La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

1 noviembre, 2016

El primer cohecho: sin prisa pero sin pausa

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 8:59

 

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Camino sobre tierras otoñales. La lluvia caída el mes pasado ha despertado la hierba que asoma sobre el barbecho de girasol. Luce un sol espléndido en este veroño de días aún largos y luminosos; la temperatura a las once de la mañana alcanza los veinte grados.

He viajado observando los olivares entre los que asoma la lluvia vaporizada que sulfata esos árboles que han sufrido la escasez de agua y las altas temperaturas de estos meses pasados; olivos castigados por la sequía y el calor, aceitunas que tratan de desperezarse y ganar grasa para la próxima recolección. He viajado observando como el olivar se come a la campiña; cada vez más parcelas se dedican a este monocultivo arbóreo y la campiña, la tierra calma, se empequeñece.

Camino sobre tierras que conservan la humedad de las últimas lluvias, tierras esponjosas que el calificador voltea, tierras que contrastan sus tonos pardos y muestran los últimos restos del girasol. Me cuenta Manolo que va laboreando “sin prisa pero sin pausa”, dando el primer cohecho a las tierras que acogerán la semilla del trigo en las próximas semanas. En estos tiempos en los que todo se acelera, en los que pareciese que nos faltase siempre el tiempo, en los que adelantamos las tareas como si no hubiese un mañana, es reconfortante hacer lo que hay que hacer sin el látigo de las prisas. Charlamos a pie de besana sobre lo que se comenta entre las gentes del campo, de si echar abono o no, de las lluvias que han de venir, de las alpisteras que asoman… Se marcha Manolo besana adelante mientras observo las nuevas ruedas del tractor y la gradilla que acompaña al calificador.

Subo hasta la era para coger unas ramas de laurel, entro en la cochera por la pequeña puerta de madera, una pequeña lagartija que ha perdido el rabo escapa entre las rendijas. La puerta de madera es el último eslabón que conectaba el antiguo cortijo con la cochera, es el testimonio de lo que hubo y desapareció. Fuera están el laurel y la adelfa, antes resguardados en el patio de la casa, ahora abiertos a las miradas de los que viajan por la carretera y los caminos.

(Sábado, 29 de octubre de 2016)

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