La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 abril, 2016

Castigos y bachilleres

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 15:07

Antoniomm: De donde se hace el bachillerato

Nicolás: Mi bachillerato fue muy largo. A los cuatro años del Bachillerato Elemental y los dos del Bachillerato Superior hay que sumar uno de Preingreso, otro de Ingreso (al comienzo) y el Curso de Orientación Universitaria (COU) al final. Nueve cursos, de los cuales los ocho primeros en el mismo edificio y el último en la localidad de Baena. No sé si el bachillerato marcó mi vida, pero el edificio sí que es parte de mis recuerdos.

https://donceldevr.wordpress.com/2011/02/06/retales-de-recuerdos-viii-el-instituto-2-aulas-conventuales/

Años que van desde la tierna infancia (y no es tópico) hasta la adolescencia rebelde (y tampoco lo es). Cursos de palmetazos y misa obligatoria (se pasaba lista) y cursos de nuevos aires que anunciaban el final de una época.

¿Añoranza? La justa, ni un gramo más. ¿Desafección? La justa, ni un gramo menos. No me causaron ningún trauma las tortas recibidas por aquellos maestros, porque no causa trauma lo que es norma habitual, con aquello que convives (a no ser que se sobrepasen ciertos límites). Hoy, en cambio, cuando en clase se me escapa una voz algo elevada siento el miedo de que algún padre me denuncie por maltrato psicológico. Sí que temía el no saber responder correctamente y que la palmeta calentase la palma de mi mano. Cómo no iba a temerlo. Pero de ahí a sentirme maltratado físicamente…
Tampoco los nuevos profesores que llegaron en los últimos años, más abiertos y modernos, invirtieron las antiguas sensaciones hasta convertir lo que antes era un “infierno” en el Edén. Uno lo vivía con la naturalidad de la época, del momento que tocaba. Tal que ahora.

clip_image001Albertiyele: Probablemente eso, Nicolás, que lo vean o lo hayan visto como algo normal, que formaba parte de la naturaleza de las cosas, es lo que más me espanta. En esta casa hasta hubo quien en algún momento lo defendió, como si en lugar de educar niños se tratara de domesticar fieras.

Nicolás:Albertiyele, ver como normal lo que es una aberración (en mayor o menor grado) es algo que sucede y ha sucedido en múltiples situaciones. Desde el castigo físico en las escuelas e institutos de aquella España hasta la barbarie nazi hay un amplio trecho en el que gentes de toda condición han admitido como normal, e incluso como necesario, lo peor de la condición humana.

En el Estado de Aquí lo vivimos cuando alguien era detenido y apaleado por razones políticas o sociales: “Algo habrá hecho”, oí decir muchas veces siendo niño. Esa misma expresión volví a oírla años más tarde cuando los terroristas del Norte del Estado de Aquí eran consentidos y justificados por gentes que antes y entonces se llamaba de orden.

Repito que las distancias entre estas últimas situaciones y el coscorrón escolar son kilométricas pero el asumir tales situaciones como algo que es propio del momento que se vive tienen, pienso, la misma cimentación racional (o irracional).

DomingoGlez: Nicolás, pero no es tema baladí, la violencia que empleaban en las aulas, a mi afortunadamente no me pillaron por edad, pero he escuchado historias a mucha gente que te pone los pelos de punta.

Nicolás: DomingoGlez, no digo que sea baladí. Yo también conozco gente que lo pasó muy mal, compañeros míos incluidos.

Tan solo intentaba explicar que esas situaciones no se ven de igual manera según el momento histórico (aunque suene grandilocuente) en el que se viven. Al tortazo del maestro de aquella época solía seguirle el tortazo del padre cuando llegabas a casa y se enteraba que el maestro te había “castigado”. La violencia correctora, no ya la violencia gratuita de quienes pegaban por placer (que esa no la conocí aunque soy consciente de que existió), en las aulas era el preámbulo de la que te esperaba en casa.

Y esa violencia no sólo se manifestaba dentro del aula. La vivíamos en los patios de recreo y en nuestros propios juegos. Las peleas a pedradas entre chiquillos de diferentes barrios eran vistas con normalidad; los juegos como el del corro y la correa eran tan habituales entonces como lo es hoy ver a un niño matando cooperantes de las Naciones Unidas o sijs neoyorquinos en un vídeo juego cualquiera.

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