La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

16 mayo, 2017

Tradiciones de ayer y hoy

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:55

 

clip_image001Comparto con Antonio Muñoz Molina la idea que la palabra “tradición” tenía en nuestra juventud (nota cronológica: ambos somos del 56). Comparto, también, lo que algunos de nosotros queríamos y queremos hacer con aquella idea de la “tradición”. Comparto la esperanza puestas en aquellas primeras elecciones que pronto cumplirán cuarenta años. Comparto su estupor por lo que veía en aquella Andalucía nuestra de hace veinte años, sobre todo el papel jugado por la televisión regional y la Consejería de Educación (qué tanto trabajo me dio y tanto me desencantó)…

Lo que no comparto es esa visión pesimista de que en este país (que decíamos cuando queríamos romper con la tradición), en esta España (viva y muerta, mía y nuestra, blanca y negra, que cantaba Cecilia) seguimos queriendo todo aquello que se engloba en esa idea de la palabra “tradición”. No comparto que pronunciarse en contra de la “tradición” sea ahora más arriesgado que en 1996; ni que el paso del tiempo haya servido para fortalecer las adhesiones irracionales a lo unánime. No es eso lo que veo y siento en esta tierra de tradiciones que es Andalucía. Esas tradiciones, cómo decirlo, intentaron que se nos metiesen en la médula y en la sesera en aquellos tiempos de infancia quienes en Semana Santa, por ejemplo, tan solo nos permitían escuchar por la radio música sacra e intentaban que viviésemos en una tristeza impuesta durante aquellos días. Esas tradiciones, hoy día, ya no llegan a la sesera, ya no entristecen. A lo más que llegan es a quedar en una bulla primaveral para trasegar cerveza viendo pasar el barroco por la esquina. Podríamos debatir si esa tradición transmutada es conveniente o no, es perjudicial o beneficiosa socialmente. Pero, lo que tengo claro es que no es la misma “tradición”.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Quieren tradición

23 abril, 2017

Debates, mítines… y atentado

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:53

 

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Como bien dice Antonio Muñoz Molina, la profecía era fácil, la apuesta no era arriesgada, era de prever que lo sucedido sucediese. Que hubiese un atentado en la Francia preelectoral era algo esperado. Los ha habido durante los últimos años sin que hubiese a la vista elecciones presidenciales, cumbres políticas, etc. Ahora, que la sociedad francesa está cuatridividida y a punto de elegir futuro, era casi “obligatorio” que tal ocurriese.
Y visto así, visto que todo era tan previsible, lo que uno piensa es si no ha llegado el momento de normalizar esa situación. Quizás sea el momento de pensar que a unas elecciones, en nuestro “mundo libre y seguro”, habría que añadirle ese condimento final. Antes de llegada la jornada electoral escucharemos a los candidatos, les veremos debatir en televisión, asistiremos a mítines multitudinarios o no, y lamentaremos y condenaremos el preceptivo atentado de quienes quieren hacernos cambiar usando la violencia y el terror. Pero si ese acto ya lo hemos agregado al proceso, si llegamos a dejar de considerarlo extraordinario, si tan solo nos queda llorar y enterrar a las víctimas y perseguir a los culpables sin que ello suponga modificar nuestro pensamiento y la consecuente decisión electoral habremos vencido a quienes intentaron que nuestras emociones se impusieran a nuestras razones.
Ayer, en un telediario, preguntaban a ciudadanos parisinos si el atentado les iba a hacer cambiar su voto. Creo que de cinco encuestados cuatro dijeron que no y uno dijo que sí. A éste último es al que habría que convencer para que no lo hiciese. El problema es que hay algunos políticos que, en su propio beneficio, aprovechan los atentados para lo contrario, para que los ciudadanos antepongan lo visceral a lo racional. Y así nos va.

Mucho más en…

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Facilidad en la profecía

26 marzo, 2017

Hago público mi dolor

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:59

clip_image001¿Debemos expresar nuestro dolor, nuestro pesar, de manera pública? Hoy cualquiera de nosotros puede publicar en redes sociales la pesadumbre que le produce la muerte de un ser querido. Pero, cuando ese dolor se expresa por parte de alguien conocido en un medio público, pero no personal como es un periódico, ¿es correcto?

Viene esto a cuento del artículo que el escritor Fernando Savater publicó en el diario El País a los dos años de la muerte de su esposa. Éste es el artículo. A partir de ahí en el blog de Antonio Muñoz Molina se abrió un debate sobre el asunto. A continuación, parte de ese diálogo:

Gaspard: Y tampoco se publicaría una apología de la depresión -así la describe alguien en Twitter-, como la columna de Savater de ayer. Entiendo el dolor de Savater, pero un diario de referencia no es lugar para ese tipo de textos.

Maese Nicolás: Gaspard, leí la columna de Savater el sábado y me pareció preciosa.
Cierto que podría ser una apología de la depresión. Pero esa apología, escrita así, debería ser recetada al mismo nivel que el Prozac.

Gaspard: Maese Nicolás, si yo fuese su editor, le recomendaría un buen psiquiatra, porque si a los dos años de enviudar seguir vivo le resulta un infierno, ese hombre padece una depresión de caballo. Compadezco literalmente a Savater, aunque hay cosas peores que la muerte del cónyuge, como la de un hijo: la madre y esposa de ‘El coronel no tiene quien le escriba’ dice que “nosotros somos huérfanos de nuestro hijo”. Parece que no tiene mucha relación con su hijo, ni tiene nietos. Lo siento por él, porque los pequeños rejuvenecen hasta el corazón más dolorido.

Maese Nicolás: Gaspard, leyendo el artículo del sábado, y leyendo los de sábados anteriores, pienso que eso que alguien llamó “apología de la depresión” refiriéndose a la columna citada me parece una exageración. Para mí es más el testimonio de una pérdida que debe haber condicionado su vida, por supuesto, pero no hasta tal punto de que Savater necesite tratamiento psiquiátrico para superar esa pérdida.

“…hay cosas peores que la muerte del cónyuge, como la de un hijo…”, dices. Sin duda. En la presentación del libro que ha entretenido (bueno, algo más que entretenido) mi fin de semana, “De vidas ajenas”, de tu paisano Emmanuel Carrère escribe:

«En cuestión de pocos meses, fui testigo de dos de los acontecimientos que más temo en la vida: la muerte de un hijo para sus padres y la muerte de una mujer joven para sus hijos y su marido».

Gaspard: Maese Nicolás, ¿es posible que el dolor, cuanto más lejano nos resulte, nos parezca menos preocupante y, en cambio, más “bello”, casi sublimado? Si un hermano viudo nos dice a los dos años de perder a su esposa -o una hermana a su marido, que es lo más probable, según las estadísticas- que la vida le resulta un infierno, nos alertaría, y pensaríamos en una grave depresión que, no curada, puede llevar a la inanición o el suicidio. En cambio, de no ser un ser querido sino alguien a quien se aprecia mucho o poco, pero sin más, pensamos “está fatal, pero qué bien se expresa”, y pasamos a otra cosa, como es natural, porque lo cercano en nuestra vida diaria, bueno o malo, es lo que nos incumbe. Un psiquiatra lo escucharía, diagnosticaría y le prescribiría un medicamento, supongo.

Maese Nicolás: Gaspard, por supuesto que el dolor cuanto más lejano nos afecta menos. El dolor producido por la muerte en atentado de un grupo de personas en Irak nos afecta menos que el producido en París. Es el efecto del llamado “kilómetro sentimental”. Esa distancia, que no es solo geográfica sino cultural, marca la intensidad de nuestro pesar.
A nivel individual sucede igual. Por eso en el caso de Savater, al que sólo conozco por lo que escribe, su dolor, expresado en una columna periodística, me llega por la simpatía que siento por él (por lo que escribe). Y quizás por ello veo bien que esa columna haya sido publicada.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Todo oídos

22 marzo, 2017

El poder de la incultura

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 12:48

clip_image001Maese Nicolás: Hay algo que últimamente me desestabiliza mucho. Es el nivel de superioridad en el que muchos se colocan, nos colocamos, al escuchar comentarios que nos parecen banales o estúpidos, reflexiones que para nosotros son dignas del más rancio catetismo e incluso rozan la burrada cultural; eso que vemos en televisión y en nuestra vida diaria si uno convive con gente no instruida.

¿Y por qué me zarandea emocionalmente todo esto? Porque muchos de los que muestran su ignorancia en tal o cual aspecto (cine, literatura, etc.) acaban dándote veinte vueltas en su conocimiento de mecánica del automóvil, clases de pan o aves migratorias. Ese saber que otorga la vida vivida en situaciones de carencias no lo tiene el más ilustrado catedrático, ese dominio de las situaciones emocionalmente extremas sufridas en un hogar desestructurado no las posee el mejor lector de novela francesa. Siempre he tenido esa sensación de “respeto” por el que no sabe (o parece que no sabe). Será porque me dedicaba a enseñar y me daba cuenta que mientras lo hacía aprendía de los que menos “saben” (infantes de seis a once años).

No hago con esto apología de esa tendencia que vive nuestra sociedad desde hace ya más años de lo necesario, esa especie de idiotización social que premia a tronistas y grandeshermanos. Lo que sí pido, me pido, es no hacer generalizaciones sobre cierto tipo de personas que parecen ser ignorantes cuando luego resultan ser, como el título de ese programa de humor, unos ilustres ignorantes que saben más de lo que aparentan.

Sap: Maese Nicolás, algunas de las personas más “sabias” –en el sentido de sensatez y sentido común, junto con inteligencia natural– que he conocido, no tenían ni idea de quién fue Platón o a lo mejor, Mata-Hari; pero en ningún momento se les ocurriría hacer ostentación de ello. Y ahí está la diferencia, don Maese, que una cosa es ser ignorante, incluso del tipo ignorante enciclopédico, y otra, alardear de tal estado, como es habitual en los platós televisivos sobre todo y en las redes sociales. De ésos sí hay que burlarse.

Gaspard: Maese Nicolás, la jactancia de la incultura. Finkielkraut sostiene que es la primera época en la Historia en que las élites proclaman el prestigio de la incultura; nuestro anfitrión alguna vez ha dicho algo parecido. No sé si será así, tal vez sea una exageración o generalización. En cualquier caso, la única incultura que me molesta es la de los herederos culturales, la de quienes tienen dinero para trajes pero no para cualquier otra cultura que la que necesitan para fortificar su situación. No digo que la ignorancia de los desheredados sea una fatalidad miserabilista o que esté justificada; no todos los desheredados son ignorantes, y seguramente sea entre ellos donde el saber legítimo -que no poseen, otra cosa es, claro, el saber práctico o la razón práctica a la que te refieres, los saberes instrumentales concretos y el conocimiento de los códigos en que hay que comportarse en sociedad- tiene más prestigio.
La incultura tiene hoy cierto prestigio populista, al mismo tiempo que, paradoja suprema, es un arma que se sigue utilizando en detrimento de los desheredados. No se puede relativizar la importancia que reviste obtenerla.

Maese Nicolás: Sap, de quienes alardean de su ignorancia en ciertos programas de televisión o en redes sociales no puedo burlarme. Me enfado con ellos porque, habiendo dispuesto de medios y posibilidades para aprender, han elegido contribuir a este estado de estupidez que se ha adueñado de mucha gente en este país.

Esa "jactancia de la incultura", de la que habla Gaspard, me parece tan inmoral, socialmente, como la del ilustrado que se jacta de su nivel cultural ante quien no pudo acceder al mismo.

Y luego está el diferenciar qué es un producto cultural. O a qué nivel de cultura pertenece. En “De la estupidez a la locura”, de Umberto Eco, que estos días me entretiene, se habla de esos niveles, de la alta y la baja cultura. Hoy día esos límites para mí son cada vez más difíciles de distinguir. Por ejemplo, el programa de Canal Sur en el que los ancianos acuden para emparejarse es tratado por muchos como un programa próximo a la telebasura. En cambio creo recordar que tú hablaste del aprendizaje que ese programa te ofrecía para conocer la vida real que esas personas vivieron siendo jóvenes, relatos de un realismo que sus memorias evocan. También en esta casa se habló positivamente de otro programa de televisión en el que acudían personas a una cita a ciegas. Me picó la curiosidad y lo vi un día. No pude aguantarlo más de media hora.

Maese Nicolás: Gaspard, repitiendo en parte lo que le he comentado a Sap: la jactancia de la incultura por parte de algunos, y ese cierto prestigio social que hoy se les da a quienes la practican, me parece algo detestable. Que ello ocurriese ya por parte de las élites de la Antigüedad no me extraña. O sí. Porque ahí es donde entra la otra cara de este asunto: qué consideramos cultura y qué no. Vuelvo a citar a Eco:

“Es cierto que los romanos abandonaban una representación de Terencio para ir a ver los osos, pero en realidad también hoy muchos intelectuales selectos renuncian a un concierto para ver un partido.”

Vamos que, por ejemplo, tras haber leído tus cultos y amenos comentarios me entero de que te vas (como cualquier forofo) a ver un partido de la Real.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Todo oídos

19 febrero, 2017

Sonata de tos

Filed under: Diálogos de blog en blog.,Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:25

clip_image002Hace unos días leía una entrevista al escritor Enrique Vila-Matas en la que decía:“Todas las historias son falsificaciones en cadena de un relato original que nos gustaría conocer, pero que ignoramos”. Un rato después, en el blog de Antonio Muñoz Molina, leía un texto en el que escribía sobre dos sonidos que oía desde su casa: la tos persistente de un vecino y un piano que alguien tocaba de vez en cuando. Dos sonidos que no podía identificar de dónde venían, del apartamento contiguo, del piso de abajo…

Pensé que, como decía Vila-Matas, había un relato original, que era la misma realidad, el cual había dado lugar al que había escrito Muñoz Molina (aunque éste no fuese en sí mismo un relato), y que éste último merecía otra historia. Ésta que viene a continuación y que dejé escrita en “Vidas de otros”:

 

El último ataque ha sido agotador. Le es difícil calcular el tiempo que ha durado. A veces piensa que todo su aparato respiratorio debe andar descomponiéndose como un puzle sometido a un movimiento violento que se repite cada varios segundos, como si una fuerza sísmica agitase los alveolos más escondidos y los maltrechos bronquios, como si las vías respiratorias fuesen las únicas vías de escape de ese mal que le persigue día y noche, sin horarios establecidos, asaltando su tranquilidad en el momento más imprevisto. Tras cada ataque queda agotado, se retrecha en el sillón y trata de calmar su respiración acelerada. Si está dormido siente la asfixia llegar como un enemigo invisible hasta que rompe la tos y lo expulsa de la cama. A esas horas de la noche el sonido ronco retumba en la soledad del hogar traspasando las paredes. No hay ya nadie en casa a quien pueda molestar ese ir y venir de carraspeos y flemas expectoradas. Pero él sabe que los vecinos de los pisos contiguos, en el silencio de la noche, serán partícipes de su padecimiento. Les llegará amortiguado el sonido profundo y desgarrador de esa maldita y pertinaz tos; pero, alguno habrá que se desvele creyendo escuchar un ruido indefinido, abra los ojos, quizás mire la hora en el despertador y, ya más espabilado, identifique esa pejiguera tos vecinal.

No puede hacer nada por evitarlo. Es por eso que cuando el enemigo no ataca, cuando los bronquios permanecen tranquilos y las mucosidades serenas, cuando la tos no golpea, se acuerda de esos vecinos desvelados y se acerca al piano para tocar alguna sonata de Schubert o Beethoven.

24 enero, 2017

He vivido tantos cambios de época

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:22

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Desde aquella mañana fría, pero soleada, de aquel 20 de noviembre en la que la radio anunció la muerte del dictador se han sucedido grandes fechas. Desde aquella mañana en la que me volví haciendo auto stop (qué cosa más antigua) a la tranquilidad del pueblo, por lo que pudiese pasar, se han sucedido acontecimientos que, en algunos casos con ligereza, llamamos históricos.
Todos esos acontecimientos, todas esas fechas que AMM enumera, todas fueron vividas de manera muy consciente. Quizás falte, para los que andamos en la sesentena, el asesinato de Carrero Blanco, que también ha estado de moda twittera estos últimos días, y la esperanzadora Revolución de los claveles portuguesa.
Pero, de todos ellos, cuántos, cuáles, realmente afectaron de manera decisiva la vida del que escribe… Me es difícil determinar si la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del Telón de Acero hicieron que mi vida hubiese sido distinta de la que ha sido. Me cuesta adivinar hasta qué punto el Brexit o la llegada de Trump determinarán la vida que me queda por vivir. No pongo en duda que todos esos hechos sí tuvieron influencia en la vida de muchas gentes pero quizás, en algunos de ellos, exageremos esa influencia.
Con Obama esperábamos el advenimiento de la paz (enseguida fue agasajado con el Nobel de la Misma) y la felicidad mundial. Con Trump esperamos el advenimiento de las plagas bíblicas (y ya ha comenzado a trabajar en ello, como diría el Otro). Si el Sistema no permitió al primero llevar a cabo todas sus buenas intenciones, esperemos que ese mismo Sistema no permita al segundo ejecutar todas las barbaridades de las que presume. Esperemos que todo ello no sea un cambio de época sino que sea lo que el propio Obama declaró al despedirse: “Esto no es un punto en la historia de América, es una coma”.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Cambios de época

12 enero, 2017

Desearía saber lo que tú ves

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 11:07

 

clip_image002La apreciación de una obra de arte tiene siempre un alto componente de subjetividad. Calificar las obras modernas que los artistas exponen en museos, galerías, etc. se me hace cada vez más difícil. Algunas despiertan en mí un placentero sentido de la belleza; otras, me dejan indiferentes; algunas me desconciertan y las hay también que despiertan desasosiego o rechazo.

Viene esto a cuento de la obra (fotografía adjunta) que un cobloguero mostró en el Blog de Antonio Muñoz Molina: Química de los objetos, y que trajo consigo los comentarios que siguen.

Ángela: Me gusta estéticamente, pero además me invita a seguir mirando, a pensar en su significado. Se me ocurre que, a veces, lo que sale de la máquina de escribir (o sea, lo que expresamos) es destructivo, incluso siendo bello. Esa máquina de escribir sería, en realidad, una destructora de documentos. Sería la herramienta que destruye la verdad, pero también la que destruye la mentira.

¿Qué veis vosotros en esa obra?

Maese Nicolás:

– Juez anti corrupción: La “máchina antecessor” al ordenador de un partido político español.
– Novelista: Una novela que titularé “La vida etérea del confeti”.
– Futbolista: La serpentina que lanzaron cuando ganamos la Liga.
– Filósofo: Un ensayo filosófico que titularé “Escribe en negro el color de la existencia”.
– Ecologista: El arco iris devorado por el chapapote.
– Militante gay: El arco iris devorado por la intolerancia de la oscuridad.
– Politólogo: Las diversas formaciones políticas (incluida la magenta UPyD) escapando de la negra dictadura.
– Nacionalistas periféricos: Las nacionalidades históricas independizándose del férreo control del Estado de Aquí.
– Militante del ISIS: Los pecados de los infieles degollados por nuestra fe.
– Millenial: Increíble lo que podían hacer nuestros padres con sus viejos cacharros.
– Maese Nicolás a sus alumnos: Mirad esa vieja máquina de color negro. Antes de que ella existiese hubo quienes escribieron con viejas plumas mojadas en negros tinteros. Ahora, vosotros podéis escribir en modernos ordenadores de negro teclado. A quien escribió con esa máquina le sucedió igual que a quien escribió con la pluma. Y a vosotros os puede suceder igual: si la historia que queréis escribir os sale de lo mejor de vuestra imaginación, si vuestros pensamientos se transforman en cuentos o novelas que algunas personas desean leer, todo lo que escribáis hará el mismo efecto que miles de serpentinas coloreadas, alegrarán la vida de vuestros lectores.

30 diciembre, 2016

Papelera abatida y ahora desaparecida

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:00

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Llevaba un tiempo inclinada, herida por la fuerza bruta de la violencia callejera que tiene su objetivo en el mobiliario urbano, doblada sobre sus anclajes de hierro y losas. Un día su inclinación concluyó, dejó de estar aferrada al suelo, y acabó siendo pieza abatida, pieza caída a tierra, papelera inservible y vencida. Así es como aparece en la foto. Ahora, ya no está. Debe haber sido recogida por algún operario municipal o por algún chatarrero de paso. Su vida ha sido corta, su estancia en la plazuela de la residencia de ancianos, frente a la estación del tren, ha sido un visto y no visto; como el paso fugaz de los trenes que andan a velocidades de vértigo, como el tránsito de una vida humana vista desde la vejez. Eso sí, durante su corta vida fue testigo del silencio de esa plaza de bancos vacíos, bancos destinados a recoger a la inexistente clientela de una residencia geriátrica que fue construida y concluida pero que aún permanece desierta por una serie de problemas que en este país parecen ir siempre de la mano de cualquier construcción pública. Esa papelera ha sido testigo de las rejas cerradas y de las persianas siempre bajadas de ese hogar sin habitantes, ha sido testigo del silencio de un lugar que debería tener vida para los que apuran la suya. Quizá su caída y desaparición sean una metáfora de la situación. Quizás su abatimiento y desaparición no sean obra de la gamberrada sino un acto de personificación solidaria: ¿Qué hago yo aquí sin ancianos a los que servir?

24 diciembre, 2016

Te llamaré, tocayo, por mi nombre

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:56

 

 

clip_image002Maese Nicolás: Cuenta Muñoz Molina, Antonio, esa anécdota que le contó el cantante Molina, Antonio, el día que los castristas entraron en La Habana. Y cuenta que el cantante se dirigía a él como “tocayo”. Llamar tocayo a quien lleva tu mismo nombre de pila era muy habitual en los tiempos de aquella infancia en la que quizás no había tanta variedad en los nombres. Los Paco, Manolo, Antonio o Rafael no tenían tanta competencia como hoy con los Christopher, Jonathan y similares. Pero tampoco creo que ese fuese el motivo. Llamar tocayo era antes una costumbre más al uso, sobre todo en los hombres. Incluso recuerdo que quienes así se nombraban recíprocamente establecían entre ellos una cierta familiaridad, una sensación de cercanía personal que se generaba por el uso de ese término que hoy parece tan anticuado. Ahora, rara vez escucho que alguien se dirija a otra persona llamándole tocayo. Yo lo hice con un alumno hace unas semanas y sus compañeros me miraban con cara de sorpresa, desconocedores de lo que significaba tal apelativo.

Cuánto tiempo hacía que no veía escrita esa palabra. No recuerdo haberla leído ni siquiera en los libros de autores que nacieron a mediados del siglo pasado. Ni en los de nuestro anfitrión, ni en los de Martínez Pisón, ni en los de Luis Landero, por poner ejemplos de autores que han novelado la vida de aquellos años.

Sap: Maese Nicolás, creo que un parecido proceso de extinción de la palabra “tocayo” la ha sufrido otra de similares características, esto es, fortalecer unos mínimos pero cordiales lazos entre los mamíferos humanos. Me refiero a “paisano”. ¿Desde cuándo no la escucho empleada con el pleno sentido de antaño?

Maese Nicolás: Sap, sí, “paisano” es otra de esas palabras que han perdido el uso que hace años se les daba.

Recuerdo que en “El balcón de invierno”, de Landero había numerosas expresiones que ya pasaron a la historia. Nadie dice ahora, salvo personas muy mayores, que “fulanito se comió todo su capital en juegos y mujeres de mala vida”, o que “menganito quiere estudiar leyes para hacerse un hombre de provecho”.

El empobrecimiento que ha sufrido nuestra manera de hablar en las últimas décadas me parece notable. La pérdida del vocabulario rural, de muchas expresiones cargadas de simbolismo, de la terminología propia de los oficios tradicionales, me apena. Por ejemplo, te vas al mundo de la costura y a todo lo más que llega tu “paisana” es a decir que hay que “coser” el partido. Si al menos hubiese hablado de enjaretar las distintas facciones, de hilvanar las ideas fundamentales o de zurcir el roto ocasionado…

Óscar Maif: Maese, el que “estudió leyes para hacerse un hombre de provecho” fue Fidel, al menos eso creía su padre (él le llamaría “Fi”, supongo, al tener más familiaridad) que al pagarle a su hijo los estudios de abogado le defendería su hacienda, y va, coge, agarra, y lo primero que hace al detentar el poder es nacionalizar las tierras de su propio padre…

“Tocayo” no es, contra lo que pudiera parecer, una palabra tan antigua, pues aunque le han querido buscar un origen etimológico latino (Ubi tu Caius, ibi ego Caia) lo cierto es que no aparece escrita hasta bien entrado el siglo XIX, no existiendo término similar en ninguna otra lengua de las derivadas del latín.

Maese Nicolás: Óscar Maif, lo de Fidel es bien conocido.
¿Algún abogado en la sala? Abogados y psicopedagogos son dos de los oficios de los que más recelo últimamente.
En cuanto a lo de “tocayo”, agradezco la información pues no sabía ni de su antigüedad ni de su singularidad entre las lenguas latinas.

En Blog de Antonio Muñoz Molina: El gran hablador

23 diciembre, 2016

Soy un cateto de hipotenusa pueblerina

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 9:49

 

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Diez reflexiones (y dudas reflexivas) sobre el catetismo:

1. Un paleto es la culminación de un cateto.
2. La hipotenusa es la parte femenina en un mènage á trois de catetos.
3. Un cateto sin garrota es un cateto menor.
4. ¿Los prototipos del catetismo de la América profunda son Cletus & Brandine o Donald & Melania?
5. ¿El catetismo español acabó con las películas de Esteso & Pajares?
6. El cateto piensa que un vértice es igual que una esquina.
7. La boina es el casco protector de la sesera del cateto.
8. La relación del youtúber con Youtube no es comparable a la del catéter con el cateto.
9. Hay catetas pero no hay hipotenusos.
10. ¿Un cateto rústico trasplantado a la ciudad puede acabar en: a) Concursante de Granjero busca esposa – b) Hipster – c) Senador por designación autonómica?

En Blog de Antonio Muñoz Molina: Los catetos

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