La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 febrero, 2016

Venancio calienta el bocadillo

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:25

 

clip_image002Llevaba ya unos días observando los movimientos extraños, sus miradas cómplices mezcladas con medias sonrisas… Con el mismo disimulo, con la misma taimada actitud, fui compaginando mi actividad con una atención más intensa a todo esa misteriosa bruma repleta de conspiraciones e ignotos encubrimientos.

[Inciso aclaratorio]

Bien. Leído el texto anterior, aislado de situaciones concretas, sin citar nombres de personas ni de lugares, cada lector puede interpretarlo a su manera, sentirse parte de él, creerse aludido como personaje de esa historia, pensar que podría ser el narrador o formar parte de quienes sonreían misteriosamente. Es lo maravilloso que tiene la lectura: desata la imaginación, crea complicidad entre lo escrito y lo que el lector interpreta. Ese círculo mágico lo crea la mejor literatura y la literatura barata de los horóscopos periodísticos. Incluso lo leído en cualquier blog.

[Fin del inciso aclaratorio]

Una vez centrada mi atención en la misteriosa situación veo con claridad lo que ocurre. Mando entonces parar la actividad y digo:

– Atended a lo que os voy a decir: Cualquiera materia nutricia, colocada en soporte exhalante de energía calórica, pasará a formar parte de la ingesta alimentaria de este orador.

Mientras observo como algunas manos se mueven, y un alumno se levanta de su sitio, pregunto en voz alta:

-¿Habéis entendido lo que quiero decir?

– Sí, maestro. Que como pongamos los bocadillos encima de los radiadores te los vas a comer todos.

Porque eso, y no otra situación que cualquier lector podría haberse imaginado, es lo que transciende del primer párrafo. Lo que realmente sucedía es que a algunos de mis alumnos les había dado por calentar los bocadillos en los radiadores de la calefacción y sus movimientos en comandita me tenían intrigado. Ni más, ni menos.

2. Hasta la… Otra dosis de realidad.

3. Última media hora lectiva y hay que resolver un problema de fracciones. Ante la inapetencia pedagógica que observo decido cambiar los nombres que aparecen en el problema: Álex, Elena y Miguel pasan a ser Venancio, Rigoberto y Pancracio. La antigua sonoridad de tales nombres propios reactiva las neuronas y atrae la atención. Son como una punzada que despierta el interés. Resolvemos el problema y hay quien comenta que no le importaría llamar así a alguno de sus hijos. Si tal hecho ocurriese, no me hago responsable.

4. “Y, volviendo al asunto de antes, nadie puede ser sabio sin haber leído por lo menos una hora al día, sin tener biblioteca por modesta que sea, sin maestros a los que respetar, sin ser lo bastante humilde para formular preguntas y atender con provecho las respuestas…”

Hombres buenos – Arturo Pérez-Reverte

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