La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

24 mayo, 2017

Así es la vida, amigo mío

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 10:23

 

clip_image002De ser un niño hubiese echado un Barquito de papel / Sin nombre, sin patrón  / Y sin bandera / Navegando sin timón  / Donde la corriente quiera… Pero no lo soy; y ese “estanque” no era el mar sino el agua acumulada en la hondonada del tronco del naranjo. El barquito hubiese navegado por la corriente circular que los aspersores forman cuando giran regando el césped y los árboles de los grandes arriates del parque.

Es mediodía y, tras la caminata y la ducha, las sombras acogedoras del Parque Blanco me regalan momentos de una tranquilidad sin límites entre el canto de los pájaros y los sonidos del agua al salir del aspersor y caer en el charco que da vida. Me siento en un banco parcialmente umbrío. Me despojo de mi calzado y expongo al sol mis pies y ese inicio de las piernas, por encima de los tobillos, en el que los calcetines de caballeros provocan una depilación natural combinada con la blancura de los meses invernales. Comparto el parque con un vecino que al otro lado, sentado en otro banco de sombra, cuida de su nieta con palabras de cariño que se cuelan entre las rosas rojas, amarillas y anaranjadas del arriate central. No puedo evitar echar un vistazo a la pantalla del móvil para ver la foto de mi nieta antes de ponerme a leer un rato con la cabeza fría y los pies calientes.

clip_image004Cada vez que acabo uno de los cortos capítulos del libro que me entretiene, “Cáscara de nuez” (de Ian McEwan), levanto la vista para ver lo que sucede alrededor de mi espacio de tranquilidad. Veo como una mariposa de blancas alas se cuela entre el ramaje de un naranjo; veo uno de los aspersores, pletórico de fuerza, expulsar parte del agua fuera de los límites del arriate formando pequeños ríos que buscan la alcantarilla situada junto a la fuente donde esta tarde los niños se acercarán entre juegos para echarse agua y sofocar estas primeras calores del año. Veo al operario municipal llegar con el coche y cerrar los aspersores mientras imagino que algún naranjo andará quejoso porque aún no se siente ahíto de agua. Veo a mi vecino alejarse con su nieta.

Vuelvo a mi lectura antes de que el sol inclemente me mande al frescor del patio hogareño para escribir estas líneas. En ello me hallo cuando llaman a la puerta y la que hace un rato miraba en la pantalla del móvil aparece con su madre para alegrarme el resto del día. No hay nada como ser abuelo, disponer de tiempo y tener un parque frente a la casa. C’est la vie, mon ami.

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2 comentarios »

  1. Has dibujado un retrato de la felicidad.

    Comentario por Angela — 24 mayo, 2017 @ 13:52 | Responder


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