La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

30 junio, 2016

Últimos días (sin alumnos)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 15:05

clip_image0021. Los últimos días del curso, sin alumnos, llego al aula vacía de material escolar, silenciosa, desnuda de murales y carteles; abro las ventanas para que huya el calor acumulado de la tarde anterior y se cuele la brisa fresca que sobrevuela por encima de las moreras. Pongo el ventilador en marcha, enciendo el ordenador para rellenar los últimos (espero) documentos, recibo la visita de varios padres/madres de alumnos que han venido a tutorías de sus hijos más pequeños, precinto los cajones y el habitáculo del ordenador para que no entre el polvo de la obra veraniega que se avecina…

2. El viernes veinticuatro recojo mis carpetas, cierro los ventanales y echo una mirada fugaz a la que ha sido mi última aula. Quedan cuatro días para acabar el curso pero por un momento tengo la sensación de que no sólo ha terminado este curso sino toda mi carrera como maestro. Me siento tranquilo y satisfecho mientras salgo del colegio.

3. El lunes, martes y miércoles firmo los últimos documentos y actas. El jueves asisto al último claustro, pero ya casi no me siento parte de él.

3. Y ponerme a pensar en lo que guardo intacto. El fondo de ese pozo dichoso del pasado. Voy a pensar, ordenadamente, en mis niños y mis escuelas. Desde aquella primera, en Tierra de Campos, hasta la última, en Los Valles. Ordenadamente. Esa parcela de mi vida aparece luminosa en mi memoria. Serena, satisfactoria y transparente. Lo único que tengo claro.

La fuerza del destino – Josefina Aldecoa

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PS. Se cierra la caja de las Tizas de Colores. A partir de septiembre la abriré por última vez durante tres meses. Feliz verano, felices vacaciones a los lectores habituales de esta “capilla” de La Girola.

26 junio, 2016

Últimos días (con alumnos)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 8:53

1. Últimos días de clase. Volvemos el lunes después del acto de graduación (miércoles), de la fiesta fin de curso (sábado) y de la comida-despedida (domingo). ¿Qué hacer cuando ya está todo hecho? Pues dejar transcurrir el tiempo sin agobios de tareas ni exámenes, disfrutar de aquello que no se pudo hacer durante las jornadas lectivas de intenso trabajo. En las fotografías se puede ver algo de lo que escribo.

2. El miércoles, último día lectivo, tenemos que vaciar la clase. Hay obras previstas para el verano. Despojada de carteles, murales, material escolar, etc. el aula me resulta desconocida. Tras la “mudanza” organizan la “fiesta”. La madre delegada les trae unos bocadillos y ellos ha comprado refrescos y chucherías. Se han acordado del maestro: una lata de cerveza sin alcohol mantenida bien fresquita en una bolsa de plástico con una botella de agua congelada. Termina la “fiesta” minutos antes del recreo, barren lo que ha caído al suelo y vuelven a organizar las mesas. Todo perfecto.

Tras el recreo les reparto las notas, la foto y el CD de la graduación. A las catorce horas salimos del aula por última vez. Minutos antes me he despedido de ellos; uno a uno les he ido dando las gracias con algún comentario personal apropiado. Cuando dejan atrás el espacio que les ha acogido en los dos últimos cursos hay lágrimas y alegría al mismo tiempo. Ellos se van tras nueve años en el colegio. Yo, aunque volveré tres meses el próximo curso, me voy con dieciséis. Para todos es el fin de una etapa vital, un cambio de rumbo.

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25 junio, 2016

Mi “discurso” en el acto de graduación

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:06

 

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Les dejo el “discurso” (esto suena algo pretencioso, pero de alguna manera hay que llamarlo) que pronuncié en el acto de graduación de los alumnos de sexto. Hay algunas diferencias entre el siguiente texto y lo que allí dije pues al no ser leído literalmente incorporé algún comentario que no estaba escrito y olvidé algún otro que sí lo estaba. Pero mayoritariamente fue lo que sigue.

Buenas noches a todos.

Me dirijo a ustedes en representación de los tutores, de las tutoras de sexto, en este curso que termina. Pero no sólo de ellas sino también de todos los maestros especialistas de Ed. Física, Inglés, Religión Música…, de todas las maestras que, desde Infantil, durante estos nueve años, han impartido clase a estos alumnos que hoy despedimos. Todos los que hemos formado parte de ese proceso de aprendizaje, de esa formación educativa, de esa construcción de la personalidad, nos sentimos orgullosos y satisfechos cuando vemos las emociones y los sentimientos positivos que sus hijos están compartiendo estos últimos días con quienes hemos sido sus maestros.

A ustedes, familiares de estos alumnos, les damos las gracias por acompañarnos en este acto. Recuerdo que, cuando comencé a estudiar para ser maestro, un profesor de la Escuela de Magisterio me recomendó que para ejercer esta profesión me cargara de paciencia. Enseñar, educar, no es tarea fácil. Lo sabemos quienes nos dedicamos a ello y lo saben ustedes también. Todos sabemos que hoy día un twit de 140 caracteres, o un whatsapp repleto de emoticonos, parecen tener más influencia que una charla de quince minutos con la que tratamos de enseñar a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a escoger el mejor sendero cuando se llega a un cruce de caminos. Por eso es de agradecer toda la colaboración que ustedes han tenido con nosotros; es de agradecer la paciencia que todos hemos tenido para mejorar su educación, para hacerlos mejores personas.

A vosotros, queridos alumnos, os quiero contar que hace años, cuando el escritor Albert Camus ganó el Premio Nobel de Literatura, después de todos los actos de agasajos y parabienes, quiso dar las gracias a dos personas. La primera fue su madre, y la segunda a su maestro de primaria, Monsieur Germain, a quien escribió una carta agradeciéndole que sin él no hubiese llegado a ser el escritor que era. ¿Quiero decir con esto que si algún día llegáis a ser Premio Nobel os tenéis que acordar de vuestros maestros? No. Lo que quiero decir con ese ejemplo es que nuestro trabajo no ha sido sólo enseñaros Lengua y Matemáticas sino formaros como personas capaces de asimilar los mejores sentimientos. Por eso, os hemos enseñado a resolver problemas, los problemas que surgen con vuestros amigos y compañeros; os hemos enseñado que los tantos por cientos de solidaridad siempre tienen que ser mayores que los del egoísmo; os hemos enseñado que la imaginación es necesaria para escribir un buen cuento, y también para imaginar un futuro mejor. Y habéis aprendido que el ser humano es un conjunto de músculos y huesos, pero también de sentimientos y sueños posibles; habéis aprendido que en todas las altas montañas del mundo hay desfiladeros y pasos por los que se llegan a valles, pero que esos valles son patios de recreo, patios en los que se forjan amistades que durarán toda una vida. Y habéis aprendido, esperamos que así sea, que a un edificio como es vuestro colegio se le puede calcular la superficie, y hasta inventar problemas con el número de ventanas. Pero que ese edificio no es sólo un conjunto de muros y galerías, de aulas y escaleras, de pistas deportivas. Vuestro colegio es ya parte de vuestra memoria, de vuestras vivencias infantiles, de los mejores recuerdos que aflorarán cuando pasen unos años y recordéis estos momentos, y las palabras de este maestro que, como vosotros, el próximo curso también cambiará de destino.

Ojalá hayáis sido capaces de aprender todo eso, y más. Ojalá hayamos sido capaces de enseñaros todo eso, y más.

Gracias.

23 junio, 2016

Texto leído por mis alumnos en el acto de graduación

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 11:08

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Les dejo el texto leído por mis alumnos (Andrea y Rafa) en el acto de graduación . Todo lo que en él se dice pertenece al grupo de 6ºA. Lo correspondiente a Infantil y 1º/2º fue elaborado en varios recreos de días lluviosos durante el mes de mayo. Ellos recordaban y yo escribía lo que me contaban.

A partir de 3º (al ser yo su tutor) les pedí que lo escribiesen en casa. Así no se sentirían cohibidos al tenerme delante cuando tuviesen que decir algo de mí. Bueno, esto último es un tópico porque después de cuatro años juntos, siendo yo el maestro y ellos los alumnos, sabiendo estar cada uno en su lugar y sabiendo quien es cada cual, tenemos la suficiente confianza para decirnos lo bueno y lo malo que pensamos y sentimos en cada momento.

Me trajeron lo escrito y yo me limité a eliminar repeticiones, resumir y darle una continuidad. Antes del acto lo leímos en clase y a todos nos pareció bien como había quedado.

Buenas noches a todos los familiares y maestros.

Cuando entramos a Infantil en el año 2007 algunos éramos unos llorones. Nos recibió la maestra Cristina y nos tranquilizó. También estaba por allí la seño Mari Carmen, que fue nuestra maestra de Religión en Infantil y varios cursos de Primaria. Cuando estábamos en la clase y oíamos un ruido la seño Cristina nos decía que era el “monstruo de los mocos”. Al acabar las tareas diarias nos íbamos a los rincones de juegos.

Cada día cogíamos uno diferente, pero cuando nos portábamos mal nos mandaba al “rincón de pensar”. Jugando a la peluquería, Paula y Juan Carlos se cortaron el pelo el uno al otro. Un año fuimos a un teatro de Córdoba a ver “Alicia en el País de las Maravillas”. Si las fichas nos gustaban nos portábamos bien y cuando eran aburridas, nos portábamos mal. Así que… al rincón de pensar. Se pasaron los tres cursos, nos hicimos mayores… Bueno, no mucho, y pasamos con ilusión al edificio de Primaria.

En 1º y 2º estuvimos con la seño M.ª Dolores. Hicimos chirigotas para el carnaval y teníamos como mascota a Superrayo, que es un muñeco para representar teatros. Cada fin de semana alguno de nosotros se lo llevaba a su casa para que no se quedase solo en el colegio. Todavía hoy sigue con nosotros. Aquí está. (Andrea levanta la mano en la que lleva a Superrayo y todos los compañeros dicen en voz alta: “Hola, Superrayo”). Fuimos en tren de excursión a la Mezquita de Córdoba. Todos llevábamos unas viseras de color naranja. Por el comportamiento la seño nos ponía puntos rojos, verdes y azules. Algunos tenían tantos puntos rojos que la agenda parecía una tomatera. Fueron dos años que recordamos con alegría porque la seño M.ª Dolores nos enseñó no sólo a leer y escribir, sino algo mucho más importante; nos enseñó a ser felices.

En primero conocimos a la maestra de música, la seño Raquel, que nos ha acompañado hasta sexto. Cuando estábamos terminando segundo, como no teníamos internet ni pantalla en nuestra clase, la seño María Dolores nos llevó a una de cuarto curso para buscar información sobre refranes y trabalenguas. Además de buscar información el maestro de cuarto nos dejó hacer dibujos en la pantalla digital. Sería casualidad… pero, aquel maestro nos ha tenido que “soportar” durante cuatro años.

Así fue. Llegamos a tercero y nos encontramos al maestro Nicolás. ¡Teníamos un mosqueo! Un maestro… Nosotros que siempre habíamos tenido “seños”. Y más cuando nos dijo que los puntos rojos se habían acabado, que él tenía en un armario un saco de castigos que pensaba ir sacando cada día. ¡Pues vaya que empezaba bien la cosa! Algunos pensaron en volverse con la seño María Dolores. Pero no. La preocupación desapareció pronto. Más que un saco de castigos lo que el maestro tenía era un saco de paciencia.

En tercero y cuarto conocimos también nuevos maestros como el maestro Juan y la seño Juani, que nos dieron Plástica, la seño Rosario de Inglés y la seño María que nos dio Educación Física. Con los cuatro aprendimos y nos lo pasamos estupendamente. En esos cursos hicimos dos excursiones divertidas. Una fue al Castillo de Almodóvar (¡ni el maestro pudo sacar la espada clavada en una piedra!), y la otra fue una ruta de senderismo por Cardeña. Como he dicho, fueron dos buenas excursiones. Pero lo mejor estaba por venir.

Pasamos a quinto y nuestro tutor seguía siendo el maestro Nicolás. Junto a él, en estos dos últimos cursos, hemos conocido maestros estupendos como don Andrés, el maestro José Luis y Mari Carmen, la seño de Religión. Aprender con ellos ha sido divertido; incluso cuando el maestro José Luis nos decía: ¡Melones, qué sois unos melones! Con ellos hemos vivido dos excursiones inolvidables, la de Marbella y, hace unos días, la de Benamejí. Han sido días y noches de compañerismo y diversión. Por todo ello, por todo lo que hemos aprendido, por los buenos momentos que hemos compartido en estos nueve años, queremos dar las gracias a todos nuestros maestros.

Y sobre todo a nuestro tutor, que en tercero, hablando del Universo, nos dijo que había pedido que nos construyeran una nave para hacer un viaje por el espacio. Y nosotros nos ilusionamos tanto que todavía hoy, maestro Nicolás, tenemos esperanza de que esa nave aparezca para seguir viajando contigo. Mientras tanto, como él dice: “Acabando, que es gerundio”.

Gracias.

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PS. Tanto los lectores como sus compañeros estuvieron perfectos. No digo más porque todo lo bueno que tengo que decir ya se lo dije a ellos.

21 junio, 2016

Gracias

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 15:14

 

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He dejado transcurrir algo de tiempo para agradecer de manera reflexiva, y no sólo emocional, lo vivido en la tarde del pasado domingo. Agradecer la mesa compartida, el diálogo afable y los detalles personales que las familias de mis alumnos (y ellos también) tuvieron con este maestro que ahora escribe.

Cuando a uno lo agasajan de tal manera lo primero que debe pensar es que no es acreedor de tanto elogio. Uno piensa que las circunstancias vitales de un grupo de personas han coincidido en el tiempo y en la labor docente hasta concluir en tales agradecimientos. Yo no me creo merecedor de tanto porque tan sólo me he limitado a cumplir con mi deber de maestro. Si ello me ha llevado a lo vivido el domingo tan sólo me queda eso: dar las gracias.

Gracias por haber sabido marcar el tiempo con vuestro regalo y haberlo hecho en el momento oportuno. Gracias porque cada mañana, cuando ya no esté en la escuela, beberé a sorbos lentos los recuerdos de cuatro años compartidos. Gracias por las palabras de mis alumnas, palabras que pudieron haber sido leídas en otro lugar pero que el domingo me sonaron a música celestial. Gracias por haberme convertido en un quijote que se hace acompañar por veintitantos pequeños sanchos pletóricos de sabiduría y vitalidad. Gracias por las palabras leídas por un padre, palabras llenas de sensatez cuando recuerdan no sólo mi labor docente sino también las de otras compañeras (entre ellas la seño María Dolores) que han educado a vuestros hijos. Gracias por haberme convertido en actor principal de una película en la que tan sólo soy un personaje más. Gracias por esa pancarta que siempre reivindicará los mejores sentimientos hacia todos vosotros. Pero, sobre todo, gracias por vuestra colaboración, por haber entendido mi manera de ver la enseñanza, por comprender que la delgada línea roja entre la responsabilidad y la cordialidad es difícil de mantener. En definitiva, gracias por haberme permitido enseñar, y educar, en lo posible de mis capacidades, a mis alumnos.

Podría seguir pero me temo que lo emocional me vencería, me dejaría sin palabras como me sucedió hace un par de días. Sí quiero repetir algo de lo que os dije. En treinta y siete años de maestro nunca había estado cuatro años con el mismo grupo de alumnos. Con vuestros hijos ha sido la primera y será la última vez que ello suceda. Y han sido los mejores cuatro de esos treinta y siete años de docencia. Ese es el principal motivo por el que os doy las gracias.

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19 junio, 2016

Tras la graduación… la fiesta

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:19

Nota de amor – Carlos Vives

1. El jueves volvimos al colegio. Tras la noche anterior, repleta de emociones, llegan comentando todas las incidencias del acto de graduación. Lo cuentan como si uno no hubiese estado allí, viéndolos entre los cortinajes, participando en la entrega de becas, tranquilizándolos en los momentos previos. Se alegran por lo bien que lo hicieron sus compañeros en el momento de la lectura en la que repasaban los nueve años vividos en el colegio. Felicitan a su maestro por las palabras que pronunció en el acto. Todos nos congratulamos por lo vivido la noche anterior.

2. Como no tienen ninguna gana de trabajar (el maestro tampoco tiene muchas) les digo que la inspectora viene ese día al colegio (era, y fue, cierto), así que abrimos el libro de lectura y el cuaderno, hacemos un ejercicio y ahí lo dejamos, dando una apariencia de trabajo. Seguimos comentando anécdotas hasta la hora de Digital. Por primera vez en el curso les dejo “ordenador libre”, pero vuelvo a decirles que tengan preparado el archivo de diagramas que trabajamos la semana pasada y el blog de la clase por si la inspectora se acerca a visitarnos. Así lo hacen y acto seguido se ponen a navegar libremente por internet. Pocos minutos antes del recreo les gasto la última broma. Les comunico que la señora inspectora viene a la clase. Se colocan rápidamente cada uno en su sitio, cierran las páginas de internet en las que estaban, abren el archivo citado anteriormente y el blog de la clase… y me miran esperando que la señora inspectora llegue. Hasta que se percatan que todo ha sido una broma más del maestro. Se lo toman a bien mientras les explico que nunca tengan miedo a nada ni a nadie mientras cumplan con su deber. Y en ese caso así había ocurrido puesto que habían hecho lo que yo les mandé. Independientemente de que viniese tal o cual autoridad educativa habían confiado, una vez más, en su maestro.

3. Comenzamos a recoger enseres escolares. Se van llevado a casa el material que ya no utilizarán en estos días (diccionarios, cuadernos y carpetas de las asignaturas concluidas, etc.). Vamos quitando de los paneles algunos murales, agrupando en los armarios los lotes de libros usados durante el curso… El aula también cambia de fisonomía; se muestra más desnuda mientras el aire mueve las cortinas de los grandes ventanales.

4. El viernes ensayan el baile de la fiesta de fin de curso. En el escenario montado en el patio se suceden los grupos de alumnos. A los míos les ha tocado a la una de la tarde. Afortunadamente no es un día caluroso. Agradezco la tarea de las madres encargadas de los ensayos. Tiene su mérito hacer que esta pandilla de nervios se muevan al mismo compás. ¡Y bien qué se movieron!

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16 junio, 2016

Acto de graduación

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 20:00

1. Tres días de ensayo, horas de preparación, idas al teatro Olimpia, regresos al colegio, la presentación, la imposición de becas, la canción final… Todo se ensaya entre momentos de risas y otros de cansancio. Hay que dejar sitio para el que ha faltado hoy, acordaos de salir por este sitio y regresar por el otro, caminad erguidos y sonrientes, moved las manos en tal momento de la canción…

Y el miércoles, a partir de las nueve, los nervios y las sonrisas flojas, la espera que desespera, miradas cómplices entre bambalinas, vestidos de fiesta y peinados llamativos. Setenta y cinco almas pendientes de que en la pantalla aparezca su imagen y por los altavoces se escuche su nombre para salir ante los focos y los casi trescientos familiares y maestros que les esperan.

Durante el acto momentos de expectación y sonrisas al verse cómo eran hace nueve años, cómo han ido evolucionando físicamente; momentos de intensa emotividad que desembocan en llantos imposibles de contener cuando algunos leen su pasado de infancia escolar, cuando algunas se ven reflejadas en la pantalla con la amiga del alma; momentos de relajación mientras observan el vídeo grabado hace unos días y se reconocen en el colegio que para siempre estará ligado a su memoria.

Tras más de dos horas todo concluye. Sesión de fotos con sus maestros, despedidas emocionadas. Se apagan los focos y el escenario comienza a quedar vacio mientras el logotipo del colegio se mantiene en la pantalla. Los familiares abandonan el teatro con cara de satisfacción. Todo ha salido bien.

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PS. 1. Aprovecho para dar las gracias, también desde aquí, al maestro Andrés Cuenca por el enorme y magnífico trabajo que ha realizado en la organización de este acto.

2. Por peticiones varias iré colocando durante los próximos días, aquí en La Girola, los “discursos” que mis alumnos y este maestro pronunciaron en el citado acto.

3. Foto tomada prestada de las muchas que andan por los facebook de los familiares.

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12 junio, 2016

Al calor del optimismo cruel y las futuras añoranzas

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:13

1. El calor inmisericorde ha hecho acto de presencia esta semana. El esmirriado ventilador que tenemos en clase alivia los sofocos del maestro y de los alumnos que están en primera fila. De vez en cuando el aparato inclina la cabeza como acto de sumisión ante la calorina. Cuando la parte esférica se abate el efecto rotatorio desaparece y la ventolera llega hasta el suelo dispersando las virutas de los lápices que han caído al suelo cuando al sacar punta no se ha atinado con la papelera. Hay que volver a erguir la el marco circular de aspas para que el ventilador vuelva a ser tal.

Junto al ventilador no hay más recursos que la corriente de aire y al agua. Abro la ventana de la galería que está enfrente de la puerta del aula, y también las ventanas de ésta, para que se produzca la esperada corriente de aire. Pero después del recreo esa circulación aérea comienza a ser sofocante, tórrida.

Es entonces cuando las botella de agua se vacían y hay una constante peregrinación al repostaje. El otro día nombré tres o cuatro aguaores (como se hacía en la antigua siega) para que recogieran las botellas de los demás y fuesen a rellenárselas. Observo que uno de los alumnos tiene una botella con hielo (ha traído el agua congelada de casa) y lo nombro mi aguaor. Le propongo rellenar su botella y pasar la mitad a la mía una vez que el hielo se haya convertido en agua más fresquita. Está encantado de hacerlo. Para algo me han servido todas las charlas sobre solidaridad.

 

clip_image0022. “Optimismo cruel”. Cuando conocí esa expresión recordé la sensación tantas veces vivida por la cual uno se reconforta a sí mismo pensando que cada papel a rellenar será el último, que a partir de ahí no vendrá otro. Pero no. Ese pensamiento optimista se desvanece y se transforma en crueldad porque siempre hay alguien capaz de idear un nuevo cuestionario, una nueva acta, un novedoso documento, la última memoria… El trabajo burocrático de los maestros cada vez es mayor. No lo digo yo (que también). Lean este artículo. Llevo rellenando documentos desde hace unas semanas. Afortunadamente ya no están en papel; la informática está salvando miles de árboles que la burocracia docente hubiese talado para abastecer una sobreinformación innecesaria en muchos casos. Ya escribió Antonio Machado que: “En política, como en el arte, los novedosos apedrean a los originales”. En la docencia, los novedosos no apedrean… empapelan.

 

3. El viernes, minutos antes de salir, les explico y reparto la documentación para matricularse en el Instituto el próximo curso. Mientras camino entre mesas dándoles el legajo de impresos algunos comentan que me van a echar de menos el año que viene. Les digo que no sean aduladores, mientras un compañero los llama pelotas. Hago oído sordos y el mismo que ha calificado a sus compañeros, cuando llego a su mesa, me comenta: “Aunque, la verdad, maestro, es que sí te vamos a echar de menos”. A lo cual le contesto: “Anda ya, no seas pelota.” Los otros se ríen y, mientras termino de repartir, pienso que de estos ratos (y de otros) seguro que se acuerdan.

5 junio, 2016

Caminando por senderos de amistad

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:40

 

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1. Lunes, martes y miércoles en un campamento. Tres días en plena naturaleza realizando actividades que les hacían conocer el vértigo de la altura y lo desconocido, que arrancaban sonrisas entre juegos de piscina, caminando por un parque arbóreo que les elevaba sobre el suelo de la rutina, bajando por aguas turbulentas y disparando con el arco del entretenimiento, bailes en la noche que se enlazan con el rap del cumpleaños, escalando paredes de compañerismo y caminando por senderos de amistad…

Esas tres jornadas pasarán a la memoria de todos ellos. A la mía también. No entraré en detalles de todo lo vivido. Seguro que ellos lo han contado ya. Habrán contado lo que comieron y lo que cantaron, el desorden de ropas en algunas cabañas, el sueño que se resistía a llegar, los compañeros que tuvieron alguna añoranza familiar. Para mis alumnos era la segunda excursión de este tipo. El año pasado fueron dos días; este año tres. Para ellos habrá más. Para mí ha sido la última. Y la sensación que me ha quedado es de plena satisfacción. Gracias, chavales, por vuestra actitud, por vuestras risas, por vuestro disfrute.

PS. En el blog de nuestra clase hay una galería de fotos. Aquí se puede ver.

2. El jueves volvimos. Caras de cansancio. Mientras algunos cuentan lo vivido hay quien se queda dormida sobre la mesa. Poco a poco volvemos a la actividad lectiva. Algo más de dos semanas para acabar, pero todavía les quedan emociones por vivir.

3. En un primer momento fui a ver a Ernst-Peter Limmat, que fue mi maestro en la escuela local y el de dos generaciones de colegiales del pueblo. Hoy tiene más de ochenta años y apenas sale de casa, pero el tiempo se desliza por su cerebro sin mellarlo ni desgastarlo.

El informe de Brodeck – Philippe Claudel

3 junio, 2016

En la cabaña número cinco

Filed under: Personal,Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 14:49

Hace más de treinta años fui de excursión varios días con alumnos del octavo curso de la desaparecida EGB. Eran chavales de catorce o quince años. Mozalbetes en plena expansión hormonal para los que la visita al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la Basílica del Valle de los Caídos o el Palacio Real de Madrid, no tenía gran interés. No para todos, claro está; pero sí para la mayoría. El mayor atractivo para ellos era el viaje en sí, el trayecto, las bromas entre compañeros, los ligues espontáneos y temporales, las noches y el trasnoche. Recuerdo que, como todos no podían hospedarse en el mismo hotel, algunos tuvieron que hacerlo en una vieja pensión del centro histórico de Madrid, cerca de la Plaza Mayor. Fueron ocho o diez alumnos con el maestro que escribe. Y lo recuerdo porque la primera noche tuve que confiscarles una botella de plástico de dos litros en la que llevaban un preparado (vodka y limón) que sabía a matarratas. Recuerdo ese sabor porque el primer trago lo bebí yo, el segundo ellos (sí, había que calmar a las fieras) y el tercero fue al sumidero del aseo.

¿Por qué esta evocación de maestro excursionista? Porque aquella fue la primera y hace unos días he estado en la última. Ha sido ésta la antónima de aquélla. Alumnos de doce años con los que ya comparto cuatro cursos, compañeros (y compañeras, bien sûr) con los que comparto también cursos y, sobre todo, afinidades, campamento en plena naturaleza…Los alumnos han disfrutado, el maestro también; a pesar de que ya gasta uno cierta edad y lo de dormir en cama extraña, junto con el ir y venir por senderos, aumenta el desgaste de energías y la consecuente fatiga.

clip_image002El disfrute de los alumnos comienza desde la llegada y la formación de grupos, con compañeros que no lo son de aula, y termina con la despedida de los monitores que los han atendido. Los maestros, cansados por el trasiego de actividades, ir de un grupo a otro, fotografiar las sonrisas de todos, atender la morriña de algunos, hemos compartido mesa y confidencias. Ese ha sido nuestro disfrute, esa ha sido la compensación a tener que pasar tres días fuera de casa. Para mí ha sido como una despedida de curso anticipada. Charlas intranscendentes que rebajan tensiones, anécdotas apropiadas al momento que se vive, destapar aspectos personales de los demás que nos eran desconocidos… Y junto a todo ello, charlas sobre nuestro trabajo, la tantas veces incomprendida labor del maestro, seguidas de risas que no se pueden contener cuando la imaginación despierta situaciones imposibles, confidencias del pasado y previsiones del futuro… Todo ello se culmina con ver pasar las horas del reloj hasta que el conticinio se adueña del silencio y de la naturaleza; no sólo de la naturaleza arbórea rodeada por abrazos nocturnos sino también de la naturaleza humana hecha grupo en la cabaña número cinco.

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