La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 febrero, 2017

Sonata de tos

Filed under: Diálogos de blog en blog.,Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:25

clip_image002Hace unos días leía una entrevista al escritor Enrique Vila-Matas en la que decía:“Todas las historias son falsificaciones en cadena de un relato original que nos gustaría conocer, pero que ignoramos”. Un rato después, en el blog de Antonio Muñoz Molina, leía un texto en el que escribía sobre dos sonidos que oía desde su casa: la tos persistente de un vecino y un piano que alguien tocaba de vez en cuando. Dos sonidos que no podía identificar de dónde venían, del apartamento contiguo, del piso de abajo…

Pensé que, como decía Vila-Matas, había un relato original, que era la misma realidad, el cual había dado lugar al que había escrito Muñoz Molina (aunque éste no fuese en sí mismo un relato), y que éste último merecía otra historia. Ésta que viene a continuación y que dejé escrita en “Vidas de otros”:

 

El último ataque ha sido agotador. Le es difícil calcular el tiempo que ha durado. A veces piensa que todo su aparato respiratorio debe andar descomponiéndose como un puzle sometido a un movimiento violento que se repite cada varios segundos, como si una fuerza sísmica agitase los alveolos más escondidos y los maltrechos bronquios, como si las vías respiratorias fuesen las únicas vías de escape de ese mal que le persigue día y noche, sin horarios establecidos, asaltando su tranquilidad en el momento más imprevisto. Tras cada ataque queda agotado, se retrecha en el sillón y trata de calmar su respiración acelerada. Si está dormido siente la asfixia llegar como un enemigo invisible hasta que rompe la tos y lo expulsa de la cama. A esas horas de la noche el sonido ronco retumba en la soledad del hogar traspasando las paredes. No hay ya nadie en casa a quien pueda molestar ese ir y venir de carraspeos y flemas expectoradas. Pero él sabe que los vecinos de los pisos contiguos, en el silencio de la noche, serán partícipes de su padecimiento. Les llegará amortiguado el sonido profundo y desgarrador de esa maldita y pertinaz tos; pero, alguno habrá que se desvele creyendo escuchar un ruido indefinido, abra los ojos, quizás mire la hora en el despertador y, ya más espabilado, identifique esa pejiguera tos vecinal.

No puede hacer nada por evitarlo. Es por eso que cuando el enemigo no ataca, cuando los bronquios permanecen tranquilos y las mucosidades serenas, cuando la tos no golpea, se acuerda de esos vecinos desvelados y se acerca al piano para tocar alguna sonata de Schubert o Beethoven.

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