La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

27 noviembre, 2016

Se traspasa

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:18

clip_image0021. Como los ministros salientes entregan sus carteras a los entrantes, como el presidente de los Estados Unidos entrega el maletín con las claves del botón nuclear su sucesor, el miércoles entrego las claves del blog de la biblioteca a la compañera que se hará cargo de él. Le explico someramente el funcionamiento y la idea de ese soporte informativo y educativo. Otro paso más para el adiós.

2. – Maestro, entonces … ¿la semana que viene ya no estaremos contigo de apoyo?

– Pues no, ya estaré jubilado y tendréis otro maestro que vendrá a ayudaros.

– Pues vaya. Contigo aprendía y me lo pasaba bien.

Ese diálogo con un alumno de sexto quizás sea la última satisfacción que me ha dado este trabajo.

3. Y junto a la última satisfacción… lo de siempre. Pasar toda la mañana sustituyendo para que lo accidental se sobreponga a lo esencial. Pero esa es una vieja batalla que ya di por perdida hace mucho tiempo. Es, parafraseando el título de ayer, el agobio de la monotonía.

4. El mejor fabricante de catálogos ha hecho publicidad utilizando el asunto de los deberes escolares. El anuncio, técnicamente, me parece muy bueno. Lo que no me parece bien es usar un asunto educativo, que últimamente anda en boca de todos, para hacer publicidad, inclinándose por una de las partes. Es por ello que también se ha hecho famosa la carta de una profesora criticando tal anuncio. Aquí está toda la historia.

5. “Era un colegio privado y lo habían contratado para medio curso. Y un día, sin embargo, se marchó en plena clase. No por nada, porque nada anómalo ocurrió. Era una clase como cualquier otra. Había hecho en la pizarra un cuadro sinóptico del siglo XVI español. Al volverse para explicarlo y desarrollarlo, de repente se sintió invadido por el mismo hastío que sufrían sus alumnos. Largamente los estuvo mirando, mientras añoraba praderas en flor, estepas infinitas, lluvias torrenciales, rumor de abejas, noches inmensas junto al fuego. Entonces dejó cuidadosamente la tiza en la bandeja del encerado, sacó un pañuelo y se limpió cuidadosamente las manos, tomó sus cosas sin ninguna prisa, saludó con una reverencia y se marchó.

Absolución – Luis Landero

6. Última hora: La LOMCE tiene los días contados. El asunto de la educación en España es de … ¿risa o pena?

7. Y, ya de paso… Hoy es el Día del Maestro, y el único que parece acordarse es Google.

¡Feliz día del Maestro!

26 noviembre, 2016

Monotonía del agobio

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:53

clip_image002clip_image0041. Monotonía de lluvia tras los cristales. Cae con ganas el agua necesaria, la lluvia deseada. Los suelos de los pasillos y las escaleras quedan totalmente mojados pocos minutos después de las nueve tras el paso de cientos de alumnos con paraguas chorreantes e impermeables mojados. Los últimos padres salen del colegio tras dejar a los más pequeños al cobijo de las aulas. Observo desde la ventana el bamboleo del naranjo movido por el viento y el airazo que arrastra la lluvia sin orden ni concierto. La tranquilidad y el silencio se van imponiendo al tumulto de estos días en los que llueve a la hora de entrar. Abandono ma petite salle de classe para ir a recoger a los primeros alumnos de refuerzo en un lunes pluvioso.

2. Me hago el distraído mientras ellos hacen unas actividades y, en un momento dado, hablan entre sí de las separaciones de sus padres. Lo hacen de una manera tan natural que me sorprende: “Los tuyos se van a separar por las buenas pero los míos, qué jaleo, con juicio y todo…”. En cuanto interfiero en su diálogo preguntando una obviedad ellos prefieren volver a las actividades escolares. ¿Será ese asunto del que hablaban entre ellos una de las causas por la que ahora están aquí conmigo?

3. La semana anterior había oído las alegaciones definitivas de unos padres judíos, con distinto grado de ortodoxia, que al divorciarse se disputaban la educación de sus hijas.

La ley del menor – Ian McEwan

4. El lunes por la tarde acudo a la que puede ser mi última reunión de ciclo. Queda un mes de clase para las vacaciones navideñas y las actividades no estrictamente curriculares, es decir las relacionadas con los “Día de …” (Violencia de género Discapacidad, Constitución…), son numerosas. Afortunadamente, para mí, ya no son generadoras de agobio.

20 noviembre, 2016

Último habitáculo

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:55

1. El anuncio de la lotería de Navidad de este año tiene como protagonista a una maestra jubilada. No me ha gustado. Aparte del exceso de almíbar moral que destilan estos anuncios en los últimos años, no me parece bien que la historia se base en un error de la protagonista, en un despiste que, se nos da a entender, viene propiciado por la edad. Quizás mi impresión negativa venga dada por sentirme cercanamente solidario con la protagonista. ¿Por maestra? No; por jubilada.

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2. Es una sala pequeña. Sirve de almacén de los viejos mapas que se acumulan en un lateral. Dos mesas, varias sillas, una pequeña pizarra blanca, dos rotuladores, un par de armarios vacíos y una ventana que da justo enfrente de la de la biblioteca. Es el “aula” en la que paso mis últimos días como maestro (cuando no estoy sustituyendo).

Decía Pascal que “todos los infortunios del hombre vienen de no saber estarse quieto en un lugar.” No se trata de infortunio, pero sí una especie de desazón la que siento cuando abandono ese espacio de sobriedad escolar, ese recinto mínimo y austero en el que cada día dejo mis últimos intentos de enseñar a los que no saben (o no quieren), en el que conozco confidencias personales favorecidas por la intimidad que da el reducido número de quienes ahí nos reunimos.

3. Era el primer miembro de nuestra familia que trataba de tener una educación superior. Ninguno de mis primos había llegado más allá del instituto, y ni mi padre ni sus tres hermanos habían finalizado la escuela primaria. «Trabajo para ganarme la vida desde que cumplí los diez años», me dijo mi padre.

Indignación – Philip Roth

13 noviembre, 2016

Obras de misericordia; sobre todo, espirituales

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:20

 

clip_image0021. He cambiado de acera, literalmente. El lunes cuando me encaminaba al colegio cambié de acera. Busqué aquella que el sol calentaba, la de la derecha de la calle Lopera; ésa cuyos naranjos, tras haber sido podados hace un par de semanas, muestran su inclinación a buscar las fachadas de los edificios mientras sus hermanos de la otra acera permanecen en pose más enhiesta.

Llegó el frío tras las lluvias. Y con él los padres que permanecen en los coches esperando la hora de entrada. Y con ellas el charco permanente en la pista de deportes.

2. Comentando con mi compañera de vigilancia de recreo llegamos, no recuerdo por qué, a cuestionarnos en qué categoría incluye la iglesia católica aquello de “visitar a los enfermos”. Como no hay cerca ninguna maestra de religión recurrimos a san Google. Se trata de una de las obras de misericordia. Como maestro sustituto me surge una duda. En lugar de realizar cursos de perfección en horario no lectivo, ¿deberían los maestros sustitutos dedicar ese tiempo a visitar a los maestros enfermos a los que sustituyen?

Tal acción está incluida en las obras de misericordia corporales. Pero hay otras, las espirituales, entre las que destaca “enseñar al que no sabe”. Como maestro de refuerzo cumplo con esta obra de caridad diariamente; algunas veces incluso en grado sumo porque no sólo enseño al que no sabe sino también al que no quiere saber.

3. El miércoles hubo una conexión entre el colegio y la política internacional. Dicen que tras conocerse los resultados de las elecciones estadounidenses se vio llorar a la chica norteamericana que es auxiliar de conversación, Mallory (a la que algunos alumnos llaman Manoli). La entiendo y me sumo a su pesar. “Consolar al afligido” es otra de las obras de misericordia espirituales.

4. El jueves voté en las elecciones al Consejo Escolar. Elegí sin poder ser elegido. En realidad no elegí porque voté en blanco. Sí; no tengo porque decidir quiénes serán los que tomen las decisiones que ya no me afectarán. Es otro capítulo concluso en mi vida de maestro de escuela.

5. Al disolverse el Consejo Escolar se disuelve con él la Comisión de Convivencia. También me he despedido de ella esta semana. Espero y deseo que la nueva comisión tenga tan escasos quehaceres como ha tenido la que ahora desaparece. Aunque me temo que corren vientos de conflictos, disputas, acosos, discusiones, etc. en los que habrá que hacer mucha pedagogía para que la concordia y la sensatez prevalezcan sobre el desconcierto de lo negativo. “Dar buen consejo al que lo necesita”, sí, lo han adivinado, es otra de las obras de misericordia espirituales.

5. “En la superficie, la disputa concernía a la escolarización de Rachel y Nora. Sin embargo, lo que estaba en juego era el contexto entero de su educación. Era una pelea por sus almas.”

La ley del menor – Ian McEwan

6 noviembre, 2016

Deberes y acoso (escolares)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:40

 

clip_image0021. Semana corta tras el puente de Todos los Santos. Por primera vez en lo que va de curso puedo dar refuerzo en los terceros porque todos los miércoles anteriores habían sido de sustituciones. Así conozco a nuevos alumnos y, será casualidad, a uno más que se vino del colegio concertado porque “maestro, allí tenía problemas”.

2. Cuando el refuerzo es de hora y media hago algún descanso. En uno de ellos me retan a ese juego que está de moda: tirar hacia arriba una botella que contiene agua y tratar de que caiga de pie. Quedo en tercera posición, quedo el último. Tendré que practicar más porque se ve que los alumnos dedican más tiempo al juego que a los deberes escolares.

3. Hablando de deberes… La CEAPA ha convocado huelga de deberes escolares durante los fines de semana de este mes. Éste es un asunto antiguo. De cuando en cuando salta a la palestra del debate. Por lo que conozco hay partidarios de la supresión tanto en las familias como en el profesorado. Y viceversa. Siempre he pensado que los deberes son necesarios. Tan necesarios como la coordinación del profesorado para que no sean excesivos, tan necesarios como la diversidad de los mismos, etc. También pienso que si una familia no quiere que su hijo tenga deberes pues se le exime de tal tarea siempre que exista un protocolo bien definido sobre este asunto y que cada cual sepa lo que supone ser objetor de deberes. Pero, ahora, este mes, como maestro de apoyo, veo el asunto desde la barrera.

4. Ha entrado en funcionamiento el teléfono contra el acoso escolar. Dicen que las primeras ochenta llamadas han sido de maestros y profesores. No; es broma. Y ya sé que no se deben hacer bromas sobre asunto tan serio. Pero estoy viendo hechos relacionados con esto que no producen ni llanto ni risa, sólo perplejidad. La perplejidad de lo que resulta chocante, disparatado, cuando no se saben delimitar las causas y las consecuencias de las ciento de situaciones que se dan en un colegio a lo largo de la jornada lectiva, y que, para algunos, son rápidamente consideradas como acoso o violencia cuando en realidad no lo son. Y ya digo que no frivolizo con un asunto con el que siempre he sido intransigente. No me gusta el matonismo de ningún tipo ni en ninguna situación; y menos en el colegio. Pero calibremos, todos, la gravedad o la intrascendencia de los hechos.

30 octubre, 2016

De aquí y de allá

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:33

clip_image0021. Mientras vigilo el recreo observo a los alumnos. Pienso que para ser un colegio de amplia matrícula no son muchos los que provienen de otros países. Observo a un niño rumano que llegó hace años a segundo de primaria y que ahora está en sexto; ha crecido muchísimo y presenta un sobrepeso que debe ser consecuencia de una incorrecta alimentación (como la de otros muchos). Ahora cruza por delante de mí un alumno de origen ecuatoriano, hermano de una antigua alumna; él nació aquí, como me contó hace unos días cuando estuve sustituyendo en su clase. En el patio destaca una alumna pakistaní, alta y de piel blanca (por su madre española); siempre viste con una especie de velo de vistosos colores que cubre sus hombros y le llega hasta la cintura; el de hoy, en cambio, es negro. Pienso que aún no han llegado el hiyab u otras prendas similares que desatan la controversia entre fidelidad religiosa, costumbres culturales, sometimiento de la mujer, etc. Llegarán.

2. El jueves vuelvo a los refuerzos. Con los alumnos de primero lo que toca en estos primeros meses de curso es lecto-escritura (para algunos tocará durante todo el curso):

– Maestro, es que las letras se me van enseguida de la cabeza. –me comenta uno de ellos.

Otro me propone un descanso y cantarnos “como Juan Calero” (cantante local de copla) “La Zarzamora”. Le doy permiso y nos la canta. Se sabe la letra pero cuando volvemos a leer se le han olvidado los fonemas.

3. El viernes varias clases de infantil y primero desfilan por el colegio disfrazados de jalogüines. En algunas galerías la decoración también es la propia de esta fiesta importada. Hace años escribí que esto del “truco o trato” acabaría imponiéndose a la representación de don Juan Tenorio y a las visitas a los camposantos. Por lo que veo la escuela es uno de los elementos propagadores del festejo. Por ello recomendaba hace un tiempo que algo tendrían que hacer las fuerzas vivas (qué antiguo suena ese sintagma) para no verse sobrepasadas por la moda extranjera. En Cádiz la Iglesia (católica, of course) se ha puesto a ello con algo que llaman Holywins. No creo que esa sea la solución: vestir a los niños y niñas de santos y vírgenes cual si fuese Navidad. Yo propongo que en la escuela se realicen por estas fechas unos talleres de gachas, castañas asadas y dulces típicos de estos días de Santos y Difuntos. Una visita al cementerio con los alumnos mayores, con una preparación previa, en la que se realizaran actividades relacionadas con el entorno natural e histórico, la fugacidad del tiempo vital, manualidades con flores, etc. tampoco estaría mal; puestos a ver la Muerte, qué mejor lugar. Aunque no creo que los psicólogos escolares estén por la labor.

En fin, todo lo dicho en esta Tiza Negra debe entenderse en tono de ironía y como consecuencia del puente que Todos (santos, difuntos, padres/madres, alumnos y maestros) disfrutamos.

29 octubre, 2016

Desconexión

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:30

clip_image0021. El lunes por la mañana, mientras sustituyo en una de las clases de segundo, cae fina y plácida la lluvia otoñal. Me asomo a los ventanales de la galería para disfrutar mejor del espectáculo pluvial que dura escasos minutos, menos de los deseados. Dos horas después, mientras vigilo en el recreo, el sol combate con las nubes por hacerse con el control del patio.

Por la tarde me encamino al colegio con pasos tranquilos. Antes de entrar, desde este lado de la verja, escucho el murmullo de voces magistrales en la clase en la que se realizan los claustros. Hacia allí encamino los mismos pasos serenos. Efectivamente, hay una reunión informativa de la que no me había enterado. Debo estar próximo al modo desconexión. Lo estoy, no hay duda, porque dos horas después me olvido que tengo que asistir al Consejo Escolar.

2. El martes estuve tres horas sustituyendo en un primero con veintiséis alumnos. Está claro que cuando el maestro dispone ya de una experiencia de treinta y siete años ha sufrido, como contrapartida, una pérdida de energía física y mental que le hace difícil seguir el ritmo vital de esas criaturitas de seis o siete años. Vamos, qué acabé agotado y pensando que ojalá no se repita el hecho en el mes que me queda de maestro.

3. Ese mismo martes, cuando vuelvo del colegio, antes de entrar en casa siempre recojo el correo. Abro el buzón y una carta de la Consejería de Educación me confirma que, efectivamente, me queda un mes de maestro. La literatura burocrática de la carta no hace mella en mi estado de ánimo, como antes ocurría, sino que es un soplo de aire fresco después de lo que comentaba en el punto anterior.

4. Cuando salgo por la tarde de casa me persigue un grito:

– ¡Maestro, maestro Nicolás!

Es la consecuencia de pasar unas horas en los cursos de los más pequeños. Hoy por hoy soy el maestro más requerido a voces del todo el colegio fuera del horario lectivo. Ello me ayuda a seguir conectado.

5. A Daniel, el Mochuelo, le duró el nombre lo que la primera infancia. Ya en la escuela dejó de llamarse Daniel, como don Moisés, el maestro, dejó de llamarse Moisés a poco de llegar al pueblo. Don Moisés, el maestro, era un hombre alto, desmedrado y nervioso. Algo así como un esqueleto recubierto de piel.

El camino – Miguel Delibes

23 octubre, 2016

Cadeneta de pintores

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 8:58

clip_image0021. El lunes al mediodía salgo del colegio. Camino entre la multitud de padres y madres que han venido a recoger a sus hijos. Una de las madres comenta a otra:

– Esta tarde es la reunión de “la…………..”. –nombra a una de las maestras.

– ¿Vas a venir? –pregunta sus contertulia.

– No puedo. La semana pasada empecé a trabajar en la fábrica y no voy a perder media tarde para eso.

2. El lunes por la tarde salgo del colegio. Camino entre los numerosos coches aparcados por los padres y madres que asisten a las reuniones de principio de curso. Me acuerdo de la madre que debe estar en la fábrica. Después de muchos años yo tampoco tengo tutoría general de principio de curso.

3, El refuerzo pedagógico da pie a las confidencias. Al ser un número reducido, y al estar fuera del aula, los alumnos aprovechan para contar cualquier idea o vivencia. Lo mismo te hablan de una vídeo consola que de la nueva novia que tiene su padre tras haberse separado de su madre (o viceversa).

4. He vuelto a las sustituciones; esta semana dos días de refuerzo y tres de sustituciones. Lo peor viene cuando toca sustituir a la maestra de Educación Física. Al verme llegar, su gozo (el de los alumnos) se va al pozo del desencanto. Es entonces cuando se desatan las plegarias:

– ¡Maestro, sácanos a la pista. Venga… por favor!

– ¿Vosotros me veis a mi pinta de maestra de Educación Física?

Así durante unos minutos hasta que les propongo hacer algo de Lengua o Matemáticas y salir después. Todos contentos.

5. Ya estamos en la pista. Llegan felices y alborozados. Se ponen todos a jugar a la cadeneta (debe ser uno de los juegos que han practicado últimamente en Educación Física). Acaba el juego y empiezan las discrepancias (me ha pasado con cuarto y con quinto). Todo el consenso y la alegría del principio se transforman en desacuerdos y pequeñas discusiones. Se forman grupos y se “aburren”. Es como si no supiesen ser niños.

6. El viernes me encuentro en una de las galerías con el pintor que nos pinta en casa. Nos saludamos y me cuenta que ha venido a mirar y a hacer un presupuesto para pintar el colegio. Días antes había visto a otros colegas suyos con la misma tarea. Como las obras de los tejados acabaron dos días antes de entrar los alumnos a clase (los maestros prepararon el comienzo de curso mientras los albañiles andaban por los tejados y los patios estaban llenos de escombros) tan sólo hubo tiempo de limpiar. Así que ahora toca pintar. No es la primera vez, que yo recuerde, que hay pintura en plena actividad lectiva. No me parece algo lógico pero siempre hay quien tiene razones para que sea así. Amén.

6. EL martes tuvieron que evacuar la escuela primaria. Los niños sufrían dolores de cabeza e irritaciones oculares, y se quejaban de un sabor metálico en la boca. Una de las maestras comenzó a rodar por el suelo y a hablar lenguas extranjeras. Nadie sabía qué estaba ocurriendo. Los investigadores dijeron que podía tratarse del sistema de ventilación, las pinturas y los barnices, las espumas aislantes, los aislamientos eléctricos, la comida de la cafetería, los rayos emitidos por los ordenadores…

Ruido de fondo – Don DeLillo

16 octubre, 2016

Sin control

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:26

clip_image0011. Al ser maestro sustituto (me sigue sonando mal ese calificativo; debe ser por la cacofonía de la repetitiva t) estoy entrando en muchas de las aulas del colegio. Es curioso observar las diferencias en las distintas mesas de las maestras, la disposición del material escolar, los cachivaches que “adornan” esas mesas y las pequeñas mesas auxiliares, etc. Al haber estado en cursos anteriores en esas aulas comparo la distribución actual con la que tenía yo entonces y me entretengo haciendo un ejercicio de ficción sobre lo que veo y lo que somos.

2. Estando de apoyo me cuenta un alumno sus experiencias en el colegio concertado en el que estuvo antes de trasladarse a éste. Nunca he creído a pie juntillas (qué apropiada me parece esta locución adverbial) todo lo que cuentan los alumnos (sobre todo, algunos). Pero siempre hay algo de verdad en lo que cuentan. Éste me contó también que de mayor quiere ser controlador aéreo. Le dije que me avisara en qué torre de control trabajaba para no tomar ningún avión en ese aeropuerto. Ambos nos reímos y dimos por concluida la jornada lectiva.

3. El jueves estuve en la Delegación de Educación. Fui a entregar los papeles de mi jubilación. En realidad eran los terceros papeles (primero fue la solicitud, luego hube de mandar un fax confirmando que me daba por enterado de que el proceso estaba abierto) relacionados con el asunto. Recordé aquellos años en los que tenía que echar otros papeles: solicitudes para participar en concursos de traslados, hojas de servicios que había que adjuntar… Tiempos lejanos en los que todo se hacía con papel pues no había medios informáticos (sí, no existía Internet) y había que comprobar los destinos en los incontables folios pinchados con chinchetas en los tablones de esos pasillos que el jueves pisé, seguramente, por última vez.

4. En estos tiempos educativos tan problemáticos por el acoso escolar (desterremos el bullying, como hecho y como extranjerismo), con esa niña golpeada en un colegio de Palma, recuerdo la “violencia” permitida, asumida, en aquellos años escolares de mi infancia. Y leyendo me encuentro con el párrafo que viene en el siguiente punto de estas Tizas. Casualidades de la vida y la lectura.

5. Conduje hasta la escuela primaria y estacioné el coche frente a la entrada principal, al otro lado de la calle. Veinte minutos después comenzaron a salir: un torrente de trescientos críos alegremente enloquecidos, parloteando con regocijo, intercambiando fantásticos insultos, obscenidades ilustradas y espaciosas, atacándose mutuamente con mochilas de libros y gorras de punto.

Ruido de fondo – Don DeLillo

9 octubre, 2016

Se encuentran uno de Castro y una de Atlanta…

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:24

 

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1. Este verano que ya es otoño, aunque no lo parezca, supone un castigo cuando el lunes por la tarde me encamino hacia el colegio. Busco la acera de la sombra y al pasar por el portalón metálico del solar de la esquina siento como irradia gran cantidad de energía calorífica. Pocos metros más adelante paso junto al portalón de la sede local socialista pero, tras el fin de semana que tuvieron, tan sólo desprende silencio y frialdad.

2. Esta semana he ampliado mi currículum con dos cursos de segundo, uno de quinto, refuerzo de matemáticas a alumnos de sexto, etc. Si tuviese una cartilla de cupones ya estaría casi completa.

3. El martes salí al recreo y tomé asiento en el banco del patio central que está a la sombra. Es mi lugar preferido para pasar los recreos en estos días en los que el sol sigue siendo inclemente a esas horas. Ese mismo día, por la tarde, recordé que debería haber estado vigilando una de las pistas de deporte. El miércoles se lo comenté a mi compañera de vigilancia en eso que algún día llamaron el “segmento lúdico” y le pedí disculpas por el despiste. Voy a tener que disminuir el nivel de relajación.

4. Veo por el colegio a una chica joven. Me dicen que es la auxiliar de conversación (inglés) de este curso. Es estadounidense, pero por su físico bien podría ser una de esas altísimas y rubísimas jóvenes noruegas o danesas a las que vi caminar por Bergen o Copenhague este verano. La joven se llama Mallory y es de Atlanta. Lo sé porque el miércoles, tras el recreo, compartí con ella una nueva experiencia pedagógica (ya saben, ampliando mi currículum). Podríamos decir, como en el chiste, que se encuentran uno de Castro y una de Atlanta y entre ambos dan una clase de Naturales bilíngüe en un segundo curso. ¿Qué me quedará por experimentar en las próximas semanas? Voy a tener que aumentar mi nivel de relajación.

5. En todos sus años escolares, Pronek sólo se distinguió en una cosa: nunca, nunca, se presentó voluntario para hacer nada: ninguna pregunta era digna de una respuesta voluntaria, no había tarea lo bastante atractiva para sacarle de sus ensoñaciones.

El hombre de ninguna parte – Alexandar Hemon

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