La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

13 julio, 2017

Sentirse afortunado mirando al otro

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:21

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La foto está tomada frente a la terraza en la que leo, escribo, me alivio del calor cordobés y veo pasar la vida. De espaldas, la bocana del puerto por donde entran y salen hacia el Mar de Alborán los pesqueros caleteños. La foto muestra a quienes llegaron a las diez de la mañana y se marcharon a las siete de la tarde tras pasar un día de playa. Llegaron con la algarabía alegre del que tiene por delante horas de diversión. Escuché desde el salón sus voces amortiguadas por la distancia, sin saber que eran ellos hasta que vi los dos autocares aparcados junto al solar al que la crisis dejó sin urbanizar. Por la tarde sí los he visto regresar, con menos alboroto, más cansados y apagados. Cargados de mochilas y enseres playeros, mucha nevera portátil de plástico colorista y alguna mesa plegable, van llegado tras nueve horas que habrán sido de baños y comida preparada la noche anterior o esa misma mañana muy temprano. Quizás se levantaron a la misma hora que cada día se levantan para preparar lo que antes llamábamos el avío o la talega, la comida que se lleva al trabajo. Me imagino que serán de algún pueblo a una o dos horas de aquí. Los hay de todas las edades, desde adolescentes hasta quienes tienen edad de ser abuelos. Estos últimos son los más jaleosos a la hora de volver. Se oye alguna voz que recrimina, no de manera agria, a los más jóvenes su parsimonia y el pequeño retraso sobre la hora en la que habían quedado en salir. No atisbo a ver que sean de ningún grupo homogéneo, asociación carnavalesca, hermandad religiosa, banda de música o equipo deportivo; no hay símbolos ni camisetas que los identifique de manera grupal así que deduzco debe ser unos de esos viajes que la empresa de autocares del pueblo organiza para “echar el domingo en la playa”. Cuando los dos vehículos se ponen en marcha y desaparecen de mi vista pienso que soy afortunado porque puedo permanecer aquí, disfrutando de la brisa marina y alejado del horno interior que estos días recalienta la tierra. Me giro hacia el otro lado y veo que del puerto (que no es sólo pesquero) sale un barco de recreo con sus buenos metros de eslora, mástil considerable y gran prestancia marinera. Sobre cubierta varias personas, unas miran mar adentro y otras hacia tierra. Pienso si esas personas se sentirán también afortunadas cuando me vean sentado en mi terracita de piso de verano.

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