La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 octubre, 2018

Titulares de un mundo mágico

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:04

gaitas

20/10/18 – La imagen está formada por dos capturas de pantalla del digital de El País a las doce de la mañana. La primera frase es de David Marsh, experto en bilingüismo. La segunda es del historiador e hispanista John H. Elliott. Estaban una debajo de la otra, separadas tan solo por la foto de Elliot (que he eliminado por cuestión de espacio). Las leí (falsas expectativas, realidad virtual) y pensé que trataban del mismo asunto.

21/10/18 – El sábado, viendo por televisión parte de la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias, escuchando música de gaitas, sentí que podría ser de los pocos que echaban en falta la presencia de una de las ganadoras. La creadora del comisario Adamsberg, la escritora francesa Fred Vargas, se disculpó y no asistió a la entrega. Lástima.

22/10/18 – Diez libros (2). Cien años de soledad (Gabriel García Márquez). En casa hay varios ejemplares de esta novela. El de la foto es el más viejo, de noviembre de 1982. Pero, mi primera lectura del universo Macondo no fue en esa edición de Austral sino en un ejemplar sacado algunos años antes de aquella biblioteca que había en el local de la OJE, aquella biblioteca que me surtió de lecturas en los primeros años setenta. Mágina de Muñoz Molina, Macondo de García Márquez… Habrá que cambiar de registro para el número tres.

21 octubre, 2018

La hoja roja – Miguel Delibes

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:22

hojaEn los librillos de papel de fumar existía, no sé si existirá todavía (no he sido nunca fumador y sé poco de ello), una hoja roja que avisaba del cercano final de ese material fumable. Esa es la hoja roja que da título a esta novela del siempre fiable Delibes.

Cuando el protagonista de la historia se jubila de su trabajo como encargado municipal del área de limpieza y basuras, cuando el mismísimo alcalde le concede honores (medalla incluida) en el acto de su despedida laboral, el viejo Eloy siente que le ha salido la hoja roja de su vida, que ya son pocos los papeles de vivir que le quedan en el libro de su existencia. Junto a ese final que se acerca, Delibes contrapone el porvenir de una vida joven, la de la muchacha (lo del viejo y la muchacha son expresiones del autor), la Desi, la joven criada venida del pueblo a servir al señorito sin muchos posibles. Esa contraposición de personajes, de historias, de vidas tan diferentes sustentan esta historia repleta de soledad, de vejez, de ilusiones. Los recuerdos del viejo Eloy se entremezclan perfectamente con los proyectos de amor y vida de la muchacha, la Desi, y en esa relación de señor y sirvienta se va fraguando algo más que una simple relación laboral. Junto a ambos desfilan otros personajes secundarios que dan lustre a esta historia: el viejo Isaías (compañero de paseos y memoria de Eloy), el Picaza (el amor de la muchacha al que le pierde el pronto que tiene), etc.

Escribe Delibes una historia en la que se repiten frases que asientan la historia, juega con el lenguaje dual del jubilado funcionario y de la chica de pueblo, mezcla fases de cierta amargura con momentos de humor y cariño… No sé si para un jubilado es la lectura apropiada cuando uno ve asomar la hoja roja de su particular librillo vital, pensé mientras comenzaba a leer. Después seguí leyendo con agrado la prosa de Delibes.

19 octubre, 2018

Una pausita entre diez libros

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 12:14

pausa

17/10/18 – El uso de los diminutivos en una conversación, además de recordarme a Ned Flanders, me parece que debe ser comedido.

18/10/18 – La foto es de mediados de agosto. La miro hoy y veo que sobre un viejo balón casi desinflado descansa la caminante de pies descalzos. La que ya va dejando de ser una niña chica apoya su cabeza en la esférica realidad de su mirada fija, de sus pensamientos indescifrables, del mundo de juguetes que la rodeaban en esa mañana veraniega. Antes de esa imagen debieron pasar muchos minutos de idas y venidas por el salón, de rodeos incansables alrededor de la mesa, de chapurreos verbales en los que asomaban palabras que los mayores comenzábamos a comprender, de peticiones a la abuea para que la llevara al Jardín del Lirio y allí seguir quemando energía entre vaivenes de columpios y olímpicos descensos de tobogán. Pero, en ese momento hay una quietud de paz, una pausa entre paréntesis. En ese instante, con sus pies y sus manos apoyados en el suelo, con su mejilla descansando en el balón, hay un mundo detenido, una emoción relajada, un efímero descanso temporal en el que la niña de pies descalzos detuvo su universo por unos segundos.

19/10/18 – Diez libros (1). El viento de la Luna (Antonio Muñoz Molina). Lo leí hace diez años pero lo que en él se cuenta sucedió hace cincuenta, cuando su autor y el que esto escribe (ambos nacimos en 1956) andábamos poniendo fin a la infancia y adentrándonos en la insoportable pubertad de aquellos años  grises. Al terminar de leerlo, agosto de 2008,  escribí: Yo tampoco vi moverse el viento de la Luna. Lo que sí hice fue disfrutar del universo Mágina creado por el autor de Úbeda.

18 octubre, 2018

Diez libros

Filed under: Varios — Nicolás Doncel Villegas @ 9:57

librosEn el mundo cibernético cada vez me recluyo más en esta Girola. Busco un rinconcito en penumbras entre capillas  para ver pasar a los peregrinos que por este mundo virtual transitan. Me recojo para reflexionar en aislamiento y escribir con la mirada oteando mi corto horizonte. Tan solo abro la puerta disimulada de uno de los absidiolos para que el aire girolino llegue al universo de los facebook, twitter, foros y cenáculos. Pero, cada vez soy menos activo (se dice así hoy, antes decíamos participativo, militante…) en todo ese mundo.

Dicho lo cual, me llega un enlace, un email (no sé) de mi amiga Alicia Iso en el cual se me nomina para continuar uno de esos “juegos” en cadena cibernética en los que nunca participo. En este caso se trata de citar diez libros que uno desearía que se leyeran, que le han marcado en su vida…  Haré una media excepción en este caso. Iré dejando en la capilla “Cosa que de contar fuese” algunos de esos libros (que pueden ser unos o podrían ser otros, porque me cuesta siempre elegir) que han tenido algo que decir en la vida de uno. Lo haré como un ejercicio de memoria sin criterios rígidos, orillando la idea inicial del juego. Habrá libros de hace muchos años y otros menos viejos (imagino que será así), de autores, estilos y asuntos diferentes (espero que así sea), no estarán los libros que se perdieron en alguna mudanza y otros que leí pero no poseo ni nunca poseí materialmente, tampoco estará alguno que podría elegir entre las lecturas ebookianas de los últimos años.  En fin, una versión personalizada (deteriorada) de la idea inicial, como hacían algunos de mis alumnos cuando cambiaban a su gusto las reglas de los juegos en el patio de recreo. Mañana el primero.

17 octubre, 2018

Piedras fantasmales

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 9:34

piedrasEn el tramo esponjoso del camino, ese en el que la zahorra ha perdido consistencia, el coche deja las primeras rodadas de este año agrícola. Cuando llego a la era siento que el suelo pretende abrazar las zapatillas de deporte que calzo en esta mañana de octubre en la que el sol coquetea con una gran nube desparramada que llega desde el oeste. Ha llovido estos días pasados y el ambiente comienza a ser otoñal. No hay faena de campo por hacer, no se oyen motores de maquinaria ni se ven arados que muevan la tierra. Los tonos pardos dominan el paisaje, algunos restos de troncones de girasol han sobrevivido y parecen buscar refugio junto a las piedras fantasmales que emergen tras cada arancía. Una avispa despistada revolotea aún alrededor del depósito de agua que rezuma livianamente. Poco después la avispa atemporal se aleja hacia las pocas flores rosáceas de la adelfa que todavía no se han marchitado. En la parte de la era que da la mano al camino se ven las señales de someras escorrentías que la lluvia originó al caer con fuerza; son pequeñas cicatrices creadas por la fuerza de las primeras lluvias. En la higuera ya no quedan restos de los higos negros que hace unas semanas eran deleite para insectos atrevidos y los almendros se muestran mustios frente al verdor intenso del laurel. Un ligero viento de poniente me acerca las voces de quienes deben andar por entre los olivos vecinos; escucho frases entrecortadas: “…últimas lluvias, rendimiento…”. Al otro lado de la era, en otras tierras vecinas, una ligera acumulación de agua embalsada junto a un talud luce como un espejo resquebrajado.

Hemos venido a diseñar sobre el terreno, a pie de campo, el plan de siembra. Vamos a distribuir las parcelas según los distintos cultivos que habrán de venir. Nos ayudamos de planos con nomenclatura catastral y de superficies en hectáreas, dejamos en el pasado la tradicional fanega con la que siempre se midieron estas tierras y ajustamos la distribución a la normativa europea del pago básico y del pago verde, eso que llaman greening , y que parece un atrevimiento colorista frente al dominio pardo que me rodea.

16 octubre, 2018

Con bandera o sin bandera hago siempre…

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 9:00

bandera

13/10/18 – Suelo coincidir con las opiniones de Fernando Savater en muchos ocasiones. La última ha sido con lo que escribía en su artículo sabatino: “Más allá de las creencias de cada cual, debemos reconocer que los edificios civiles más hermosos de Europa son siempre iglesias: por su arquitectura, por su decoración artística y por el espíritu transtemporal que reina en ellas.” No siempre, pero casi siempre sí.

14/10/18 – Qué hartazgo de quienes se empeñan en que todos los balcones luzcan banderas. Qué hartazgo de quienes se empeñan en que las banderas no luzcan en los balcones. Me asomo a mi balcón (¿con bandera?,  ¿sin bandera?), cae fina la lluvia y la luz de las farolas ilumina un amanecer perezoso reflejado en el espejo de los suelos mojados.

15/10/18 – Desde mi ventana 1: Camina con pasos rápidos esa mujer de mediana edad. Puede que la premura tenga su razón de ser en la ropa que viste: pantalón corto y camiseta de manga sisa. No está el día para vestimenta de verano. Se nota ya el rigor otoñal. Esa manga sisa parece querer robarle un tiempo al verano que se fue pero tan solo ha conseguido poner frío en el cuerpo y prisa en el caminar.

16/10/18 –Foxtrot es el nombre de un baile nacido a principios del siglo pasado. También es el título de una película israelí de la que la ministra de Cultura de ese país dijo: “Es una película que destruye a Israel”. Para mí es una película a la que pueden acompañar todos los sinónimos del verbo destruir, pero, usados de manera positiva: Es una película que deshace los engaños, que arrasa con los traumas, que desmorona la falsa unidad ideológica…

14 octubre, 2018

Disparos en Downton Abbey

Filed under: En_sueños — Nicolás Doncel Villegas @ 9:41

downtonHe llegado por una camino de grava mirando la arboleda a través de la ventanilla del viejo auto conducido por un chófer con gorra de plato. Ya en la casa observo los grandes cuadros colgados en las paredes y en la escalera que sube al primer piso de la mansión. Un señor con cara, traje y prestancia de mayordomo inglés de principios del siglo XX me invita a salir a los jardines y me acompaña hasta donde se encuentra el señor de la casa. Mientras camino hacia él me giro y observo la grandiosidad de la construcción, una fachada que me recuerda a la de Downton Abbey. Ahora sé de dónde provenían esos estampidos que escuché mientras el coche me traía hasta aquí. Un grupo de señores disparan con escopetas que son cargadas por sirvientes tras cada descarga. El señor de la casa me comenta algo cuando llego a su lado. No entiendo con claridad lo que me dice porque en ese momento hay un gran estruendo de tiros pero intuyo que me está invitando a disparar con la escopeta que me ofrece el circunspecto mayordomo. Le digo que no soy aficionado a las armas y que solo he disparado cuando lo hice obligatoriamente siendo soldado. Me doy cuenta de que un caballero vestido con uniforme militar me mira de soslayo y con un gesto tan grave que no tengo más remedio que agarrar torpemente la escopeta. Miro a los demás escopeteros disparar a una especie de platos que son lanzados por un artilugio mecánico y que al llegar a cierta altura despliegan unos pequeños paracaídas de los que cuelgan una especie de estandartes que llevan impresos rostros de personas que desconozco. Llegado un momento los escopeteros dejan de tirar, entregan sus armas a los lacayos que les asisten y me miran. El señor de la casa hace un gesto con la mano invitándome a que me prepare para disparar. Coloco la culata sobre mi hombro y el dedo índice en el gatillo, separo ligeramente las piernas, escucho el sonido mecánico de la máquina lanzadora y al instante veo como el plato alcanza altura, despliega el paracaídas, y en el estandarte que cuelga de él veo impresa mi propia imagen.

12 octubre, 2018

Introduzca el boquerel en el depósito

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 11:01

boquerel

09/10/18 – Se encuentra uno de manera inesperada con palabras cuyo significado desconoce aunque los objetos a los que denominan sean de uso cotidiano. El otro día, mientras lleno el depósito de gasoil del coche (¡cuántas veces lo habré hecho!) me percato que las instrucciones sobre cómo hacerlo están numeradas en una plaquita que está pegada al surtidor: “…introduzca el boquerel en el depósito…”. Cuarenta años de sinécdoque llamando manguera al todo, cuarenta años usando el boquerel (tan sonoro, tan poético) y ni siquiera conocía su nombre.

10/10/18 – Cambiamos el rumbo habitual de la caminata vespertina porque quiero ver las obras que están haciendo en un terreno al otro lado de la autovía. No hay nada construido, solo allanamiento del terreno. Le comento a mi santa: “Esto no es obra pública. No hay grandes cárteles en los que se anuncie la administración que la realiza”. Y pienso para mí: Esos carteles aparecerán pronto por doquier. Vienen tiempos electorales.

11/10/18 –  El señor que aparece en la foto se ha calado las botas de goma y cambiado la raqueta por una pala para ayudar en las tareas de limpieza tras las inundaciones habidas en Mallorca. Puede que sea una pose, puede, pero yo apostaría mi vieja raqueta de tenis a que Rafael Nadal no está posando.

12/10/18 –  Un joven Josep Pla escribe en “El Cuaderno gris”: “A mí, siempre me ha parecido que las mujeres hacen perder mucho tiempo. Debo de haberme equivocado. Siempre me ha gustado más perder el tiempo vagando o escuchando o leyendo. He sido lo que la gente llama un infeliz.” Dejo de leer, rememoro algún tiempo pasado, de una muy lejana juventud, y me reconozco en ese párrafo. Sonrío y me confirmo a mí mismo que, en aquellos momentos, aunque algunos lo pensasen, no fui nada infeliz.

10 octubre, 2018

La mujer justa – Sándor Márai

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:31

mujerTres monólogos, tres historias contadas por los tres personajes de este triángulo amoroso (y mucho más), tres versiones de esa historia común que viven Péter, su mujer Marika y Judit, la criada que completa el triángulo. Pero, no se piensen que “La mujer justa” es una simple historia de amor y desamor. No. En ese mucho más que decía antes caben la visión de una sociedad comprimida entre las dos grandes guerras, la pasión por dejar de ser parte de una determinada clase social (la burguesía), el afán por escapar de la pobreza y la servidumbre, el intento por comprender los sentimientos que escapan de la simpleza con la que los demás ven lo que otros sienten, el retrato de los celos, la soledad, el deseo o la muerte…

Marika cuenta la historia a una amiga, la historia de ese desamor que percibe en la corrección matrimonial y social de su marido. Peter cuenta la misma historia a un amigo, la historia de ese deseo reprimido que siente por otra mujer y que por fin le hace tomar la decisión de romper con lo que representa su status  de hombre casado y perfecto representante de la burguesía húngara. Judit cuenta la historia a un amante, cuando ya todo pasó, la historia de una pobre chica que aspira a huir de la pobreza y lo consigue materialmente aunque sabe que nunca llegará a ser como aquellos a los que sirvió.

Esas historias individuales, que son la misma historia, nos exponen las convenciones sociales de la época, la moralidad de los individuos y la mentira que subyace bajo la apariencia de los estrictamente correcto, el derrumbe de ese mundo con la llegada de la guerra, las dudas sobre el nuevo orden que se avecina. Todo ello, y mucho más, contado con maestría narrativa en esos tres monólogos perfectamente equilibrados que nos permiten conocer no solo lo que sucedió a los tres protagonistas sino también el aporte de otros personajes secundarios entre los que destaca el escritor Lázar. Llamar personaje secundario a Lázar quizás no sea lo más justo. Ese escritor, que no monologa, está presente en las tres visiones y da cohesión a toda la historia. Es el testigo siempre presente que nos ayuda a recordar lo vivido, lo contado, con anterioridad por los protagonistas.

Quizás no exista la mujer justa , esa que se adapte a la perfección a lo que el otro desea. Como tampoco existe la novela justa, la historia perfecta que satisface todos los anhelos del lector.  Pero, esta de Márai se acerca bastante a ello. Es una gran novela.

8 octubre, 2018

En la hora más oscura

Filed under: Cosa que de contar fuese — Nicolás Doncel Villegas @ 10:00

hora

05/10/18 – Veo la película “Stefan Zweig. Adiós a Europa”. Cuenta los últimos años del escritor austriaco en su exilio americano huyendo del nazismo. Es una visión realista, sencilla, de ese tiempo que Zweig pasó en Estados Unidos, Argentina y, sobre todo, Brasil, país en el que se asentó. Sin llegar a entusiasmarme hay algo en la película que me ha gustado: la mirada perdida, el vacío emocional que por momentos transmite el actor que interpreta al escritor. Esas miradas, ese estar sin estar, anuncian el trágico final.

06/10/18 – Se resiente el cuerpo tras el ejercicio físico del día anterior. Protestan las articulaciones que llevan una vida más acomodada, se manifiestan sin pudor  las agujetas musculares, el andar se vuelve patoso y el acto de abandonar el confort del sillón se convierte en una gesta de alpinista. La mente, entonces, me recuerda que el hombre no es un ser sedentario y que hay que volver a caminar. Vamos, pues.

07/10/18 – Hay veces que uno se engaña a sí mismo para seguir viviendo con un mínimo de tranquilidad mental. El autoengaño puede, también, tener un efecto contrario convirtiéndose en un factor nocivo para la vida de quien a él recurre frecuentemente. Sentadas ambas premisas me sobreviene la duda: ¿Es un autoengaño salir a caminar temprano con la intención de mejorar físicamente y acabar la caminata desayunando una buena ración de churros? Perdonen los que esperaban un pensamiento menos grasiento.

08/10/18 – Hay unos versos de Roberto Bolaño que dicen: Te visitan en la hora más oscura / todos tus amores perdidos. Y piensa uno: ¡si tan solo fuesen los amores perdidos!  En la hora más oscura te visitan también los seres de miedo, los fantasmas que no se cubren el rostro, los amores fingidos, los recuerdos que quisiste y nunca pudiste borrar… Incluso algunos de ellos aparecen juntos, de la mano, acompañándose y acorralándote para que esa hora parezca no tener fin. Hace un tiempo que no recibo tales visitas. Qué dure.

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