La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

14 marzo, 2017

Sentado a la sombra del laurel

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 12:25

Esta es la segunda parte de mi crónica sabatina. Si anteayer escribía sobre el uso del verbo “tratar” aplicado al mundo agrario hoy traigo otro verbo: cohechar. Si del primero hacía un uso bastante libre, en éste me atengo a lo puramente académico: cohechar es dar a la tierra la última vuelta antes de sembrar. Lo que solemos llamar la última arancía antes de la siembra.

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Mientras el trigo de La Venta era tratado con herbicida me desplazo a Vadoseco para ver cómo lleva Manolo el cohecho de las tierras que acogerán la semilla de girasol dentro de unos días. Junto a la linde, el tractor de cadena, con el escarificador enganchado, se detiene con un estruendo de hierros y un alboroto de tierra removida. Charlamos sobre las parcelas a sembrar, la conveniencia de dejar más tierras en barbecho, la normativa que la Comunidad Europea impone en la PAC, la cantidad de piedras que “dan” estas tierras cada vez que las rejas abren los surcos:“Si fuese oro seríais millonarios”, dice Manolo. Tras la charla el tractor se aleja con el mismo estruendo sonoro con el que llegó, volteando la tierra y dejando un contraste de color y textura entre lo cohechado y lo que queda por arar; los terrones levantados, de un marrón intenso, contrastan con la tierra que fue rastrojo y con el verde de las hierbas que se resguardan en la linde ante la llegada de la reja.

clip_image004Hace calor cuando se acerca el mediodía. Pasada la hora del Ángelus (esto debe ser reminiscencia del programa que escuché en la Cope a primera hora de la mañana) hay que desprenderse de la camisa y caminar en camiseta cual si fuese el mes de mayo. Como todo va viento en popa, que diría el clásico marinero, vuelvo a La Venta para seguir el “tratamiento” del trigo. Y que mejor manera de hacerlo que sentado en una buena sombra con vista al trigal. Puedo elegir entre la sombra extensa y sin fisuras que proyecta la cochera, la del llamado laurel de flor o laurel de jardín, que no es otro que la tóxica adelfa, la de la palmera, la del almendro agrio o la del auténtico laurel. Sin dudarlo elijo éste último. Así pues, sentado a la sombra del laurel (que podría ser el título de una buena novela), leyendo unas páginas de “El cuaderno gris”, de Josep Pla, me dispongo a dar fin a la jornada sabatina de labriego en este país de sol y luz, que diría el escritor ampurdanés.

12 marzo, 2017

Mágicos líquidos diluidos en agua

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 11:35

Los sábados que me pongo la ropa de labriego, mientras me encamino a la tierra cultivada, intento aumentar la afinidad de la persona con la tarea escuchando en la radio del coche el programa Agropopular, de la Cadena COPE. Escuchar un programa sobre asuntos agrarios en la conservadora cadena de radio aumenta esa afinidad pues el mundo agrícola suele ser tradicional y conservador, excepciones aparte como las del sindicalista Diego Cañamero que lleva la revolución en sus ideas y llamativas camisetas.

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Vamos a “tratar” el trigo. El uso del verbo tratar para designar la acción por la cual el trigo es rociado con herbicida no sé si será académicamente correcta pero es la que llevo oyendo y usando desde hace muchos años y con la cual nos entendemos por estos parajes. Hay en el diccionario de la RAE algunas acepciones que podrían justificar tal uso:

11. tr. Quím. Someter una sustancia a la acción de otra. Tratar agua con azufre.

12. tr. Tecnol. Someter una sustancia o material a un proceso para purificarlo, analizarlo o darle otras pro-

piedades. Tratar los aceros.

La número once bien podría ser válida puesto que agua y productos químicos (con perdón ecológico) se usan en el proceso. Y en la número doce algo hay también puesto que sometido el trigo a las sustancias anteriores deviene un estado de “purificación” como es la desaparición de las malas hierbas.

La mañana es magnífica. De los diez grados llegaremos a los veintidós. El campo presenta un aspecto de primavera plena. Camino por las rodadas que deja el tractor para ver la fogosidad de la hierba de hoja ancha con la que hoy peleamos. Las lluvias de la semana pasada y los días soleados que han venido después han hecho que descuellen por encima del trigo, sobre todo los vistosos jaramagos de flores amarillas. Le pregunto a P. si “las hemos cogido a tiempo” pues tengo la sensación de que nos hemos descuidado unos días. Me comenta que es el momento oportuno y que el “producto” hará su efecto antes de que sigan apoderándose del valor añadido que en forma de urea le administramos al trigo hace un par de meses. Qué así sea y que dentro de unos días comiencen su afligimiento, la pérdida de su poderío vital causado por esos mágicos líquidos diluidos en el agua de los depósitos del tractor y que se desprenden como una fina lluvia de los alargados y articulados brazos mecánicos encargados de tratar el trigo con esa rociada letal para las hierbas.

8 marzo, 2017

Ocupaciones de una persona modesta

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 16:05

 

clip_image004clip_image002En “El cuaderno gris” cuenta Pla que le complacen, que le encuentra gusto, a todas las cosas. Se refiere a cosas sencillas como encender un fuego (hace casi un siglo esa era una tarea habitual), masticar una brizna de tomillo (a mí siempre me ha gustado masticar los tallos de hinojo que crecían en los bordes de los caminos) o buscar setas, espárragos o caracoles (alguna vez busqué éstos últimos por huertas castreñas y veredas gaditanas).

Hace unos días algunos de estos gasterópodos debieron abandonar huertas, veredas, herbazales o praderas y decidieron desplazarse cerca de casa. Y como uno anda, cual Josep Pla, encontrándole gusto a todas las cosas (el silencio del parque a media mañana mientras leo, los gestos faciales de la nieta cuando está despertando…) me percato de la presencia lenta y silenciosa de estos caracoles que aparecen en las fotos. El primero de ellos, atrevido, casi irresponsable, se desplaza por la calzada, húmeda aún debido a la lluvia del fin de semana. Lo observo a través de la ventana de la cocina, mientras preparo el desayuno, cuando la mañana aún no se ha desperezado y el cielo está cubierto por una ligera neblina. Pasadas unas horas, al regresar de la caminata mañanera, me percato de la presencia del otro; éste debe haber puesto a tope la segregación mucosa porque ha escalado desde el suelo por el zócalo de piedra rugosa.

Humedad umbría y fachada soleada con estos visitantes que anuncian el fin del invierno, esas cosas que uno ve sin más pretensión que encontrarle el gusto a las cosas sencillas; “ocupaciones que honran a una persona modesta y honrada”, que escribe Pla.

7 marzo, 2017

Veinticuatro horas en la vida de una mujer – Stefan Zweig

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:49

 

clip_image002Después de haber leído “Carta de una desconocida” vuelvo a Zweig para degustar otra de sus joyitas literarias. Esta “Veinticuatro horas…”, que se lee de una sentada, esta novela corta, es un compendio de sutileza literaria, de fino análisis psicológico, de un feminismo tan sutil para su época (principios del siglo XX), que es difícil creer que en tan pocas páginas haya tanto que contar y tanto sobre lo qué pensar.

La obra trata sobre las flaquezas humanas, las debilidades que aparecen en cualquier momento de la vida. En este caso la debilidad de la mujer que se deja arrastrar por un torbellino de pasión amorosa tan extremo que le hace dejar a un lado todo su status social y familiar. Esa situación, que es la que desencadena la historia, sirve para que los dos protagonistas, el hombre que defiende tal hecho ante el “escándalo” de los bien pensantes (“encuentro más digno que una mujer ceda a su instinto, libre y apasionadamente, que no, como ocurre por lo general, engañe al marido en sus propios brazos y a ojos cerrados”), y la mujer que vivió una experiencia similar (“Si aquel hombre me hubiera abrazado y me hubiera pedido que le siguiera hasta el fin del mundo, no habría vacilado en deshonrar mi nombre y el de mis hijos”) y que decide contarla a ese defensor. Esas son las veinticuatro horas vividas por quien necesita contar y ser escuchada.

Y mientras Mrs C. cuenta su experiencia se convierte en narradora junto con aquel que es su confesor; que también se convierte en narrador de la historia en un doble juego en el que fluyen los recuerdos y aparecen las reflexiones sobre esas debilidades que cualquiera puede llegar a tener. Esas debilidades pueden conducir a imprevisibles trastornos vitales que a veces se guardan en los más profundos cajones de los secretos y que a veces estallan alrededor. Incluso los que se guardan durante tantos años llega un momento en que, circunstancialmente, por azar, son necesarios ser contados para que los recuerdos no ahoguen la memoria; o por haber encontrado quien es capaz de justificar aquello que casi nadie comprendió en su momento y que ahora aparece como un salvador.

6 marzo, 2017

La lectura (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

 

clip_image0011. Mientras leía sentado frente a la chimenea observó, apiladas junto a la leña, sus lecturas frustradas.

2. No vio todo lo que tenía que ver porque se pasó la mayor parte del viaje leyendo sobre los lugares que estaba visitando.

3. Pasaba largas horas leyendo en la biblioteca. A nadie le extrañó, ni siquiera a su mujer, que la bibliotecaria y él desapareciesen juntos.

4. – Padre, me confieso que últimamente solo leo revistas pornográficas.

– ¿Lees? ¡No! Ves, hijo mío, ves. Un Padrenuestro y lee el Decamerón.

5. Han pasado treinta años y los cuatro están muertos. Los tres que se reían de su tartamudez y la maestra que le hacía leer en voz alta.

6. Entre la multitud de viajeros que miraban sus pantallas luminosas destacaba un anciano que leía en un libro de papel.

7. Invitó a doña Isabel al acto de su primer éxito editorial. Al terminar, la maestra le dijo: “Sigues leyendo igual de mal que en la escuela”.

8. Era tan cumplido que si la lectura de un libro no le complacía y la abandonaba escribía una carta al autor pidiéndole disculpas.

9. Como su madre se “metía” en el libro que estaba leyendo aprovechaba esas horas para hacer en su cuarto algo más que tareas con su chica.

10. Tras visitar miles de aseos públicos, y leer lo allí escrito, alcanzó el éxito con su libro “Lecturas de mierda”.

5 marzo, 2017

Cuando el yogur está a punto de caducar

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 11:05

 

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¿Qué hace usted si al ir a tomar el postre se percata de que un yogur ha quedado arrinconado en la nevera y va a caducar al día siguiente? Esa noche usted tenía previsto comerse esas natillas que tanto le gustan y a las que les queda aún una semana de vida. Pero al darse cuenta de que el solitario yogur está destinado a ser deglutido esa noche, o ser arrojado a la basura porque ha cumplido su ciclo, cambia de opinión y deja las natillas para mejor ocasión. No está la vida para ir malgastando lo que tanto cuesta comprar aunque sea marca blanca.

En Estados Unidos la inyección letal que acaba con la vida de los condenados a muerte está compuesta de tres elementos: el midazolan (duerme), el bromuro de pancuronio (paraliza) y el cloruro de potasio (infarta). Si falla el primero de ellos el reo permanece consciente sufriendo un dolor inmenso y el proceso se convierte en una ejecución con tortura previa.

¿Qué relación guarda la inyección letal con un yogur? Que los dos están fabricados con productos que tienen fecha de caducidad. Por ello deben ser usados en un tiempo determinado, no duran eternamente. En el estado de Arkansas se han percatado de que uno de los tres componentes de la mortífera inyección les caduca el próximo mes de mayo y para evitar que se les eche a perder el producto han decidido ejecutar a ocho presos en diez días. Es como si usted en lugar de percatarse de que le queda un yogur a punto de caducar se da cuenta de que le queda un pack de ocho; decide entonces suprimir no solo las natillas que iba a tomar de postre sino también la tortilla que iba a cenar y acaba dándose un atracón de yogures, corriendo el riesgo de tener que levantarse en plena madrugada para acudir al inodoro. Eso es lo que ha hecho el gobernador de Arkansas, Asa Hutchinson: firmar del tirón ocho penas de muerte sin que sepamos que ello le haya ocasionado ninguna diarrea mental.

4 marzo, 2017

Se fue la mentirosa primavera

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 11:05

 

clip_image002Se fue la mentirosa primavera de hace unos días. Desapareció ayer cuando el cielo mañanero se cubrió de una niebla plomiza y envolvente. Al atardecer, un viento de nervio trajo los primeros chubascos, rivales un sol al que le costaba marcharse, y entre ambos se asomó el multicolor arco iris. Ya entrada la noche el refulgir de relámpagos iluminó Sierra Morena y descargó un corto pero intenso aguacero. De madrugada la lluvia comenzó a caer plácida, con ese ritmo acompasado capaz de producir uno de los sonidos más sugerentes que la naturaleza es capaz de producir. No conozco a nadie que se queje, nadie a quien le moleste escuchar cómo cae la lluvia cuando se está confortablemente acurrucado en la cama, entre duermevelas y despertares sin sobresaltos. Se acopla ese sonido a la vida sin molestar, “como el que oye llover”, dice la expresión popular. Y así sigue mientras esto escribo. He mirado el pluviómetro y ya sobrepasa los quince litros. Me he asomado al balcón y he visto el canalón desaguar por la boca de dragón. El chorro cae y se difumina en un fondo gris en el que destacan los tejados mojados, los enhiestos cipreses y las chimeneas de ladrillo. En la más baja de ellas no distingo las cigüeñas que llegaron hace unos días con la falsa primavera. Estarán, también, acurrucadas en su gran nido. Por un momento la lluvia casi ha cesado. No se oyen las canales, tan solo el ruido amortiguado de algún coche que pasa lento y el sonido metálico de la reja del escaparate de la tienda de chucherías que la vecina acaba de abrir. Han sido tan solo un par de minutos, una transición efímera, como una llamada de atención al que escribe, porque ahora la lluvia vuelve a apretar; es ésa una expresión que me retrotrae a la infancia, cuando los chaparrones parecían más violentos que ahora, como si la edad distorsionase la intensidad de los hechos como parece distorsionar la distancia o el paso del tiempo. Miro la predicción meteorológica; anuncia una mañana de agua. Bienvenida sea.

28 febrero, 2017

De la Guarde al Congre

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 11:15

 

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Si hay un mundo, un espacio, un escenario (que se diría ahora), en el que el lenguaje ha evolucionado en los últimos tiempos con la llegada de una terminología con intención redentora, ese es el mundo de la enseñanza. Y lo hace constantemente (al menos hasta que hace unos meses dejé tal “escenario”). Nuevas palabras sustituían a las que había llegado hacía muy poco para acabar diciendo lo mismo que se decía desde hace muchos años. Lo importante no era lo que se decía sino cómo se decía. Si uno utilizaba la terminología novedosa parecía un maestro más moderno, más preparado, más inteligente. El profesor Moreno Castillo, que ha tratado estos asuntos, acusaba de ello a lo que él llama Secta Pedagógica, la cual utiliza un “lenguaje vació”, una “jerga pseudocientífica”, hasta tal punto que: “El peligro de un lenguaje tan bien engrasado es que nos puede hacer creer que estamos hablando de algo cuando no estamos hablando de nada.”

He recordado todo esto cuando hace unos días vi a la diputada Montero corregir al diputado Cantó de la siguiente manera: “No se dice guardería, porque en esos espacios no se guardan a los niños y a las niñas, sino que con mucho trabajo se educa y coeduca”.

Desaparecida la lección ahora le toca el turno a la guardería. Habría que decirle a la diputada Montero que el DRAE, en su tercera acepción, dice:

– Guardería infantil: Lugar donde se cuida y atiende a los niños de corta edad.

Nada de guardar: cuidar y atender, dos verbos, cuando hablamos de niños (y niñas, bien sûr) menores de tres años, tan necesarios, o más, como el educar. Además, que la lengua es algo tan vivo, algo tan de la calle y la gente que, Real Academia aparte, hay que respetar ese lenguaje coloquial de los miles y miles de progenitores que cada mañana llevan a su criaturas a la “guardería”; incluso a los que dicen llevarlos a la “guarde”, recorte de letras que el pueblo llano y sabio puede permitirse sin que nadie venga a reñirle cual si fuese la señorita Rottenmeier. Habría que decirle, además, que cuando se educa va implícita la coeducación, no es necesario ese pleonasmo. Y habría que decirle, por último, que su propia formación política lleva en su programa la palabra guardería.

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27 febrero, 2017

El libro de las ilusiones – Paul Auster

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 11:51

 

clip_image002Antes, si un libro no me enganchaba cuando comenzaba a leer intentaba resistirme para no abandonar esa lectura. Ahora, como el tiempo aprieta y no está ya uno en edad de gastar inútilmente el que resta, si tal cosa ocurre lo cierro sin darle otra oportunidad y busco otro que me satisfaga. Lo que nunca me había sucedido es que eso me pasase con dos libros seguidos. Pero así ha sido. De golpe y porrazo, en un abrir y cerrar de ojos, y todas las expresiones tópicas que ustedes quieran, he rechazado dos libros nada más haber leído algunas páginas de los mismos. Los condenados han sido “Niveles de vida” (Julian Barnes) y “Herzog” (Samuel Bellow); y ello, habiendo degustado de éste último autor una novela como “Carpe diem”. Pero, pasa el tiempo y no estoy ya para sobrellevar experimentos con las formas literarias ni para darme un baño de existencialismo pesadumbrista (si es que tal cosa existe). Así pues, al verme en tal desamparo lector lo mejor es recurrir a un valor seguro, que diría el asesor financiero: Paul Auster.

“El libro de las ilusiones” es una novela cien por cien austeriana. Una de esas historias que se adentran en otra como si fuese una muñeca rusa; la de un actor cómico de cine mudo a principios del siglo XX que desaparece y la de un escritor que para salvar su vida, tras una tragedia personal, y sesenta años después, encuentra en aquél un motivo para no acabar en el abismo. Esas dos historias se relacionan a la perfección y de esa armónica relación surgen páginas de magnífica lectura como son, por ejemplo, cuando Auster nos cuenta dos de las películas mudas del actor desaparecido. En la narración de una de esas películas, la que se titula “Don Nadie”, uno parece estar viéndola, sentado en una butaca de un viejo cine por cuya pantalla desfilan los protagonistas de la historia.

Terminada la lectura uno agradece la decisión tomada. Ha olvidado el desencanto de haber rechazado dos libros que seguro alegrarán la vida de otros, que encontrarán en ellos lo que este humilde lector no supo encontrar. Y, al mismo tiempo, uno siente la satisfacción de haber disfrutado unas horas con otro libro más de este autor que, como otros, siempre está ahí.

26 febrero, 2017

Vamos a imaginar disfraces

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 10:44

 

clip_image002No son nuestros políticos gentes de disfraz carnavalesco. Me refiero a los primeros espadas, a los líderes indiscutibles. Siempre habrá alguno al que, habiendo sido chirigotero antes que alcalde, no le suponga esfuerzo sino placer echar mano del disfraz. Hay quienes también se ponen túnica y capirote nazareno para Semana Santa, o quienes se embetunan rostro y manos para hacer de rey negro (con perdón) en la Cabalgata; pero tales componendas no las considero equiparables a un verdadero disfraz carnavalesco cuando, además, son hechos religiosos y, por lo tanto, rivales de don Carnal.

Es por ello que viendo estos días tanta careta, máscara y antifaz, tanto vestuario encubridor de la verdadera personalidad, me he imaginado de qué podrían disfrazarse nuestros políticos. Veo a Mariano disfrazado como un niño de los años sesenta, sentado en la escuela en su pupitre de madera, distraído viendo volar las moscas a su alrededor. Veo a Pablo con vestuario árabe de cuento de las mil y una noches, con la coleta saliendo bajo el turbante, acompañado de su corte, con el paje Iñigo, y de su harén en el que destaca la favorita Irene. Veo a Pedro vestido con un traje de piloto de Fórmula I conduciendo su utilitario por una carretera comarcal y siendo detenido por una pareja de la Guardia Civil (Javier y Susana). Veo a Albert disfrazado con un mono naranja de repartidor llegando a Moncloa y descargando bombonas de oxígeno en lugar de butano. También veo a Carmena, disfrazada de abuelita de cuento, Rita de Caperucita y Esperanza de Lobo Feroz. Veo a alguien, que no identifico, vestido como Alí Babá al que persiguen otros con indumentaria persa entre los que sí identifico a Iñaki, Rodrigo… y así hasta cuarenta. Veo a algunos más pero la lista sería larga. Y ustedes, ¿a quiénes ven?

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