La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 mayo, 2017

De canguro y cruces

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 9:02

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Ayer sábado, ejerciendo de canguro, decidí darme un paseo por el pueblo. Hallándome en el cruce de calles donde el hogar se asienta recordé la duda que a Don Quijote le asalta cuando de la venta sale: “Camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían…”.

Así que, cual caballero andante, y con el carné de carrito de bebé recién sacado, como me comenta un vecino al verme en tal circunstancia, decido pasear a Dunia caminando por calles y plazas soleadas y disfrutando del ambiente primaveral. Bajamos hasta la Cruz de los Mocitos, pasamos por la Parroquia y el Ayuntamiento y nos adentramos por la Ribera de San Isidro Labrador junto al plácido Guadalquivir. Giramos para retornar por la misma ruta y volver al Parque Blanco. Tanto de ida como de vuelta me veo obligado a hacer varias paradas para mostrar el dulce sueño de la nieta a los conocidos con los que me cruzo y disfrutar del canguril abuelazgo.

Ya de regreso, por la calle Fuensanta, me topo con una de las numerosas cruces móviles (o portátiles, o infantiles…) que he visto deambular por el pueblo. La portan algunos de los que fueron alumnos (Ismael, Antonio, Francisco Miguel, Nacho…) el curso pasado. Es la que se ve en la foto. Les alabo su trabajo y, desgraciadamente, no puedo contribuir monetariamente porque he salido de casa sólo con las llaves, el móvil y la nieta. Uno de ellos, entre risas, mostrando la hucha que portan me dice: “Maestro, no te preocupes, échanos el móvil”. Por un momento temí que me dijese que le “echara” la nieta. Antes de despedirnos el capataz Francisco Miguel manda a los portadores: “Esta levantá va por el maestro Nicolás, gran maestro y mejor abuelo ¡Arriba con Ella!”. Mientras les agradezco tan generosa dedicatoria creo ver una leve y pícara sonrisa en el plácido sueño de mi nieta. Deben ser imaginaciones mías. Me despido de mis ex alumnos y les emplazo a que pasen por casa con la cruz móvil para aportar la consabida donación. Así lo hicieron bastantes horas después cuando la tarde ya caía.

Vuelvo por la calle María Auxiliadora y busco la sombra porque el sol ya calienta a esas horas del mediodía. Al pasar cerca del altavoz que pone música a la Cruz allí instalada Dunia abre los ojos y pone mueca de desagrado antes de volver a cerrarlos y continuar durmiendo. Anoto en mi agenda mental que ante la música de sevillanas mi nieta no ha sonreído sino todo lo contrario. Bien. Tengo que ponerle algún canción de The Beatles a ver qué tal. Me detengo a charlar con un vecino que reposa la vida sentado en un banco y a la sombra de un naranjo. Aparecen los padres de Dunia y doy por concluidos mi labor y mi paseo.

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