La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 julio, 2016

Crónicas vikingas 2 – A bordo del Costa Favolosa: navegando

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 14:38

 

 

clip_image002                                                 10 de julio de 2016

Escribo a 24 millas de la costa suroeste de Noruega, a la altura de Stavanger (Latitud Norte 59º 16’ 36” – Longitud Este 4º 11’ 18”). Son datos que me ofrece el televisor del camarote (cabina, en italiano) 2460. Es decir, el camarote 460 de la planta 2ª (ponte due) de las once que tiene el barco.

Como ayer tarde fuimos de los últimos en embarcar llegamos al camarote cuando por megafonía anunciaban el simulacro de emergencia general. Subir a un buque en el que lo primero que te anuncian es tal situación le lleva a uno a pensar de manera contrapuesta. Uno se contradice a sí mismo pensando qué hace allí, en aguas tan frías, si lo primero que oyes al llegar al camarote es que saques los chalecos salvavidas. Por otro lado piensas que si lo primero que vas a hacer es colocarte esos fosforescentes y anaranjados chalecos es señal de que todas las precauciones están tomadas. Y entre pensamiento y pensamiento decidimos no asistir al simulacro y deshacer la maletas. Consecuencia: por la noche recibimos una carta personalizada comunicándonos que no habíamos asistido al simulacro y se nos rogaba que lo hiciésemos hoy. Así que es lo primero que hacemos en este día en el que estaremos navegando de forma continuada.

Llevamos veinticuatro horas a bordo del Costa Favolosa, un buque de lujo “titánicco”. El bamboleo de la mar se nota más en el camarote que en los espacios comunes. O será que esa sensación de vaivén se mitiga en esos espacios con la charla y la ingesta de cócteles y otras bebidas espirituosas. Veinticuatro horas después de embarcar hay espacios del barco que aún no conocemos. Hemos visto que, además de las numerosas zonas de ocio, cuenta con una capilla. El pequeño espacio eclesial está ubicado cerca de la pequeña discoteca. Pequeña porque la mayoría del pasaje somos ya gentes de cierta edad. Gentes que prefieren bailes clásicos y de salón antes que los ritmos discotequeros. Cuesta orientarse en este laberinto de pasillos, bares, espacios multiusos, etc. Esta ciudad flotante (si contamos los servicios que ofrece), este pueblo flotante (si contamos su población; unas cinco mil personas entre tripulación y pasajeros) ha navegado durante la noche dejando atrás los estrechos de Kattegat y Skagerrat (nombres que no pronunciaba desde mis tiempos de maestro de Sociales en tiempos de la EGB) bordeando las costas danesas y suecas hasta adentrase en el Mar del Norte.

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