La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 junio, 2017

De trigal a rastrojo en veinte horas

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 11:21

 

clip_image002De madrugada había comenzado el verano oficial. El otro, el verano real, llevaba ya entre nosotros varios días. Así que haciendo caso al calendario y al refranero que lo sustenta llegó la hora de la siega: “En junio, la hoz en un puño”, “Sembrarás cuando podrás; pero por san Juan segarás”.

En dos días, en veinte horas, casi cien fanegas de tierra pasaron de trigal a grano dejando tras de sí los carros de paja, los días de arancía y sementera, la nacencia y el abonado, los tratamientos de herbicida y los paseos entre las espigas verdes que tomaban cuerpo. El ciclo se cerraba un año más con el transitar incansable de la máquina cosechadora, el devorador corte que nunca deja de girar y el crepitar de las espigas doradas cuando las cuchillas han cortado la fina y dorada caña que las sustenta. El grano cae a la torva como cae la fruta madura del árbol. Se acumulan los granos hasta que son expulsados violentamente de la panza de la máquina por ese brazo articulado que llena de kilos y cosecha la caja del camión. Será el último viaje de lo que comenzó siendo semilla cuando el otoño llegaba a su fin; un viaje hasta los graneros de una conocida y gallinácea fábrica de pastas. Allí tomarán la muestra para examinar las propiedades del grano; es como un examen en el que cada vez entra más materia: vitrosidad, peso específico, humedad, proteínas, índice de caída de Hagberg… Sabía que en este mundo del agro cada vez es más necesario tener conocimientos administrativos (papeleo, mucho, mucho papeleo) pero es evidente que también hay que saber de analítica de cereales, enzimas de amilasas, granos vítreos y sémolas, etc. Hay momentos que uno recuerda con nostalgia aquellos tiempos en los que lo importante era si el trigo estaba limpio, si había mucho grano partido o si tenía paulilla. Ahora todo está mucho más diversificado, más complejo. Y esa complejidad ha llenado este mundo agrícola de índices y parámetros, de artículos y decretos en los que las administraciones públicas y los grandes almacenistas siempre imponen su ley.

clip_image004Dejo ese pesar que el labriego debe sobrellevar con la mayor entereza posible para dejar constancia de esta siega que ya no te obliga al esfuerzo físico inhumano de la hoz y la trilla, del aventar parvas hasta la extenuación cuando el viento soplaba a favor, de la criba y la limpia con aquella máquina diabólica que llamábamos “caballito”, de la carga de sacos o el apaleo del trigo para que el incansable “tornillo” llenase las cajas de los camiones… Todo eso, afortunadamente, pasó a la historia. Y ahora uno se dedica a mirar y controlar mientras la máquina hace todos esos trabajos. Uno se refugia en la sombra de la cochera o en los aires acondicionados del coche, el camión o la cosechadora. Se ve la siega desde el asiento mientras se charla con los camioneros (los Antonios), los maquinistas (los Pepes, father and son), el hermano o el siempre coloquial Manolo. Pasan así las horas viendo transmutarse el trigal en campos segados que, tras convertir la paja en alpacas, será el rastrojo sobre el que el arado de levante actuará para iniciar un nuevo ciclo.

 

20 junio, 2017

Andamios – Mario Benedetti

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:39

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Me han gustado estos andamios con los que Benedetti construye la historia de una exiliado que vuelve a su patria, Uruguay, tras diez años de dictadura militar. Esos andamios son los capítulos del libro, las historias breves que nos va dando a conocer el protagonista para conformar ese desexilio siempre problemático de quien regresa al lugar de la tragedia que otros padecieron al no poder marcharse.

Los desexiliados siempre vuelven temerosos de no ser comprendidos, inquietos por tener que explicar el por qué se marcharon cuando sus compañeros no lo hicieron, preocupados por no saber qué país van a encontrar cuando ya casi forman parte de otro. Todas esas dudas desaparecen en nuestro protagonista cuando recupera las relaciones perdidas y se adapta a las nuevas circunstancias históricas y a las nuevas/viejas relaciones personales. Y lo hace sin perder el contacto con quienes se quedaron en el exilio que ya no es tal, en el otro lado del Atlántico, en la abuela patria (que dice un personaje) que salió de otra dictadura para vivir una etapa de renovada esperanza.

Este espléndido relato de vuelta a casa, de reencuentro con los camaradas y con la madre, es fácil y agradable de leer. La prosa fluida, el vocabulario de acá y de aquí, de allí y de allá, sirven para contarnos los sentimientos del protagonista, Javier, y las historias personales de aquellos que se quedaron en el infierno: el compañero trepa que se agarró a la democracia recién nacida y que tan importante será para el desenlace de la novela, la compañera que resistió la tortura sin soltar un nombre ni una dirección, el que se convirtió en mendigo soplón y en mendigo ficticio, la familia que se marchó a los USA buscando una vida mejor, el camarada fiel con el que compartir recuerdos y vivir el presente… Y junto a todas esas historias la manera de ver aquellos años ochenta y noventa a través de los artículos periodísticos que el protagonista escribe para mandar a esa España que le sirvió de refugio, y las cartas que cruzan el Atlántico de un lado a otro.

Puede que el fondo de la novela obligue a crear un ambiente de tristeza pero tal cosa no sucede. Benedetti consigue que disfrutemos de esta historia con ciertos momentos de nostalgia pero nunca de pesar, incluso en ocasiones hay lugar para la sonrisa en esta historia de reflexiones, sueños, recuerdos, cartas y diálogos, mezcla de críticas social y ternura personal. Todo un conjunto de andamios que han servido para una agradable y recomendable lectura.

19 junio, 2017

¡Lo que tiene uno qué ver!

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:15

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¡Lo que tiene uno qué ver! -dijo el señor mayor.

Y lo que nos queda -le contestó, con resignación, su amiguete.

Ese breve diálogo lo llevo oyendo… desde siempre. Antes, era a mis mayores a quienes se lo escuchaba: cabellos largos en los chicos, chicas minifalderas, el primer televisor en casa… Ahora, me lo escucharán decir a mí. No muy a menudo; pero, de vez en cuando, inevitablemente, se me escapa. La sorpresa ante lo inesperado, ante el cambio de costumbre, la ruptura de lo que uno creía tradición (ay, las tradiciones) in saecula saeculorum, la novedad chirriante, la intromisión de lo innecesario en nuestra vida… Todo ello nos lleva a ese otro mundo que está ahí, y que no veíamos, ese otro mundo al que no prestábamos atención por su simpleza o vulgaridad. Y entonces es cuando la experiencia, la edad, el saco de años que cargamos a las espaldas nos dice que no todo estaba visto, que lo imposible o impensable puede hacerse realidad. Y se nos queda cara de sorpresa. Y uno no puede evitar decir:

¡Lo que tiene uno qué ver!

Es decir, nada nuevo con lo que sorprenderse (aunque esto parezca una contradicción). Y más en los tiempos que vivimos.

 

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Información de altura

 

PS. Nos quedaba por ver: terroristas suicidas islamistas en las ciudades europeas, gente que se alegra con la muerte de un torero, partidos políticos actuando como organizaciones mafiosas, dos semanas de junio con temperaturas entre treinta y nueve y cuarenta y cuatro grados, los dirigentes del partido socialista volviendo a cantar la Internacional con el puño cerrado, un presidente del gobierno que suelta frases tan incomprensibles que se convierten en gags humorísticos…

18 junio, 2017

Alegría por los treinta y cinco

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:46

 

clip_image001Aquella noche un gran vocerío se oyó en toda la ciudad. Fue algo parecido al estruendo vocal que años atrás se escuchaba cuando el equipo local marcaba un gol y por las ventanas y balcones abiertos salían las voces de los aficionados. Ahora las actividades deportivas estaban prohibidas debido a las altas temperaturas. El griterío tenía otro motivo que ya les contaré.

La última ola de calor duraba ya varios meses. Caminar por las calles a ciertas horas se convertía en un acto casi heroico. Los escasos coches que circulaban a media tarde, cuando se detenían, mantenían los motores encendidos y el conductor de guardia; mientras, los otros pasajeros se adentraban en los grandes centros comerciales que aún tenían aire acondicionado. Las grandes máquinas que proporcionaban el alivio del aire frío en esos grandes almacenes funcionaban a todo rendimiento pues la mayoría de los pequeños comercios habían cerrado y el público se aglomeraba en las grandes superficies no sólo para comprar sino también para sobrevivir durante el día. En las azoteas esas máquinas eran vigiladas por guardias armados resguardados en garitas climatizadas. Todavía, algunas agencias extranjeras seguían engañando a sus compatriotas y vendiéndoles paquetes turísticos para visitar la ciudad. Algunos de esos turistas, atrevidos e ignorantes, habían encontrado la muerte a primeras horas de la tarde en la fachada sur de la catedral o intentando cruzar el puente romano. Las clases habían sido suspendidas una vez más. Tan sólo los centros educativos privados seguían manteniendo actividad aunque se habían visto obligados en numerosas ocasiones a cesar en su labor cuando gentes al borde del ahogo y la asfixia irrumpían en las aulas o en las estancias de los colegios mayores y otro tipo de residencias universitarias climatizadas. Equipados con mochilas frigoríficas los padres cargaban con los bebés que necesitaban salir de casa para revisiones médicas. De cuando en cuando, sobre el cielo grisáceo y la nube de calima, aparecían hidroaviones que años atrás habían combatido los incendios forestales. Los aparatos habían sido adaptados para descargar en forma de sirimiri el agua que portaban en sus depósitos; junto a ellos escuadrillas de helicópteros soltaban grandes bolsas de agua en los incendios que sorpresivamente se iniciaban en los parques y jardines de la ciudad. Aprovechando el conticinio nocturno y usando radiales los ladrones cortaban los soportes metálicos y cargaban las máquinas de aire acondicionado de los primeros pisos en la furgoneta. Cuando los vecinos se despertaban al oír el ruido del esmeril un disparo al aire del escopetero de la banda era suficiente para darles tiempo a concluir su faena. El tráfico clandestino de esas maquinas, y de las consolas sustraídas en los hogares que los pudientes habían abandonado para irse a vivir a zonas menos tórridas, se había convertido en un próspero negocio ilegal cuando la compra-venta de cobre había dejado de serlo. Uno de los oficios más peligrosos era el de los repartidores de barriles de cerveza. Desde que empezaron los robos nocturnos de máquinas de aire acondicionado algunas bandas habían derivado su actividad a los asaltos diurnos de este tipo de transporte. Los camioncillos que trasportaban los barriles hasta los restaurantes de los hoteles de lujo y complejos turísticos de alto nivel corrían el peligro de ser asaltados en cualquier momento. La mayoría de los bares pequeños habían cerrado y se había establecido una red de garitos cerveceros ilegales que contaba con una clientela fiel…

Aquella noche un gran vocerío se oyó en toda la ciudad cuando la Ministra del Tiempo Meteorológico anunció en una rueda de prensa televisada que para la próxima semana las temperaturas máximas no superarían los treinta y cinco grados.

16 junio, 2017

Amor sin censura

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

 

clip_image002Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos. Aquella habitación de un discreto hotel en las afueras de Madrid se había convertido en el refugio ideal para su relación. Calificar esa relación no era un misterio para ambos; era un desafío con el que ninguno de los dos se atrevía: ¿relación amorosa?, ¿relación sexual…? Demasiado fácil, demasiado tópico. En su relación había algo más que amor (¿lo había?), había algo más que sexo (lo había). En su relación había azar, contestación, irresponsabilidad, desenfreno, incongruencia, riesgo, miradas, contradicción, roces, hastío, aventura, algo de amor y mucho sexo.

Desde el primer día que se conocieron el primero de esos componentes decidió que sus puestos de trabajo fuesen contiguos. Es lo que tiene el azar: a veces, es juguetón. Sentados uno al lado del otro, codo con codo, compartirían muchas horas de cercanía física. Y aunque al principio no pasaban de un cortés saludo el tiempo agregó a su relación breves comentarios sobre el tiempo o el típico “ya estamos aquí otra vez”. Más era imposible: se sentaban muy cerca el uno del otro pero sus intereses eran opuestos. Digamos que no eran enemigos pero sí rivales. Sus funciones eran tan antagónicas que no había posibilidad de que entre ellos se estableciese una relación más profunda; no digamos ya de amistad. Por eso, repito lo que dije al comenzar esta historia: Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos.

Pero ocurrió lo que parecía imposible. Las frases se alargaron, las miradas se intensificaron, y un día quedaron fuera de la cafetería del trabajo para tomar una copa. Hablaron de sus vidas, de sus gustos y aficiones, de cómo había llegado a ese puesto de trabajo. Y en todo seguía rigiendo el antagonismo, la misma incompatibilidad que tenían las funciones laborales que ahora desarrollaban uno muy cerca del otro: él, de clase medía conservadora; clip_image004ella de clase medía progresista; él, del Real Madrid; ella, del Atleti; él, de “House of Cards”; ella, de “American Crime”; él, de vestuario clásico; ella, de ropa desenfadada… Pero, allí estaban, en aquella habitación de un discreto hotel a las afueras de Madrid. Habían pasado la noche juntos, tras inventar mil excusas para que los unos y los otros nada sospechasen, y ahora, bien temprano abandonaban por separado el hotel siendo fieles a sí mismo: él, en un taxi; ella, en metro.

Un día más se encontraron en sus asientos de trabajo: “Ya estamos aquí otra vez”, dijo él; y ella no pudo evitar sonreírle. Pero aquel día no era “un día más en la oficina”, como solían decir al despedirse. Aquel día el jefe de ella optaba a un ascenso importante. Y allí estaban ellos, codo con codo, aplaudiendo por turno, mirando desde varia filas más arriba la coleta del jefe de ella y el clásico corte de pelo del jefe de él.

14 junio, 2017

Canadá – Richard Ford

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:04

 

clip_image002Me gusta que un libro tenga un comienzo impactante, un arrancar llamativo para el lector, un inicio que enganche a la lectura. Ya habrá tiempo para que llegue el desengaño, para que desaparezca el interés, de que aquello que parecía irresistible se vuelva anodino. O puede que eso no suceda, y lo que comenzó bien siga así. Sea lo que tenga que suceder, por lo pronto, uno disfruta de ese comienzo rotundo.

Este “Canadá” es uno de esos libros de inicio poderoso: “Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en la senda que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase esto antes que nada.”

En ese comienzo está también otra de las características del libro. El autor nos adelanta con frases breves lo que va a suceder. Y lo hace a menudo. Pero ello no es obstáculo para que la intriga permanezca. Y en ese reto, Ford sale victorioso.

Por lo pronto sabemos que los padres del narrador, un adolescente estadounidense que cumple quince años en 1960, van a atracar un banco. Sabemos también que va a ver unos asesinatos. Y hasta llegar a cada uno de esos hechos determinantes habrá que esperar, habrá que devorar páginas y páginas de una historia muy bien contada. Cada uno de esos hechos dan vida a las dos partes del libro. Hay una tercera, un epílogo, una coda, en la que el joven Dell, con sesenta años, vuelve a reunirse con su hermana gemela. Pero, como bien dice el protagonista: “el atraco es la parte más importante”. Para mí también es la mejor parte del libro. Porque la segunda, obviamente, es consecuencia de la primera. Pero no es hija de ella, se alimenta de lo sucedido hasta conformar una nueva historia que no alcanza el grado de perfección literaria que tiene la primera.

Hay una enorme reflexión sobre la vida en este libro. Hay una desaparición del amor, hay un estudio sobre el valor que tienen ciertas decisiones que se toman, hay la afirmación de que ciertas personas acaban haciendo lo que siempre han querido hacer (independientemente de la legalidad, e incluso de la moralidad de esas acciones), hay un tratamiento exquisito de los paisajes en los que los protagonistas deciden asentarse, etc. Hay tantas cosas positivas que “Canadá” es una de las buenas lecturas, de las grandes novelas que he leído últimamente.

13 junio, 2017

Guardiola volvió a equivocarse de táctica

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 9:13

 

clip_image002El pasado domingo dos deportistas españoles, uno que lo es y otro que lo fue, salieron en las noticias. Uno, por hacer historia; otro, por hacer el ridículo. Rafael Nadal ganaba su décimo Roland Garros mientras Pep Guardiola discurseaba en apoyo del referéndum independentista de Cataluña. Está claro que ganar diez veces el principal torneo tenístico de tierra no es hacer el ridículo, ergo ese papel queda adjudicado al orador.

No voy a incidir detalladamente en las veces que Guardiola vistió la camiseta de la selección española de fútbol, no voy a concretar las ganancias que obtuvo con ello (económicas y de promoción personal). Todo eso es más que conocido. Ni siquiera voy a comentar, porque ya llevamos dos días soportándolo, esas declaraciones disparatadas, ridículas, en las que pedía ayuda internacional contra el autoritario Estado español. Tal irracionalidad se califica por sí sola. Tampoco voy a recordar la relación que Guardiola tiene con Qatar, ese Estado que para él debe ser no autoritario. Todo ello son razones que desmontan las falacias que el entrenador metido a orador expuso el domingo en Barcelona.

Uno, que es culé confeso, recuerda que ya se sintió molesto cuando hace años, en 2010, en un problema de desplazamiento que el club tenía que hacer a Pamplona, el entonces entrenador del Barça dijo: “Nosotros somos de ahí arriba, de un país llamado Cataluña, nosotros pintamos poco…”. Me sonó a discurso nacional – victimista. Me pareció ridículo (también aquella vez) que el entrenador de un club como el Barcelona se arropara en ese lenguaje. Ese victimismo usado como chantaje siempre me ha parecido despreciable pues me lleva a pensar que la víctima no es tal sino que utiliza una situación que no le es favorable para obtener un beneficio del tipo que sea. Y cuando eso lo hacen gentes a las que se supone alta capacidad intelectual caen en el más grande de los ridículos porque de ellos se espera una argumentación más sólida, una explicación despejada de tópicos de bar y de eslóganes manidos. El domingo, Guardiola, volvió a equivocarse en la táctica.

12 junio, 2017

Embadurnado en tierra arcillosa

Filed under: A bote pronto — Nicolás Doncel Villegas @ 11:27

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Este tipo maniático, que no pisa nunca las líneas blancas de la pista, que retrasa el saque con sus múltiples tics (incluido el de colocarse bien los calzoncillos), que ganó el primero siendo un chaval con pinta de poligonero, luciendo greñas, pantalones piratas y camiseta de tirante color psicodélico, este tipo lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a ganar el torneo de la tierra batida, el torneo que durante las dos primeras semanas de junio es preludio del mes en el que las carreteras estrechas y saltarines de ese país se llenarán de ciclistas y aficionados al ciclismo. Roland Garros ha vuelto a ser patrimonio, por décima vez, del chico de Manacor, ése al que cualquier señora de bien querría como yerno por su educación y buena fortuna.

Rafa Nadal ha vuelto a hacerlo después de pasar penalidades físicas en los dos últimos años. Ha renacido para embadurnarse en rojo arcilloso una vez terminado el partido. Ha regresado para anotar en el palmarés de la pista central parisina reveses ganadores, esfuerzo sin límites, pelotas liftadas y el número 10 que quizás nadie vuelva a conseguir. Y lo ha hecho a lo grande, venciendo sin contemplaciones a sus rivales, no cediéndoles tiempo ni espacio para el resuello, ganando sin titubeos, como lo hacen los campeones. Sus estadísticas lo colocan entre los más grandes y uno piensa cuánto más hubiese ganado de no coincidir en el tiempo con el tenista que más clase y estilo ha tenido en la historia de este deporte, ¿cuántos torneos más tendría Rafa si no hubiese coincidido tantas veces en la pista con Roger Federer? El fino estilista suizo y la potencia controlada del mallorquín han dado tardes de disfrute en pistas de tierra o de hierba, en París o en Wimbledon. Ahora, cuando la edad no perdona y el gran Roger ya no está entre los cuatro primeros, el gran Rafa ha vuelto para decir: aún sigo aquí.

11 junio, 2017

Acera de sombra

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:06

clip_image002[6]Aquí en el Sur, en el Valle del Guadalquivir, hoy será una jornada de verano. Ya llevamos varios de esos días en los que hay que buscar el refugio de las sombras y deleitarse con un helado al gusto preferido. Uno de los últimos que comí fue hace ya varios días, un compuesto de tiramisú y leche merengada, en buena compañía y sentado bajo una arboleda sevillana. En casa, el de chocolate nunca falta.
Lo que más me ha gustado de la entrada de nuestro anfitrión ha sido la expresión “acera de sombra”. Tiene ese regusto de vocabulario taurino, tan amplio, tan rico, que enlaza a la perfección con el encuentro casual del amigo aficionado a los toros. Las aceras de sombra son los caminos del alivio. Desde hace unos días, hasta que finalice septiembre, cada día, en cuanto el sol ha acabado de desperezarse, hay que buscar esas aceras como el que busca la recacha soleada en las frías mañanas invernales. Caminamos por ellas, pegados a las paredes de los edificios creadores de sombras, y nos encontramos los vecinos cediéndonos el paso según las viejas normas de urbanidad: el joven al viejo (cada vez menos), el hombre a la mujer (¿será esto pronto micromachismo?, ¿lo es ya?), el que se acompaña con perro al que camina con un niño de la mano…
Hasta que el sol se ponga y todas las aceras sean iguales.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Citas instantáneas

PS. Viendo las previsiones, no sólo habrá que buscar las aceras de sombra sino las corrientes de aire, el agua fresca del botijo de barro, el sombrero de paja y todos los medios modernos que sean capaces de aliviar la solanera pertinaz de este junio tórrido, la canícula que atosiga, la calorina inclemente que castiga cuerpos y almas. ¿Será el castigo que la naturaleza nos impone porque el mandamás anaranjado de allende el océano disparata contra ella? Pero, ¿qué culpa tenemos estos humildes habitantes del Sur Ibérico asentados en el Valle del Guadalquivir para tener que soportar esto?

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7 junio, 2017

La vida negociable – Luis Landero

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:24

 

clip_image002Esta es la cuarta novela que leo de Landero. Para mí es el novelista español vivo que más me atrapa con sus historias, es el novelista más puro, me atrevo a decir… más cervantino.

Landero agarra un personaje y lo exprime para construir una historia llena de matices. Ese personaje es tan peculiar que sus vivencias se mueven en un mundo que puede ser tan real como disparatado. En este caso el personaje es Hugo Bayo, del cual se nos cuenta su vida desde que siendo casi un niño descubre misterios familiares que le rompen su mundo ideal, hasta su madurez de hombre que ha vivido sin encontrar una vida plena. Porque toda la vida de Hugo ha sido una vida negociable, una vida de intercambio emocional, de experiencias volátiles, de idas y venidas entre el presente que no satisface y el futuro imaginado con el que será feliz. Pero una vez que inicia el camino hacia ese futuro llegan las dudas. Y si culmina el camino llega la desesperanza de ver que lo esperado no es lo que se esperaba. Ese vaivén emocional lo cuenta Landero en capítulos con ritmos que van in crescendo, con una prosa ágil y natural capaz de hacernos sentir lo que siente el personaje, hasta que al final de cada capítulo estalla ese devenir buscado como una explosión que abre una nueva vía de escape.

Hugo Bayo es como un gran charlatán que en primera persona nos hace partícipe de su vida. De la misma forma que lo hace con su pareja femenina, Leo, tan poco femenina. Junto a ellos, Landero recurre a personajes secundarios magníficos: los padres de Hugo y Leo parecen sacados de películas de otros tiempos. El brigada Ferrer y la coronela son comparsas extraordinarios de una parte de la vida de Hugo, la vida militar en la que descubre por primera vez que puede ser alguien útil pero que esa utilidad allí descubierta no le satisface. Y cuando llega el final de la novela todo parece adecuarse para que Hugo alcance esa felicidad que anda buscando. Reaparecen personajes que creía desaparecidos, parece encontrar el lugar en el que vivirá feliz… Pero entonces todo queda en una vaga expectativa, nada se concreta, lo que le lleva a decir a nuestro personaje: “A lo mejor la vida, o al menos la mía, consiste sólo en eso, ir de camino a lo que salga”.

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