La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 diciembre, 2016

Aquella Consti, esta Constitución

Filed under: Menú del día,Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 9:09

 

clip_image001Ayer se cumplió un nuevo aniversario, el trigésimo octavo, del referéndum por el cual fue aprobada la actual constitución española.

Recuerdo aquel día, aquel 6 de diciembre de 1978. Estaba acuartelado en el cuartel (y no es una redundancia) de Lepanto, en Córdoba. Eran tiempos convulsos, tiempos de plena transición democrática, de atentados mortales y secuestros por parte de ETA y GRAPO, de ruido de sables que hablaban de un golpe militar inminente… No eran buenos tiempos para estar vestido de caqui y con un fusil en la mano.

Recuerdo otro 6 de diciembre, el de 1996. Habían pasado dieciocho años y trabajaba de maestro en el colegio público de Cardeña. La transición política se había cumplido, el Partido Socialista había gobernado durante catorce años y la derecha, con Aznar, había ganado las elecciones ese año. ETA perseveraba en su demencia pero ya no había miedo a un golpe de estado porque el ejército español había dejado de ser el guardián de las esencias patrias y se había convertido en un ejército moderno; tanto, que el servicio militar dejaba de ser obligatorio. España era, además, miembro de la Unión Europea y los que habíamos conocido los últimos años de la dictadura franquista nos sentíamos orgullosos porque habíamos dejado de “ser diferentes”.

En aquel año, 1996, era ya obligatorio conmemorar el Día de la Constitución en los colegios (sigue sucediendo hoy). Recuerdo que preparé con mis alumnos diversos trabajos sobre el asunto. Uno de ellos era un mural en el que dibujamos la figura de una joven cuyo rostro era un libro humanizado (con ojos, boca y nariz) y del que salía un globo, un bocadillo, en el que se podía leer: “Me llamo Consti y… ¡ya soy mayor de edad!”. Lo he recordado porque hace unos días leí un artículo de Fernando Savater titulado “La Consti”. Me sentí orgulloso de aquel trabajo de mis alumnos porque me sentía orgulloso de aquella Consti (en aquel tiempo todavía podía sonar un poco irreverente tal diminutivo) que había sido cimiento del cambio político de este país y que a sus dieciocho años ya había cumplido la mayoría de edad.

Ese es el pasado. Hoy, con treinta y ocho años, aquella “joven” necesita algunos retoques. Toda ley, por muy fundamental que sea, requiere de actualizaciones cual si fuese un sistema informático. De ello habla todo el mundo político estos días. Cada cual tiene sus proposiciones. Hay quien habla de maquillaje, hay quien piensa en cirugía menor y hay quien ya la considera una anciana decrépita que no tiene más futuro que el asilo constitucional. Este es el presente. ¿Y el futuro? Dependerá de las actualizaciones que se le hagan (y, sobre todo, las que se le dejen de hacer), dependerá de los aciertos en las modificaciones, de los acuerdos entre los que la consideran aún necesaria, etc. Entre los que desean su desaparición hay muchos jóvenes que exponen como razón el que ellos no la aprobaron en aquel lejano referéndum (“yo no la voté”, dicen). Yo tampoco la voté, porque estaba acuartelado, (si ello ocurriese hoy, podría haber votado), pero no por ello pido su pase a mejor vida legal. Podría exponer mis peticiones de actualización pero ya están recogidas por unos y por otros. El futuro dirá.

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