La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

15 diciembre, 2018

No me da la gana

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:44

gana

12/12/18 – Camino por la carretera y al llegar a una rotonda observo el lateral de una furgoneta que me adelanta. Va decorada con dibujos de cómodos sofás, sillones relax y un rótulo junto al nombre de la empresa. No recuerdo ese nombre, pero sí el rótulo: Suministros del descanso. Todos mis respetos a esa empresa.

13/12/18 – Recrea la vida de Lou Andreas-Salomé la película del mismo nombre que acabo de ver. Tuvo que ser una mujer extraordinaria , capaz de hacer enloquecer a Nietzsche y que Rilke le escribiese versos como estos: “Apágame los ojos: puedo verte; / tápame los oídos: puedo oírte, / y puedo ir hasta ti sin pies, / y hasta sin boca puedo yo jurarte…”.

14/12/18 – Sigo sorprendiéndome de lo enmarañado de la Administración. A mi edad, en estado de jubilado con júbilo, suena el teléfono, incluso con nocturnidad, para comunicarme que lo que era ya no es, que la normativa ha cambiado, que si quiero seguir poseyendo y explotando (aquí debería haber buscado otro término) lo que es mío tengo que… Y a partir de ahí: administrador, alta de autónomo, poder notarial, gestor de la explotación, con repercusiones y sin repercusiones fiscales y/o legales, etc. Podría escribir un libro del desasosiego tal como hizo Pessoa. Pero no me da la gana, no me da la gana sentir el desasosiego. El “libro” ya lo estoy escribiendo, ahora, aquí.

15/12/18 – Antes de comenzar a leer “Las rosas del sur”, el segundo y último libro de Julio Llamazares sobre las catedrales españolas, ya hay algo que me gusta: la portada del libro. Es una foto en la que el autor aparece sentado sobre unas escalinatas tomando notas en un cuaderno. Son las escalinatas que están al pie de una de las puertas de la Mezquita – Catedral de Córdoba, la puerta del Espíritu Santo. Es una de las puertas situadas en la fachada oeste, en la ampliación que llevó a cabo Alhaken II. Es un lugar por el que he caminado muchas veces.

14 diciembre, 2018

Estatuas a la intemperie

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:20

MatíasEl Parque Muzeón de Moscú se encuentra a orillas del río Moscova. No es un parque cualquiera porque en él se encuentra una especie de museo al aire libre que recoge las numerosas estatuas de los líderes de la Unión Soviética que fueron retiradas de calles y plazas cuando el régimen comunista cayó a comienzos de los años noventa. Es lo que suele pasar con esos falsos prohombres que se aúpan al pedestal del poder y la escultura usando el terror y la fuerza. Cuando su poder desaparece sus bustos de mármol o sus estatuas ecuestres son abatidas por la misma furia que ellos usaron para encumbrarse. Desaparecieron las estatuas de Stalin, las de Franco, las de Sadam Hussein  y las de muchos otros dictadores, lo mismo que desaparecieron sus nombres en calles y avenidas. El mundo de las estatuas caídas viene de lejos pues ya saben que todo lo que se yergue puede ser abatido. Afortunadamente las estatuas de los verdaderos prohombres no corren el riesgo de ser descabezadas y, aun estando a la intemperie, permanecen impertérritas en sus pedestales a salvo de los vendavales políticos.

Hace unos días, cuando estaba a punto de concluir mi caminata matinal, decidí asomar mi curiosidad por el paseo Adolfo Suárez para ver cómo iban las obras de remodelación que en él se están realizando. Ya saben, es precepto de obligado cumplimiento para todo jubilado que se precie el verificar de cuando en cuando la marcha de las obras, tanto públicas como privadas, que se realizan en la localidad. Así pues, tras haber dejado atrás caminos que ya no se embarran, aceituneros afanados en su tarea, tierras en barbecho que esperan la llegada del frío y almazaras en permanente ajetreo me acerco al citado paseo y observo lo que ven en la foto. Ya se pueden imaginar el porqué del primer párrafo de este escrito. La escultura de medio cuerpo del prohombre local permanece cubierta por lonas protectoras para evitar posibles daños y deterioro a causa de las obras de ajardinamiento del lugar. Don Matías, con sus características gafas y micrófono en ristre, espera a cubierto la finalización de las obras que embellecerán el entorno de su estatua, una de esas esculturas de las que antes escribía que están a salvo de los vendavales políticos.

12 diciembre, 2018

Noticiario casi verídico de un reportero aficionado – 5

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 9:45

reportero1. Desde que el día seis estuve en los actos del Día de la Constitución la actualidad no da tregua. Les sonará a tópico la anterior expresión pero no por ello deja de ser verdadera. Dicen que con cuarenta años hay mujeres que encuentran la plenitud. En cambio, con esa misma edad, para algunos, la Constitución es ya una señora ajada, casi decrépita. Yo estoy con los primeros. Años, lo que se dice años… los que lucían los tres padres constitucionales que aún viven, los reyes eméritos, algún presidente del Gobierno que estuvieron en el acto del Congreso. Pero, nuestra Consti… sigue manteniéndose lozana y con un poco de maquillaje y poco más luciría perfecta. Y ahora me llamarán machista por el sesgo que le he dado a este comentario. Pues los de Podemos llevaban un dibujito de mujer desmelenada simbolizando la República. Ahí lo dejo.

2. El canapé me sentó mal. Debería ser de una remesa antigua, de esas que aún están pendientes de la aprobación de los presupuestos generales del Estado. No me extrañaría que estuviese caducado. Me refiero al canapé que tomé en el acto posterior al del Congreso de los Diputados mientras charlaba en un corrillo de periodistas y políticos. Y me acuerdo ahora porque nada más concluir ese acto me enteré que algunos presos separatistas catalanes habían iniciado una huelga de hambre. Mientras mi organismo evacuaba desaforadamente por culpa del maldito canapé, y mi físico perdía peso de manera visible, no pude sino solidarizarme fisiológicamente con los presos huelguistas.

3. El fin de semana decido viajar a Barcelona para entrevistar al president Torra sobre toda la movida catalana de los últimos días. Me comunican en el Palau de la Generalitat que el president se ha retirado al monasterio de Monserrat para hacer un ayuno en solidaridad con los presos. Me solidarizo con el president: llevo un par de días no en ayuno pero sí a dieta blanda desde que le escuché hablar de la vía eslovena. Después del asunto de la actuación de los mossos, lo de la vía eslovena me parece la mayor cagada (con perdón) de estos personajes. Y ahora me acusarán de que estos últimos comentarios son muy escatológicos. Pero, es que hay veces que dan ganas de mandar a algunos a la merde (avec pardon).

11 diciembre, 2018

Hay días que no están desiertos

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:18

días

08/12/18 – Has vuelto, tras un mes de ausencia, con la sonrisa marinera y los aires de niña de guardería. Confiada e inquieta, recibes con alborozo a quienes esperábamos tu regreso, te lanzas a mis brazos al grito de  ¡Abuuu! con la alegría de quien se siente querida. Y quien te recoge en sus brazos observa durante horas el progreso de tus idas y venidas cada vez más seguras, te da un trozo de churro mañanero y se sienta a tu lado mientras comes, te columpia en el parque y mira la destreza con la que pasas las hojas del folleto de juguetes, compartimos comida familiar y descabezamos un rápido sueño cuando el cansancio nos vence al unísono a la caída de la tarde…

09/12/18 – Algunos domingos con horario de invierno, cuando anochece, no puedo evitar recordar los primeros versos del poema “De este mundo vacío”, escrito por Joaquín Giannuzzi: “El domingo está desierto. La calle se alarga / sin finalidad precisa.”

10/12/18 – De lo poco que he leído durante el fin de semana me quedo con el artículo de Fernando Aramburu: “Bofetadas en el colegio”. Se puede decir una cosa y la contraria sin caer en la contradicción: “Discrepo de quienes afirman que la bofetada en clase no constituye un recurso educativo ni sirve para resolver situaciones de conflicto. Discrepo, por descontado, desde mi rechazo sin restricciones al uso de la violencia física y psicológica como estímulo o método de aprendizaje o en cualquier otro ámbito de la vida, empezando por el familiar.”

11/12/18 – Quedaban dieciocho años para que concluyese el siglo XX. Han pasado otros dieciocho del siglo XXI. Hagan la suma, o la multiplicación por dos. En estos días en los que hablamos de bodas familiares uno recuerda aquella mañana decembrina en Plaza de Capuchinos en la que se unió con papeles y ante la Virgen de los Dolores (casi lo uno y lo otro) con la mujer que no necesita bañarse cada año en agua bendita, con la mujer que no necesita deshojar cada noche una margarita… tal como cantaba Serrat. Y seguimos.

10 diciembre, 2018

Mensajes en busca de una botella (281-290)

Filed under: Mensajes en busca de una botella — Nicolás Doncel Villegas @ 11:17

mensaje281 – Hace un tiempo que decidí no tener enemigos, sólo conocidos indiferentes.

282 – El dolor pierde intensidad con el tiempo y la distancia.

283 – La búsqueda de lo que no se busca es sin duda la que ofrece mejores hallazgos.

284 –  La información en un bien preciado. No solo la que se conoce y se puede contar sino también la que interesa no contar.

285 – Tener músculo moral debe ser algo así como poseer la fuerza necesaria para ser capaz de separar el bien y el mal.

286 –  Cuando el fiel de la balanza, el presente, se inclina hacia el plato del pasado uno comienza a comprender lo poco que pesa el futuro.

287 – Nada me resulta más chocante que un ateo haciendo proselitismo de su no fe mientras habla de los creyentes cegados por su fe.

288 – No se ve igual el mundo desde lo alto del pedestal que a pie de calle.

289 – Todo aforismo es padre de una generalización.

290 – Un texto que haga apología de la depresión, ¿debe ser contrarrestado con una receta de Prozac?

7 diciembre, 2018

Y todo por ir a destiempo

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:19

destiempo

04/12/18 – Ayer tarde estuve en Nueva Carteya. Es un pueblo cordobés de la comarca Campiña Este – Guadajoz. Uno más de los muchos pueblos cordobeses que viven de la agricultura y las ayudas y subvenciones de todo tipo ligadas a tan antigua actividad. Lo que más me ha llamado siempre la atención de esta localidad, vecina a mi pueblo de nacimiento, es su nombre. Pareciese que hubiese sido bautizada así por algún conquistador del siglo XVI español llegado a las Indias. Y si lo latinizamos, Carteia Nova, bien podría ser una colonia fundada por algún patricio y general romano en la Bética del siglo II d. C.

05/12/18 – El obispo de mi diócesis se alegra del vuelco electoral en Andalucía y espera que ese cambio se dé en toda España. Entre el pastor de la Iglesia y el rebaño de los de Iglesias, que salen a la calle para protestar por unos resultados electorales que no son de su agrado, van a conseguir que se me indigeste el turrón navideño que compré hace un mes en Mercadona. Y todo por ir a destiempo.

06/12/18 – ¡Viva la Constitución! Por segundo año consecutivo escribo esa expresión de admirativa personificación. Es algo que me sigue sorprendiendo cuando recuerdo la indiferencia con la que durante tantos años conmemoré tal día, tanto en lo personal como en lo profesional. ¿Qué ha pasado en los últimos años para que se haya producido tal cambio? Quizás no sea yo el que se ha vuelto per se un definido constitucionalista, quizás me han llevado a serlo.

07/12/18 – Desde mi ventana 3: Debe tener tres años y luce una amplia sonrisa mientras cabalga sobre los hombros de su padre. De vez en cuando mueve sus piernas como si estuviese espoleando su cabalgadura. El progenitor le comenta algo que no puedo escuchar y la joven amazona se ríe con descaro. Cuando la madre se une a ellos, tras haber comprado la barra de pan, mira sorprendida el jolgorio familiar.

6 diciembre, 2018

Caminata de otoño

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:37

caminataEn esta primera semana decembrina, en la que el frío anda escondido como si estuviese esperando aparecer de repente para cumplir con rigor el calendario de las estaciones anuales, salgo a caminar con el sol como testigo y el podcast como acompañante.

Hoy he decidido caminar por las afueras del pueblo, asomarme al plácido Guadalquivir, cruzar fugazmente por el exterior del camposanto y regresar por la carretera que acompaña en paralelo a la vía férrea de un extremo a otro del pueblo. Paso por varios parques infantiles, silenciosos, y por delante del centro de salud, bullicioso. Observo el quehacer de quienes se afanan en colocar el alumbrado navideño y quienes armados con ruidosas sopladoras y tradicionales escobones intentan esconder la pertinaz caída de las hojas otoñales. Las aguas tranquilas del gran río transmiten serenidad, el silencio del camposanto es un silencio de recuerdos, el vacío de los parques infantiles le trae al caminante la añoranza de una voz imaginada que le grita ¡abuuu!, el edificio sanitario le hace pensar que goza de una buena salud  acorde con la edad que gasta y las grandes guirnaldas de luces navideñas que los operarios tratan de desenmarañar le avisan del tiempo que viene.

El último tramo de la caminata es el que acompaña la vía del tren:  Luego, el tren, al caminar, siempre nos hace soñar…  rimaba don Antonio Machado. Pero el tren no aparece, no acompaña al caminante. Éste observa al tractorista que siembra de trigo una pequeña parcela y el tractor con remolque cargado de aceituna que se encamina a la almazara. Deja atrás las tapias y ventanales del que fue su colegio y se adentra por el gran viaducto en su barrio, toma asiento en el duro pero acogedor banco del parque solitario y, mientras descansa su cuerpo, alimenta su alma con una lectura delibesiana.

5 diciembre, 2018

Sobrevivir a las llamaradas aerostáticas

Filed under: En_sueños — Nicolás Doncel Villegas @ 10:37

globosSentado en una silla baja, una de esas sillas que las mujeres usaban cuando se sentaban a coser, silla costurera hecha a mano con la dura madera de olivo. Junto a mí otras personas sentadas en el mismo tipo de silla; todos son hombres y todos estiramos las piernas formando un círculo en cuyo centro convergen los pies. No sé cómo ni por qué me encuentro allí, no sé por dónde he venido ni cómo he llegado a ese lugar. El lugar es una especie de extenso prado cercado por unas tapias bajas de piedras como las que se ven en los páramos castellanos convirtiendo la naturaleza abierta en apriscos protectores para el ganado. Los que allí nos hemos congregado nos miramos unos a otros con intención de conocer el porqué del encuentro. Nadie habla, nadie dice nada, nadie quiere o puede explicar. Es entonces cuando uno de los hombres extiende su brazo derecho, cierra el puño y con su dedo índice señala hacia el cielo. Como autómatas, el resto de los que allí estamos levantamos la vista. Sobre un cielo despejado, un cielo azul sin matiz alguno, flotan una decena de globos aerostáticos, inmensas bolsas multicolores de los que penden livianas canastillas de mimbres equipadas con unos hornillos que expelen llamaradas intermitentes. Aunque las canastillas lucen grandes números para identificar a cada uno de los globos todos parecen ir pilotados por la misma persona. Mientras los demás se elevan y se alejan más allá de las tapias que cercan el prado el globo número siete permanece flotando sin moverse, ni vertical ni horizontalmente. Su quietud se ve alterada con las constantes llamaradas que del hornillo salen cuando el piloto maneja el artilugio. La última de ellas es tan dragoniana que la tela del globo se incendia con tal voracidad que todo se derrumba y cae como si fuese una gran antorcha. Nos levantamos sobresaltados de nuestras bajas sillas y nos dirigimos al lugar de la caída. Entre las llamas veo salir a alguien de la canastilla incendiada. Aunque está de espaldas su figura me resulta conocida. Es una mujer de larga cabellera rubia vestida con un impoluto vestido blanco (el fuego no parece haber afectado ni a su cuerpo ni a su vestuario) que al girarse y ver al grupo que nos hemos acercado sonríe y nos dice: “Soy Daenerys, La Que No Arde”.

3 diciembre, 2018

Antes, durante y después

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 10:00

Antes

01/12/18 – Salgo a caminar a media mañana de esta jornada de reflexión electoral. Son muchas las jornadas de este tipo que ya he vivido y sigo sin entender el porqué de su existencia. En los primeros años de efervescencia democrática, cuando los ánimos estaban muy caldeados, veía lógico este descanso, este impasse, para que el alma se aquietara y el elector llegase sereno a la cita con la fiesta de la democracia (tenía que escribirlo). Pero, ahora, cuando la que manda es la indiferencia (salvo militantes excepciones), tendría que haber campaña electoral hasta un minuto antes que abriesen los colegios electorales. O no.

02/12/18 – Tras dos años y tres días he vuelto a cruzar la puerta, subir la escalinata, caminar por el amplio pasillo (mientras miro el patio central a través de los grandes ventanales) y entrar en el aula del rincón. En ella pasé un par de cursos; en otras, catorce cursos más. Hoy he vuelto al colegio, sin libros ni cartera, con un sobre verde y en su interior una papeleta del mismo color. Y minutos después, tras depositar el sobre con la papeleta en la urna, he desandado el camino y he salido del colegio con un montón de recuerdos.

03/12/18 –Anoche, mientras tomaba una copa de manzanilla de Sanlúcar esperando los resultados electorales al Parlamento de Andalucía, ya se dejaban sentir ciertas ondas sísmicas. Luego, a eso de las diez y pico, llegó el terremoto. Me cuentan, quienes viven por la capital, que los escaños del Hospital de las Cinco Llagas se movieron con estrépito y que desde el edificio de enfrente, en la Macarena basílica, se escucharon risas que provenían desde alguna tumba generala. Hoy, me despierto, pongo la radio y se habla de mi tierra del Sur con discursos tremendistas y apocalípticos. Y pienso que con ese tipo de declaraciones siguen alimentando el terremoto.

2 diciembre, 2018

Bajo los vientos de Neptuno – Fred Vargas

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:02

vientosCreo que este es el cuarto de los Vargas que leo. Estas historias del comisario Adamsberg son lecturas que no me agobian, que me arrastran hasta llegar al final sin necesidad de un excesivo rigor lector. En esta ocasión la autora nos presenta a un comisario metido de lleno en su pasado, en sus emociones y sentimientos más familiares, en la duda de lo que pudo haber hecho…

El encuentro subliminal con un antiguo asesino, las señales que le llevan a pensar que el Tridente (así se le conoce al malvado) ha vuelto, los indicios que va conociendo y que le llevan a pensar que la pesadilla escurridiza ha regresado, convierten al singular comisario en una persona confusa e insegura, temperamental y atormentada, capaz de dudar de sí mismo y de quienes le rodean; especialmente de su compañero Danglard, con el que mantiene una relación muy especial. Ese aspecto más personal de esta historia, más centrado en el propio Adamsberg, no evita que la estrategia narrativa de la autora se asiente en una serie de personajes secundarios que a veces llegan a rozar la extravagancia (esas señoras que le acogen en los peores momentos, una de ellas toda una hacker que desvalija a los millonarios) y a veces sirven para enjaretar apropiadamente la secuencia de los acontecimientos.  Y, como siempre, ese juego con el lenguaje, con las palabras que indican las pistas a seguir, esos pequeños misterios que componen las piezas del rompecabezas a componer, hasta que el criminal es descubierto.

Una pieza más de esta serie a la que volveré.

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