La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

28 julio, 2016

Crónicas vikingas 8–Kristiansand: vikingos en el parque

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 9:11

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                                          13 de julio de 2016

Se ve poco el sol por estas tierras escandinavas; se ve muy poco a pesar de la cantidad de horas diurnas. El orto llega antes de las cinco y hasta bien pasadas las once no llega el ocaso. Muchas horas de día, pocos minutos de sol. Pero cuando se ve, atrae todas las miradas. Anoche, tras abandonar el fiordo de Bergen y poner rumbo sur hacia el Mar del Norte, pudimos verlo desde cubierta; lucía entre nubes creando una luminosidad extraña sobre la gran masa de agua. Era cerca de la medianoche y su silueta anaranjada contrastaba con el oleaje oscuro y la estela que el barco dejaba tras de sí.

Hasta la una del mediodía no hemos llegado a Kristiansand. Hemos visto el atraque del barco desde cubierta. Las ciento doce mil toneladas de esta mole acuática se desplazan lateralmente hasta el muelle de atraque hasta topar con las protecciones. Desembarcamos y nos encontramos con una ciudad portuaria, turística y comercial. Pero, sobre todo, es un remanso de tranquilidad. Uno camina por sus calles contagiándose del carácter relajado de estas gentes. Hay una multitud de personas sentadas en terrazas (no llueve y a ratos luce el sol) y, sobre todo, hay gaviotas que se adentran por las calles de la ciudad como hacemos los que hemos desembarcado. Los coches circulan tan lentos y silenciosos que apenas se hacen notar. Los conductores respetan los pasos de cebra con tanta antelación que uno siente innecesaria esa mirada de prevención antes de cruzar a la que estamos acostumbrados en España. Grandes macetones de flores multicolores decoran las calles. Las familias con niños pequeños disfrutan de un parque decorado con esculturas de arena, barcos vikingos y una pequeña playa artificial de apenas veinte metros cubierta de fina arena dorada. Una fortaleza que se asoma al mar sirve para hacer un descanso. Grandes espacios verdes aumentan la sensación de placidez. Caminamos por la calle más comercial, repleta de restaurantes. Uno de ellos se anuncia como “bar de tapas”; en la pizarra de menús anuncia patatas bravas y “albóndingas”, con un exceso de enes muy propio de estas lenguas nórdicas.

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