La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 mayo, 2017

Sorpresa, no sopresa

Filed under: Menú del día — Nicolás Doncel Villegas @ 12:18

Extraño fin de semana en el que todo parece mezclarse cual si fuese un gran pandemónium. Vuelvo el viernes de la costa mediterránea, dejo de caminar por el sendero litoral para caminar por senderos de campiña y me parece caminar bajo dos soles diferentes. Debe ser la primera señal de esa confusión y alboroto que concluiría el domingo por la noche entre petardazos y sonidos estentóreos producidos por los cláxones de los coches.

Ya el sábado llama mi atención que haya quienes se contentan con llenar una plaza cuando no pueden llenar un hemiciclo. Está bien que no se pierdan las tradiciones. Hay quien necesita sentirse arropado por la tribu para no sentir el vacío de no ser nadie; ocurre con los cofrades una semana al año y con los manifestantes-adictos el resto de los fines de semana del año. Lo malo de todo ello es cuando la concentración en la plaza se diluye y la moción de censura sigue esperando inerme en el hemiciclo. Veo por televisión que sube mucho predicador al púlpito; pero, no veo a Errejón: debe estar bailando un chotis.

clip_image002El domingo dos focos de atención ciegan la mirada im/parcial del que observa. Uno de esos focos es una calle de Madrid llamada Ferraz; el otro obliga a una mirada estrábica que recorre el Mediterráneo desde la ciudad Condal a la ciudad capital de la Costa del Sol. Los dos focos, cual si fuesen las luces de un automóvil, se encienden simultáneamente a partir de las ocho de la tarde. Antes, durante la jornada dominical, los fieles de ambos agrupamientos humanos (político uno, futbolístico el otro) han cumplido con todos los preceptos que su pertenencia a esos colectivos requieren: han votado, han viajado a sus lugares de peregrinación, han lanzado gritos y cantos tribales, se han hecho fuertes en su esperanza de victoria, etc. A partir de las ocho de la tarde comienzan ambas funciones: combino goles con porcentajes de participación y abandono desesperanzado los campos de césped (no hubo sorpresa) para ver las caras de los que el voto-compañero ha dejado sorprendidos. Cuando el Renacido se asoma al balcón pienso en aquella mujer que dijo: “La única autoridad en el PSOE soy yo, les guste o no”. Esa es la cara, la de Verónica, que me hubiese gustado ver.

En esos pensamientos andaba cuando el estrépito de la cohetería y los cláxones interrumpe mi quietud. No dudo en si los alborotadores de la nocturnidad son sanchistas o madridistas porque en este país las euforias callejeras políticas del momento suelen ser moradas. Así que cuando los fieles del padre Florentino se alejan y silencian la noche me retiro del mundanal ruido viendo American Crime, una serie de televisión muy recomendable.

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