La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

3 septiembre, 2016

Matan los celos con rigor más fuerte

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 11:55

 

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Para los amigos y coblogueros de “El blog de los lectores” de Antonio Muñoz Molina, de los que tanto aprendo.

Con la mirada fija en el horizonte de los trigales, Juanillo, “el Resucitao”, a lomos de la mula torda que compró en la feria de ganado del año pasado, masculla los pensamientos que le llevan por el camino polvoriento hacia el destino de violencia que ha elegido entre la frialdad de la rabia y el despecho de su hombría. Entre aquellos trigales asoman los segadores que agostan su vida en jornadas de sol a sol, se empinan cántaras de aguas para sofocar la sed y brillan las hojas de las hoces. Él conoce bien esa faena y lleva enganchada al cinturón la suya; esa hoz que afiló en la piedra del pilar, situado a la salida del pueblo, y donde se detuvo para que abrevara la mula cuando el día amanecía.

Saluda a los segadores y vuelve a ensimismarse. Piensa en don Jesús, el cura que hace ya unos años le alargó la vida cuando intercedió por él ante los falangistas que querían darle el paseo acabada la guerra, cuando tan solo era un chaval con muchos grillos en la cabeza y muchas fuerzas que agotar. Si lo viese ahora seguro que agarraría la jáquima, detendría el paso cansino de la mula Manola, y le espetaría con ese vaivén de manos tan suyo: “Juanillo, ¿te lo has pensado bien? Qué esta vez, ni yo ni el Altísimo te vamos a sacar del lío”.

Don Jesús no solo intercedió por su vida ante los falangistas sino que años después lo hizo ante el puesto de la Guardia Civil con un escrito en el que avalaba la buena conducta de Juan Macarrón Reinares, alias Juanillo “el Resucitao”, para que le fuese concedido el permiso de armas y poder comprar una escopeta con la que cazar conejos y perdices cuando el hambre apretaba y la veda y el amo lo permitían. Esa escopeta iba colgada a sus espaldas de hombre curtido, de un hombre que había encontrado el sosiego tras casarse hacía poco más de un año. La culata de la escopeta chocó con el mango de la hoz cuando Manola dio un traspiés al cruzarse una liebre bajo sus patas. Juanillo volvió a la realidad y metió las manos en la talega que colgaba de la albarda. Palpó en su interior y no estaban los pedazos de tocino y pan que cada día llevaba cuando salía a segar sino un buen puñado de cartuchos para la escopeta.

En el cortijo Los Encinares trabaja Andreíta, la chica de “los Espejeños”, casada hace poco más de una año. Limpia la casa de los señores, en la cocina prepara migas en invierno y salmorejo en verano para los jornaleros que trillan las mieses y avientan las parvas en la era. Juanillo no estuvo nunca conforme en que ella cogiese esa faena; pero, como decía Andreíta: “Unas pesetas más nos vendrían bien para arrendar aquellas fanegas de tierra con las que empezar una vida mejor”. Nunca debió ceder.

En el desván del cortijo, entre sacos de grano, cribas de aceituna, lebrillos de alcaparrones y pipas de melón secándose para semillas, dos cuerpos jóvenes retozan entre sudores de fogosidad y placeres prohibidos. Por el camino de Los Encinares se acerca una mula torda. Sobre ella monta un hombre de mirada perdida, escopeta al hombro y hoz al cinto.

 

Este cuento fue publicado en “El blog de los lectores” de Antonio Muñoz Molina. El cuento, con los comentarios de los blogueros, se puede leer aquí. Entre esos comentarios está la siguiente cuarteta de uno de los “poetas” del blog:

“Al galope de su jaca
la hoz del Resucitao
brillaba como una faca
abierta de lao a lao.”

Autor: Sap

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2 comentarios »

  1. .
    Todo un acontecimiento han representado en el blogamm los pesares del Resucitao, cuyo ataque de cuernos nos ha alegrado alguna parte de estos rigores veraniegos, por los que somos tus lectores los que debemos estarte agradecidos, Maese Nicolás. Servidor, lo hace doblemente.
    Sap.

    Comentario por Sap — 3 septiembre, 2016 @ 19:19 | Responder

  2. Qué lástima que el Resucitao nunca aprendiese a leer y a escribir como aquel pícaro niño de Ur que acabó quedándose con todos nosotros.
    Gracias, sabio Sap.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 3 septiembre, 2016 @ 19:46 | Responder


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