La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

15 septiembre, 2016

Huchas y alcancías

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 16:37

 

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Nicolás: Ya que andamos recuperando objetos del pasado que mejorarán nuestra vida, incluso nuestro planeta, añado a la lista uno que pertenece a la misma familia del botijo de arcilla blanca que suda sin cesar refrescando el agua de su interior.

Se trata de aquella hucha, hecha con la misma arcilla botijera, que nos regalaban siendo niños para que guardásemos en ella los dos reales, la perra gorda o la peseta que nos daba el abuelo, o el tío que se había ido a Sabadell y que volvía a pasar unos días en el pueblo durante el verano. Esa hucha era el objeto que contenía la ilusión de poder comprar algunos tebeos y el kit de pistolero en la próxima feria.
Si el botijo es hoy un frigorífico que no consume energía la hucha sería un plan de pensiones sin banquero.

Sap: Pues Maese, al igual que ocurre con “botijo” por estos lares, también el galicismo “hucha” nos resultaba una palabra ajena; nosotros utilizábamos siempre “alcancía” (del ár. tesoro), palabra por cierto que ya ha sido prácticamente sustituida por hucha.

Creo que la impaciencia infantil y el asunto de llenar hasta las trancas una alcancía, eran cuestiones incompatibles, ¡con lo diver que resultaba sacar monedas de la barriguilla de barro hurgando con un cuchillo apenas iniciado el ahorro!

Nicolás: Sap, tu comentario me trae a la memoria esa dualidad para denominar al susodicho objeto. En mi infancia mi madre lo llamaba hucha mientras que mi padre usaba alcancía (pronúnciese “arcansía”). Con el tiempo se impuso el primero, sonaba como más moderno. Algo parecido ocurría con frigorífico y nevera;. Se empezaban a usar palabras que hiciesen olvidar aquella España gris de la que estábamos saliendo. Lo que nunca he sabido explicarme es el por qué mis progenitores usaban términos diferentes en el caso de tal objeto cuando para los demás no ocurría así.

 

En Blog de Antonio Muñoz Molina: De madrugada

 

 

PS. De recuerdo en recuerdo… Había otras huchas en la infancia. Eran aquellas que estaban colocadas en las mesas de los maestros de escuela para ayudar a las Misiones. Huchas que imitaban los rostros de otras razas. Rostros coloristas que solicitaban ayuda a quienes también, a veces, la necesitaban.

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2 comentarios »

  1. Precisamente me acordaba yo el otro día de cómo aprendí las razas en el colegio: blancos, negros, amarillos, cobrizos y aceitunados. Y esas huchas que están en tu foto eran las que usábamos para el día del Domund. Salíamos a la calle con nuestras huchas y, sacudiéndolas para hacer sonar las monedas que ya estaban dentro, pedíamos “para los negritos” y “para el Domund”. Ese mundo ya no existe.

    Comentario por Angela — 15 septiembre, 2016 @ 16:47 | Responder

  2. Hace unos años, pocos, volvieron al colegio las huchas del Domund. Eran de cartón y con dibujos estilo Mariscal. Nada comparable a aquellas huchas vidriadas con los rostros de las razas. Otro mundo, sí.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 15 septiembre, 2016 @ 16:51 | Responder


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