La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

1 diciembre, 2016

Llegó el comandante y mandó parar

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 14:18

 

clip_image002Era difícil en aquellos sesenta y setenta no sentir admiración por los movimientos revolucionarios que surgían en América (del Centro y del Sur), en África o en Asia. Venían a derribar regímenes totalitarios, sistemas políticos corruptos y dominados por los antiguos estados colonizadores y por las oligarquías nacionales. Cómo no sentir admiración por aquellos barbudos que bajaban de la sierra con vientos de libertad; cómo no odiar a aquellos milicos que marcaban el paso de la oca, que obedecían al rostro de la muerte con gafas oscuras y gabán militar, que bombardeaban el Palacio de una democracia…

Después, uno seguiría detestando a aquellos dictadores que seguían haciendo desaparecer a sus compatriotas, dándoles picana en la Escuela de Mecánica de la Armada, asesinando cantautores, etc. Después, uno comenzaría a dejar de sentir admiración por quienes defraudaban la expectativas creadas, por quienes se dejaban acunar por los brazos de los herederos de Lenin y Stalin. El problema es que, tras la II Guerra Mundial, los dictadores diestros surgían para acabar con democracias y los dictadores siniestros (de la izquierda) surgían para acabar con dictaduras; pero acababan imponiendo otras dictaduras. El problema es que tras más de cuarenta años sigamos dándole una pizca de credibilidad, que juguemos con las cifras estableciendo comparaciones con otras naciones, que andemos examinando logros y fracasos. Todo eso está muy bien como argumentos que puedan tranquilizar nuestras conciencias por las antiguas querencias (desde que dejamos de ir voluntarios a la zafra) pero no nos engañemos, yo no quiero irme ni a Cuba, ni a Haití; mejor me quedo tranquilo en esta habitación.

 

En Blog de Antonio Muñoz Molina: El gran hablador

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PS. Cuánto ruido mediático con la muerte de un dictador. Cuántas palabras huecas y mensajes de justificación. Cuántas comparaciones con otros de sus mismas ideas y con otros de ideas contrarias pero igual proceder. Si la historia es conocida, si los datos también lo son, por qué tanto debate insustancial. Ah, ya, por los sentimientos. Porque la gente de derecha, los demócratas de derechas, siempre guardan un rinconcito de su corazón para esas dictaduras que no desean pero que llegado el momento de descontrol no verían mal que se impusiesen. Y las gentes de izquierda, los demócratas de izquierda, siempre guardan un rinconcito de su corazón para que llegado el momento de represión no se opondrían a que el líder tomase el poder para imponer su libertad. Pero, quién marca ese momento de descontrol o de represión, ¿dónde están los límites? Lo que no entiendo, tampoco, es cómo siguen llamándose demócratas. Qué se llamen derechistas e izquierdistas (concienciados a más no poder), mirando al enemigo (que no al rival) de frente y no confundan a los que sin tener las ideas tan claras como ellos no guardamos en nuestro corazón ningún rinconcito para posibles soluciones dictatoriales, autoritarias o personalistas. Porque luego llega el comandante, o el general, y manda parar. Y así, parados, nos podemos tirar cuarenta o cincuenta años.

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