La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 junio, 2017

De trigal a rastrojo en veinte horas

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 11:21

 

clip_image002De madrugada había comenzado el verano oficial. El otro, el verano real, llevaba ya entre nosotros varios días. Así que haciendo caso al calendario y al refranero que lo sustenta llegó la hora de la siega: “En junio, la hoz en un puño”, “Sembrarás cuando podrás; pero por san Juan segarás”.

En dos días, en veinte horas, casi cien fanegas de tierra pasaron de trigal a grano dejando tras de sí los carros de paja, los días de arancía y sementera, la nacencia y el abonado, los tratamientos de herbicida y los paseos entre las espigas verdes que tomaban cuerpo. El ciclo se cerraba un año más con el transitar incansable de la máquina cosechadora, el devorador corte que nunca deja de girar y el crepitar de las espigas doradas cuando las cuchillas han cortado la fina y dorada caña que las sustenta. El grano cae a la torva como cae la fruta madura del árbol. Se acumulan los granos hasta que son expulsados violentamente de la panza de la máquina por ese brazo articulado que llena de kilos y cosecha la caja del camión. Será el último viaje de lo que comenzó siendo semilla cuando el otoño llegaba a su fin; un viaje hasta los graneros de una conocida y gallinácea fábrica de pastas. Allí tomarán la muestra para examinar las propiedades del grano; es como un examen en el que cada vez entra más materia: vitrosidad, peso específico, humedad, proteínas, índice de caída de Hagberg… Sabía que en este mundo del agro cada vez es más necesario tener conocimientos administrativos (papeleo, mucho, mucho papeleo) pero es evidente que también hay que saber de analítica de cereales, enzimas de amilasas, granos vítreos y sémolas, etc. Hay momentos que uno recuerda con nostalgia aquellos tiempos en los que lo importante era si el trigo estaba limpio, si había mucho grano partido o si tenía paulilla. Ahora todo está mucho más diversificado, más complejo. Y esa complejidad ha llenado este mundo agrícola de índices y parámetros, de artículos y decretos en los que las administraciones públicas y los grandes almacenistas siempre imponen su ley.

clip_image004Dejo ese pesar que el labriego debe sobrellevar con la mayor entereza posible para dejar constancia de esta siega que ya no te obliga al esfuerzo físico inhumano de la hoz y la trilla, del aventar parvas hasta la extenuación cuando el viento soplaba a favor, de la criba y la limpia con aquella máquina diabólica que llamábamos “caballito”, de la carga de sacos o el apaleo del trigo para que el incansable “tornillo” llenase las cajas de los camiones… Todo eso, afortunadamente, pasó a la historia. Y ahora uno se dedica a mirar y controlar mientras la máquina hace todos esos trabajos. Uno se refugia en la sombra de la cochera o en los aires acondicionados del coche, el camión o la cosechadora. Se ve la siega desde el asiento mientras se charla con los camioneros (los Antonios), los maquinistas (los Pepes, father and son), el hermano o el siempre coloquial Manolo. Pasan así las horas viendo transmutarse el trigal en campos segados que, tras convertir la paja en alpacas, será el rastrojo sobre el que el arado de levante actuará para iniciar un nuevo ciclo.

 

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