La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 junio, 2016

Al calor del optimismo cruel y las futuras añoranzas

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 9:13

1. El calor inmisericorde ha hecho acto de presencia esta semana. El esmirriado ventilador que tenemos en clase alivia los sofocos del maestro y de los alumnos que están en primera fila. De vez en cuando el aparato inclina la cabeza como acto de sumisión ante la calorina. Cuando la parte esférica se abate el efecto rotatorio desaparece y la ventolera llega hasta el suelo dispersando las virutas de los lápices que han caído al suelo cuando al sacar punta no se ha atinado con la papelera. Hay que volver a erguir la el marco circular de aspas para que el ventilador vuelva a ser tal.

Junto al ventilador no hay más recursos que la corriente de aire y al agua. Abro la ventana de la galería que está enfrente de la puerta del aula, y también las ventanas de ésta, para que se produzca la esperada corriente de aire. Pero después del recreo esa circulación aérea comienza a ser sofocante, tórrida.

Es entonces cuando las botella de agua se vacían y hay una constante peregrinación al repostaje. El otro día nombré tres o cuatro aguaores (como se hacía en la antigua siega) para que recogieran las botellas de los demás y fuesen a rellenárselas. Observo que uno de los alumnos tiene una botella con hielo (ha traído el agua congelada de casa) y lo nombro mi aguaor. Le propongo rellenar su botella y pasar la mitad a la mía una vez que el hielo se haya convertido en agua más fresquita. Está encantado de hacerlo. Para algo me han servido todas las charlas sobre solidaridad.

 

clip_image0022. “Optimismo cruel”. Cuando conocí esa expresión recordé la sensación tantas veces vivida por la cual uno se reconforta a sí mismo pensando que cada papel a rellenar será el último, que a partir de ahí no vendrá otro. Pero no. Ese pensamiento optimista se desvanece y se transforma en crueldad porque siempre hay alguien capaz de idear un nuevo cuestionario, una nueva acta, un novedoso documento, la última memoria… El trabajo burocrático de los maestros cada vez es mayor. No lo digo yo (que también). Lean este artículo. Llevo rellenando documentos desde hace unas semanas. Afortunadamente ya no están en papel; la informática está salvando miles de árboles que la burocracia docente hubiese talado para abastecer una sobreinformación innecesaria en muchos casos. Ya escribió Antonio Machado que: “En política, como en el arte, los novedosos apedrean a los originales”. En la docencia, los novedosos no apedrean… empapelan.

 

3. El viernes, minutos antes de salir, les explico y reparto la documentación para matricularse en el Instituto el próximo curso. Mientras camino entre mesas dándoles el legajo de impresos algunos comentan que me van a echar de menos el año que viene. Les digo que no sean aduladores, mientras un compañero los llama pelotas. Hago oído sordos y el mismo que ha calificado a sus compañeros, cuando llego a su mesa, me comenta: “Aunque, la verdad, maestro, es que sí te vamos a echar de menos”. A lo cual le contesto: “Anda ya, no seas pelota.” Los otros se ríen y, mientras termino de repartir, pienso que de estos ratos (y de otros) seguro que se acuerdan.

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