La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

17 abril, 2016

Un llamador para los electroimanes humanos

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:15

1. Hay algunos alumnos a los que les cuesta permanecer sentados en sus sillas durante mucho tiempo. Que si voy a pedirle el corrector a éste, que si voy a que me deje el portaminas aquél… Hay otros que constantemente se giran para hablar con quien está detrás; o quienes se asoman al carpetín del compañero de mesa para coger prestada la goma; o los que se incorporan para ver el trabajo en el ordenador de quien está delante. Tal movilidad la he usado esta semana para relacionarla con lo que estamos estudiando en Naturales: El magnetismo.

clip_image002clip_image004Una mañana les propuse ser imanes, pura magnetita con capacidad de atraer y repeler pero sin capacidad de moverse de un lugar a otro. De esa forma tendrían que permanecer en sus asientos e interactuar sólo dentro de su “campo magnético”: los compañeros que están delante, detrás o a los lados. Otra mañana les comuniqué que dejaban de ser imanes para convertirse en… electroimanes. Podrían actuar dentro de su “campo magnético” siempre que la corriente eléctrica estuviese activa. Pero cuando yo cortase esa corriente con el interruptor (un llamador de paso de Semana Santa que tengo sobre mi mesa) su capacidad magnética, lógicamente, desaparecía y dejaban de ser imanes para convertirse en simples barras de hierro incapaces de mover ni el más liviano clip.

Lo experimentamos y pasamos un buen rato, pero cuando dejé “cortada” la corriente eléctrica ya no les pareció tan buena la idea de ser electroimanes. Lo que no hice fue asignarles polos positivo y negativo para que las fuerzas de atracción y repulsión, al ser cualidades tan humanas como magnéticas, fluyeran libremente y sin condicionantes.

2. Hay una expresión que cada vez usan más. Ya les he dicho que tienen que evitarla. La expresión, un auténtico latiguillo que me fustiga y molesta, sobreviene cuando recrimino a algunos su movilidad innecesaria, su despiste, la incorrección al sentarse, etc. Entonces responden de manera casi automática: “Es que…” Y a continuación exponen el motivo, causa o razón, por el cual están haciendo lo que no deberían hacer. Algunos son especialistas en el uso del “es que” y la consiguiente explicación, que la mayoría de las veces no tiene ninguna validez, para justificar su actitud incorrecta. A esos que abusan del “es que” les he aplicado mi propio latiguillo: “No hay más es ques…”. Y a continuación ni siquiera me molesto en dar la consiguiente explicación. ¿Poco pedagógico? Puede ser; pero muy efectivo para la buena marcha del negocio.

3. Desde hace ya muchos años las opiniones de los maestros han ido perdiendo valor. No es una generalización, pero se aproxima. Antes, muchos años antes, cuando tanto de negativo había en la enseñanza, las opiniones de los maestros eran motivo de influencia para los padres de los alumnos, eran respetadas y consideradas. Un ejemplo de ello se encuentra en esta carta que el escritor Antonio Muñoz Molina escribe a su maestro: Querido Luis

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