La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

5 diciembre, 2017

Señales para interpretar

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:57

Quienes vivimos en pueblos solemos llevar una vida más tranquila que aquellos que viven en ciudades: el sonido de una sirena nos hace asomarnos a puertas o ventanas para ver qué pasa. Lo anterior es un ejemplo, pero hay muchos más. Por ejemplo, es difícil que nos sorprenda el escaparate de un comercio que se salga de los cánones clásicos del escaparatismo; o una performance callejera de algún grupo teatral marginal, de un grupo ecologista alternativo o de alguna asociación que reivindica los derechos de una tribu amazónica (si es que queda alguna). Cuando caminamos por el pueblo prestamos más atención a los vecinos con los que nos cruzamos para cumplir con el educado saludo o preguntar por la salud, si ya ha pasado un tiempo sin vernos, porque poco más hay de nuevo en la vida diaria.

En esas caminatas callejeras o por los alrededores del pueblo uno trata siempre de vislumbrar algo que se escape de lo rutinario, de lo repetitivo. Lo último que llamó mi atención es lo que aparece en la siguiente imagen:

Señales

Sobre algunos de  los anclajes metálicos de una valla protectora en una de las rondas que circunvalan la localidad observo que aparecen unos números (2 0 1) y unas figuras indefinidas realizadas con alguna pasta adhesiva que me resulta imposible de despegar y que se fracturan si se les aplica demasiada fuerza. Uno se pregunta qué significado tienen, quién o quiénes los han realizado… Mientras uno sigue caminando imagina claves secretas transmitidas a gentes desconocidas, mensajes indescifrables para el común de los mortales que tienen una finalidad desconocida. Piensa uno, salvando las distancias, en las inextricables líneas de Nazca, en las claves ocultas de la Gran Pirámide de Keops o en los mensajes cifrados que han transmitido los grandes artistas en sus obras pictóricas o en los capiteles de algunas columnas románicas. Y sigue uno caminando sin que se escuche ninguna inoportuna sirena; tan solo el ruido de un tractor que regresa del tajo con el remolque cargado de aceitunas.

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