La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

16 junio, 2017

Amor sin censura

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

 

clip_image002Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos. Aquella habitación de un discreto hotel en las afueras de Madrid se había convertido en el refugio ideal para su relación. Calificar esa relación no era un misterio para ambos; era un desafío con el que ninguno de los dos se atrevía: ¿relación amorosa?, ¿relación sexual…? Demasiado fácil, demasiado tópico. En su relación había algo más que amor (¿lo había?), había algo más que sexo (lo había). En su relación había azar, contestación, irresponsabilidad, desenfreno, incongruencia, riesgo, miradas, contradicción, roces, hastío, aventura, algo de amor y mucho sexo.

Desde el primer día que se conocieron el primero de esos componentes decidió que sus puestos de trabajo fuesen contiguos. Es lo que tiene el azar: a veces, es juguetón. Sentados uno al lado del otro, codo con codo, compartirían muchas horas de cercanía física. Y aunque al principio no pasaban de un cortés saludo el tiempo agregó a su relación breves comentarios sobre el tiempo o el típico “ya estamos aquí otra vez”. Más era imposible: se sentaban muy cerca el uno del otro pero sus intereses eran opuestos. Digamos que no eran enemigos pero sí rivales. Sus funciones eran tan antagónicas que no había posibilidad de que entre ellos se estableciese una relación más profunda; no digamos ya de amistad. Por eso, repito lo que dije al comenzar esta historia: Cómo habían acabado allí era todavía un misterio para ambos.

Pero ocurrió lo que parecía imposible. Las frases se alargaron, las miradas se intensificaron, y un día quedaron fuera de la cafetería del trabajo para tomar una copa. Hablaron de sus vidas, de sus gustos y aficiones, de cómo había llegado a ese puesto de trabajo. Y en todo seguía rigiendo el antagonismo, la misma incompatibilidad que tenían las funciones laborales que ahora desarrollaban uno muy cerca del otro: él, de clase medía conservadora; clip_image004ella de clase medía progresista; él, del Real Madrid; ella, del Atleti; él, de “House of Cards”; ella, de “American Crime”; él, de vestuario clásico; ella, de ropa desenfadada… Pero, allí estaban, en aquella habitación de un discreto hotel a las afueras de Madrid. Habían pasado la noche juntos, tras inventar mil excusas para que los unos y los otros nada sospechasen, y ahora, bien temprano abandonaban por separado el hotel siendo fieles a sí mismo: él, en un taxi; ella, en metro.

Un día más se encontraron en sus asientos de trabajo: “Ya estamos aquí otra vez”, dijo él; y ella no pudo evitar sonreírle. Pero aquel día no era “un día más en la oficina”, como solían decir al despedirse. Aquel día el jefe de ella optaba a un ascenso importante. Y allí estaban ellos, codo con codo, aplaudiendo por turno, mirando desde varia filas más arriba la coleta del jefe de ella y el clásico corte de pelo del jefe de él.

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