La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

28 julio, 2017

Cadáveres de espuma

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 8:45

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Cuando la mar se pone brava, con la poca bravura que este mar exhibe en días estivales, las olas se acercan a la playa alzando una pared de agua verdosa que rompe en un hermoso espumerío blanco. En un momento, todo el estrépito que la ola acarrea se diluye en una fina lámina de agua que avanza sobre el arenal grisáceo hasta desaparecer de manera subterránea. Hay veces que, antes de desaparecer, el agua se desliza como si fuese un reptil y alcanza los pies y los enseres playeros de quienes siempre quieren estar en primera línea. Se oyen entonces las voces de los sorprendidos tomadores de sol y se ven los rostros de los que varios metros detrás sonríen sintiéndose seguros de no ser alcanzados por la efímera furia marina.

Uno los observa a todos y piensa en quienes cada día salen al atardecer del puerto. Los imagina faenando de noche entre ese oleaje, pescando en aguas turbulentas, y siente el vértigo del miedo imaginado. Y piensa, también, en los que cada día, al otro lado de este mar, también de noche, buscan secar el charco de sus penurias alcanzando estas costas, las de Sicilia o las de Grecia, arriesgándolo todo y pagando un peaje de incertidumbre al que se le puede sumar el IVA de la vida hasta convertirlos en cadáveres de espuma. Asienta uno los pies en la inestable arena, se agarra a los brazos de la hamaca de playa y levanta la vista hasta el horizonte tras el cual todo puede suceder.

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27 julio, 2017

La rivalidad (1/2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:50

 

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1. Hay tensión en el ambiente cuando, camino de sus hermandades, unos costaleros de la Esperanza de Triana se cruzan con otros de la Macarena.

2. El tribunal se sobresaltó cuando el opositor Mena dio un traspiés y cayó fatalmente. Mientras, el opositor Cano recogía la pierna sonriente.

3. Sus padres, divorciados, compiten en regalarle los últimos modelos de móvil. Él los usa para darle envidia a su rival de la pandilla.

4. Cuando aquel poetastro se quedó con el amor de su dama él cambió los endecasílabos envenenados de sus sonetos por el mejor arsénico.

5. Eva les propone hacer puenting hasta tocar las aguas del río. Ellos piensan que quizás han llevado demasiado lejos su amor por Eva.

6. Han pasado dos años desde aquel duelo a pistola y su posterior matrimonio. Ahora piensa que hubiese preferido ser el perdedor.

7. Entrechocaron las manos, asentaron los codos en la mesa y comenzaron el pulso mientras miraban de reojo al televisor para ver a sus equipos.

8. El locutor de la cabina contigua vio tranquilamente como su rival alargaba tanto el ¡gooooool! que enrojecía y sufría un espasmo bronquial.

9. El pastor protestante le exaspera con sus aires modernos. El cura no puede evitar levantarse la sotana y mostrarle sus nuevos pantalones.

10. Con la cara desfigurada tras la operación el cirujano plástico le recuerda que su amiga tenía distinta estructura ósea y que él ya le aviso.

11. Antes de saludar al capitán del equipo rival introduce disimuladamente la mano en la parte delantera de su pantalón.

25 julio, 2017

Gente que camina a orilla del mar

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:58

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Gente que camina mojando apenas sus pies en las aguas de un mar plácido, gente que bordea el espumerío constante de las incansables olas, gentes anónimas para la cámara, gente a las que veo pasar con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón cual si fuese una Penélope que se equivocó de mar, gente a las que veo caminar apoyada en muletas de alivio. Son ellos, como podrían ser otros. Ella, con arreglo informal, debe haber llegado de un interior reseco y no ha podido evitar descalzarse y pisar el húmedo tramo arenoso que deja el oleaje entre la espuma y las piedras arrojadas con violencia sobre la playa. Él, con su traje de baño en tonos blaugranas, no ha dudado adentrarse en la ligera capa de agua marina que apenas cubre sus pies y el extremo inferior de sus muletas. Bajo un cielo gris que hacen juego con el agua alborotada, bajo un cielo azul que azulea las mismas aguas, ambos caminaron indiferentes a la observación de quien los retrata, ambos caminaron con su mirada cabizbaja coronada en clásico moño o con su canosa cabeza de mirada distante. Son gentes que pasan caminando cuando la tarde comienza a desvanecerse y el bullicio ha perdido su poder disonante, cuando el vocerío no distorsiona la melodía del suave oleaje o el silencio que relaja la mirada del que observa.

23 julio, 2017

Balanceo en la zona sénior

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:34

clip_image002La foto corresponde a un día de la segunda semana de julio, a una de esas mañanas en las que la niebla marina se adueñó del litoral mediterráneo convirtiendo estas tierras de luz en parajes cantábricos.

Caminando junto a mi santa, de mañana temprano, pues a cierta edad el sueño ya no es tan estable ni duradero, nos vemos sorprendidos por otro día de esa particular meteorología que me recuerda a aquellas vacaciones que pasamos en Galicia: aquellos días de Rías Bajas, aguas atlánticas gélidas, Santiago de Compostela bajo la fina llovizna que hacía hermosear aún más la ciudad del apóstol… O los más aún lejanos días que veraneamos en Cantabria: aquellos días grises de prados verdes, amaneceres de frescas rociadas, de valles pasiegos y un mar embravecido de aguas azules oscurecidas… O los más cercanos que pasamos en Noruega: la neblina que no podía ocultar la belleza de Bergen, el aguanieve sobre el monte Dalnisbba que coronaba el fiordo de Geiranger…

Han sido un par de mañanas extrañas (a mediodía todo volvía a la normalidad), junto a otros dos días de lloviznas y tormentas que no descargaron. Días grises que antes no he visto por estas latitudes que llevo visitando ya treinta años, días de meteorología singular por estos parajes de sol casi perpetuo que a uno le hace pensar que algo está cambiando.

Ah, la foto. Está tomada, como decía al principio, en uno de esos días neblinosos. Junto al paseo marítimo, en la extensa playa, los regidores del municipio han instalado la llamada “Zona Sénior” (nombre que me parece una cursilada), equipada con varios espacios: uno, con bancos y mesas (será para que los numerosos jubilados del lugar descansen y entablen conversación); otro, con una especie de parque equipado con elementos de entretenimiento parecidos a los que hay en un parque infantil (dicen que la vejez es un regreso a la infancia); y el último, equipado con una serie de elementos gimnásticos adecuados para la actividad física de las personas mayores. Uno de ellos es en el que me encuentro subido, un artilugio en el que el sénior se agarra al manillar y se balancea moviendo la plataforma inferior. Como mis vértebras L4 y L5 no me permiten exhibiciones gimnásticas la foto es una simple pose, con un máximo de tres balanceos para pasar a la posteridad, una instantánea con la que adornar este comentario.

22 julio, 2017

El hombre de ninguna parte – Alexandar Hemon

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 8:58

 

clip_image002El hombre de ninguna de parte, Josef Pronek, es de Sarajevo. Pero se siente de ninguna parte. Es ésta una novela cuya lectura transmite una fuerte sensación de desarraigo. El protagonista, un bosnio que busca sus raíces en Ucrania y acaba en Chicago, ha sido siempre un desadaptado, un ser que pareciese vivir a contracorriente. Qué otra cosa podemos esperar de alguien que en su juventud escuchaba a los Beatles cantando Nowhere man, mientras en su país (todavía unido) se experimentaba con el socialismo real que buscaba una tercera vía (aquella Yugoslavia de Tito).

El es un verdadero hombre de ninguna parte,  / sentado en su tierra de ninguna parte / haciendo todos sus planes de ninguna parte, para nadie, cantaban los chicos de Liverpool y cantaba Pronek en su juventud. El mismo que trata de sobrevivir en Chicago ejerciendo oficios solo reservados a emigrantes sin futuro. Es ahí donde conocemos al Pronek que igual hace trabajos para un investigador privado o se convierte en militante recaudador de Greenpeace. Y el que nos lleva a su Sarajevo de adolescente y a la Ucrania de sus ancestros.

Es “El hombre de ninguna parte” una novela que se enmarca en aquella época convulsa del desmoronamiento de Yugoslavia y la Unión Soviética que llevó a muchos a tratar de escapar de aquellas situaciones hasta viajar a los paraísos capitalistas, a esos lugares soñados en los que comenzarán a sentirse personas de ninguna parte. Pero en esta novela el autor nos lo muestra con una prosa que no ahonda en el desánimo y que incluso despierta la sonrisa afectuosa con algunas de las experiencias que el protagonista debe vivir en su nueva etapa.

20 julio, 2017

Bañistas entre tinieblas

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:13

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Hay días en los que el sol se esconde tras la bruma. La luminosidad natural de esta tierra desaparece cuando el dios de los mares sopla en silencio llevando las tinieblas hacia tierra adentro. Acostumbrado a ver descender las neblinas desde la Sierra Morena, hasta adueñarse del valle y del río, uno no deja de asombrarse cuando ve llegar la gaseosa masa gris deslizándose, liviana, sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo. Teme uno ver aparecer entre esas tinieblas las afiladas proas de las naves vikingas que hace ya tantos siglos bajaron al Sur, atravesaron el Estrecho de las hercúleas columnas y navegaron hasta el Mediterráneo central. Teme uno ver asomar entre el horizonte difuminado las naves sarracenas que hace siglos, también, desde el cercano norte del continente africano arribaban a estas costas con intenciones de conquista y pillaje. Pero, no. La tranquilidad playera no se altera por la aparición de naves enemigas tras la bruma marinera. Tan sólo aparecen un par de esas embarcaciones encargadas de la limpieza de las aguas cercanas a la costa. Me dejo de ensoñaciones históricas, observo las siluetas de los bañistas que unos metros más allá se adentran o salen del agua y vuelvo a la realidad lectora que me entretiene.

18 julio, 2017

Serenidad bautismal

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 8:51

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Está tranquila antes de que todo comience. El vestido, con lazo y felpa rematados con ornamentos florales, ideado y confeccionado por la abuela, realza la serena hermosura de su observadora mirada y se suma al blanco de su piel.

En brazos de su tito padrino dirige la mirada al sacerdote cuando éste comienza la ceremonia del bautismo. Escucha la liturgia con el mismo interés con el que yo sigo sus gestos apoyado en una columna de la iglesia, cerca de la pila bautismal. Por un momento el sacerdote calla y ella deja de mirarlo para fijarse en sus padres. Pareciese que trata de comprender, con sus cinco meses recién cumplidos, todo lo que allí está sucediendo. Mientras los congregados tratamos de llevar con dignidad el calor que hace (siete de la tarde: en la calle cuarenta y dos grados y en el interior algunos menos, pero no tantos), ella continúa con una tranquilidad que me sorprende: no hay llanto, ni siquiera el amago de un ligero lloro o el gesto de un puchero de disgusto. Llega el momento de la ablución. La tita madrina la inclina y el sacerdote vierte el agua sobre la cabeza de Dunia mientras ella mira el fondo pétreo y gris de la pila bautismal. Cuando el riego sacramental concluye y la madrina vuelve a incorporarla ella mira a los familiares sentados en los bancos; estos sonríen al verla hacer un gesto con la boca, como si alguna gota de agua bendita hubiese escapado al clerical paño con el que el párroco ha secado la cabeza. Tras el rito del agua continúa la ceremonia con el encendido de la vela bautismal. En cuanto se percata de la llama que desprende la vela, sostenida cual antorcha por el tito padrino, la atención de Dunia no tiene otro objetivo hasta que la ceremonia concluye.

A partir de ahí fotos con los familiares. Va pasando de unos brazos a otros para posar con la misma serenidad que ha tenido durante la ceremonia religiosa. Un rato más tarde le llegará el sueño mientras los demás cumplimos con la otra liturgia, el rito laico compuesto por la ingesta de alimentos y el trasegar de líquidos que suele acompañar a todo tipo de celebraciones y ceremonias, sean religiosas o no.

17 julio, 2017

Música en un patio nobiliario

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:42

clip_image002Un año más he disfrutado del festival que se anuncia en el cartel adjunto. Menos el último concierto, al que no he podido asistir por fuerza mayor (la nieta recibía las aguas bautismales), los restantes han sido anocheceres en el patio del Palacio del Marqués de Beniel en los que la guitarra, y no sólo la guitarra, ha sonado en tonos tan diversos como hermosos. Desde las sonatinas para los salones románticos hasta los sones flamencos, pasando por los clásicos Tárrega y Granados o las músicas con aromas de Andalucía y Nápoles.

Este año la mayoría de los músicos han agradecido al Ayuntamiento la existencia del Festival. No me extraña pues cumple la XXVI edición y en los tiempos de recortes presupuestarios que llevamos padeciendo ya varios años resulta casi milagroso que un acto como éste sobreviva a esas inclemencias dinerarias. Lo que sí me extraña es la escasa asistencia de público, y este año he notado alguna mayor concurrencia. Aun así, calculo que entre cien y ciento veinte personas son las que nos hemos reunido cada noche en ese nobiliario patio de cal, columnas y arcos de ladrillos rojos en los que el vuelo alocado de los vencejos es el preludio del comienzo de las actuaciones. Como dijo uno de los músicos, el guitarrista Christian Lavernier: “La música, la cultura, alimenta el alma. Por eso estamos aquí”. Pues debe de haber muchas almas hambrientas en esta bella localidad teniendo en cuenta que entre el escaso público se notaba la presencia de extranjeros y veraneantes. Público que sigue siendo mayoritariamente mayor, gentes que ya peinamos canas en la mayoría de los casos, y entre los que hay adictos a las redes sociales como un caballero de provecta edad que durante uno de los conciertos fue incapaz de desprenderse de su teléfono móvil, conectado a lo que supongo sería una batería portátil, tecleando al compás del guitarrista.

14 julio, 2017

Otra vez el “torotema”

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 10:03

 

clip_image001Maese Nicolás: Si en una de esas encuestas telefónicas que de cuando en cuando le hacen a uno me preguntaran: ¿Está usted a favor de los festejos taurinos en alguna de sus formas?, respondería sin dudar: No. De tal respuesta la empresa sociológica encargada por quien corresponda de conocer los gustos del personal deduciría que uno es antitaurino. Pero, si a la media hora, en otra encuesta de la misma empresa, me preguntaran: ¿Prohibiría usted cualquier tipo de festejo taurino?, respondería sin dudar: No. ¿Contradicción? Puede que sí. O no. Hay tantas razones, tantas veces repetidas, a favor o en contra de los toros que no encuentro las mías para convencer a nadie. Ni al taurino ni al antitaurino.

Tan solo una vez asistí como espectador a uno de esos festejos. Me llevo mi padre siendo yo un chaval adolescente. Novillada en uno de los días de la feria del pueblo. En una plaza portátil toreaba (novilleaba) un paisano que por aquellos años finales de los sesenta quería ser figura del toreo. El Feo, creo recordar que se hacía llamar el aspirante a maestro de la tauromaquia. Con ese nombre no me extraña que no hiciese carrera. Fue mi primera y última vez. Quedé vacunado para siempre de ese “espectáculo”.

Los “sanfermines”. De las grandes fiestas patrias es la que menos me atrae. De siempre. Verdad es que nunca he estado. Tampoco he estado en la Feria de Abril o en Las Fallas. No soy de ferias y fiestas. Pero puestos a elegir (siempre que fuese invitado; no pienso gastar un euro en tales algarabías) prefiero ver arder (y ver antes de arder) una falla valenciana, o ver a una joven sevillana bailando una ídem (música que no llego a aborrecer pero casi) que asistir al desmadre de borracheras, apretujones y gente que corre delante de unos toros a sabiendas que puede ser pisoteada, corneada…

Y después de muchos comentarios por parte de los coblogueros, finalizo:

Bueno, pues ya está casi todo dicho. Otra vez, una vez más. No sé si queda algo por decir, quizás aquello del aporte léxico taurino. Pero, vamos que unas cuantas palabras y expresiones no se pueden canjear por una estocada mortal. Así que… vistos todos los argumentos a favor y en contra del asunto que nos trae uno sigue en su limbo taurino; no ver, ni apoyar, pero no prohibir.

A ver si cuando salga el torotema la próxima vez alguien encuentra una razón que me decante hacia un lado u otro: ganas tengo de comprarme un abono de sombra en Los Califas o embadurnarme con falsa sangre, a pecho descubierto y con unos cuernecillos de plástico sobre las sienes frente a la Puerta del Príncipe.

En el Blog de Antonio Muñoz Molina: Un desconcierto

13 julio, 2017

Sentirse afortunado mirando al otro

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:21

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La foto está tomada frente a la terraza en la que leo, escribo, me alivio del calor cordobés y veo pasar la vida. De espaldas, la bocana del puerto por donde entran y salen hacia el Mar de Alborán los pesqueros caleteños. La foto muestra a quienes llegaron a las diez de la mañana y se marcharon a las siete de la tarde tras pasar un día de playa. Llegaron con la algarabía alegre del que tiene por delante horas de diversión. Escuché desde el salón sus voces amortiguadas por la distancia, sin saber que eran ellos hasta que vi los dos autocares aparcados junto al solar al que la crisis dejó sin urbanizar. Por la tarde sí los he visto regresar, con menos alboroto, más cansados y apagados. Cargados de mochilas y enseres playeros, mucha nevera portátil de plástico colorista y alguna mesa plegable, van llegado tras nueve horas que habrán sido de baños y comida preparada la noche anterior o esa misma mañana muy temprano. Quizás se levantaron a la misma hora que cada día se levantan para preparar lo que antes llamábamos el avío o la talega, la comida que se lleva al trabajo. Me imagino que serán de algún pueblo a una o dos horas de aquí. Los hay de todas las edades, desde adolescentes hasta quienes tienen edad de ser abuelos. Estos últimos son los más jaleosos a la hora de volver. Se oye alguna voz que recrimina, no de manera agria, a los más jóvenes su parsimonia y el pequeño retraso sobre la hora en la que habían quedado en salir. No atisbo a ver que sean de ningún grupo homogéneo, asociación carnavalesca, hermandad religiosa, banda de música o equipo deportivo; no hay símbolos ni camisetas que los identifique de manera grupal así que deduzco debe ser unos de esos viajes que la empresa de autocares del pueblo organiza para “echar el domingo en la playa”. Cuando los dos vehículos se ponen en marcha y desaparecen de mi vista pienso que soy afortunado porque puedo permanecer aquí, disfrutando de la brisa marina y alejado del horno interior que estos días recalienta la tierra. Me giro hacia el otro lado y veo que del puerto (que no es sólo pesquero) sale un barco de recreo con sus buenos metros de eslora, mástil considerable y gran prestancia marinera. Sobre cubierta varias personas, unas miran mar adentro y otras hacia tierra. Pienso si esas personas se sentirán también afortunadas cuando me vean sentado en mi terracita de piso de verano.

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