La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

5 enero, 2017

¿A quién esperas en tu elevada soledad?

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 11:06

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Me la encontré hace varios días al volver de mi paseo matinal. Al subir la Cuesta de la Mierdas (Caninas, añadiría yo a tan escatológico nombre propio-popular), en el viaducto que salva la vía férrea me topé con esa silla de hierro pintada en blanco, colocada en la parte más alta de la pasarela. La nombro silla por su estilizada forma, aunque hay quien lo nombraría sillón por dotarse de brazos. Era (y utilizo el pasado porque cuando esto escribo ya ha desaparecido de ese lugar), como puede verse en la fotografía, una artística silla que bien podría formar parte del mobiliario de un patio, compuesto éste por otras tres hermanas iguales y una mesa de blancas patas férreas y tapa de esmerilado cristal blanco. Un conjunto que adornaría cualquier patio típico de estas casas villarrenses y daría descanso a sus moradores en los meses primaverales y veraniegos en los que la vida en esa estancia hogareña se hace más gozosa.

Pero, qué hacía esa silla en ese lugar, quién la habría dejado ahí y por qué. Desde que hace ya varios años vi un balancín viendo el mundo girar en una rotonda no me había encontrado con algo similar: un asiento en un lugar inesperado. Desconozco quién y por qué colocó la silla en tal sitio. Podría elucubrar que alguien pensaba sentarse y disfrutar desde ahí de las vistas: a un lado los campos verdes, los olivares cercanos y el Cerro Morrión; al otro, el mar de tejados, la torre de la iglesia y la Sierra Morena; al frente y a la espalda la vía férrea como símbolo del viaje que se puede realizar sin moverse del asiento. Podría elucubrar, también, que alguien la colocó ahí con la triste intención de usarla como recurso para saltar la valla y dejar de ver todo lo escrito antes; afortunadamente esto último, si por una mente pasó, no se hizo realidad porque no escuché nada relativo a ningún suicidio en los últimos días.

¿A quién esperaba, pues, la solitaria silla en tan elevado lugar? ¿Quién hasta ahí la trajo? ¿Con que fin fue colocada en sitio tan peculiar?…

PS. Parafraseando unos versos de Serrat: Por cierto, a la valla no le iría nada mal, una mano de pintura.

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