La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

9 julio, 2017

Pintar y bailar

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:52

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Siempre ha sucedido. A las personas mayores (¿a qué edad comienza uno a sentirse persona mayor?) les llama la atención la manera de vestir, de adornar su cuerpo, etc. de muchos jóvenes. Recuerdo los comentarios de esos mayores cuando uno comenzó a llevar el pelo largo y pantalones de campana. Ahora , desde hace tiempo ya, esa curiosidad ha disminuido, no es tan exagerada porque llevamos muchos años en los que las modas juveniles son tantas y tan llamativas que apenas queda espacio para el asombro.

Llegué hace unos día a una tienda de pinturas, uno de esos establecimientos especializados que te “hacen” la pintura a la carta. Los dependientes eran una pareja de jóvenes, chico y chica, vestidos a la manera que a uno le hacía recordar los viejos hippies del siglo pasado. Además del ropaje, y el pelo acorde con el mismo, lucían tatuajes, pulseras y otros abalorios que completaban su identidad física. ¿Fue su aspecto lo que llamó mi atención? No. Ya he dicho antes que llevamos mucho tiempo acostumbrados/enamorados a/de la moda juvenil (que cantaba Radio Futura). He de reconocer que sería más fácil imaginar a la pareja tras uno de los puestos que venden artesanía que tras el mostrador de  una tienda de pinturas. Y aquí habrá alguien que me llame retrógrado, o aquello tan antiguo de “clasista”, por querer encuadrar al personal por su aspecto físico. Se equivocan. Lo que llamó mi atención es que el chico nos atendiera con una profesionalidad exquisita, con un savoir faire inesperado, con unos conocimientos del tema pintura y sus diversas aplicaciones en distintos materiales que ya quisiera para sí el más veterano dependiente de una de aquellas antiguas droguerías de pueblo en las que un señor con bigote, batín ocre y toda una vida tras el mostrador te vendía la típica lata de Faro Verde, la brocha y el aguarrás. Y, ¿por qué me llamó la atención tal hecho? Porque generalmente no es así. No busquen más motivos.

Cuando la compra estaba terminando otro cliente que esperaba, y que conocía al joven vendedor, le preguntó:

¿A qué hora cerráis hoy?

Pues hoy nos iremos a las ocho y diez porque quiero ir a que me pongan la pulsera.

Ante la cara de extrañeza del cliente, y la mía propia, el chaval explico:

Para entrar al Weekend Beach, que comienza esta noche y dura hasta el domingo.

Ah, el festival de música que hay al lado de la playa – dije.

Y añadí en tono jocoso:

Yo iré solamente el sábado.

Rieron el uno y el otro mientras abandonaba el local con la lata de pintura pensando en otros tiempos.

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