La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

13 agosto, 2016

Crónicas vikingas 14 – Copenhague: de la Sirenita a los palacios

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 9:50

                                                                               16 de julio de 2016

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Último día del viaje (qué pena). Hemos contratado la excursión por Copenhague. La distancia del puerto al aeropuerto es enorme (lo vimos cuando llegamos), la ciudad es extensa y a las seis hay que estar en la terminal 2 del aeropuerto. Mejor no complicarse la existencia y abandonar la rutina de los últimos días en los que hemos callejeado a nuestro aire por las ciudades visitadas. Hoy seremos los típicos turistas a los que llevan de un lugar para otro con un tiempo fijo. No reniego de ese tipo de turismo, no soy de esos exquisitos que siempre tienden a colocarse por encima de la media, pues pienso que cada momento de la vida requiere la mejor elección.

Así que subimos a la segunda planta del bus que nos lleva por la capital danesa con la guía llamada Ivi. Es una mujer de “cierta edad” que llama morralla a la muralla y comenta que algunos edificios están cubiertos con tejados de… “eso que se utiliza en las escuelas, tejados de tiza, sí.” Hay quien le aclara que los tejados no son de tiza sino de pizarra. Aparte de estas anécdotas, Ivi nos explica con destreza y amenidad los lugares que visitamos. Entre esos lugares, claro está, la primera parada es la Sirenita. Hay que hacer cola para fotografiarse con ella. Así de complicados somos los humanos. Lo que más me satisface de esa visita es enterarme que fue el señor Jacobsen, propietario de la cervecera Carlsberg quien financió y mandó colocar la escultura en tal lugar. Ello afianza mi creencia de que la gente relacionada con la cerveza suele tener buenas ideas.

clip_image004Copenhague es una ciudad inundada de bicicletas; tras Ámsterdam, es la segunda ciudad del mundo en número de este tipo de vehículos, nos cuenta Ivi. Y doy fe de que no miente. Pero Copenhague es también una ciudad monumental. Para compensar el atracón de naturaleza que nos dimos en la primera excursión del viaje (glaciar Briskdal, monte Dalsnibba y fiordo de Geiranger) viene bien este paisaje urbano y arquitectónicamente variado. Paramos en Amalienborg, residencia de la familia real danesa, compuesto por cuatro palacios, con la Iglesia de Mármol (que no es de mármol) al fondo de una plaza de dimensiones gigantescas. Nos hacemos fotos en el entorno de la plaza con la guardia real que custodia los edificios. Los guardias se desplazan de garita a garita (una caseta con forma de lápiz hueco) marcando un paso marcial y con el fusil al hombro. Uno de los guardias suelta un grito atemorizador cuando un niño turista se adentra en una de las aceras vigiladas. Tal advertencia nos lleva a hacer las fotos a prudencial distancia del irascible guardián real.

Tras Amalienborg, y una visita panorámica por la ciudad, visitamos el Palacio de Cristiansborg, sede de los tres poderes daneses (Parlamento, Primer Ministro y Justicia) y único recinto del mundo que acoge esos tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial). Curiosamente, tras volver del viaje, mientras publico estas Crónicas vikingas, veo las tres temporadas de una serie danesa llamada Borgen (muy recomendable). Borgen es el nombre popular con el que se conoce al Palacio de Cristiansborg.

Tiene Copenhague también un canal, Nyhavn, que le da un tono de color al gris reinante en la ciudad. Un canal repleto de barcos, y cerca de él una calle repleta de gentes que caminan en ambas direcciones, como se hacía antiguamente en la calle Alta de mi pueblo los domingos por la tarde. Son gentes repetitivamente rubias y altas, vestidas de negro o con colores grisáceos, gentes que se mezclan con una multitud de turistas entre las que destaca mi chubasquero azul cielo mediterráneo. Chubasquero que he tenido que colocarme porque una vez más (y van…) se ha levantado viento y ha comenzado a chispear. Nunca en mi vida me había puesto y quitado ropa tantas veces y en tan poco tiempo. El asunto del tiempo meteorológico por estas latitudes nórdicas es algo tan imprevisible como el trabajo de un entrenador de fútbol con resultados irregulares. Comemos en Copenhague porque toca volver al autobús y tomar el camino del aeropuerto.

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