La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

15 mayo, 2017

Caminando sobre las aguas

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 11:18

 

clip_image002Mientras mi santa zascandilea por el mercadillo de la localidad tomo asiento en uno de los bancos del paseo marítimo. A un lado el quiosco de música; al otro la Virgen del Carmen. Su Hijo, según el Evangelio de san Mateo, caminó sobre las aguas ante la incredulidad del apóstol Pedro (de quién si no). Ahora, bajo la advocación de la patrona de los marineros, con el Hijo en brazos, la Madre también parece hacerlo. Parece caminar sobre las aguas, no del Mar de Galilea sino de una de las grandes fuentes que adornan el paseo marítimo. Es una llamativa escultura que sobrepasa el tamaño medio del paseante y que parece encaminarse hacia las aguas mediterráneas que la esperan unos metros más adelante.

Miro el mar plácido de este mayo primaveral y, mientras espero el regreso de mi santa, engaño al tiempo con la lectura que siempre acompaña mis soledades. Absorto en el relato que el ebook me ofrece pasa el tiempo hasta que el sol se apropia del espacio en sombra que cubría mi cabeza y me veo obligado a cambiar de banco. A poco más de dos metros, sentados en otro banco, una pareja habla en tono tan discreto que apenas escucho sus palabras. Tan solo llego a entender que hablan alemán y, por sus gestos, también discretos, entiendo que su tema de conversación trata de las especies arbóreas que nos dan sombra. Estos pensamientos se ven alterados por la voz potente de una mujer que, junto a su pareja, ocupan otro banco situado a más de seis metros de donde me encuentro. He llegado tarde al discurso que le está dando a quien debe ser su marido y tan sólo llego escuchar lo que sigue:

– Pues con lo cultos y avanzados que siempre han sido… y ahora fíjate cómo están.

Desconozco quiénes serán los que han caído en el abismo de la incultura y el retroceso. Por un momento pienso que bien podrían ser los franceses, pues poco días antes se habían celebrado elecciones en el país vecino; pero, también cabe que fuese alguna familia de la comunidad de vecinos caídos en desgracia. Lo desconozco porque la señora de elevado tono de voz cambia de asunto en el monólogo que mantiene con su marido de manera tan radical que hasta la Virgen del Carmen me ha parecido que hacía un gesto de sorpresa.

Tú sabes quien es la Paz Vega –afirma mirando al marido, que asiente con desgana y mecánicamente-. Ésa sí que es una actriz; no como la Penélope, que desde que se fue a los Estados Unidos tuvo que andar con uno y con otro hasta que se casó.

Ante tan taxativa sentencia no puedo evitar sonreír y mirar de nuevo a la Virgen para ver si esta vez se muestra escandalizada por el comentario de la señora. Pero no. Con broncínea serenidad la Virgen sigue caminando sobre las aguas mientras mi santa camina hacia el lugar en el que me encuentro.

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