La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

5 diciembre, 2016

La Aurora de Castro del Río

Filed under: Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 10:25

Los hermanos de la Aurora de mi pueblo, de Castro del Río, siguen saliendo cada noche-madrugada-amanecer desde el 30 de noviembre, San Andrés, hasta el 8 de diciembre, la Inmaculada. Siguen saliendo por las calles y plazas del pueblo, por las antiguas y hermosas calles de la Villa, ese barrio de historia y acústicas extraordinarias. Siguen cantando esas canciones de auroros que “No le temen ni al frio ni al agua, ni a la mala noche, ni a lo por venir.

Ahora los veo a través de las redes sociales, en una perfecta simbiosis de lo actual y lo arcaico, asomándose al mundo desde esas antiguas tradiciones que forman parte de la esencia de una vida, de una cultura, de una civilización. Tradiciones ligadas casi siempre a la religión pero a las que se agregan gentes de todo pensamiento y creencias porque son la base de una forma de vida que ha ido evolucionando hasta dejar atrás la intolerancia y el sin sentido de otras manifestaciones sociales.

Para mí, escucharlos en estos tiempos es un volver al pasado de la infancia, es recordar esas noches frías entre colchones de lana, revivir despertares somnolientos y duermevelas eternas entre los que se colaba el lejano sonido de los campanilleros y la monocorde y repetitiva, pero agradable, música de los hermanos de la Bella Aurora. Ese tañer de campanillas que arrastra a los instrumentos de viento y cuerda, a las voces acompasadas de los hermanos, ese rumor de murmullos apagados por el frío de la madrugada que se colaba entre el sueño y el despertar, esos pasos que se acercaban desde la lejana oscuridad de la noche hasta detenerse en una esquina en la que entonar la siguiente canción; todo ello forma parte de mis recuerdos.

También es parte de mi acervo de recuerdos castreños un trabajo que tuve que hacer sobre la Bella Aurora estando en Bachillerato (o en COU, no recuerdo bien) sobre este tipo de manifestaciones locales en la que se unen tradición religiosa y cultural. Como también lo es el haber participado un par de noches como auroro. Eran los años de la adolescencia en la que había que probarlo todo. Dado que soy persona diurna, no dado a madrugaciones ni a trasnoches, y que mis cualidades cantoras son nulas, la experiencia fue corta y volví al gozo de escuchar esos sonidos desde el suave despertar en la cama: “La Aurora la tienes en tu puerta, ni te llama ella, ni te llamo yo, que te llama la boca de un ángel, levántate hermano a alabar a Dios.”

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