La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

4 septiembre, 2016

Subido a una escalera (y en el tejado)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:46

clip_image0021. Es mi trigésimo séptimo (qué derroche de esdrújulas) curso. Lo he empezado pero no lo acabaré. Si toda la burocracia funciona, si no aparece una nueva normativa que me lo impida (que no la habrá porque no habrá ni gobierno) el último día de noviembre dejaré de ser maestro de escuela. Treinta y seis años y tres meses desde aquella Escuela Hogar (hoy sería Residencia Escolar) de Espiel hasta este colegio al que llegué hace ya dieciséis años.

He dicho que dejaré de ser maestro el treinta de noviembre, pero sólo a efectos laborales. En realidad, dejé de ser maestro el pasado veintidós de junio cuando cerré el aula y enfilé la salida con mis últimos alumnos. Lo que me queda en el colegio es algo diferente. He comenzado a vivirlo estos primeros días de septiembre. Es una sensación de estar como ausente, como de estar subido a una escalera intentando ver el horizonte escolar sin que éste aparezca por ningún lado, de cumplir un trámite obligado en el que no se depositan ningunas esperanzas. A ello contribuye el que no tengo asignada ninguna tutoría (afortunadamente) y todas las estructuras organizativas (que diría un cursi pedagogo) de comienzos de curso me son ajenas (afortunadamente, insisto). Y digo afortunadamente porque no encuentro ya motivación en la enseñanza. Puedo, eso sí, pasar casi una hora charlando sobre las vacaciones de verano con una alumna del curso pasado. Pero me resulta agotador la ingente e inmarcesible cantidad de tareas (inútiles algunas) que se generan alrededor de la enseñanza; incluso cuando las escucho, aun sabiendo que ya no me afectan. Todo ello me lleva a ese estado de ausencia, de no fijar mi interés en ese mundo que se cierra y, consecuentemente, a despistarme y llegar tarde a un claustro. Ahora, cuando reflexiono sobre ello, pienso que nunca (y, nunca es nunca; il est jamais jamais, que diríamos en honor a la segunda lengua extranjera), nunca llegué tarde a una reunión en toda mi vida como maestro; hasta el pasado viernes, bien sûr; que diríamos en honor de… ya saben.

2. Tampoco es alentador que lo primero que uno ve, cuando llega a la esquina del colegio el uno de septiembre, es a unos señores en el alero del tejado, a otros rematando el caballete del mismo, y los patios convertidos en una mezcla de almacén de materiales de construcción, exposición de máquinas elevadoras y ciudad siria recién bombardeada. Pero así funciona este país con un gobierno en funciones, esta Comunidad con un gobierno que dice cuidar la enseñanza pública, este…

Pero el día doce todos estaremos dentro de esos edificios (veremos en qué estado de pintura, limpieza, etc.) a los que ahora uno no puede acercarse porque están protegidos por esa cinta de plástico rojo y blanco que salvaguarda nuestra integridad física y la desvergüenza de quienes nos mandan (perdón, gobiernan).

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