La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

11 septiembre, 2016

Cincuenta y cuatro días

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:59

clip_image0021. Mañana, lunes doce de septiembre, los alumnos de Infantil y Primaria vuelven a clase tras las vacaciones veraniegas. Se formarán las filas en los lugares señalados, los de primero entrarán acompañados por los familiares hasta ubicarse en el nuevo patio, los mayores presumirán de experiencia y buscarán sus lugares, las maestras (sólo tres maestros en un claustro que supera largamente la treintena) saludarán mientras el maremágnum se desactiva y la organización se afianza, en el edificio de infantil se escucharán algunos llantos, etc. Y el que escribe andará como pollo sin cabeza, girará por donde sople el viento, buscará la orientación correcta en esta nueva experiencia de ser maestro sin alumnos. A partir de mañana me quedarán setenta y nueve días de maestro en activo, cincuenta y cuatro lectivos, (sí, los tengo contados) para cumplir esa travesía del desierto que es el seguir siendo maestro pero no sentirse ya como tal.

Hay quien enseguida me corrige cuando tales afirmaciones hago: “Hombre, los maestros siempre somos maestros; hasta después de jubilarnos.” No. Yo sólo me he sentido como tal cuando he sido responsable de un grupo de alumnos a los que educar y enseñar. Cuando estoy en casa leyendo o viendo la televisión, cuando camino por los alrededores del pueblo o viajo por cualquier lugar, la profesión desparece entre los múltiples pliegues de la personalidad. Nunca he presumido de ser maestro las veinticuatro horas del día. Es más, la experiencia me ha demostrado que muchos de los que presumen de ello exhiben su magisterio más fuera del colegio que cuando entran por la puerta del mismo. A los que proclaman que este trabajo es una devoción siempre les he dicho que tal devoción deberían ejercerla aplicando la filantropía no telescópica allende las fronteras, en algún lugar del África tropical (como decía la canción del ColaCao), y dejando que los que, en lugar de devoción, creemos en la profesión hiciésemos este trabajo.

Y todo esto para decir que a partir de mañana seré maestro de apoyo, maestro sustituto (qué feo suena el calificativo), o cómo llamen a esa especie de “chico para todo” que se inventaron hace unos años haciendo desaparecer un puesto de maestro tutor, aplicando una vez más la propaganda engañosa de tenemos de todo cuando en realidad cada vez tenemos más de nada.

PS. Y para qué me enredaré yo en estas madejas.

2. Consecuentemente, lo que a mí me empezó a importar de verdad fue el colegio, algo que constituía un hilo constante en mi vida, además de mis padres y mi hermana. Nunca quería que se acabara el colegio. Me pasaba dentro de él todo el tiempo que podía, leyendo detenidamente todos los libros que nos daban, estando siempre al lado de los profesores, imbuyéndome de los olores escolares, que eran idénticos en todas partes y distintos de todos los demás.

Canadá – Richard Ford

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