La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

9 abril, 2016

La memoria en un cubo de hojalata

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 7:23

Antoniomm: El porvenir de los vencidos

Nicolás: El artículo me parece un magnífico ejemplo de la memoria histórica. Ese sintagma nominal tan rechazado por unos, tan elogiado por otros. Y, consecuentemente, el libro comentado también debe serlo.

Cuando se hace periodismo, cuando se escribe un artículo o un libro tratando de huir de la obediencia ideológica o partidista, al mismo tiempo que se cuenta la realidad de lo vivido por los perdedores, por los que sufrieron la derrota y sus consecuencias, uno siente que lo que está leyendo es la memoria fiel de lo que fue historia.

Uno, que pertenece también a los nacidos en 1956, aprecia ese salto en la manera de vivir los recuerdos con el hermano que nació en 1961. Yo también recuerdo a lo mayores comentar en voz baja que “fulanito cualquier día va a tener problemas y se va a meter en un jaleo por ser persona de ideas”. “El año del hambre, el 45” es otra de esas expresiones que entonces sonaban cercanas. Y siguió siéndolo hasta el año 2005, otro de esos en los que la pertinaz sequía, que decía el Régimen, dejó los campos sin cosecha; aunque no trajo la hambruna del pasado porque eran otros tiempos. Esa hambruna, que según contaba mi padre cuando uno era niño, hacía que la gente se lanzara desesperadamente por unas cáscaras de plátanos. Y uno pensaba en los afortunados que podían comer plátanos, fruta tan exótica entonces para la mayoría de la gente como hoy pueda serlo el torombolo.

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clip_image002La foto que acompaña el artículo citado es la de abajo. Es una imagen de la penuria que sigue a la Guerra Civil. El balde, el barreño, el cubo… de hojalata son también símbolos de esa época gris y oscura.

En mi infancia no se utilizaba el término balde. Era el cubo, de hojalata hasta que llegó el plástico, y sus “hermanos” el barreño y el baño. El cubo, que tanto servía para sacar agua del pozo como para llevarle el agua a las gallinas y cerdos. El baño, mayor que el barreño, tenía dos asas. En uno de ellos nos bañábamos con agua calentada en ollas. Otros servían en la matanza del cerdo para aliñar la carne picada. En la matanza también se usaban los lebrillos de barro vidriado (para lavar las tripas en las que luego se embucharía el chorizo y la morcilla) y sus “primas” las orzas, auténticos almacenes de esas viandas que servían para abastecer a la familia hasta la próxima matanza.

Una mujer baña a su hijo en un balde, en un barrio de

chabolas a las afueras de Madrid en abril de 1940. EFE

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