La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 julio, 2016

Crónicas vikingas 7 – Bergen: gaviotas callejeras

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 8:43

                                                                                                                            12 de julio de 2016

Tiene Bergen amplias calles de escaso tráfico adoquinadas de granito. Muchos de los pasos de cebra no están pintados sino que vienen marcados por adoquines claros y oscuros que brillan cuando un tímido rayo de sol asoma tras la reciente lluvia. Abandonado el barullo del mercado todo transcurre con una placidez y tranquilidad que sorprende a quien está habituado al ajetreo del sur hispano. La temperatura, unos quince grados, y la niebla que cubre los cerros que rodean la ciudad y el fiordo, agrandan esa sensación relajante. Esa niebla nos obliga a olvidarnos de la subida en el funicular de la ciudad así que decidimos callejear hasta llegar a la iglesia situada en la parte alta de Bergen. Habituado a los templos católicos el contraste es enorme. La sencillez del altar, la ausencia de imágenes religiosas, los grandes bancos para los fieles que se alinean sin dejar espacio para arrodillarse, la sencillez de los vitrales y el contraste con la madera que cubre paredes y techumbres… Desde la portada de la iglesia hay una hermosa vista de la ciudad con la zona portuaria y turística abajo, y con la montaña de frondosa vegetación salpicada de casas con tejados empinados enfrente. Es un placer pasear por estas calles con edificios universitarios y culturales, con teatros y comercios dedicados a la decoración, en las que las gaviotas descienden hasta la calzada y se posan tranquilamente en el suelo hasta que algún turista las filma, se hace fotos, da una palmada o un pisotón en el suelo para que levanten el vuelo. Entonces, un nativo con pintas de naturalista radical recrimina esa actitud pensando quizás que tal acto es equivalente a lanzar una cabra desde un campanario o lancear un toro hasta su muerte. Y no es así.

Descendemos hacia la zona portuaria para adentrarnos en las casas del barrio de Bryggen que antes vimos de pasada. Callejuelas, escaleras, balconadas… se distribuyen de manera irregular tras las llamativas fachadas de estas casas que hace siglos fueron residencias y almacenes de comerciantes, edificios que entonces daban directamente al mar. Qué diferencia con la arquitectura del sur, con las paredes encaladas o con las fachadas de piedra.

Regresamos al barco para descansar por la tarde y aprovechar las comodidades que ofrece, pues aún quedan tantos días de viaje como los que llevamos.

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