La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

13 enero, 2017

Cae la blanca urea sobre perlas de escarcha

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 10:58

 

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Sobre las delgadas hojas de las plantas que hace pocos días surgieron de la tierra cuelgan pequeñas perlas de agua, frutos de la escarcha caída la noche anterior. Se agarran esas plantas de verdes intensos a un suelo oscuro y resquebrajado. Hace varias semanas que la lluvia tomó otros caminos y tan sólo las rocías de las noches de enero humedecen las zonas umbrías. Los finos tallos se yerguen en esas zonas más húmedas y llanas mientras en cerros y blancares luchan por hacerse mayores. Visto desde lejos el contraste es evidente: hay parcelas en las que el trigo pareciese un tupido césped y otras en las que ralea con evidente debilidad, dejando ver la tierra blanquecina. Para aliviar su crecimiento invernal hemos venido esta mañana a nutrirlo de urea nitrogenada. Así, cuando la lluvia vuelva hará ese efecto vitalizante en la planta y le ayudará en su crecimiento y posterior grana.

He llegado antes que los tractores que harán la labor, antes que el remolque cargado de rebosantes bolitas blancas, de un blancor intenso, casi azucarado; y antes que el tractor con la máquina que arrojará de manera volandera toda la carga nitrogenada sobre el verde de las pequeñas plantas del trigal. Hace un frío mañanero (el termómetro del coche marca dos grados) pero el sol empieza a calentar. Desde la era observo el horizonte difuminado por una leve neblina que transforma al vecino pueblo de Espejo, siempre elevado, siempre visible, en un lugar de postal invernal al que se llegaría atravesando cerros y olivares.

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Pasan varios minutos y el sol calienta con más brío; tanto que los restos de de escarcha comienzan a evaporarse formando una película de tenue transparencia. Enfoco el objetivo de la cámara hacia la larga recta de la carretera que se adivina más allá de la palmera y la escuálida higuera en un horizonte de verdes y grises difuminados. Los paisajes son hermosos a esta hora tempranera cuando el frío se deja ir y la mañana se vive a la recacha de la casa, evitando el vientecillo fresco que casi siempre sopla en esta era elevada que bien podría ser llamada “Era de los vientos perennes”.

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La mañana transcurre entre un rápido viaje a Castro, la entretenida charla con Manolo, la visita familiar… Cuando vuelvo a estar solo la faena está casi concluida. Ahora sólo queda esperar que los cielos azules se vuelvan de color plomizo y descarguen lluvia con la suficiente abundancia y mesura para que trabajo y dinero invertido den sus frutos allá en verano.

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