La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 marzo, 2017

Veinticuatro horas en la vida de una mujer – Stefan Zweig

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:49

 

clip_image002Después de haber leído “Carta de una desconocida” vuelvo a Zweig para degustar otra de sus joyitas literarias. Esta “Veinticuatro horas…”, que se lee de una sentada, esta novela corta, es un compendio de sutileza literaria, de fino análisis psicológico, de un feminismo tan sutil para su época (principios del siglo XX), que es difícil creer que en tan pocas páginas haya tanto que contar y tanto sobre lo qué pensar.

La obra trata sobre las flaquezas humanas, las debilidades que aparecen en cualquier momento de la vida. En este caso la debilidad de la mujer que se deja arrastrar por un torbellino de pasión amorosa tan extremo que le hace dejar a un lado todo su status social y familiar. Esa situación, que es la que desencadena la historia, sirve para que los dos protagonistas, el hombre que defiende tal hecho ante el “escándalo” de los bien pensantes (“encuentro más digno que una mujer ceda a su instinto, libre y apasionadamente, que no, como ocurre por lo general, engañe al marido en sus propios brazos y a ojos cerrados”), y la mujer que vivió una experiencia similar (“Si aquel hombre me hubiera abrazado y me hubiera pedido que le siguiera hasta el fin del mundo, no habría vacilado en deshonrar mi nombre y el de mis hijos”) y que decide contarla a ese defensor. Esas son las veinticuatro horas vividas por quien necesita contar y ser escuchada.

Y mientras Mrs C. cuenta su experiencia se convierte en narradora junto con aquel que es su confesor; que también se convierte en narrador de la historia en un doble juego en el que fluyen los recuerdos y aparecen las reflexiones sobre esas debilidades que cualquiera puede llegar a tener. Esas debilidades pueden conducir a imprevisibles trastornos vitales que a veces se guardan en los más profundos cajones de los secretos y que a veces estallan alrededor. Incluso los que se guardan durante tantos años llega un momento en que, circunstancialmente, por azar, son necesarios ser contados para que los recuerdos no ahoguen la memoria; o por haber encontrado quien es capaz de justificar aquello que casi nadie comprendió en su momento y que ahora aparece como un salvador.

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