La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

8 marzo, 2016

Grande y torpe

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 16:52

Antoniomm: Lo mostrenco

Nicolás: En Blitz, novela de David Trueba que leí hace poco, el protagonista es un arquitecto paisajista. Con tan solo leer que alguien es arquitecto paisajista uno piensa en un ser casi supremo, capaz de diseñar espacios terrenales, creador de mundos singulares en los que habitarán personas más felices, constructor de edificios integrados en la naturaleza, generador de naturalezas artificiales en las que viviendas y personas se conjuntarán sin que sobresalgan esquinas inoportunas o hábitats insufribles.

Más o menos eso pensaba el tutor de la tesis de Beto, el arquitecto paisajista protagonista de la novela: “El tutor de mi tesis sostenía que Dios fue el primer paisajista de la historia y que con los jardines tratamos de rescatar la memoria perdida del Edén.” Mas o menos eso deben creerse algunos de los arquitectos de renombre universal. Tocados por la mano divina dejan de ser humanos. También ocurre en otras profesiones (modistos, cocineros…). El problema es que los arquitectos mueven grandes cantidades de dinero creando sus faraónicas obras; inevitable recurrir al antiguo Egipto cuando de grandes constructores hablamos. Y en esos presupuestos hasta la mano divina parece coger su parte. Al menos eso es lo que ha ocurrido en España en los últimos años.

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PS. Lo mostrenco relacionado con la arquitectura desgarbada, de enormes e innecesarias proporciones, guarda cierta relación cuando se aplica a personas que pareciesen carecer de estabilidad. Esas personas que caminan dando bamboleos con su enorme estructura corpórea, sin armonía en sus movimientos. Pero también hay otro significado: el que es lento en discurrir, el que tarda en percatarse de lo que parece evidente. Con este último significado mostrenco se mete en las aulas.

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Nicolás: Nunca escuché a un maestro usar la palabra mostrenco para referirse a un alumno. Sí escuché otras dirigidas a pupilos que destacaban por su dificultad en el aprendizaje, o por otras características personales que entorpecían la enseñanza en el aula. Aquí van algunas: cebollino, tarugo, gaznápiro, zoquete, “atocinao” melón, acémila, mendrugo, “empanao”, pamplinas, sanguijuela, chichiribaile…

Eran, afortunadamente, otros tiempos.

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