La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

17 agosto, 2016

Crónicas vikingas (y 15) – Llegar a buen puerto

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 9:47

                                                                                                                                            16 de julio de 2016

clip_image002Volvemos a Málaga. En el control de embarque del aeropuerto de Copenhague la autoridad competente se afana en revisar meticulosamente mi equipaje de mano, trasteando y sacando del bolso todo lo que contiene, y devolviéndolo para que vuelva a ser escaneado. Esas maniobras, de las que no me quejo porque no están los tiempos para descuidar la seguridad, sí crean en mí una cierta desazón. La inquietud propia de quien hace muchos años veía cualquier acción de la autoridad policial como un indicio de que algo malo te podría ocurrir. Son los rescoldos de otros tiempos en los que… “Ninguna frontera es un refugio y todas son trampas que se cierran como cepos sobre los pies caminantes de los condenados.” La cita anterior pertenece a Sefarad, libro en el que se vive la angustia de las fronteras de aquella Europa convulsa del siglo XX. Hoy todo es diferente; el miedo proviene del terror de los inconscientes y desalmados y no del terror de los Estados, pero siempre queda esa preocupación. Vuelvo a Sefarad: “Me aterran los papeles, pasaportes y certificados que pueden perderse, puertas que no logro abrir, las fronteras, la expresión inescrutable o amenazadora de un policía, de alguien que lleve uniforme o esgrima ante mí alguna autoridad.”

Afortunadamente todo estaba en orden y pudimos embarcar tras hacer algunas compras en la zona libre de impuestos. Hemos despegado con algo de retraso respecto a la hora prevista, las ocho menos cinco de la tarde. Nada más dejar atrás la pista de despegue se puede ver el puente de Oresund que une Dinamarca con Suecia, y que es también el que da título a otra serie nórdica (El puente – Broen – Bron) de la que soy fiel adicto. A partir de ahí nubes en el piso inferior de la ventanilla hasta que sobrevolamos Francia y la puesta de sol, casi eterna, casi infinita, ofrece una vista maravillosa. Cuando anochece de manera definitiva los pueblos y ciudades iluminados parecen haber sido bañados en oro cual guirnaldas rococós. Escucho música de Corrs para hacer más llevadero el viaje y el ajetreo de pasajeros que van y vienen al claustrofóbico aseo.

Hemos llegado a Málaga alrededor de la media noche. Recogemos los coches del aparcamiento y viajamos a Caleta. Como es el día de la Virgen del Carmen hay fiesta marinera en el puerto. Allí nos vamos para tomar unas cervezas y unos montaditos de lomo. Sentados en sillones de plástico, en la dársena próxima a la lonja del puerto, cenamos mientras escuchamos a un conjunto músico-vocal que ameniza la velada. En pocas horas uno vuelve a vivir en el mundo mediterráneo de jolgorio y cálido trasnoche, asomado a unas aguas plácidas que no recuerdan en nada a los mares norteños de los días anteriores. Ahora sí que todo ha concluido; y por un momento pienso que si de un viaje en barco lo más importante es “llegar a buen puerto”, en éste que hemos realizado durante los últimos días la sentencia se ha cumplido fielmente. Ya sólo queda recordar todo lo bueno vivido. Y para ello he escrito estas crónicas a lo largo de un mes después.

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