La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

11 mayo, 2016

Paisajes imaginados en cunetas anegadas

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 15:06

Se oye la algarabía en fase de agotamiento de un grupo de personas que deben estar celebrando una Primera Comunión. Gritos infantiles, y alguna recriminación con poca efectividad, traspasan la carpa instalada en las afueras del pueblo. Son más de las siete de la tarde de un domingo de mayo densamente nublado. Ha concluido la jornada futbolística, concentrada en un par de horas, y, mientras mis hijos viajan, salgo a desentumecer las piernas. Estas horas, tan diferentes de aquellas en las que uno era joven y el domingo por la tarde era tiempo de paseos, bailes o sesiones de cine, llevan a la monotonía. Es por ello que prefiero caminar alejándome del pueblo, desafiando el paisaje gris y el viento constante que pueden aliarse para traer la lluvia en cualquier momento.

Traspasada la carpa festiva, y para mitigar esa monotonía que aflige cualquier pensamiento positivo, me coloco los auriculares para escuchar una grabación (podcast, lo llaman ahora) de un programa radiofónico, “Nadie sabe nada”, en el que Andreu Buenafuente y Berto Romero dialogan sobre cuestiones que les plantean los oyentes. Son preguntas o sentencias que rayan en lo absurdo y cuyas respuestas, en el mismo tono y sentido, despiertan la risa del que camina solo.

clip_image002Mientras escucho a los cómicos evito las zonas embarradas de la carretera. Las lluvias caídas desde el viernes han arrastrado tierra de los olivos y algunas zonas de las cunetas se han atrancado con la maleza y han depositado el barro en el asfalto. Otras zonas ofrecen un paisaje en el que la mezcla de agua y barro simulan una Isla Mínima como el que se veía en la película así titulada; hay también dunas bañadas por aguas cristalinas, pantanos tropicales en los que descuellan hierbas de un verde rotundo, manglares en miniatura de vegetación tan densa que bien podría ser refugio de especies animales desconocidas. Uno de los tubos de habilitan el paso a un camino entre olivos se ha atorado totalmente y la cuneta es como un gran embalse; por encima de él unos cardos tan altos como el caminante lucen vistosas flores violetas coronando sus amenazantes espinas. Sobre el arcén han desparecido la mayoría de los caracoles que la semana pasada se atrevían a desafiar sus límites territoriales. Su lugar lo han tomado unas caracolas de cuerpo tan oscuro como su alargado caparazón.

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