La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

6 septiembre, 2017

Otro 1 de septiembre

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 15:10

 

clip_image002Han pasado ya unos días. Quería sentir cómo era ese día sin tener que ir al colegio. Después de treinta y siete años, el 1 de septiembre no he tenido que presentarme en un colegio. Desde 1979, cada 1 de septiembre, el verano acababa de manera brusca. El despertador sonaba y uno se encaminaba hacia el colegio expectante por saber qué se encontraría, quiénes serían los compañeros de trabajo, qué grupo de alumnos tendría, etc. Otras veces, sobre todo los últimos años, todo era más rutinario, ya conocías el terreno que pisabas; tan solo quedaba conocer a los “nuevos” (compañeros o grupo de alumnos) e ir calentando los motores de un nuevo curso: reuniones, preparación del aula, material escolar…

Este año no. Hace unos días, el 1 de septiembre a las diez de la mañana, pasé por el que ha sido mi colegio en los últimos dieciséis años. Los numerosos coches aparcados frente a la fachada del mismo delataban que las maestras (y maestros, claro está) andarían saludándose, comentando los viajes veraniegos, preguntando por la salud del otro y sus familiares, recibiendo a los recién llegados con la mejor de las sonrisas, etc. Como iba en coche fue una pasada rápida, fugaz de recuerdos y sensaciones. Por primera vez en muchos años yo no era uno de los que formaban parte ese inicio escolar del que hablan las noticias cuando se los alumnos se incorporan a clase ignorando que los maestros llevan ya unos días preparándolo todo. Por primera vez mis pensamientos no giraban alrededor de ese mundo absorbente que es la vida escolar y el horario lectivo. No sé si fue porque ya el 1 de septiembre del año pasado fue algo diferente (era una incorporación para tan solo tres meses antes de que llegara la jubilación), esa visión pasajera del colegio a través de los cristales del coche no supuso una emoción especial. Tuve la sensación de que había pasado mucho más tiempo del que realmente ha pasado desde que crucé la puerta de salida, de que todo quedaba mucho más lejano, de que ese mundo me era ya casi desconocido. Quizás se deba a que nunca llegué a hacer de mi profesión una devoción, como alguien con mala intención me dijo una vez, como si el cumplir profesionalmente con tu trabajo fuese algo negativo, cuando en realidad hay veces, muchas veces, que lo devocional entorpece una buena labor profesional. Quizás se deba a que cuando pasé por delante del colegio me dirigía a pasar unos días con mi nieta, ejemplo de que hay vida cuando uno deja de ser maestro.

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