La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

8 febrero, 2014

Carta de una desconocida – Stefan Zweig

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 12:16

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Leo esta novela corta de un autor del que no había leído nada anteriormente. Parece que Zweig sí fue muy leído en su época y que luego pasó al olvido. Hace unos años ha vuelto a ser publicado. No sé si su biografía ha influido en ello. Huido ante el avance del nazismo se exilió en Brasil donde acabó suicidándose creyendo que la barbarie nacionalsocialista acabaría triunfando.

Carta de una desconocida es un monólogo en forma de carta que escribe una mujer al hombre del que siempre estuvo enamorada. Un amor extremo, irracional, descompensado socialmente. Un amor que dura varios años y en el que solo una parte es partícipe de él. En tan extraordinaria situación el autor no entra a juzgar el papel de los personajes. Simplemente cuenta lo ocurrido, los sentimientos y la manera de ser de los protagonistas, sin analizar la moral de la que se entrega a un amor apasionado y de aquél que vive indiferente y desconocedor de lo que la otra parte sufre.

Una historia triste que no se despeña por el precipicio del melodrama romántico. Una historia bien narrada sobre la complejidad de los sentimientos humanos, una novelita que se lee de una sentada y que deja abierta la puerta a nuevas lecturas de Zweig.

PS. Hay dos versiones cinematográficas de esta obra:

1. Letter from an unknown woman , dirigida en 1948 por Max Ophüls y protagonizada por Joan Fontaine y Louis Jourdan.

2. Carta de una mujer desconocida, de la directora china Xu Jinglei.

En el vídeo de la película de Max Ophüls la protagonista se siente atraída por las “cosas tan bellas” que posee el nuevo vecino. En la película china a la protagonista le llama la atención la cantidad de “libros bonitos” que acompañan al nuevo vecino. ¿Y en la novela?:

Me quedé de pie en la puerta para poder admirarlo todo. Tus cosas eran muy especiales, tanto que nunca antes había visto nada igual: había fetiches indios, esculturas italianas, grandes y deslumbrantes cuadros. Finalmente vinieron los libros, tantos y tan bonitos que nunca hubiera imaginado que pudieran existir. Los iban apilando en la puerta, los cogía el mayordomo, uno por uno, y les quitaba el polvo con cuidado. Me acerqué sigilosamente para contemplar cómo iba creciendo la pila. Tu criado no me echó, pero tampoco me animó a quedarme allí. No me atreví a tocar nada, aunque me hubiese gustado acariciar el suave cuero de algunas cubiertas. Miré alguno de los títulos tímidamente: algunos eran ingleses o franceses, y otros en idiomas que no entendía. Creo que los hubiese podido estar mirando durante horas, pero mi madre me llamó.”

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7 marzo, 2017

Veinticuatro horas en la vida de una mujer – Stefan Zweig

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:49

 

clip_image002Después de haber leído “Carta de una desconocida” vuelvo a Zweig para degustar otra de sus joyitas literarias. Esta “Veinticuatro horas…”, que se lee de una sentada, esta novela corta, es un compendio de sutileza literaria, de fino análisis psicológico, de un feminismo tan sutil para su época (principios del siglo XX), que es difícil creer que en tan pocas páginas haya tanto que contar y tanto sobre lo qué pensar.

La obra trata sobre las flaquezas humanas, las debilidades que aparecen en cualquier momento de la vida. En este caso la debilidad de la mujer que se deja arrastrar por un torbellino de pasión amorosa tan extremo que le hace dejar a un lado todo su status social y familiar. Esa situación, que es la que desencadena la historia, sirve para que los dos protagonistas, el hombre que defiende tal hecho ante el “escándalo” de los bien pensantes (“encuentro más digno que una mujer ceda a su instinto, libre y apasionadamente, que no, como ocurre por lo general, engañe al marido en sus propios brazos y a ojos cerrados”), y la mujer que vivió una experiencia similar (“Si aquel hombre me hubiera abrazado y me hubiera pedido que le siguiera hasta el fin del mundo, no habría vacilado en deshonrar mi nombre y el de mis hijos”) y que decide contarla a ese defensor. Esas son las veinticuatro horas vividas por quien necesita contar y ser escuchada.

Y mientras Mrs C. cuenta su experiencia se convierte en narradora junto con aquel que es su confesor; que también se convierte en narrador de la historia en un doble juego en el que fluyen los recuerdos y aparecen las reflexiones sobre esas debilidades que cualquiera puede llegar a tener. Esas debilidades pueden conducir a imprevisibles trastornos vitales que a veces se guardan en los más profundos cajones de los secretos y que a veces estallan alrededor. Incluso los que se guardan durante tantos años llega un momento en que, circunstancialmente, por azar, son necesarios ser contados para que los recuerdos no ahoguen la memoria; o por haber encontrado quien es capaz de justificar aquello que casi nadie comprendió en su momento y que ahora aparece como un salvador.

14 marzo, 2015

Maneras de morir

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:40

Tears in heaven – Eric Clapton

Antoniomm: Final feliz

Nicolás: Es tan imprevisible… Incluso quienes la buscan a conciencia hay veces que no la encuentran en el momento que desearían. Es por eso que cuando llega no sabemos en qué estado nos va a encontrar.
Cuando el final llega de manera inesperada es difícil saber si es un final feliz. La apariencia de una vida tranquila puede hacer creer que quien se va muere en paz con Dios, como oía decir en mi infancia. Quién sabe si esa mañana faltó una última sonrisa para quien le acompañaba en el desayuno, si hubo unas palabras agrias con un compañero de trabajo…
Debe ser muy difícil morir feliz.

Gaspard: Nicolás, lo de la última sonrisa que faltó o la mala palabra que sobró es un aspecto que figura en ‘Loreak’, una maravilla de película. Si en ‘Carta de una desconocida’, de Zweig, las cartas no correspondidas llevan a la muerte a la protagonista, en ‘Loreak’ la muerte interrumpe el envío de flores. El amor secreto no correspondido.

Nicolás: Gaspard, me anima tu comentario sobre Loreak. Vi la promoción de la película en Canal Plus y la tengo grabada para verla cuando disponga de un ratito de tranquilidad.

clip_image002Maese Nicolás: Decía en un comentario anterior que suele llegar de manera imprevista. No siempre, claro. Hay veces que se le ve asomar por el pasillo del hospital, caminando tranquila e inevitable. Hay veces en las que son los familiares y allegados quienes saben que el final está próximo; otras veces es el señalado el que también es consciente de que le llega su hora.

Uno de estos últimos casos, de suprema consciencia sobre lo que se avecina, es el del loco don Quijote. Y digo suprema porque no solo es consciente de su cercana muerte sino que también se reconoce como quien realmente es, ese Alonso Quijano que pudo morir en cualquiera de sus alocadas aventuras y al que el destino le tenía guardado un fallecer placentero junto a los suyos y su recobrada cordura: “-Señores -dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.”

¡Qué hermoso final! De todo.

Sap: ¡Ah, eso sí que no!, ¡por ahí sí que no paso, Maese Rapabarbas! Ese recular del loco Alonso en el último minuto, ese entregar la cuchara, ese renegar de su sueño, me parece tan patético como el de un ateazo que requiriera el auxilio de un sacerdote y que lo cogiera por el gañote conminándole a administrarle los Santos Óleos a cuenta del por si acaso.

El final del Quijote es amarguísimo y decepcionante (y tal vez, ay, irremediable). Un poco como aquellos finales de cartón piedra de las películas históricas de Cifesa con cutre despliegue sinfónico.

Nicolás: Sap, entiendo que un personaje como tú, amante de lo inverosímil y estrafalario, seguidor de elementos como Torrente o Chiquito de la Calsá, se decepcione con el final del loco Alonso. Pero tú mismo lo has dicho, por muchos paréntesis que le coloques: (y tal vez, ay, irremediable)”.

Ahí está la clave, lo irremediable que sobreviene cuando llegado el momento de decir el definitivo adiós hace que según un estudio de la Universidad de Ohio el noventa y dos por ciento de los ateos pierdan su no fe y pidan al Supremo que los acoja en sus brazos. Desengáñate, si ya te ha ocurrido con Alonso igual puede ocurrirte con los demás: Torrente no dirá como últimas palabras “!Aupa Atleti!” sino que se encomendará a la Virgen de la Almudena; Chiquito no dirá “Hasta luego, Lucas” sino que demandará el consuelo de una imagen del Cristo de la Buena Muerte portado por el tercio de la Legión. La realidad, para lo bueno y para lo malo, acaba imponiéndose a la ficción.

19 agosto, 2013

Subrayados en un viejo libro

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

Antoniomm:

Hay informaciones menores pero sustanciosas que cuando las encuentro me producen una satisfacción parecida a la que debe de producirle a una ardilla el hallazgo inesperado de una buena bellota. Por ejemplo esta: la primera traducción al inglés de Madame Bovary la hizo Eleanor Marx, una de las hijas de Karl Marx.

Es fácil imaginar a Marx, desvelado, después de muchas horas escribiendo borradores de El capital, abriendo al azar esa novelita francesa que traducía su hija…

Nicolás:

Esas informaciones menores que se interrelacionan con otras de lo que consideramos datos importantes, esos detalles cercanos a lo anecdótico, y, sobre todo, la capacidad de imaginar situaciones basadas en todo ello es algo que me resulta altamente atractivo.

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Comentan algunos coblogueros sus lecturas marxistas, la dificultad para acabar los libros de don Carlos, etc. Uno, que sí leyó “El Capital”, “El Manifiesto…”, y algún otro, a temprana edad, a esa edad en la que todavía creíamos en la revolución, logró sobrevivir casi mentalmente sano, al igual que sobrevivimos a los ejercicios espirituales y a la formación del espíritu nacional (las minúsculas son intencionadas) años antes.

clip_image001Todo ello me ha llevado a buscar viejos libros. Tengo aquí delante el segundo tomo de “Marx – Engels: obras escogidas II” (¿a qué paraíso proletario o detestable estado burgués habrá ido a parar el primer tomo?), editorial Akal (1975), con fecha de haberlo comprado en febrero de 1976. Seguro que me gasté parte del dinero que mis padres me daban mientras estudiaba Magisterio en comprar las Obras escogidas, seguro que prescindí de algún café, de algún viaje en autobús… En fin.

Leo algunas de las páginas amarillentas y me encuentro con una carta de Marx a Engels fechada en Londres, 25 de septiembre de 1857. Escribe don Carlos:

“…Tu “El ejército” ( se refiere Marx a un artículo escrito por su colega Friedrich) está muy bien y únicamente sus dimensiones me han producido el efecto de un estacazo, -pues sé cuán perjudicial es para ti el esforzarte mucho. Si hubiera sabido que ibas a trabajar hasta altas horas de la noche, hubiera mandado al cuerno todo el asunto.

No puedo evitar una sonrisa ante lenguaje tan coloquial: efecto de un estacazo, mandar al cuerno… Después sigue escribiendo Marx sobre la importancia del ejército en la producción económica, viajando en el tiempo hasta el “peculium castrense” romano, le hace una observación a su colega sobre cómo tratar el asunto desde otro punto de vista, y le indica tres puntos “que has dejado tocar en tu escrito”. Y eso que líneas arribas le había comentado que el artículo “está muy bien”.

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Sigo con mi viejo Akal. Leo algunos subrayados (año 1976) de “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, de Engels, concretamente del segundo capítulo (La familia):

“Con la monogamia aparecieron dos figuras sociales, constantes y características, desconocidas hasta entonces: el inevitable amante de la mujer y el marido cornudo. Los hombres habían logrado la victoria sobre las mujeres, pero las vencidas se encargaron generosamente de coronar a los vencedores.”

Estoy empezando a divertirme.

Blog de Antonio Muñoz Molina – 15 de agosto de 2013

6 agosto, 2009

Menú del día. 96: Barra libre, que paga Florentino.

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 15:35

            Cual pirata somalí en aguas “internéticas” –permítaseme el palabro- me cuelgo de la red ajena para enviar al espacio de la girola veraniega la situación de esta España mía, esta España nuestra. Me adentro en conexión inalámbrica desconocida para meter en una botella este pasquín de llamaradas estivales que, como cada verano, nos arrasan las hectáreas de oxígeno y vida. Lo lanzo a las aguas mediterráneas, que van desde La Caleta hasta la isla bombardeada por los bárbaros del norte, como cada verano también, y que dejan tras de sí otra tierra y otras vidas también arrasadas. Pero dos días después vuelve la normalidad –lo otro, lo de las bombas y la muerte lo llamaremos regularidad- porque el Rey and the family vuelven a navegar por aquellas aguas. ¡Que Bribón el Borbón! Añadiría el Anasagasti de turno. Y al otro lado del Estrecho llegan galletas de chapapote onubense a las costas del Coto; pero los del Nunca Mais no aparecen por ningún lado, “andarán de vacaciones” como la musa de Serrat. Mientras, el Tribunal Superior de Justicia de Valencia deja vestido al Honorable del lugar con el traje que le regaló su amiguito del alma. Claro está que en el tribunal de corte y confección el Honorable tenía colocado a un juez que era más que un amigo. Amici Camps se llama la nueva línea de otoño-invierno. A la vice De la Vega, que anda haciendo las Américas, no le ha gustado nada la nueva línea y ha despertado de su siesta al fiscal del Estado para que olvide su candidez y tome cartas en el asunto. Por lo demás, la lideresa del verso suelto parece haberse decantado por el espectáculo y lo mismo le tararea – en versión la, la, la- el himno de España al ciclista victorioso, que le canta –cual Marilyn de los madriles- el cumpleaños feliz al ministro antibombas. Ya sólo falta que en televisión repongan aquel anuncio en el que aparecía un abuelete preguntando: Y el Madrid qué, ¿otra vez…? La versión de este verano tendría un pequeño cambio: Y Florentino qué, ¿otra vez…?. 

 

                        Bon appétit.

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