama, además de la mascarilla y el empañado de los cristales de las gafas, comprenderán ustedes que haya momentos de la vida en los que uno se considere un héroe cuando, alcanzada la cima del viaducto, no cae en la tentación de arrojarse a las vías del tren. Pero, que nadie se preocupe o se cree falsas esperanzas. Aún conservo entereza y vitalidad para no derrapar en suelo resbaladizo, esquivar excrementos caninos, desempañar cristales que emborronan la visión y seguir haciendo camino con paso firme y ánimo solvente.

En ese camino encuentra uno miles de pájaros que en la mañana silenciosa orquestan trinos sobre alambres electrificados e higueras solitarias. ¿Por qué este otoño hay tantos pájaros?, me pregunto. Los pájaros han aumentado en los últimos meses tanto como el número de los jubilados ha menguado, me contesto en un razonamiento disparatado que no es respuesta. Seguro que el paisano, con el espinazo doblado, que arranca las plantas caducas en su huerto, no tiene pájaros en la cabeza ni pensamientos numéricos. De las plantas arrancadas quedan en el suelo algunas berenjenas mustias, inservibles, que han perdido su color nazareno. Más adelante el cantar de los pájaros desaparece y en la atmósfera gris viaja el ruido monótono de la almazara, el traqueteo rítmico de la primera molienda de aceitunas verderonas. El primer aceite de la temporada debe estar llenando ya las modernas zafras. Eso pienso mientras mi mente se alía con mi memoria para que pueda oler el aceite que cae de la cántara a la zafra de mi infancia. Con ese olor en la pituitaria y el sabor en las papilas gustativas de un imaginario mollete empapado en aceite veo, casi de vuelta ya, un montón de hojarasca verde oliva no muy lejos de un montón de serrín, testigos residuales ambos de las actividades humanas que mis convecinos ejercen en estos tiempos grises que vivimos.

15 noviembre, 2020

Música para la vida

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

14/11/20 – Recuerdo a un compañero de mili (perdonen la paleontológica memoria) que ante cualquier circunstancia de la vida se arrancaba con una canción que tuviese algo que ver con la situación del momento. Por ejemplo, cuando le daban un permiso de varios días cantaba con alegría el Libre de Nino Bravo o el Libre, libre quiero ser de Los Chichos; y si un malagueño le recordaba que, siendo niño, pasaba todas las vacaciones en la playa el compañero cantarín imitaba a Serrat entonando aquello de quizás porque mi niñez sigue jugando en la playaNací en el Mediterráneo. Mi nieta me recuerda a aquel compañero de servicio militar obligatorio en eso de ponerle música a la vida. Su experiencia y su repertorio aún no es muy grande pero si una noche, por ejemplo, le señalo la luna enseguida la escuchó cantar el Luna, lunera, cascabelera. El último caso se dio hace unos días. Le dije que me sujetara el llavero mientras cogía dinero de mi cartera para ir a comprar chucherías. Del llavero cuelgan dos pequeños elefantes. No había terminado de sacar la cartera del bolsillo cuando ya se había arrancado directamente con dos elefantes, se balaceaban en la tela de una araña… mientras movía de manera acompasada el llavero de un lado a otro. Siempre es agradable tener cerca a alguien que le pone música a la vida.

15/11/20 – Dicen que hay una canción para cada emoción y una canción para cada momento de la vida. No sé si es así. Cierto es que según el estado de ánimo a uno le apetece escuchar una música u otra: el rock de Triana para cuando arranca la primavera, el reggae de Bob Marley para el verano canicular, lo mejor de Pink Floyd para una mañana soleada de invierno o un buen blues del maestro B. B. King para una tarde triste de otoño…

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