La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

11 agosto, 2017

Sentado a la sombra del almendro amargo

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 9:19

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Sentado a la sombra del almendro amargo, cuando el sol culmina sobre el inmenso azul, siento en el rostro el suave viento que cambia de orientación y temperatura; el aire caliente desaparece por momentos para dar paso a una brisa más fresca, menos agobiante, que el cuerpo y la mente agradecen a esas horas que deberían ser de placentera siesta. Estos cambios de vientos deben ser el anuncio de la bajada de temperatura que los meteorólogos anuncian.

Recostado sobre la protectora pared de la cochera, aliada del almendro en la creación de salvadora sombra, observo el camino blanco que culmina en la antigua era. Algunas hierbas fronterizas entre el camino y la tierra recién arada conservan todavía un verde tímido, un verde superviviente después de tantos días de calor y sequía. Tras esa escuálida frontera vegetal luce el blancar de terrones abruptos que desciende hasta las tierras de girasol. En ese descenso la tierra va oscureciéndose paulatinamente: el cerro blancuzco se convierte en oscura y grisácea cañada allá donde hace esquina con el camino.

Estamos segando el girasol, ése que dejó atrás tiempos coloristas, de verdes y amarillos que atraen a turistas asiáticos, y ahora luce ese tono marrón tan agrario, tan de tierra calma. Miro a la cosechadora, incansable en su siega, a punto de concluir el corral de la Cañá el Barco, marcando la diferencia entre lo segado y lo que resta por segar. La paleta de colores me parece hermosa cuando veo más allá el rastrojo aún no arado. El pajizo de lo que fue cereal se corona con el azul celeste inmaculado. Sobre ese rastrojo, al que le queda poco tiempo para desaparecer entre las rejas del arado de levante, destaca la mole de las alpacas de paja. El camión parado en el camino, receptor que espera las pipas de girasol, se empequeñece ante ese moderno y efímero almiar. Un poco más a la izquierda veo la otra caja del camión; es buena señal: la cosecha no será tan paupérrima como la del año pasado. Entre lo recolectado de trigo y lo que saldrá de girasol tendremos “media cosecha”, esa expresión que siempre me recuerda a mi padre cuando por estos días, durante tantos años, veía la recolección con esa visión medio pesimista, medio optimista, de los labradores de siempre.

Tras once horas de siega ininterrumpida La Venta es ya tierra que espera labores de preparación para un nuevo curso agrario: arancía de rastrojos, recogida de troncones de girasol… El eterno ciclo del agro.

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