La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

3 agosto, 2016

Crónicas vikingas 11 – Aarhus: liarse la manta a la cabeza

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 9:02

                                                                                                                           14 de julio de 2016

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Aarhus es una ciudad con edificios de ladrillo. Toda ella, a excepción de esas construcciones modernas y culturales, es un gran lienzo de ladrillos rojos que se eleva en edificios de cuatro o cinco plantas con grandes ventanales que carecen de cortinas, persianas o rejas. Parques con grandes espacios verdes, meteorología que cambia cada pocos minutos, semáforos que apenas dejan tiempo para cruzar la calzada, gente que viste mayoritariamente ropas de negro o con colores de tonos apagados, mercadillo con tenderetes en los que se cocina gastronomía de diferentes lugares del mundo, etc. se ofrecen a nuestra vista hasta llegar a un montículo (debe ser el único de la ciudad) en el que se divisa una gran cúpula de plástico grisáceo traslúcido. Subiendo el montículo hay también un gran molino de madera que es reclamo para el recuerdo fotográfico. Está situado antes de llegar a la cúpula de plástico, que alberga una especie de jardín botánico. Dentro, en diversos espacios, se ofrece al visitante hábitats naturales con diferentes vegetaciones del mundo. En uno de ellos, con una asfixiante humedad tropical, revolotean mariposas de múltiples colores y tonalidades.

De regreso al barco, en uno de los escasos intervalos en los que el sol luce tímidamente, nos sentamos en una terraza de la calle principal a tomar una cerveza. A los pocos minutos el tiempo cambia (una vez más), se nubla, se levanta un viento más que fresco y comienza a caer una llovizna finísima. Afortunadamente la terraza tiene unas grandes “sombrillas” (aquí deben usarse más como grandes paraguas), estufas y mantas (sí, en el respaldar de los sillones hay mantas dobladas). Así que ahí estamos, tomando una fría cerveza danesa con la manta liada a la cabeza (literalmente).

Por la noche hay cena de gala para despedir a los pasajeros que desembarcarán mañana en Warnemünde. La cena, como siempre, magnífica. Bien presentada, mejor cocinada y regada con un buen vino. El ambiente cálido y las vistas de la ciudad cuando el barco deja atrás la península de Jutlandia ayudan a compensar la fría cerveza danesa de hace unas horas.

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