La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

21 agosto, 2016

Cinco esquinas–Mario Vargas Llosa

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:00

 

clip_image002Cinco esquinas es el nombre de un barrio de Lima, Perú. Es el nombre, también, de la última novela del veterano escritor peruano Vargas Llosa. Una novela que arranca con una tórrida escena de cama lésbica entre dos amigas de la alta sociedad limeña. Ese comienzo parece una estratagema para que el lector se enganche a la lectura; aunque también podría causar el efecto contrario. Hay quien ha hecho crítica muy ácida de ese comienzo y de la novela en general. Que no es el mejor libro del Nobel preysleriano es evidente. Pero de ahí a calificar la obra como literatura de rango menor… me parece exagerado.

La historia escapa del erótico comienzo para adentrarse en lo mollar del argumento: el papel jugado por la prensa amarilla cuando es utilizada por el poder político. Y en aquel Perú gobernado por Fujimori ese poder lo detentaba un personaje cuando menor singular y, cuanto más, temido por la ciudadanía. Ese personaje era El Doctor (en la realidad Vladimiro Montesinos). En ese ambiente de temor dictatorial mezclado con la acción terrorista de Sendero Luminoso se desarrolla la historia del libro. Cierto que hay momentos en los que todo parece demasiado simple, que la escritura de Vargas Llosa pareciese malamente plastificada. Ello me ha parecido cuando entran en acción los personajes poderosos, económica y políticamente, del libro. Pero, por el contrario, el nivel literario sube cuando la historia se embarra, se aleja de los centros de poder, sale a las calles y aparecen personajes como la reportera Julieta Leguizamón, “Retaquita”, y el recitador de versos Juan Peineta, cliente habitual del Hotel Mogollón. Con esos nombres, con esos personajes, la prosa de Vargas Llosa engancha a este lector más que con aquel comienzo de erotismo entre las dos damas de la jet limeña: “Juan Peineta salió del Hotel Mogollón, en la tercera calle del jirón Huallaga, seguido por Serafín. Era temprano todavía y el centro de Lima estaba aún medio desierto. Vio barrenderos, vendedores de emoliente —«reliquias del tiempo ido», fantaseó—, noctámbulos de larga noche y los mendigos y vagos de costumbre dormitando en las esquinas y los zaguanes. Unos gallinazos madrugadores picoteaban unas basuras esparcidas por la pista, graznando. Trató una vez más de recordar cómo se llamaba antes de lucir, muy joven, el sobrenombre de artista con el que lo conocían todos…”.

No será, no es, una novela memorable; es una novela que se lee con ligereza. Y si el autor no fuese quien es seguro que hubiese merecido mejor valoración.

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