La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 diciembre, 2016

Sementera y vértebras

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 13:50

 

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Este año no he subido al remolque, no he arrastrado los cuarenta kilos de los sacos de semilla ni deshilvanado con la punta de la navaja el hilo de algodón que sella la embocadura de cada uno de ellos. Tampoco los he vaciado dentro de la caja de la máquina de sembrar, ese recipiente que alberga la simiente del trigo anaranjado que sembramos cuando está presto a llegar el invierno oficial. Desde que las vértebras L4 y L5 comenzaron hace unos meses a dar problemas ese tipo de faena que implica encorvar la espalda ha pasado a mejor vida.

Paramos la siembra, las lluvias pararon la siembra (el campesino es un hombre atado a la meteorología), en noviembre. Dice Manolo que “toda la vida de Dios la siembra se ha hecho en diciembre, y a partir de Nochebuena se cogía la aceituna”. Así lo recuerdo de niño; pero estos son tiempos de vértigo, de prisas aceleradas en las que pareciese que el mundo estuviese a punto de finiquitar su existencia. Así que este año el polígono 57 verdeguea ya mientras que el polígono 58 muestra los tonos grisáceos del último cohecho a ambos lados del camino, esperando la nascencia de la semilla Kiko Knick (nombre que no me aparece nada digno para un trigo de semilla). Es curioso también como me estoy acostumbrado a usar denominaciones oficiales (polígono tal, parcela tal…) en lugar de los clásicos “las tierras que están por encima del camino de Pedrique”, “la Cañá el Barco”, etc.

Como no puedo doblar el espinazo (recurramos a las antiguas expresiones de campo) ante Kiko Knick observo como Manolo termina de sembrar el tajón (denominación familiar de lo que hoy sería un mínimo recinto agrario), parcela tan pequeña como productiva. Se adentra después en la vaguada cercana al arroyo. En esa zona baja el agua de las últimas lluvias permanece en forma de humedad especular cuando sobre ella incide la luminosidad de este día soleado. Esa imagen es hermosa vista desde la altitud de la antigua era. Pero la belleza de lo que se ve se transforma en un incordio cuando el tractor se acerca al humedal y tiene que rodearlo para evitar quedar atascado sobre el barro. Como es poca tierra lo dejamos sin sembrar, por ahora.

Si todo va bien, el domingo terminará la sementera.

PS. Escrito el viernes 9 de diciembre de 2016

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