La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

9 agosto, 2017

Morir en la esquina de la casa

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 10:53

clip_image002“Morir en la esquina de la casa” podría ser el título de una novela de intriga. También podría ser el titular de una noticia periodística. O el verso inicial de un poema: Morir en la esquina de la casa / es hallar el final sin perder el horizonte…

En todo eso pienso mientras miro esa esquina de firme irregular, esa esquina en la que el enlosado desapareció entre remiendos y tapas metálicas de arquetas, esa esquina en la que es tan fácil tropezar; ésa, en la que una de las tapas metálicas antes citadas está a punto de hundirse porque su anclaje oxidado cede día a día como el ser humano que ha llegado a la decrepitud de la vejez extrema. Esa esquina en la que los bordillos graníticos que separan calzada de acera lucen restos de pintura amarilla como si hubiesen formado parte de de un claustro conventual románico. Esos adoquines fronterizos desgastados por el paso de los años, carcomidos como si hubiesen sido roídos por una animal extraordinario…

Bien, dejemos la literatura a un lado y vayamos a la vida real. Esa esquina es un peligro desde hace más de veinte años. En ella he visto tropezones y caídas, enganches de carritos de la compra y carritos de bebés. Los vecinos ya la conocemos y la evitamos. Las personas mayores que van con su andador se bajan de la acera al llegar a ella, con el consiguiente peligro de andar por la calzada en un cruce. Lo hacen no porque sean temerarios sino porque perciben el riesgo mayor de caer en el agujero, en la mala pavimentación… Y ahora, en la tapa metálica que está a punto de ceder. Cuando estoy en la puerta de casa viendo el tiempo pasar observo como los que se percatan de la situación avisan a sus acompañantes: “Juanito, ¡cuidado, no tropieces! María, ¡no pises esa chapa que está oxidada!”

Hace años cambiaron esa tapa porque llegó a hundirse. Ahora va por el mismo camino porque ni el hierro de los hititas era eterno. Lo que sí parece eterna es la desidia por arreglar ese acerado. La arqueta será de Endesa, de Epremasa o de otra SA cualquiera. Y El acerado, ¿sabemos a quién pertenece? Envidia sana siento cuando, tras salir de casa y evitar la esquina del peligro, me dirijo a casa de mi hijo caminando tranquilamente por esa calle Martillo que ofrece tránsito sin sobresaltos; por esa acera de la calle Caldereros, tan uniforme que hasta un niño chico podría dar sus primeros pasos… Y mientras camino pienso el por qué ninguna de las autoridades competentes que ha habido en estos últimos veintiún años, en los que llevo viviendo en esa esquina, ha tenido consideración con los vecinos y transeúntes que, desde ella hasta el final de la calle Cerro Morrión, sufrimos un acerado irregular y hasta peligroso.

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