La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 marzo, 2016

Sábado de trigo y mostaza

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 17:52

clip_image002La mañana primaveral vestida de verde y celeste, de trigales que tratan de desperezarse y cielos sin motas de nubes, suave vientecillo que bambolea las hojas de la adelfa y el laurel, brotes florales y primerizos del almendro amargo. La mañana de un sábado que marcea escaso de lluvias me lleva a recuerdos de años en los que el aire solano impedía la tarea, mezclas de herbicidas y aguas de un pozo que se batía contra el tiempo y su derrumbe.

He recogido a M. para ver juntos cómo ha quedado el cohecho de los barbechos que la próxima semana albergarán la siembra del girasol. Miramos el horizonte de trigos ralos y campos de amarillenta mostaza, contraste de colores que alegran la vista. Mientras esperamos que comience el “tratamiento” del trigo observo el trajín de tractores que se afanan en las tareas propias de este tiempo. Unos siembran y otros dan rulo a la tierra para que se compacte y guarde la escasa humedad.

Las aspas horizontales dejan ya caer la fina lluvia de herbicida que hará agachar la cabeza de los altivos jaramagos que sobresalen por encima del trigo, el líquido de muerte que dormirá en un sueño eterno a las avenas y alpisteras. Mientras eso ocurre se está bien en el camino bañado de sol. Transitan por él algunos vecinos que han acabado sus labores y que transportan la maquinaria a otras fincas. Paran sus vehículos cuando llegan a nuestra altura. Se improvisan breves charlas sobre aquello de lo que siempre habla la gente del campo: lo que se está haciendo y lo que falta por hacer, lo imprevisible del futuro (y no es una perogrullada cuando ellos lo explican) y los quehaceres del presente. Se habla del jugo de la tierra, de esa humedad que la convierte en barro plastilíneo, maleable cuna para la pipa del girasol que se agarrará a él convirtiéndose en la pequeña planta que esperará con paciencia las lluvias primaverales.

Hablan la gente del campo con ese lenguaje de frases cortas y sentencias precisas que pareciesen no admitir discusiones. Me adapto a ese conversar, trato de hacerlo con la mejor intención, olvidándome del lenguaje del docente que todavía soy. Olvido evaluaciones, contenidos, adaptaciones curriculares… para hablar de surcos, semillas, hierbas de flor y sementeras. Poco después, cuando M. se ha marchado, camino en soledad por el sendero de la memoria mientras aireo pensamientos, cual si fuese un labriego de otra época.

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